Tantadel

septiembre 18, 2013

Gonzalo Martré es Fantomas


Gonzalo Martré, del que ya he escrito en este gran diario, es un narrador convincente, poco afecto a las metáforas, su lenguaje es directo; a cambio, posee el deleite de la ironía sinfín y sabe narrar con habilidad. Su bibliografía es larga y ha dejado una extraña huella: rechazado por las “grandes editoriales”, sus seguidores han contribuido a hacerlo legendario, una suerte de escritor maldito, implacable con sus enemigos, entre ellos el PRI, al que deben leer y hasta reunir dinero para que sus obras sigan apareciendo en tirajes que ellos mismos consumen y publicitan. Su novela Los símbolos transparentes es sin duda uno de los mejores libros sobre la matanza del 68, muy superior a los malos reportajes de Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, los que, por su cercanía al poder, han sido los libros “insustituibles”, los “imprescindibles”, cuando uno está lleno de imprecisiones y el otro es ilegible. Nadie como Martré se ha mofado de los funcionarios de Conaculta, en particular de Consuelo Sáizar, a la que bautizó como La cantante de rancheras. Señaló con detalle su enorme corrupción, su falta de cultura, sus escándalos, los innumerables beneficios que les concedió a sus amigos y lo despiadada que fue con sus enemigos.

Martré, rechazado por las “buenas conciencias” y leído con regocijo en internet y en los libros que logran sustraerse al olvido de los ridículos profesionales de la crítica, acaba de publicar una obra interesante tanto para quienes gustan de cómics y novelas policiacas como para lectores en general. Lo editó la UAM-A en su colección “Los heterodoxos”, y se llama El regreso de Fantomas, la amenaza elegante.

Fantomas es un personaje literario de la escuela negra francesa. Su creador fue Pierre Souvestre y lo continuó Marcel Allain, entre ambos hubo más de 40 aventuras fascinantes. Su éxito fue mucho, tanto como el de Arsenio Lupin. El primero siguió una ruta interesante y sin que se precisara su origen y formación con exactitud, creció y ya a mediados del siglo XX pasó al cómic y al cine. En México, la editorial Novaro, según explica el prologuista de la obra de Martré, Carlos Gómez Carro, retomó la historia: Gonzalo se hizo cargo de darle nueva vida al personaje francés. Su trabajo fue exitoso y llegó a tal grado que Julio Cortázar se interesó en el tema y el tratamiento que le daba Martré y lo reprodujo a su manera en un libro poco conocido ya: Vampiros trasnacionales, lo que dio origen a un intercambio de cartas entre el mexicano y el argentino. Algunas de esas misivas y el folleto de Cortázar se encuentran en el Museo del Escritor.

Ahora, en la edición de la UAM-A, Fantomas regresa a dar una batalla más, sus enemigos son personajes de una nueva canalla muy parecida a políticos, empresarios e intelectuales mexicanos, cuyos nombres apenas ocultan sus personalidades reales. El enigmático héroe, en ocasiones poco escrupuloso con sus rivales, investiga y arroja luz en complots de alta escuela. Poco a poco los pone al descubierto, con implacable rigor y dureza.

En esta nueva obra de Gonzalo Martré, su prosa se ha hecho más irónica, sarcástica. Los diálogos fluyen y nos hacen recordar historias perversas del México contemporáneo. De esta manera Fantomas ha regresado, sus métodos siguen siendo los que sus autores originales le dieron, sus características igualmente han sido respetadas, pero la amenaza elegante se hizo integrante de un mundo globalizado donde el mal está en todas partes, bien ramificado y mejor representado por aquellos que Martré bien conoce: los poderosos de México. El profesor Semo, inventor y colaborador suyo, le concede a Fantomas consejos y armas sofisticadas, al estilo de un filme de James Bond. Es un libro muy divertido, fuera de lo usual en un México que se aburre de tantos bostezos como le proporcionan sus más conspicuos literatos.

Martré ha batallado por romper el cerco que desde sus inicios lo ha rodeado. Es posible que con este libro comience a ceder el muro, que sus nuevos lectores lo lean lejos de los prejuicios de aquellos que se sintieron o fueron tocados por Gonzalo. No lo sé. Pero tarde o temprano su terquedad de mostrar su lado satírico, de rudos párrafos de lenguaje coloquial, obtendrá el lugar que se merece entre aquellos que supieron burlarse merecidamente del prójimo, en especial si se trata de políticos corruptos o intelectuales tediosos, siempre cercanos al poder.

Gonzalo Martré ha escrito multitud de libros, si bien en ellos aparecen políticos priistas e intelectuales pretenciosos, los personajes del bajo mundo suelen hallar acomodo como en la serie del “Chanfalla”. Escritor marginado, ha preferido recorrer el tosco mundo mexicano y ridiculizarlo. Llama la atención que el sistema político y los intelectuales no han logrado ocultarlo, aunque sí le han puesto obstáculos. Sus lectores y admiradores siempre lo ponen a salvo, les agrada que insista en vituperar un sistema que mira por completo reprobable. Es el Fantomas de los mexicanos, lo heredó, pero del cómic a la novela le ha dado nueva vitalidad. La historia es acompañada por ilustraciones que hacen visibles la hazaña del autor: mezcló exitosamente dos géneros.

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