Tantadel

junio 24, 2013

Ebrard ataca de nuevo

Nadie, al menos en el DF, ámbito de Marcelo Ebrard, ignora que ambiciona la Presidencia del país, como antes la buscó su mentor Manuel Camacho. Para llegar a Los Pinos, algo que suponían por su cercana amistad con Carlos Salinas de Gortari, han hecho absolutamente todo. Hasta formar un “partido de centro” que naturalmente fue un sonado fracaso. Ya en el PRD han tenido logros, al menos siguen vivos. Pero hay cosas que la política mexicana no tolera: la principal es la falta de dinero, la segunda la inactividad: hay que moverse para salir en la fotografía, justo al contrario de lo que el líder sindical Fidel Velázquez pedía en sus tiempos de presidencialismo férreo, brutal. De allí que Marcelo Ebrard, viendo cómo Miguel Ángel Mancera crece, su presencia sale de la ciudad capital, y notando los preparativos que hace López Obrador para ser candidato por tercera ocasión, decida hacer ruido. Hace unos días retó públicamente a Enrique Peña Nieto a debatir, ante los ojos de la nación, el caso del petróleo. Sus críticos lo describieron parecido a un cowboy que ingresa con violencia al saloon, amenaza a los parroquianos a duelo como si se tratara de Billy The Kid. Jesús Zambrano calificó la declaración como “gesto de borracho de cantina”, aunque después reculó. De seguir así, Marcelo no avanzará: ignora que pese a sus bravatas, el joven pistolero norteamericano murió de un certero disparo a los veintiún años sin acercarse a la Casa Blanca.

El PRI está tan seguro de su futuro que se da el lujo de regresar a la obsequiosa terminología del pasado: al sí, señor presidente, lo que usted diga. Ninguno de sus colaboradores tiene alguna iniciativa, todo viene de su talento. La adulación y el servilismo han retornado triunfales. Peña Nieto se comporta casi como estadista, atrás de él, porque su debilidad así se los exige, van PAN y PRD. La oposición ha desaparecido. O mejor dicho, queda en un partido en construcción: Morena y en las tenaces fuerzas del EZLN. Los demás han atrapado una tabla de salvación llamada Revolucionario Institucional.

En este contexto, apenas dibujado, Marcelo reaparece luego de forzadas vacaciones y reclama un puesto entre los dirigentes de la nación y su derecho (que lo tiene) a ser candidato presidencial. Es obvio que Peña Nieto no debatirá jamás con Ebrard. El primero arriesgaría mucho, el segundo ganaría todo; por principio, salir del anonimato. Las intenciones de Marcelo son reposicionarse y tratar de controlar al PRD, dividido por ahora en dos grandes bandos, el que comanda el impresentable de René Bejarano, con multitud de personajes de turbio pasado, y el nuevo modelo político que ofrece Miguel Ángel Mancera.

Marcelo Ebrard, jugando como centro delantero (ya que estamos en momentos de futbol internacional y la selección nos da ánimos patrióticos), se coloca entre dos defensas, los burla a golpes de fuerza y mete un espectacular gol político. Pero el panorama es más complejo. Él sabe que Peña Nieto jamás saldrá a debatir. Busca el control de lo que muchos insisten en llamar izquierda, hoy ligada al PAN. Consiguió al menos llegar a la media cancha. Su reto o bravuconada encontró eco en los medios de comunicación. Podrá hacer más actos desaforados, intentar acercarse a Morena, dudo que funcione, ni siquiera utilizando el petróleo como pretexto. López Obrador está haciendo su propio organismo y buscando un rumbo propicio, sin los estorbos que sufría en el PRD.

Claro que si Marcelo se radicaliza y de boy scout en bicicleta pasaría a polemista en camioneta blindada. Le urge llamar la atención del país y nada mejor que retar a duelo al Presidente de la República. Conseguir la sumisión del PRD nuevamente es imposible. No más ex priistas, parecen decir los que vienen de luchas sociales ajenas a dicho partido. Pero en sus afanes de notoriedad, está chocando con la actual dirigencia perredista. La táctica utilizada por Marcelo para retomar el camino amarillo que conduce a la casona donde habita un poderoso mago de Oz, es un mero golpe publicitario fallido. Su reto tuvo alguna repercusión mediática, pero no más, o ¿piensa fundamentar su triunfal regreso en retos a los altos funcionarios del gobierno federal, mientras los gobernantes recorren el país echando flores a la sociedad y concediendo entrevistas a todo mundo?

En un debate serio, personas como Marcelo están perdidas. Ebrard tiene demasiada cola que le pisen: desde su antigua religión salinista, hasta los múltiples negocios hechos en el DF. Puede ser hábil, astuto, pero no tiene las manos limpias y menos logra hacerle creer a los mexicanos que representa a la izquierda, ¿a cuál? ¿Cómo defender un historial tan lleno de hoyos negros? Sin duda el que es jefe de gobierno capitalino tiene en sus manos los recursos necesarios para ser un buen candidato. Desde la nada, desde el desempleo político, sin los recursos del poder, que Ebrard se dé de santos si consigue ser senador. ¿O alguien cree que Ebrard pueda tener un trampolín? Estamos en presencia del final de una carrera más oportunista y tenaz que brillante y decorosa

La crónica

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