Tantadel

julio 22, 2013

Elena Garro, siempre polémica* (3 de 3)


“Las novelas mexicanas —explica Margarita León— han contribuido de diversas formas a reconsiderar esta etapa de la historia nacional (se refiere a la Revolución Mexicana) y a que el tema se haya ido transformando. El desarrollo de la novela mexicana en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo XX parece responder así al continuo esfuerzo de los escritores por distanciarse del tema o tópico de la Revolución, o por lo menos de abordarlo de manera distinta. Esto los ha llevado a profundizar en los efectos de largo alcance de esta etapa de nuestra historia, no sólo en el ámbito económico y político, sino en el moral y en el sicológico”.

¿La historia es ciencia? Tengo serias dudas. Por siglos dieron como válidas las afirmaciones de Herodoto sobre el ave Roc y en la Crónica de Bernal Díaz del Castillo se habla de ángeles que ayudaron a los españoles a combatir a los aztecas. Juárez no es el mismo visto por Bulnes que por Ralph Roeder. Mis inquietudes sobre la respetabilidad de la historia se confirmaron luego de una asombrosa polémica: Elena Garro y sus supuestos servicios al espionaje aparecido en diarios capitalinos.

Cuando las Elenas estaban instaladas en París, parecía que habían dejado atrás las persecuciones de Díaz Ordaz y las acusaciones de los intelectuales “progresistas” de ser una soplona durante el 68. ¿Delatar qué o a quiénes? Los líderes estudiantiles de sobra eran visibles. Muchos intelectuales que han servido al PRI, luego al PAN y al PRD, la rechazaban. ¿Qué información tuvo Elena? El gobierno tenía datos sobre todos los intelectuales. Su necesidad de lucimiento los hacía figurar. La inmensa mayoría (quitemos a un puñado: Siqueiros, Rivera, Frida, Revueltas, Juan de la Cabada…) carece de ideología revolucionaria. Estaban con el movimiento de 68 por publicidad, no por convicción política; algunos buscaban escribir crónicas consagratorias. ¿Quiénes participaron realmente? ¿Qué documentos revolucionaros redactaron? ¿Cuántos tomaron las armas? ¿Dónde acabaron el combate? Sumados a la burocracia política. 

Luego resultó que Elena Garro era la versión mexicana de Mata Hari. Espiaba a Díaz Ordaz, a los estudiantes, a Octavio Paz y le servía a la CIA. Fue espía doble y tenía licencia para matar. ¿De verdad alguien creerá en esos documentos? No obstante, las confusiones ideológicas y sus miedos fueron sus peores enemigos. Octavio Paz la quería lejos y su amistad con Carlos Madrazo era un peligro real para el sistema. La represión de Díaz Ordaz la orilló a huir e iniciar su calvario: una espía no pide limosna en Madrid.

Elena Garro no era de gran fortaleza política, había mezclado su fe católica con el anticomunismo. Veía a los campesinos como grandes víctimas y al comunismo como una amenaza. Díaz Ordaz sí necesitaba responsables de uno y otro signo para exculparse de la matanza de 68 y ella era perfecta: estaba en medio de dos fuegos y ambos la acribillaron. No quedó bien con ninguno. Cuando el ex presidente fue embajador en España y los intelectuales más afamados gritaban ¡Echeverría o el fascismo!, Garro se presentó y le reclamó su destierro.

Emilio Carballido, José María Fernández Unsaín, Rosario, mi esposa, y yo hicimos gestiones para que las Elenas regresaran a México, apoyados por Rafael Tovar y de Teresa. Pensábamos que aquí podríamos ayudarlas mejor. Error. Fueron asediadas por personas inescrupulosas que les pedían materiales literarios a bajo costo o que las utilizaban para pergeñar libros morbosos. Las recibimos en Guadalajara. En Monterrey se incorporaron Emmanuel Carballo y Beatriz Espejo. Fue un momento emotivo: la mejor escritora que ha dado México estaba nuevamente entre los suyos y en apariencia a salvo de intrigas y bajezas.

No obstante, sus días mexicanos fueron incómodos, en Cuernavaca, en un departamento espantoso, sin aire acondicionado, con escaso dinero, las dos Elenas padecieron enemistades y amigos fingidos. Mientras que su ex marido fue enterrado con honores de jefe de Estado, ella, apenas apareció en los medios, acostumbrados a escritores disfrazados de genios. Su nombre sigue provocando envidia y repulsa, las intrigas la rodean, como en vida. Ella no tiene más defensa que su espléndida literatura. Me pregunto, ¿cuántos de los que la miraron como la espía que le entregó a los enemigos la fórmula de los Jarritos de tamarindo, han tenido ante sus ojos Los recuerdos del porvenir? Ni siquiera muerta descansa en paz.

La crítica literaria que nos permitirá saber quién es quién en las letras nacionales es aquélla que salga de las aulas, formada en el rigor académico, como ocurre en Europa y en EU. En tal tesitura se encuentra Margarita León y su libro sobre Garro se lee de un tirón, es la mejor prueba de una crítica seria. Lo esencial es haber dado uno de los primeros pasos formales para valorar adecuadamente a la escritora. De esta manera confirmamos nuestras sospechas que por largo tiempo sus detractores mantuvieron ocultas: es una de las más grandes escritoras del país y en general del castellano. La intuición de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges al incluirla en una severa antología de literatura fantástica fue simplemente ver con agudeza la estética profunda de Elena Garro. Seguiremos aguardando que cesen las pasiones extremosas para que halle reposo.



*Fragmento del libro en preparación: Mi amistad con las dos Elenas.


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