Tantadel

junio 03, 2013

Mi amor por la UAM*


El poeta mayor Rubén Bonifaz Nuño afirmaba que la UNAM era su casa. Puedo decir que yo tengo dos: la que también me albergó y proporcionó educación y en la que ahora nos encontramos: la UAM-X. Aquí hallé lo que buscaba: la fusión de mis tres vocaciones: la literatura, el periodismo y la docencia. Fue por azar y con el apoyo de Carmen de la Peza, entonces jefa del Departamento de Educación y Comunicación, quien decidió que la carrera de Comunicación Social requería de un amplio apoyo literario, conforme a los cánones del Nuevo Periodismo que poco tiene de novedoso y sí mucho de antiguo, y fue en esos módulos donde me hice tres en uno, como marca de aceite para metales y una idea religiosa (la Santísima Trinidad) difícil de probar. Me siento confortable

Mis compañeros de área de investigación y las autoridades universitarias establecieron hace años la costumbre de festejarme. Cuando cumplí 15 años como literato y una edad semejante en tanto periodista y profesor, el jefe del área de investigación donde participo, Romeo Pardo, decidió con los demás integrantes conmemorar el hecho y lo hizo con una mesa redonda en la que personalidades de la academia, el periodismo y las letras expusieron sus puntos de vista sobre mis tareas. Cuando mi primera novela, Los juegos, cumplió cuatro décadas, la entonces jefa de Educación y Comunicación, María Eugenia Ruiz Velasco, estimulada por el rector general Héctor Lema Labadié, recordó el hecho con una ceremonia, encabezada por el propio doctor Lema y el rector de Xochimilco, dos mesas redondas: sobre el literato y periodista y otra sobre el académico. Los resultados aparecieron en un libro titulado Once miradas sobre René Avilés Fabila, editado por la UAM, bajo la dirección de Álvaro Ruiz Abreu. Poco después, el Colegio Académico me hizo Profesor Distinguido. Destaco el apoyo de amigos entrañables y la intervención de Javier Esteinou Madrid, quien defendió mi caso con brillantez.

Por último, un importante grupo encabezado por el rector general, Enrique Fernández Fassnacht, el rector de la Unidad Xochimilco, Salvador Vega y León, el jefe de Educación y Comunicación, Joaquín Jiménez, el coordinador de extensión Universitaria, Walter Beller Taboada, el director de UAM-Radio, Teodoro Villegas, Bernardo Ruiz, jefe de Publicaciones, David Gutiérrez Fuentes, jefe de la Sección de producción Editorial de la Unidad Xochimilco, Samantha Arreguín y Salvador Ramírez, entre otros más, realizaron un magnífico evento que mucho me honra y da comienzo a otros más organizados por la UNAM, el IPN, el INBA, la BUAP y la UAEH. La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, por ejemplo, reedita dos novelas mías y el Politécnico me concedió tres pláticas con alumnos y profesores. Es un hecho colectivo que valoro. Considero que el rector Salvador Vega, con este tipo de reconocimientos, se ocupa de satisfacer la función sustantiva, a veces olvidada, de promover la cultura.

Cuando hace casi cuarenta años llegué a la UAM-X, lo hice atraído por un proyecto audaz. Mi estancia se hizo definitiva. Allí he envejecido y espero haberle sido de utilidad. La UNAM no pasa a ser parte de mis nostalgias: cada tanto acudo a sus bellas salas a dar una conferencia o un curso, sigo participando en sus publicaciones y de pronto vuelvo a dar clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.  


Qué puedo decir sobre las atenciones del rector general Enrique Fernández Fassnacht y del apoyo invaluable del rector de Xochimilco, Salvador Vega. Sólo mi gratitud extensa. A mi amiga, entrañable, María Luisa Mendoza, la famosa China, una mujer que revitalizó el periodismo y la literatura dándole rienda suelta a su gusto por las palabras inventadas y juguetonas. Sus novelas son espléndidas y su periodismo único e irrepetible. La adoro. A la doctora Martha Fernández, egresada de la UNAM, autora de innumerables libros altamente especializados en historia del arte, parte del Instituto de Investigaciones Estéticas, discípula de O’Gorman y Manrique, asimismo es una impecable maestra en Filosofía y Letras. La admiro. Hugo Enrique Sáez, doctor en Filosofía, compañero querido en esta universidad y autor de trabajos significativos, hombre poco común, con sentido del humor, talento y entusiasta colaborador de la revista electrónica El Búho, que dirige Rosario Casco Montoya. Un día escribió un artículo donde decía que yo no era Profesor Distinguido, sino distinto. Lo aprecio profundamente. Les agradezco que hayan aceptado la invitación para hablar de mi trabajo.

A ustedes, queridos amigos, igualmente les estoy agradecido, especialmente a los que hicieron el esfuerzo de venir hasta nuestra Unidad Xochimilco. A todos mi más sincero reconocimiento. No tengo con qué pagar mi enorme deuda con la educación pública. Hoy lo confirmo al percibir su generosidad conmigo. Tal como le expresé a Mario Vargas Llosa, cuando me correspondió el honor de entrevistarlo para nuestra casa de estudios: hace 40 años trabajábamos en salones improvisados, ahora la UAM posee 5 unidades de alto rango, que la sitúan en un lugar de privilegio entre las mejores 200 del mundo.

Posdata: hace un mes el rector general Enrique Fernández Fassnacht me propuso para formar parte del jurado del Premio Nacional de Periodismo. Acaba de efectuarse la primera reunión de su Consejo y resulté elegido por unanimidad presidente del jurado. Una razón más para amar a la UAM.

* Fragmentos del discurso pronunciado en el homenaje a RAF, en la UAM-X.

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