Tantadel

julio 29, 2013

PAN y PRD: una complicada hermandad


Una vez que el mito propalado por la imaginaria izquierda acerca de la alianza PRI-PAN se ha derrumbado estrepitosamente, aparece la fraternidad entre dos fuerzas políticas, ruinosas y más llenas de resentimientos que de propuestas. El PAN intenta rehacerse y ni siquiera echa una mirada a su larga y exitosa historia como oposición. Sobrevive penosamente sepultado por el atroz paso de dos gobiernos suyos: Fox y Calderón. Sobre todo por su novedosa aportación a la destrucción del país, a su desprestigio internacional. Es claro que Acción Nacional se preparó con esmero para ser partido opositor y no para gobernar. El PRD, en su turno, fragmentado, con una nueva tribu encabezada por Ebrard y Camacho, está al borde de declararse en bancarrota a causa del demoledor paso de AMLO y sólo en espera de que los últimos bastiones obradoristas lo abandonen en cuanto Morena aparezca con el registro en la mano y las tediosas propuestas de su acostumbrado aspirante presidencial. De allí que ambos organismos hayan decidido unir miserias para enfrentar al de nuevo arrogante PRI.

La pregunta, una vez que en el pasado proceso electoral el PAN y el PRD unieron esfuerzos y llegaron a obtener algunos triunfos destacados, es: ¿qué harán con su alianza y cuánto tiempo persistirá? El agua y el aceite ganaron en Puebla y en Baja California, por ejemplo. Pero ahora que viene la fatigante polémica sobre el tema del petróleo, ¿continuarán juntos o serán nuevamente rivales? El PAN, tratando de seguir algún lineamiento napoleónico (la mejor forma de defensa es el ataque), ya expuso a grandes rasgos su proyecto para Pemex. Dudo que tenga éxito, por más que Madero le recalque a Zambrano que acepte que el modelo actual es obsoleto. Aunque Jesús Zambrano ha intentado ser cauto, anticipó lo fundamental de la propuesta perredista, afín de muchas maneras al de Cuauhtémoc Cárdenas y al de López Obrador, para enseguida concluir de manera dramática, como si el país estuviera en 1910: Si privatizan Pemex, el México bronco despertará. Dicho en términos distintos: el PRD de nuevo apela a la violencia, algo del gusto de López Obrador y de la tribu bejaranista. Gustavo Madero explica teatralmente: “No permitiremos la privatización del petróleo, ni un tornillo, ni un pozo, ni un yacimiento, ninguna refinería”. A primera vista, la coalición PAN-PRD persiste. Pero pronto comenzarán las divergencias entre la derecha privatizadora a ultranza y sustentada en el peor liberalismo económico y un partido que se supone heredero de las tradiciones izquierdistas. Madero fue más lejos y, sin pensar en las tendencias naturales del panismo, declaró que se aliará al PRD para defender el petróleo. ¿De quién? Suponemos que del PRI, partido donde militó siempre el general Cárdenas. Cualquiera con sentido común sabe que al respecto no habrá acuerdos posibles entre PAN y PRD. En todo caso, el partido conservador apoyará más de un aspecto de la propuesta priista. La idea al respecto más aguda hasta hoy es sin duda la de Cuauhtémoc. En algo los tres grandes partidos de México tienen afinidades, o eso dicen: el petróleo debe seguir en manos mexicanas, lo que es una completa vaguedad dadas las características que la globalización le ha impuesto al orbe. Una generalización poco sensata. O se sigue el ejemplo de Petrobras, o no habrá resultados concretos y la mexicana seguirá siendo una empresa deficitaria, poco saludable.

Queda la propuesta extremosa de López Obrador, quien desde que abandonó el PRI ha lucrado con las palabras mágicas: el petróleo es mexicano. Poco ha tocado el tema en estos días en espera de que su movimiento se transforme en partido político. Nadie ignora que será el eje de su campaña contra el PRI, el PAN y aquellos que le dieron de buena fe (y muchos trucos) la jefatura del gobierno capitalino y dos veces la candidatura presidencial: los perredistas. No más primero los pobres. Ahora hablará de la soberanía nacional y de cómo dependemos de Pemex hasta para llevar a cabo la educación, algo que ya desmintió el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet.

La contienda real comenzará cuando Peña Nieto exponga su proyecto sobre la paraestatal petrolera. Por ahora todo se limita a blandir armas, gritar consignas y tomarle el pelo a los crédulos. El punto más delicado es el Pacto por México, porque ahora hermanados, PAN y PRD, lo tienen en calidad de rehén: unidos en la derrota, fragmentados y en choque de tribus, si ganan procesos electorales, lo apoyarán, de lo contrario, lo abandonarán. Los partidos retozan con el país como si fuera un balón de futbol en un partido llanero, donde el árbitro no es profesional ni los jugadores aceptan reglas. La nación no podrá avanzar mientras los partidos políticos no consigan pensar más en ella y menos en sus intereses.

Los mitos se caen, imposible hablar de PRIAN, pero sí es un hecho la coalición PAN-PRD. Hace poco un perredista decía orgulloso que en Puebla y Baja California habían triunfado, cuando la inmensa mayoría de los votos provino de Acción Nacional y para colmo, en Puebla, “ambos partidos” ganaron bajo el control de un ex priista de cepa. El país ha cambiado. Falta que Camacho y Ebrard regresen al PRI. ¿Por qué no, si la izquierdista Rosario Robles ahora milita en ese partido en el poder?


La crónica

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