Tantadel

septiembre 25, 2013

¿Estado privatizador?


El sentimiento político que trajo la Revolución Mexicana, que sin duda se afianzó con el éxito de otra revolución, la de Octubre, encabezada por Lenin, en el sentido de que el Estado debe ser el poseedor de las riquezas naturales de un país y que su peso debe hacerse sentir en la vida económica, está en duda después de un largo proceso en que el sistema político mexicano fue, luego de la salida de Lázaro Cárdenas, inclinándose hacia la derecha. Este proceso se aceleró en la medida en que el mundo socialista se derrumbó aparatosamente y dejó un enorme vacío en el campo ideológico y todo en las manos de un modelo liberal y de total economía de mercado. En la actualidad las empresas privadas actúan en casi la totalidad de los países del orbe. Tal vez Corea del Norte sea la excepción. Por doquiera los magnates dominan ante un Estado que se achica o que sirve para los fines empresariales.

El México de los años de Adolfo López Mateos era  todavía un país que buscaba un Estado fuerte (en su sexenio la electricidad fue recuperada) y para frenar los impetuosos desplantes de los ricos nacionales y extranjeros, se hablaba de economía mixta. Es una curiosidad que hoy la vemos claramente en dos países que fueron socialistas: Cuba y China. En tiempos de Enrique Peña Nieto sólo queda una gran empresa en manos del Estado: Pemex. Ha vencido la idea noeliberal de adelgazarlo hasta el límite y de muchas maneras la idea ha triunfado, sin importar el partido o filiación de las autoridades. ¿Qué hay en manos de la orgullosa capital mexicana? Prácticamente nada. Todo es trabajado a través de empresas particulares. Pronto veremos cárceles y manejo de la basura en manos de empresarios.

El petróleo es una suerte de reliquia, algo sagrado para fines políticos. Federico Reyes Heroles acaba de señalar, contraponiendo sus ideas a las de Cuauhtémoc Cárdenas, que si no hay reformas energéticas, México en menos de tres años pasará de ser exportador a importador de energía. Para AMLO y sus seguidores, a falta de un programa inteligente para la nación, repite con voz tediosa que el petróleo es nuestro y el coro aplaude y repite: Es nuestro. Las voces de sus partidarios insisten con falacias: De llevarse a cabo la “privatización”, México se hundirá. El gobierno de Peña Nieto responde con argumentos poco convincentes que son seguidos por la mayoría de los medios de comunicación. Desde lejos, veo que México es el único país del mundo cuyo petróleo brota tricolor, en consecuencia, ni un centavo extranjero para mejorar la extracción y explotación. Pero el atraso nacional en todos los rubros es tangible y no veo cómo sin ayuda Pemex dejará su camino hacia la ruina.

No hay duda que lo mejor es que el Estado sea un protector notable de nuestros recursos naturales y de los manejos de las inversiones privadas, sobre todo las extranjeras. Ello es una utopía. No dejemos de lado el papel subordinado de nuestra economía. ¿Qué producimos: coches, aviones, plantas eléctricas, buques de gran calado, autobuses, tractores, pastas de dientes, refrescos…? Nada. Hoy hasta el afamado tequila está en manos de empresas privadas. Un día sin productos provenientes de empresas privadas y sobre todo extranjeras sería fatal para cada uno de nosotros. Sobre todo, afectaría el orgullo nacional. Los bancos, las tiendas de autoservicio, los mejores hospitales (al menos los más caros), las escuelas más publicitadas y festejadas, todo lo significativo está en las manos de empresarios siempre voraces. Mexicanos o extranjeros.

Ojalá que de las famosas consultas algo resulte. Pero es un diálogo de sordos, un hecho político más que económico, una ridiculez más que un acto de patriotismo. EU es sin duda el país de mayor nacionalismo en el planeta, su patriotismo es ofensivo, basta con oír su himno y sus cantos bélicos, ver su nacimiento como nación imperial y destinada, según ellos, a conducir al planeta, tiene todo en manos privadas, bueno, hasta la Casa Blanca. ¿O alguien supone que Obama es libre para sacar las tropas de Irak o Afganistán o de eliminar la base de torturas que posee en Guantánamo? Claro que no. Washington es manejado por las inmensas empresas, no por hombres ni por partidos. Los políticos responden a intereses superiores y nadie se ofende. Al contrario, los vemos gozosos.

Pero suponiendo que se llega a un acuerdo, el que sea, donde seguramente Obrador estará en desacuerdo, es posible que Pemex se convierta en una empresa rentable. Sólo que entre la corrupción y las pésimas administraciones es ya una ruina decorosa. Por lo pronto la discusión adquiere tintes dramáticos, como si en verdad estuviera en juego la existencia de México y su veloz tránsito hacia el esplendor que todos los mandatarios nos han prometido y al cual jamás hemos llegado por más que gritemos vivas a la patria. Como está el mundo, es cuestión de inteligencia y habilidad, no de razones falsamente nacionalistas. La opinión de Cuauhtémoc Cárdenas, en este mar de confusión y actos de oportunismo, parece sensata: permitir que Pemex se asocie en proyectos específicos, sin modificar los artículos 27 y 28 constitucionales. ¿Cómo es posible esto? Quién sabe. Y obviamente pasando por un serio combate a la corrupción. Pero…

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