Tantadel

agosto 28, 2013

Arte, religión y política cultural


En su habitual columna Botica, el periodista Jorge Meléndez Preciado señala algo inquietante: “Hace poco nos enteramos (Reforma, 22 de agosto) que Conaculta había realizado un donativo cuantioso a la Basílica de Guadalupe, el cual se hizo tan poco cuidadoso que ha levantado ámpula y ha sido denunciado como algo fuera de serie. En el mismo están metidos funcionarios del mencionado organismo ligados afectivamente con los religiosos. Es necesario aclarar el asunto en cuanto a monto y los involucrados. Pero no olvidar que la señora Consuelo Sáizar se inició como editora de obras ligadas a la fe y asuntos similares, por lo que seguramente ella está involucrada en ese apestoso caso”.

Está visto que la separación Iglesia y Estado es más una ficción que realidad constitucional. Políticos priistas, panistas y hasta perredistas invocan a Dios o de plano le consagran alguna ciudad como si México fuera el Vaticano. Así como hay maratones y marchas políticas, los católicos salen a las calles a manifestar su devoción. He escuchado a más de un gobernador en funciones darle gracias al Señor y como si fuera poco, Fox y Calderón no fueron discretos ni respetaron las creencias o incredulidades de agnósticos, judíos, mahometanos, protestantes y demás, al no ser practicantes discretos, como era su obligación constitucional. Si la ayuda a la Basílica de Guadalupe es para reparar alguna obra de arte dañada, no está mal, es justificable, pero si se trata de un apoyo a una institución rica y poderosa, en un país cuyo gobierno es oficialmente laico, las cosas cambian.

Entiendo el malestar de intelectuales como Jorge Meléndez Preciado, un periodista de larga trayectoria que lo mismo trata temas políticos que culturales. Es un hombre formado en la izquierda más combativa, la que en efecto intentó cambiar el rumbo del país y no simplemente pintarle la fachada al sistema. Pero asimismo sé de qué estaba hecha, por ejemplo, Consuelo Sáizar. Según me dijo ella, me conoció en una modesta estación radiofónica donde me entrevistó. No la recordaba cuando en una comida organizada por Víctor Hugo Rascón Banda, a la sazón, presidente de la SOGEM, alguien nos presentó. Si fue en sus orígenes modesta y discreta, no lo era más: estaba yo ante una funcionaria arrogante, grosera, autoritaria, que pensaba que la cultura era suya y, en consecuencia, podía hacer lo que le viniera en gana. Su gestión fue útil para ahondar más las divisiones de la compleja vida cultural mexicana, plena de aversiones y amores pasionales. Premió a sus amigos a placer y con semejante entusiasmo relegó a sus enemigos. Sus mejores años, cercana a Elba Esther Gordillo, los utilizó no tanto para serle útil al presidente Felipe Calderón, como para glorificar a sus mejores amigos y empleados. Nuestro último encuentro fue en la Rectoría General de la UAM. Mario Vargas Llosa brindaba una conferencia magistral y yo, en calidad de profesor fundador de la institución, tendría el privilegio de entrevistarlo. El encuentro con Sáizar fue inevitable. De pronto me interrogó cordialmente: ¿Qué te pareció el homenaje que te hicimos? Pude responder también preguntando, ¿Cuál? La presencia del rector general y de otros funcionarios universitarios propios y de otras instituciones inhibieron mi reacción. Me obsequió un inmenso libro apologético de su gestión y yo correspondí con uno mío: Antigua grandeza mexicana, obra que escribí luego de diversos recorridos por el Centro Histórico, solicitados por el INBA. El resto de la espinosa relación se dirimió a través de periodistas a su servicio y yo en diversos medios. La vi al mismo tiempo que contribuía a la edificación de una inútil y absurda estela de luz, viajar como reina y festejar de modo ruidoso a sus amigos, justo enemigos de su jefe inmediato, Felipe Calderón. Puede, como indica el periodista citado, haber sido el origen de tal desatino. Nunca Conaculta estuvo en peores manos y hemos de considerar que antes de Consuelo Sáizar la presidió una locutora fallida: Sari Bermúdez, la que le dio a México la “Biblioteca Nacional” que tanto nos faltaba. El hermoso local que edificó para la grandeza de un mandatario iletrado sigue con problemas de construcción. Fue el rector Juan Ramón de la Fuente, en una hermosa pieza oratoria, delante de académicos y funcionarios culturales capitalinos, que respondió precisando que ya existe y está en manos de la UNAM. Sari es ahora invisible y Consuelo prácticamente está prófuga.

Tiene razón Jorge Meléndez Preciado, una de sus primeras tareas editoriales fue dirigir una editorial de recia raigambre católica, conservadora. Pero mientras algunos intentamos vanamente poner distancias entre el Estado y la Iglesia dominante, considerando la larga lucha nacional en pos de esa idea razonable, debemos pensar que los tiempos han sufrido profundas modificaciones y no todas son positivas.

Pero éstos son temas espinosos, mejor hablemos de maratones y futbol, eso no nos divide, nos da una vida saludable y nos aleja de malos pensamiento políticos. O algo de tipo cultural: pueden acompañarme hoy a la presentación de mi libro El Evangelio según René Avilés Fabila, en la Rectoría General de la UAM, a las 12 del día. Esto quizás conceda algunas indulgencias a los asistentes y acaso sería posible recolectar dinero para la santa Madre Iglesia.

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