Tantadel

julio 19, 2013

Elena Garro, siempre polémica* (2 de 3)


Antes de morir Elena Garro, fuimos invitados algunos de sus amigos para develar una placa con su nombre en la casa que habitó en Iguala cuando era pequeña y participar en una mesa redonda sobre su trabajo. A los escritores se había sumado la actriz Pilar Pellicer quien siempre ha mostrado admiración por la narradora. En vano la esperamos: no llegó: Elena Garro estaba ya delicada, vivía con oxígeno artificial.

A Margarita León la conocí en esa ciudad, si mal no recuerdo, publiqué en El Búho, entonces suplemento cultural de Excélsior, algunos de sus trabajos sobre Elena Garro. Ello significaba que Margarita llevaba años escribiendo sobre esta formidable narradora. Finalmente hizo un libro inteligente: Los recuerdos del porvenir: La memoria del tiempo y comenzó a llenar el vacío injustificado que la trayectoria de Elena Garro tiene a su alrededor.

Margarita León se introdujo en la carne, la sangre, los nervios, el corazón y el espíritu de la Garro, consiguió un análisis riguroso. Aunque es el de una especialista, no llega a ser una obra que presente grandes dificultades a los profanos. La autora poco a poco nos va descubriendo el mundo cultural e ideológico de Elena Garro, cuáles son sus lecturas, cuáles sus principales pensamientos. Es una exploración por la vasta cultura de Elena Garro, a través del examen de una novela compleja y afortunada. La Revolución Mexicana y las acciones cristeras (que asimismo dejaron una larga secuela que apenas ahora estamos descubriendo), el vasconcelismo, el anarquismo de los Flores Magón, las luchas de Zapata y las acciones memorables de Felipe Ángeles, como antecedentes de Los recuerdos del porvenir, una novela construida sobre personajes existentes e irreales, como Elena Garro le confiesa a Helena Paz, según cuenta esta última en sus voluminosas Memorias. Un libro no apreciado por la propia autora. “Era extraño ?narra la hija en el libro?, pero mi madre menospreciaba su extraordinaria obra. ¿Algo o alguien le había hecho dudar de su valor literario, o simplemente era la humildad?, me recordó a Ernest Jünger cuando afirmaba que le daba más importancia a su colección de escarabajos que a toda su obra.”

Yo recuerdo a Elena Garro diciendo que sus comienzos literarios fueron difíciles, con obstáculos familiares; en otros momentos me decía que Paz había sido su creador literario. Nunca supe con exactitud la razón del desconcierto inicial, de sus dudas y titubeos. Desde el principio, como Juan José Arreola, arrancó segura de su oficio. Sus primeros cuentos y piezas dramáticas, son ejemplares y todos dignos de severas antologías. Fue una niña culta, dice su única hija, no cualquiera le pone a sus árboles favoritos Roma y Cartago. Por último, si hemos de recordar a la Elena Garro joven, recién salida de la adolescencia, aunque ya casada con Octavio Paz, habrá que leer sus Memorias de España, un libro donde destaca una niña inquieta, que juega con el inolvidable Juan de la Cabada y que siempre amerita los regaños de Paz, un hombre que desde entonces (nos percatamos al leer tal libro) era un enamorado del poder, no de las mujeres.

Sorprende que muchos críticos hayan dado por fenecida la novela rural con Juan Rulfo y Pedro Páramo o que hayan cerrado la novela de la Revolución Mexicana en dos etapas que concluyen con narradores contemporáneos de Elena, pero que arrancaron sus carreras antes que ella, cuando todavía estaba por escribirse un libro fundamental que, según dice Margarita León, “aborda la experiencia del zapatismo y el mito de Zapata como parte importante del imaginario histórico y como una supervivencia cultural de una región o de un país.”

La novela de Elena es compleja y múltiple, simplemente con ver que Margarita León ha sido capaz de desentrañar muchos de sus misterios y que para ello necesitó tantas o más páginas que la escritora, es motivo de preocupación: ¿hemos leído atentamente la obra de Elena Garro? La respuesta tendría que ser negativa. Jean Paul Sartre, para analizar a Flaubert, necesitó muchos años y tanta inteligencia y cultura como el propio autor de Madame Bovary. De modo parecido, hay que valorar el enorme esfuerzo literario y poético de Margarita León para analizar parte significativa del mundo literario de Elena Garro.

Margarita León arranca con la explicación primigenia: qué es la escritura y qué es la novela, cuál es la memoria, qué es el Yo en la literatura de Elena Garro, un Yo superado, más allá del Yo omnisciente, que vive en los recuerdos de los individuos y de la colectividad. Para saber qué podemos entender por novela, la investigadora recurre a Carlos Fuentes, quien nos dice que “el proceso de escribir una novela, no consiste en describir sino en ‘descubrir’…” Las conclusiones son asimismo agudas. La novela de Elena Garro es laberíntica, múltiple en personajes, rica en estructura, magnífica en su prosa: “Los recuerdos del porvenir es, a cada paso, una propuesta de lectura que a su vez es una propuesta de texto ‘posible’. La historia de un pueblo que recuerda, o de un sujeto en pleno proceso de rememoración, esto es, de reconstrucción e invención, es de algún modo una invitación a experimentar la simultaneidad, la arbitrariedad y la vivencia del abismo, propios de una memoria en plena actividad.”

*Fragmento del libro en preparación:

Mi amistad con las dos Elenas.


La crónica

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