Tantadel

mayo 08, 2013

¿Marxismo, anarquía o sensatez?


En diversas manifestaciones donde se mezclan maestros de primaria, estudiantes preparatorianos y luchadores sociales, ha surgido una consigna desconcertante en los tiempos que corren: Viva la anarquía y muera el Estado. Más de un cartel semejante apareció en manos de los encapuchados que tomaron la torre de Rectoría de la UNAM. No deja de ser llamativo que de pronto, una vez que se derrumbó el proyecto marxista, luego de una intensa vida que arranca a principios del siglo XX, la izquierda se desdibujó completamente a escala universal. La hermosa utopía de Marx, Lenin y Trotsky, por citar a un puñado de revolucionarios nada más, no duró gran cosa en manos del estalinismo y sus logros fueron, en cierta medida, impulsados por los restos del marxismo-leninismo y la violencia política de la burocracia soviética.

Si en la segunda mitad del siglo XIX Marx se ocupó de criticar a otras utopías, las anarquistas, con Lenin al frente de la Revolución de Octubre parecieron desaparecer. Los análisis adversos fueron brutales, especialmente durante la Guerra Civil de España, donde el valor y el coraje de los combatientes anarquistas encontraron el rechazo completo de Stalin. Muchos fueron fusilados y, durante las purgas, más de un simpatizante anarquista, de cualquier tendencia, fue a parar a las prisiones de Siberia o sencillamente fue asesinado. En México, los hermanos Flores Magón jugaron un papel destacado. De todos los revolucionarios durante el movimiento 1910-1917, fueron ellos los únicos que tenían consigo armas ideológicas. El resto buscaba libertad, democracia y justicia social. A pesar de que el anarquismo había hecho intentonas serias para encender las llamas de su movimiento a escala internacional, como en España, en 1873, en México no tuvo éxito y se prefirió llevar a cabo una revolución democrático-burguesa cuyos resultados tenemos a la vista. Los nombres de los Flores Magón son apenas recordados, no así la ideología que los impulsó a luchar con las enormes masas que pelearon sin bagaje teórico. Madero no era Lenin ni Obregón y Carranza eran Trotsky.

El anarquismo, en términos generales, da un combate para abolir todo orden y autoridad para en su lugar darle al individuo una total libertad. Suena atractivo. La puesta en práctica es caótica y contraria en sus tácticas y fines al marxismo clásico. Los anarquistas más conocidos, Proudhom, francés, Bakunin, ruso, y el alemán Stirner escribieron ideas capaces de seducir, más que a las masas, a pequeños grupos de radicales esperanzados, que suponen que una vez instaurado el nuevo orden los problemas cesan. En su rechazo a toda autoridad, el anarquismo encierra graves contradicciones y problemas lógicos. Marx, al contrario, veía también la desaparición del Estado, pero para lograrlo proponía un método científico, el que paso a paso terminaría por abolirlo y en su lugar poner una suerte de pequeña maquinaria administrativa que dirigiera una sociedad igualitaria y libertaria. A Bakunin, Marx le advirtió de no conocer o ignorar las causas de las transformaciones sociales y la lógica del movimiento proletario. Para él y Engels, el motor de los grandes cambios era el socialismo científico. Sin entrar, por razones obvias de espacio, en detalles, podemos resumir que ambas ideologías coinciden en ver a la propiedad como un robo y creer en la extinción del Estado para obtener una sociedad más justa. Pero mientras los anarquistas utilizan con frecuencia el terrorismo individual o de grupúsculos, los comunistas se esforzaban por organizar al proletariado, darle un partido, una cabeza, diría José Revueltas, para gradualmente eliminar las diferencias de clase, la economía de mercado y obtener una sociedad igualitaria. Finalmente, el Estado siempre es garantía para mantener la propiedad privada y carecer de verdadera libertad. Sí, tiene que ser eliminado, pero mientras carece de rumbo claro, los marxistas planearon cuidadosamente su camino. El problema no fue ideológico, sino que el derrumbe vino como producto de una burocracia inepta y un pensamiento, el de Marx, pésimamente interpretado por el estalinismo. Con rigor, ambas teorías hoy están fuera de la realidad.

Todo ello viene a raíz del caos de la lucha de jóvenes y maestros de primaria, que han recurrido a la violencia con lamentables resultados. En principio, dudo que se hayan tomado la molestia de ir más allá de un diccionario elemental. No son una organización seria, que ha reflexionado teóricamente y poseen un proyecto adaptado a las condiciones objetivas y subjetivas de México y su contexto internacional. A cambio, imaginan que anarquismo es tomar edificios de universidades públicas, su peor error, allí no está el enemigo. Han desatado, aprovechando la incompetencia política del sistema, una pelea absurda, como si de tal manera fuera a cundir una vieja ideología. ¿Resucitarla y ponerla a la vanguardia de las luchas sociales? Imposible. A su llamado violento, e ilógico, nadie ha respondido más que con críticas. Tomar la Rectoría de la UNAM, destrozar muebles y papeles, hurtar documentos oficiales y destruir objetos personales de los funcionarios sólo despierta el rechazo enconado del país y no de los medios solamente.

La prudencia del rector José Narro ha abierto cauces para discutir, buscar soluciones. Analizar la compleja situación en la que los jóvenes mexicanos van a actuar política y socialmente. No basta gritar la propiedad es un robo, se requieren formas de lucha realistas, consecuentes con los tiempos. Los jóvenes y los maestros, al arrasar todo a su paso, fracasarán en un país que carece de una izquierda seria y bien provista de bagaje ideológico. Hay que edificarla con otros métodos.

La crónica

2 comentarios:

Jorge Pedro dijo...

Me gustaría contactarlo, René. jorgepedro@jorgepedro.com

Jorge Pedro dijo...

Me gustaría contactarlo, René. jorgepedro@jorgepedro.com