Tantadel

septiembre 20, 2013

Obama, ¿estadista o bravucón?


En los buenos viejos tiempos de México, a pesar de las agresiones, del férreo dominio y del desdén norteamericano, había una fuerte resistencia a las tendencias imperiales. De pronto los gobiernos nacionales con habilidad se defendían de las presiones de su colosal vecino. Con el paso del tiempo, la entereza mermó y México fue subordinándose discretamente a EU. Si el presidente Adolfo López Mateos mostró capacidad para no seguir los dictados de la Casa Blanca para romper con la Cuba revolucionaria, con Vicente Fox el deslumbramiento por el poderío norteamericano se hizo muy visible. Antaño vendedor de bebidas de cola, el mandatario seguía la costumbre de ir a EU a rendir cuentas del estado de sus ventas, sólo que ahora no era refresquero sino presidente de la República mexicana.

Los mexicanos suelen decir que nos va bien cuando en EU hay un mandatario demócrata y mal cuando lo es de origen republicano. Honestamente, no veo mayores diferencias, quizá de estilo, pero son en verdad mínimas, tanto, que apenas se perciben. Lo que prevalece es el deseo gringo de doblegar al mundo comenzando por sus vecinos. Y lo ha hecho, la dignidad que muestra el gobierno actual es mera ficción. No es hábil diplomacia sino temor. Desde hace décadas carecemos de una política exterior. Se acabaron los agudos y creativos políticos internacionales. Hay pura burocracia, gente de todos los partidos, herencia de una realidad tortuosa, que se ven de pronto convertidos en agentes diplomáticos que no saben qué hacer, sin rumbo, resolviendo los problemas conforme aparecen, sin imaginación y en particular sin grandeza.

Pero eso ya lo sabemos bien. No importa más saber si a Peña Nieto le preocupa que lo espíen o que sus conversaciones sean grabadas y escuchadas en la Casa Blanca. La adulación (usemos la palabreja) lo ha blindado. Se limita a escuchar el placentero sí, señor presidente, lo que usted diga, señor presidente, como ha dicho el señor presidente. No hay duda: el presidencialismo zalamero ha regresado victorioso. No hay reclamos, ya la “protesta” diplomática fue emitida y debidamente archivada en la CIA o en alguna oficina de la Casa Blanca. Pensemos mejor en la señora Dilma Rousseff, presidenta de Brasil. Al igual que su colega mexicano, fue espiada, pero ella reaccionó con decoro y categoría. Para empezar, fue más allá de la simple nota diplomática, hizo público su malestar y para probarlo hizo lo que pocos se atreverían: a dejar plantado al presidente de Estados Unidos.  La presidente “posterga” su cita prevista para el 23 de octubre próximo, hasta no esclarecer el espinoso asunto. Un lío que muestra a Obama de cuerpo entero: un agresivo mandatario disfrazado de paloma. Sólo recordemos que no ha acabado de retirar tropas de Afganistán ni de Irak, país que los suyos destruyeron por completo y que ahora vive en la total ruina. ¿Traemos a colación el caso de Guantánamo, ex base naval convertida en centro de torturas sin que los derechos humanos, tan peleados por EU actúen?

Dilma Rousseff recibió una llamada personal de Barack Obama, el hombre (imagino que en inglés, ¿conoce usted un norteamericano que hable otro idioma?) para convencerla. Imposible dejar con un palmo de narices al jefe del planeta. Luego de veinte minutos de conversación entre ambos jefes de Estado, la presidenta brasileña se mantuvo en su postura. Brasil no tiene por qué llevar lazos cordiales, fraternos, con un país que violenta los derechos humanos, que todo lo arregla por métodos violentos y que además, la espía sin pudor.

Para Dilma Rousseff el espionaje del que fue objeto, igual al que sometieron a Peña Nieto, atenta contra la soberanía nacional y los derechos individuales, es, para moyores datos, afirma el comunicado de Brasil, incompatible con la convivencia democrática entre países amigos. Pero sabemos lo que en México siempre hemos dicho: EU tiene intereses, no amigos. Apoyó a los tiranos de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay y para colmo en la guerra por las Malvinas, EU se decidió abiertamente por la Gran Bretaña y Argentina sufrió una aparatosa derrota. ¿Reagan se pronunciaba contra la dictadura? No, ayudaba a su mejor aliado: Inglaterra. Si seguimos con las frases hechas, con amigos como EU para qué queremos enemigos.

Es difícil pensar que el asunto llegará más lejos en Brasil, pero por lo pronto la señora Rousseff ha dado una evidente lección de dignidad internacional. No es en absoluto semejante a la pugna de Obama con Putin. Allí hay rencillas añejas que la caída del socialismo no ha podido sanar. El imaginativo y talentoso Alexis de Tocqueville anticipó que algún día Rusia y Estados Unidos chocarían por el control mundial. Lo hacen desde hace décadas, con o sin intereses ideológicos. Son dos países de tendencias imperialistas, de expansión y como ya no hay mucho territorio para donde extenderse, se pugna por el control económico basado en el poderío militar. China, de hecho, ya está en esa pelea que fue un tiempo de dos. La conducta de la señora Rousseff muestra otra vía, otra ruta para la convivencia internacional y nuevas alternativas para un mundo más racional, igualitario y equilibrado.

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