Tantadel

mayo 24, 2013

Priista una vez, priista siempre


Hasta el año 2000, fui un severo crítico del PRI. Al verlo derrotado por el PAN, modifiqué el sentido de mis dardos: los encaminé al nuevo partido en el poder. La transición me confirmó la idea de ser crítico del sistema político mexicano, ahora encabezado por un partido de derecha. Pienso que al periodista le pagan por defender a la sociedad y no al gobierno. Acción Nacional era y es más frágil en tal sentido. Su historia es la del peor conservadurismo mexicano. ¿Y el PRD? Es un partido formado principalmente por ex priistas resentidos. Si antes había criticado a Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, López Obrador, Muñoz Ledo… ¿por qué ahora verlos como si fueran salvadores de la patria?

Si cuando padecíamos el partido único (o casi) éramos rehenes de la política, ¿qué nos hace pensar que el pluripartidismo de hoy es ejemplar? Hace algunos años, cubriendo información en Tamaulipas, una señora atenta y culta, me hizo notar que entre el candidato priista, el panista y el perredista no había diferencias: los tres provenían de universidades privadas, eran empresarios y la única diferencia era la hora de asistir a misa. Esto es, no hay mayores diferencias entre los tres partidos principales. Hace décadas, el PAN se oponía  a cualquier acción del PRI, ahora todo es cuestión de matices. Palabrería.

Lo digo porque Gustavo Madero acaba de nombrar a Jorge Luis Preciado nuevo coordinador panista en el Senado. Este político se formó en el PRI de Colima, tuvo algunos cargos en gobiernos surgidos de tal instituto. Luego, entre problemas turbios y desacuerdos sobre su propio destino político, optó por el PAN y allí hacer su carrera. Exactamente lo mismo que les ha ocurrido a cientos de priistas que inesperadamente chocan con un muro de incomprensión, de autoritarismo o simplemente no les dan lo que suponen merecer y mudan de casa.

De tal manera, todos los políticos tienen mucho de priistas. Moreno Valle o Arturo Núñez son ejemplos típicos. Podríamos decir, y no es broma, que nos gobierna un solo partido y que tiene un centro (el PRI), una izquierda (el PRD) y desde luego una derecha (el PAN). Para qué hablar de los partidos pequeños, carentes de personalidad y en busca de uno grande al cual asociarse para mantener el registro y las ventajas económicas que derrama el IFE con nuestros recursos. Como nunca las diferencias son mínimas. Pobre México, tan cerca del PRI y tan lejos de Dios. Quiera uno o no, vota por un partido único. Tres en uno, como la Santísima Trinidad.

Tal vez allí radique el éxito de López Obrador. Aunque salido del PRI, al que en su juventud loaba sin medida, en estos tiempos es quien mantiene distancia real de los tres partidos citados. Queda, pero eso se cocina aparte, el EZLN y el subcomandante Marcos, quienes recelan del sistema de partidos que nos conduce. No es fácil descifrar su silencio. El zapatismo no es una fuerza pasiva, encerrado en sus zonas de relativo confort. En algún momento volverá a la palestra con renovado vigor y exhibirá el tipo de sistema que gobierna a México.

Las pugnas en el PAN (lo dije de otra forma en mi anterior entrega) carecen de sentido. Deben dejarlas y tratar de recuperar su sentido fundacional. Sin embargo lo que prevalece es un evidente proceso de asimilación al PRI. Entre gritos y pataleos, tal como sucede en el PRD, se acerca a los proyectos del presidente de la República. La presencia de Jorge Luis Preciado es parte del futuro de dicho partido.

En el pasado remoto la cooptación tenía otras formas. El joven era un militante marxista, la ideología que mejor representaba a la izquierda. Se prestigiaba como crítico del PRI y enseguida, ya conocido, aceptaba empleos en el gobierno. El pretexto era genial: se sacrificaba para hacer la revolución en el interior del monstruo. Desde allí cambiaría la faz de México, cuando en rigor únicamente modificaba su modo de vida al hacerse rico protegiendo los intereses del priismo, un priismo que fue gradualmente deshaciéndose de sus orígenes revolucionarios hasta ser muy semejante al panismo. Torció el rumbo y se dio a sí mismo elegantes toques de rancio conservadurismo. Se hizo anticomunista y defensor de la economía de mercado, volvió a los altares y recuperó su militancia religiosa.

Quizá lo mejor sea desaparecer al IFE, pero no como propone el PAN, sino para crear una modesta máquina electoral que organice la votación por un solo partido. Para qué gastar tanto para todos ellos si representan los mismos intereses.

Por lo pronto, si uno mira atentamente a los tres partidos mayores, estoy seguro que notará que son muy semejantes, sin duda visten incluso ropas de marcas costosas, así como utilizan camionetas oscuras, blindadas y son protegidos por policías que nunca un ciudadano encuentra a la mano.

Jorge Luis Preciado, como Manuel Camacho del otro lado, representan lo mismo pero con discursos diferentes. Alabado sea el Señor que nos ha dejado en manos de un solo y extraño partido. Un monstruo con tres cabezas que piensan de modo similar.

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