Tantadel

septiembre 06, 2013

¿Anarquismo o provocación?


El anarquismo no es tan sencillo como muchos suponen, no es simplemente declararse enemigo del poder, hay propuestas complejas y muy difíciles de llevar a cabo. Todo intento anarquista ha quedado, como el comunismo científico, en utopías, sueños promisorios. El anarquismo, según definición de Ernesto Mascitelli, es una doctrina que teoriza y lucha por abolir todo orden y autoridad política y sustituirlos por la libertad del individuo. Como el marxismo, su idea final, es la desaparición del Estado, la abolición de la propiedad privada y la libertad colectiva. Proudhom precisaba: la propiedad es un robo. Anarquistas célebres fueron Saint-Simon, Fourier, Stirner y Bakunin. Marx y Lenin, y en general el pensamiento marxista, se opusieron tenazmente a esta ideología en cualquiera de sus variantes. La veían enemiga del proletariado.

Las afinidades entre anarquismo y socialismo se acaban pronto. Si bien ambas tendencias consideran al Estado una tiranía, lo que justifica el uso de la violencia y cualquier acción desesperada para eliminarlo, el marxismo clásico ve en el capital, la concentración de los medios de producción en unas cuantas manos, como el enemigo principal, eliminarlo, significa el derrumbe del Estado, su enorme soporte. Las acciones tampoco difieren tanto pero sí hay mucho fondo en ellas. La violencia en el anarquismo ha sido más individual que colectiva. En el socialismo se buscó siempre la insurrección de las masas, en una palabra, la revolución, tal como Lenin la llevó a cabo en Rusia. Más de un comunista español, de aquellos que lucharon en la Guerra Civil de España, me contaban los actos heroicos de los anarquistas y asimismo de su negativa a aceptar órdenes para enfrentar al enemigo, al fascismo.

Anarquismo etimológicamente es el rechazo a toda autoridad. El marxismo clásico lo mira con desdén: lo considera una ideología pequeñoburguesa, hostil al comunismo, para mayores datos. Lenin decía que el anarquismo no ha añadido a la historia del pensamiento político progresista más que meras frases contra la explotación y poco ha profundizado en el estudio de las causas de la explotación, no “comprende la lucha de clases como fuerza creadora capaz de instaurar el socialismo”. Tal vez por eso el socialismo científico ha estado más cerca del triunfo que cualquier propuesta anarquista. Los anarquistas han creado comunas por aquí y por allá, con escaso éxito. Leyendas que aparecen en algunos libros de historiadores que vieron con simpatía su voluntariosa lucha por cambiar a la humanidad. El socialismo de Marx ha tenido mejores resultados por dejar de ser una utopía. En el caso ruso, no cabe duda que entre su iniciación y derrumbe, estuvo la presencia de Stalin y sus grandes derrotas, como diría Trotski. Curiosamente, el Stalin de primera época, en 1906, publicó una serie de severas críticas a los anarquistas seguidores de Kropotkin (¿Anarquismo o socialismo?). Fue un intento serio por evidenciar la incapacidad del anarquismo ante el peso del materialismo dialéctico, fórmula adecuada para estudiar la historia y preparar un cambio radical que eliminara la economía de mercado y en consecuencia al capitalismo.

Marx y Engels, en diversas obras como La sagrada familia y Miseria de la filosofía, criticaron el anarquismo. Lo veían además como una tendencia peligrosa que de muchas maneras ponía en riesgo la guerra para desaparecer la contradicción principal: la lucha de clases. El anarcosindicalismo tuvo más éxito y se extendió por media Europa, pero centraban su lucha en sectores determinados, los sindicatos y la huelga son sus armas predilectas, lo cual inhibe a los factores determinantes en una amplia revolución proletaria. Si en España, en 1936, lucharon comunistas y anarquistas juntos, fue en un intento desesperado por vencer al fascismo franquista, apoyado por Hitler y Mussolini. El ejército republicano, sin el apoyo de las potencias occidentales, estaba destinado a perder, sin embargo, supo escribir páginas memorables y gloriosas, conducido por comunistas.

En México, los hermanos Flores Magón fueron virtuosos revolucionarios de corte anarquista. Dejaron marca indeleble de sus acciones y vidas ejemplares; pocos revolucionaros como ellos. Al final, la historia les ha asignado injustamente un papel discreto. No podemos dejar de lado que si bien, aceptando las opiniones del marxismo en el sentido de desconocer el materialismo dialéctico y la lucha de clases, los anarquistas se han conducidos por un inusitado sentido del valor, del coraje, pero sus resultados han sido con frecuencia desastrosos. El asesinato de un príncipe europeo, un atentado contra una oficina de gobierno o un bombazo aquí y allá, si bien contribuyen a la violencia, la provocación callejera, en nada solucionan el problema de fondo, dejando la impresión de simples terroristas sin proyecto. Es mejor la organización de un partido que aglutine a las masas trabajadoras.

Son muchos los teóricos y pensadores que a lo largo de la historia han visto al Estado como la peor de las criaturas, un monstruoso Leviatán que surge para conservar otra idea perversa: la propiedad privada. Es en efecto una aberración para mantener la división de clases sociales, pero no será lanzándole piedras a edificios, ni a modestos policías que obedecen órdenes, tampoco bloqueando calles o afectando ciudadanos que la destruirán. Por ahora, el marxismo tradicional no ofrece solución salvadora en pleno triunfo de la globalización capitalista. Hay que buscar, siguiendo los lineamientos básicos del pensamiento de Marx, mejores caminos para encontrar al fin la utopía adecuada.

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