Tantadel

mayo 26, 2013

Mis deudas con la universidad pública


Mi formación académica es obra de la educación pública, de principio a fin, incluso en París, estuve en universidad pública para estudiar el posgrado. Realicé el bachillerato y la carrera en la UNAM. Mi casa fue la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. De las escasas veces que fui funcionario, lo fui al frente de Difusión Cultural cuando Jorge Carpizo era rector. Como profesor arranqué hace 50 años en la misma FCPyS. Estuve allí hasta 1974, cuando inició la UAM. Sus proyectos y sistema departamental me atrajeron. Hace unas semanas José Narro, buen amigo del Rector General Enrique Fernández Fassnacht, me dijo bromeando: Tú eres de la UNAM, René, y te hemos prestado a la UAM. La broma tiene sentido. Sigo en ambos mundos. En las dos instituciones he publicado libros. Ocasionalmente regreso a mi facultad a dar clases y nunca he desdeñado participar en sus magníficos actos culturales. El más reciente fue el homenaje a Rubén Bonifaz Nuño.
Rubén siempre insistía en que la UNAM era el centro del mundo. Hablaba de ella con amor. No es una imagen decir que era su casa, lo fue siempre. Hablamos de uno de los mayores poetas, traductores y ensayistas del castellano y hablamos de la Universidad que ha sido definitiva en la edificación de México.
Podría yo decir algo semejante con la universidad que me albergó, de la que fui uno de sus profesores fundadores, la UAM. Desde la unidad Xochimilco, puse algunos granos de arena. Comenzamos con aulas improvisadas y hoy la integran cinco unidades. Está entre las mejores 200 universidades del mundo. La he visto crecer de forma espectacular, me enorgullece y así se lo dije públicamente a Mario Vargas Llosa cuando al visitarnos me correspondió entrevistarlo para nuestra comunidad.
Con ambas instituciones estoy en deuda. Si una me formó, la otra me ayudó a encontrar mi vocación plena: la posibilidad de fusionar mis tres actividades principales: la literatura, el periodismo y la docencia en la carrera de Comunicación Social. La ruta no fue fácil, pero la comprensión de mis colegas y las autoridades fue decisiva. De allí partieron los homenajes más sinceros que he recibido. Cuando cumplí 70 años de edad, la Feria del Libro de Minería, los conmemoró de manera emotiva. La UAM, a su vez, ha hecho una suerte de costumbre festejar mis fechas literarias relevantes. Cuando cumplí 15 años como literato, mi área de investigación hizo una amplia mesa redonda sobre mis tres actividades con invitados de mucho talento y prestigio. Más adelante, mi primera novela, Los juegos, al convertirse en cuarentona, produjo festejos en la Rectoría General, donde participaron muchos escritores y académicos. Ahora que he llegado a los 50 años de hacer literatura, mis compañeros y las autoridades de Xochimilco y Rectoría General arrancarán el próximo jueves una serie de festejos a los que se han incorporado otras grandes casas educativas del país, como el IPN, la BUAP y la UAEH. Los homenajes incluyen la publicación de varios libros míos, dos discos con relatos, una exposición de los artistas plásticos que como Cuevas, Ceniceros y Sebastián han ilustrado mi trabajo literario y varias conferencias. En 2010, el Colegio Académico de la UAM me designó Profesor Distinguido.
Es decir, lo que soy, se lo debo a esas generosas instituciones públicas. Soy producto de ellas, aunque el lugar en el periodismo lo obtuve directamente en los medios, principalmente en Excélsior, y mis arranques literarios están en el Fondo de Cultura Económica y Joaquín Mortiz. ¿Cómo pagarles? Imposible. Si de premios hablo, por ejemplo, el muy prestigiado de Colima lo obtuve con un libro publicado por la UAM, prologado por Rubén Bonifaz Nuño, y el Nacional de Periodismo lo recibí por El Búho (Excélsior) y me lo entregó el gobierno de la República.
Sirvan estas líneas para darles lo único que poseo: amor y devoción al trabajo.

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