Tantadel

septiembre 15, 2013

Eficaz ensayo, tardía reacción

Los gobiernos capitalinos suponían que la libertad de expresión es la protesta brutal.


Acusar a Miguel Ángel Mancera de lenta reacción y proponerlo como responsable de lamentables semanas para la capital, es poco serio: no es su culpa sino una pesada herencia. Luego de Cárdenas, la demagogia de los sucesivos dirigentes perredistas, considerando que marchas y protestas son aliadas naturales, permitió concederles plena impunidad. Pensaron ingenuamente que sólo iban contra el gobierno federal, el que cada vez está más lejos de sus manos. Los tiempos cambian con celeridad y la confusión predomina en el sistema político. Mancera se vio atrapado por el discurso barato de no podemos ser intolerantes con los plantones y las acciones que son realizadas en el DF, no son contra nosotros. La falsa tolerancia de ex priistas como Marcelo Ebrard tuvo fines electorales en donde la ciudad es botín y anzuelo. La CNTE, que ha crecido en la medida en que Elba Esther paga con retraso sus pillerías en la cárcel, entrenó en Oaxaca, Michoacán y Guerrero, consiguió sus propósitos y un alto fogueo que la encaminó al gran reto: la arrogante capital, ingenua y abandonada.
Mancera ahora ha visto disminuir su prestigio en una ciudad caótica, su riqueza política ha disminuido y él es víctima de las pugnas del perredismo; su inacción ante la llegada de la CNTE fue vista como una pasmosa falta de habilidad. Si desde un principio hubiese actuado como el viernes, jamás el asunto habría pasado a los anales históricos como una asombrosa falta de visión política. Es lerdo pensar que respetar la ley significa violencia o represión. Sigue funcionando un síndrome de culpabilidad en el PRI y una errada idea de que cada marchista que golpea policías, destruye calles y comercios e impide la libertad de movimiento de los capitalinos, es un paso adelante en la democracia y defensa de los derechos humanos.
Transgredir los intereses de personas que van al trabajo e impedir el funcionamiento del comercio formal, es violencia. Pocos entienden el fenómeno y que los afectados sean sospechosos para las organizaciones de derechos humanos que defienden a los agresores y nunca a los millones de agredidos económica y físicamente. Es como EU: lucha por los derechos humanos en Siria y en Guantánamo tortura salvajemente a sus enemigos.
Por ahora, triunfó el derecho, la razón al menos. Pero el ensayo tuvo éxito. Sólo que los rivales del sistema saben que el DF es vulnerable: las autoridades están sujetas por sus intereses políticos. En adelante, la violencia de los extremistas no tendrá fin y crecerá en la medida en que el descontento aumente, no hay Pacto por México que los limite. Así como hicieron este tardío operativo bien organizado y eficaz, pudieron llevarlo a cabo hace tiempo y evitar que la CNTE se convirtiera en mártir de la democracia. Los gobiernos capitalinos suponían que la libertad de expresión es la protesta brutal. También quienes no están conformes o manifiestan su indignación de otra manera tienen derecho a transitar por las calles sin apedrear policías ni comercios. ¿Quién los defiende? Nadie. Peña Nieto y Mancera actuaron en mal momento, en vísperas de los días patrios y eso irritó más a quienes ya eran dueños de la urbe para hacer lo que les venía en gana. La Asamblea del DF, dominada por el PRD no legisló razonablemente sobre el problema y en un gesto más de la madre Teresa que de un parlamentario eficaz, liberó a vándalos que simplemente querían desahogarse a golpes de una larga cadena de problemas sociales heredados. Las fianzas fueron pagadas por los propios perredistas. Los resultados se verán en dos años más.
El Estado deberá analizar al DF, asimismo al resto del país para disminuir la violencia opositora y actuar conforme a la ley. De lo contrario, estos días en que unos audaces tomaron la capital e hicieron lo que quisieron, fue el ensayo de Mussolini para más adelante tomar Roma e instaurar el fascismo

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