Tantadel

agosto 16, 2013

Juan de la Cabada, literatura y militancia política


Elena Garro, en su fascinante libro Memorias de España 1937, hace una descripción de aquellos tiempos distantes, llenos de pasión y romanticismo, de grandes luchas políticas; recorre las amistades que Octavio Paz y ella iban adquiriendo o aquéllas que ya eran importantes al momento de casarse. Cuando habla de Juan de la Cabada, el nombre aparece entre admiraciones, señalándolo con emoción y cariño. A lo largo del libro, mientras Paz (que por esos días había escrito el poema “¡No pasarán!”) hacía relaciones públicas, ella y Juan se divertían. A pesar de las distintas edades (Elena era de 1917, Juan de 1903) y las tragedias como el ascenso del fascismo y la guerra civil española, eran capaces de comportarse como niños traviesos. Por desgracia, cuando Elena Garro y Helena Paz regresaron a México luego de un largo y penoso exilio, Juan de la Cabada había muerto en la miseria y un mucho olvidado, el 26 de septiembre de 1986. Las dos Elenas jamás dejaron de hablar con cariño del escritor campechano.

Juan de la Cabada fue un devoto del marxismo-leninismo, para él la militancia en el Partido Comunista era importante, sagrada. Veía de dónde sacaba dinero, pero estaba al corriente en las cuotas. No rechazaba tarea política por modesta que fuera. Para el partido, Juan era parte de un valioso capital: estamos hablando de un escritor famoso y combativo, que fundó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y estuvo en España, durante la época difícil de la guerra. Pocos lo recuerdan o quienes lo hacen no ocultan un cierto desdén para su tarea literaria. Hace unos cinco años, Emmanuel Carballo, en un artículo periodístico, confesó sus tres preferencias en tal sentido: Rulfo, Arreola y Efrén Hernández. Pero no todos los críticos han sido excesivos, desdeñosos o injustos. Luis Leal, en su Breve historia del cuento mexicano, editado por el buen amigo Pedro Frank de Andrea, en 1956, explica: “Juan de la Cabada (Campeche, Camp., 1903) se dio a conocer como gran cuentista con su obra Paseo de mentiras (1940), en la cual colecciona varios cuentos de diversa índole. ‘Sus cuentos y narraciones —dice Sánchez Barbudo en tal recuento literario— están llenos de atisbos, de hermosas promesas’. “El cuento llamado ‘La niña’ y el de ‘María La Voz’… nos parecen de lo mejor… en ambos, sobre todo en el segundo, el recuerdo de Valle Inclán es inevitable. El libro toma el nombre del último cuento, ‘La Cantarilla’; paseo de mentiras, o chan-paseo, entre los mayas, es un paseo corto, contrapuesto al noj-paseo, paseo grande, paseo de verdad, esto es, la muerte. En todos sus cuentos De la Cabada descubre al hombre de rasgos firmes.”

No muchos recuerdan a Juan de la Cabada. Su hija Julia Marichal, que lo promovía, ha muerto. Pero eso mismo me han dicho los herederos de otros notables escritores como Agustín Yáñez y Efrén Hernández. Una crítica literaria inexperta y acostumbrada a las modas, a las novedades, ha dejado de lado a infinidad de magníficos cuentistas, novelistas y poetas que en vida gozaron de una sólida reputación. A Juan de la Cabada, por ejemplo. Personajes como Andrés Iduarte, Andrés Henestrosa y José Luis Martínez elogiaron su literatura y, desde luego, su cualidad de ser un autor poco común en las letras latinoamericanas.

En el libro de Enrique Congrains Martín, Antología contemporánea del cuento mexicano, 1958, incluyen su relato “La botica” y al precisar sus cualidades se dice que parece mejor dispuesto para la narración oral que para la escrita. El antologuista explica que Juan posee “una reiterada tendencia a la dispersión”. Sin embargo, pese a estas observaciones poco agudas, sucesivas antologías recogen sus cuentos: En 1956 el Anuario del cuento mexicano del INBA selecciona “Llovizna” como uno de los mejores relatos del año. Esta misma historia la toma Emmanuel Carballo para ponerla en El cuento mexicano del siglo XX. Llama la atención que dentro de las notas —a veces excesivas y ampulosas— no hay una línea sobre Juan de la Cabada. También está en la antología de María del Carmen Millán y en algunas otras.

Un buen estudio hecho sobre Juan de la Cabada, se debe al escritor y crítico literario Alejandro Miguel. Es el prólogo del volumen Cuentos rescatados. Aquí hay un trabajo de la salvación de doce textos de Juan: “cinco de ellos fueron publicados en periódicos desconocidos, de escasa circulación o casi eventuales, editados por urgencias de la militancia de camaradas del autor, miembros del Partido Comunista Mexicano, en el que el escritor militó desde su ingreso en 1926 hasta su transformación en Partido Socialista Unificado de México, del que fue candidato a diputado federal por un distrito de su estado natal.” La introducción hace un recuento de sus publicaciones incluyendo las ediciones del Fondo de Cultura Económica y, desde luego, la publicación de sus Obras completas por la Universidad Autónoma de Sinaloa, en los momentos en que Juan aparecía regularmente en la televisión cultural acompañado por Cristina Pacheco, donde mostraba su ingenio, gusto por la conversación, largo historial de militante comunista y un literato con cultura, simpatía, humildad y agudeza.

Pocos escritores como él. Supo hacer gran literatura sin dejar jamás las tareas políticas. No los hay más como Juan de la Cabada.

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