Tantadel

mayo 05, 2013

Los cuevarios de Cuevas


El suplemento cultural El Búho, de Excélsior, tuvo una intensa vida. Trece años donde infinidad de artistas plásticos, caricaturistas, periodistas, académicos, escritores, colaboraron para hacer una nueva manera de comunicación, algo cercano al llamado nuevo periodismo en buena medida hechura de estadunidenses como Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer. Mezclamos, además, los textos con las ilustraciones y personajes de genio como José Luis Cuevas, quien con el decidido apoyo de Bertha Cuevas, se introdujo de lleno en el periodismo. Antes lo había practicado con su amigo Fernando Benítez en México en la Cultura. Su presencia era ocasional, certera y polémica.
En la sección cultural primero, enseguida en El Búho, José Luis fue modificando las reglas del periodismo. Se despreocupó del obligado “nosotros” y lo sustituyó con el insólito “yo”. Sus Cuevarios se hicieron célebres, muy comentados. Las personas convencionales los rechazaban, mientras que los jóvenes y los audaces los seguían.
Eran una suerte de diario o, mejor dicho, de semanario, donde Cuevas contaba hazañas amorosas, polemizaba o satirizaba impiadosamente, escribía de su trato con otros pintores, de sus éxitos y daba opiniones literarias y cinematográficas. Aparecía en la página trescon ilustración suya. De esas viñetas, unas quedaron en su poder, otras se las dio a sus hijas como prueba de amor que me presumió al decirme que las jóvenes habían enmarcado muy bellamente sus dibujos, y unas más las conservo en la fundación cultural que lleva mi nombre.
Desde los primeros Cuevarios hubo desconcierto, admiración y rechazo. Era el mejor momento del artista plástico y mostraba que, debido a sus muchas lecturas, sabía escribir muy bien. Que recuerde, nunca hubo correcciones y así pasaron a varios libros. En alguno escribí la cuarta de forros. Más de una vez me tocó recoger en su propio domicilio (no había internet) sus memorables páginas. Puntualmente me las daba Bertha. Platicábamos un poco. Como primera lectora, mostraba entusiasmo y formulaba algunos comentarios. Ahora la recuerdo: emprendedora, inteligente y sensible y sobre todo esposa amorosa que impulsaba al marido en su vocación plástica y en su nuevo quehacer: el periodismo cultural.
Cuando me vi obligado a suspender El Búho por razones de censura, al primero en avisarle fue a José Luis: “Querido amigo: he decidido dejar el suplemento”, y le di mis razones. Con un gesto solidario conmovedor, me respondió: “Bueno, me quitaste una obligación, descansaré”. Salió conmigo y más de 70 colaboradores de talla. El grupo decidió formar una revista: El Universo de El Búho (el título original lo registré a nombre deExcélsior) y allí siguió su columna ahora como El Universo de José Luis Cuevas. Más adelante, José Luis se mudó a El Universal. Ahora tiene su propio blog.
Nunca he conocido un hombre tan generoso y fraternal. Algo semejante pueden decir quienes lo han tratado. Las comidas o cenas en su casa, convocadas por Bertha, quien en esos momentos estaba apoyándolo en la creación de su museo, eran una delicia. Buena comida y plática cordial, inteligente. Por razones de admiración, de pronto iban políticos destacados. Allí yo tenía la oportunidad de ver a sus hijas Ximena, Mariana y María José, encantadoras y cariñosas. Fueron buenos años de estrecha amistad y colaboración. Ahora el periodismo cultural se ha hecho fantasmal. El Búho, con su nombre original, sigue apareciendo pero vuela en internet. Ya no tenemos los Cuevarios y eso es una pena: los lectores llegaron a verlos como algo fundamental. La última vez que platicamos fue en el festejo que recibió en la calle que lleva su nombre en San Ángel. Sus cientos de admiradores no permitieron muchos comentarios. Pero sigo recordando sus memorables columnas que escandalizaban con frecuencia a las buenas conciencias. Las mujeres lo buscaban. Era El gato macho.

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