Tantadel

junio 05, 2013

En el Día mundial del medio ambiente


Cada año, alrededor del 5 de junio, cuando se conmemora el Día mundial del medio ambiente se despierta una fiebre por declarar acciones encaminadas a preservar la naturaleza. Se anuncian una reforestación exagerada y medidas para evitar la contaminación; se crean nuevas áreas naturales protegidas, etc. No obstante, la terca realidad nos muestra que cada año vamos empeorando en esta materia: las supervías han destruido una enormidad de árboles añejos, existen áreas naturales que les han rebajado su categoría, las medidas para privilegiar el uso del automóvil, han propiciado su proliferación, incrementando la contaminación. Tal parece que la mayoría de las políticas ambientales se copian de otros países sin ser adecuadas al contexto mexicano o de plano las sacan de la manga sin ningún sustento técnico y menos social. En general predominan las ocurrencias. En el caso de esta atribulada ciudad, las administraciones perredistas han sido más evidentes en su capacidad destructiva con fines meramente políticos. Golpes publicitarios que estimulan el uso del automóvil y desdeñan al peatón y al transporte público.

Y para muestra nuevamente traigo a colación el Bosque de Tlalpan (BT). Desde 1997 el Bosque de Tlalpan es un Área Natural Protegida (ANP) con la categoría de Parque Urbano en una superficie de 252.9 ha, con la finalidad de evitar la destrucción de sus recursos naturales, mantener sus ecosistemas naturales y los servicios ambientales que presta a la ciudad de México y su zona metropolitana. No obstante su decreto de creación, las diversas administraciones en especial las perredistas, no sólo nunca lo manejaron como tal, sino que siempre lo han utilizado como su bosque particular: hacían lo que se les ocurría, organizaban infinidad de eventos y fiestas ruidosas que afectaban a la flora y fauna locales, y hubo una época en que existía una actividad nocturna intensa en las cabañas.

Los vecinos del BT, siempre preocupados por la preservación de dicha Área Natural Protegida, en diversas ocasiones acudieron a las distintas instancias para frenar su deterioro. La situación de malos manejos llegó a tales niveles a partir de 2004 que se inició el Festival Ollin Kan, el cual cada año nos mantenía despiertos a las 11,000 personas que lo rodeamos. Un total de 100 horas de conciertos en el estacionamiento del BT, con un ruido espantoso que duraba hasta las 3 o 5 de la mañana durante cuatro largos fines de semana.

La gota que derramó el vaso fue cuando al brillante delegado Guillermo Sánchez Torres se le ocurrió instalar una pista de hielo en dicho Bosque. Fue entonces cuando las zonas aledañas y los usuarios nos hartamos ante la falta de sensibilidad política de las autoridades (in)competentes, y formamos una asociación civil denominada Pro-Bosque de Tlalpan, A. C. que interpuso 10 amparos, para evitar mayor deterioro del ANP y hacer que la autoridad respetara su categoría.

Paralelamente a la lucha ciudadana, en 2008 solicitaron a la Secretaría de Medio Ambiente (SMA) que interviniera, elaborara el Programa de Manejo y demandara el regreso de la ANP para que estuviera bajo su administración, en virtud de los malos manejos de la Delegación de Tlalpan, mismos que Maricela Contreras, autoproclamada “izquierdista” conduce.

Las luchas vecinales fueron escuchadas. De tal modo, la entonces titular de la SMA elaboró el Programa de Manejo, publicado en el DOF el 5 de junio de 2009. Y el 17 de junio de 2011, fue declarada Área Natural Protegida, bajo la categoría de Zona Ecológica y Cultural, con una superficie de 252.9 ha.

Cuenta con el primer Consejo Asesor nombrado por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que tiene por objeto asesorar, apoyar, evaluar, planear y diseñar en forma coordinada con la SMA, las bases para las decisiones administrativas dentro del ANP. No obstante el avance, como todo en este país, el proceso no se concluyó por falta de decisión política. Actualmente existe en el Bosque de Tlalpan un Programa de Manejo, un Consejo Asesor integrado por autoridades, académicos y sociedad civil, pero aún sin funcionar porque no se han resuelto aspectos importantes. En esta administración, con Tanya Müller como titular de la SMA, está en el peor de los mundos: existen dos administraciones: la de la Delegación de Tlalpan y la de la SMA. La primera no quiere hacer la entrega y a la segunda no le interesa presionar su traspaso. La señora Müller no se ha dignado a conocer el Bosque de Tlalpan ni por supuesto asistir al Consejo Asesor que ella preside y menos conocer su documento rector que es el Programa de Manejo para saber qué se puede hacer y qué no.

De esta manera, ha autorizado actividades que están prohibidas en dicha ANP, como el Reciclatrón, carreras de ciclistas (estrictamente prohibidas desde que el bosque abrió sus puertas al público), el tianguis de trueque y grandes festejos que estropean la zona. Ello no significa que estas actividades sean malas, sino que no es el lugar adecuado para realizarlas. Es un oasis en el desierto de cemento y postes en que se ha convertido el DF. Pero lo sorprendente es que la propia SMA es quien emite el Programa de Manejo y es la primera en violarlo. ¿Parece una broma? No lo es. Es simple y llanamente incapacidad y desconocimiento de para qué sirven los programas de manejo y un total desprecio a las luchas ciudadanas que los perredistas dicen representar.


La crónica

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