Tantadel

agosto 26, 2013

Mi vida en la universidad pública


Mis pocos lectores saben que estudié en la UNAM y que —según me dijo el doctor José Narro— soy un préstamo a la UAM. No deja de tener razón mi admirado amigo: desde 1960 estuve en planteles universitarios, allí me formé. Primero en la Preparatoria 7, cuando estaba en Licenciado Verdad, entre la Catedral Metropolitana y Palacio Nacional. Enseguida pasé a la entonces pequeña en dimensiones, notable por su cuerpo docente, Escuela de Ciencias Políticas y Sociales. Un lujo irrepetible. Mis profesores fueron Pablo y Henrique González Casanova, Arturo Arnáiz y Freg, Modesto Seara Vázquez, Enrique González Pedrero, Víctor Flores Olea, Carlos Bosch, Ernesto de la Torre Villar, Francisco López Cámara, Ricardo Pozas, en fin, maestros ejemplares y todos de amplia obra escrita y académica. El 68 me atrapó en la transición de alumno a maestro, militando en el extinto Partido Comunista y publicando mis iniciales novelas y cuentos. El posgrado lo hice en París, una universidad donde resonaban todavía las consignas de Mayo, un llamado a la revolución estudiantil. México estaba atrapado por una extraña alianza entre los intelectuales más afamados y el presidente Echeverría. Según Carlos Fuentes y Fernando Benítez, entre otros, era él o el fascismo. Bueno, así es México.
A mi regreso me reincorporé a la UNAM y en 1975 apareció la UAM. Me cambié de institución atraído por un proyecto novedoso, departamental. Sin embargo, cada tanto, vuelvo a las aulas de Ciencias Políticas. Soy un inevitable camarada de las universidades públicas y ellas han sido de una infinita generosidad conmigo. La de Sinaloa publicó dos libros míos, la Veracruzana otros tantos, en la época en que Sergio Galindo era el responsable de las ediciones. El IPN dos más. La UNAM por lo menos tres y en la UAM he perdido la cuenta. El primer homenaje por mi tarea literaria provino de esta última, cuando cumplí tres lustros escribiendo. Este 2013, en que llego a 50 años de quehacer literario, hubo un reconocimiento de magnitud sorprendente, organizado por mi unidad, Xochimilco, bajo la dirección del doctor Salvador Vega y León, a la que se incorporó Rectoría General. Ese festejo ha desatado una larga cadena que imagino concluirá con la Feria del Libro de Tabasco, organizada por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), dedicada a mí y donde me entregarán el Premio Mallinali, por la Promoción de las Artes, los Derechos Humanos y la Diversidad Cultural que otorga esa casa de estudios en el marco de los festejos de su 55 aniversario de fundación, honor que han recibido escritores como Mónica Lavín, Héctor Aguilar Camín, Juan Villoro, Federico Reyes Heroles y mi querida amiga Cristina Pacheco. Las palabras que pusieron en carteles e invitaciones son para mí profundamente conmovedoras: “René Avilés Fabila, 50 años entre la palabra, la imaginación y la cátedra”.
Ahora, el nuevo rector general de la UAM, Salvador Vega y León, llega con ambiciosos proyectos académicos e ideas interesantes para reactivar la difusión de la cultura. Por lo pronto, a una semana de su toma de posesión, lleva a cabo la presentación de dos libros míos, editados en esta casa de estudios, el próximo miércoles 28 a las 12 horas en la Rectoría General. Ambos son ediciones de la UAM y francamente son hermosos. Uno es El Evangelio según René Avilés Fabila y el otro un bestiario que obtuvo el Premio Nacional INBA-Colima, De sirenas a sirenas, ilustrado por José Luis Cuevas y prologado por el poeta Rubén Bonifaz Nuño, una edición conmemorativa.
A la presidencia del Premio Nacional de Periodismo 2012, hoy en manos de la UJAT, llegué propuesto por la UAM y aceptado unánimemente por colegas de medios y universidades.
Cuando ingresé a la UNAM, jamás imaginé que sería tan afortunado en las universidades públicas. Gracias.

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