Tantadel

septiembre 09, 2013

Vivimos una grave crisis política


Si el problema fuera muy sencillo y fácil de explicar en un artículo de 850 palabras, todo quedaría resuelto. Pero no. El asunto de la educación en México es complejo y tiene una historia tortuosa. Lo primero que podemos señalar es que la época de esplendor, de esperanzas y fe en la educación pública fue de José Vasconcelos (bajo el gobierno de Álvaro Obregón) a Lázaro Cárdenas y declinó lentamente luego de Ávila Camacho y los sucesivos gobiernos hasta la fecha. En aquellos años el Estado hizo un esfuerzo enorme por darle grandeza a la educación; los maestros fueron heroicos y de alto rango moral y académico. Es curioso, aquí todo se deteriora antes de llegar a un estadio superior. Si Cárdenas declaró la educación socialista, más allá de la idea constitucional, Manuel Ávila Camacho se confiesa creyente sin recordar que el Estado mexicano es laico.

Efectivamente, Ávila Camacho comienza el impulso hacia la derecha. En educación implica el olvido de la principal fuente de riqueza de cualquier país. Los maestros pasaron al control de autoridades incompetentes, distantes del magisterio, a la degradación del respeto que inicialmente inspiraban, a los bajos sueldos y al férreo control de sindicalistas siempre corruptos, como los existentes en México, sin excepciones. Jonguitud y Elba Esther coronan la tarea demoledora de los líderes de los maestros.

Al permitir que declinara la educación pública, los colegios privados comenzaron a surgir como hongos bajo la lluvia y la humedad. Alrededor de 1960, la universidad pública era la gran opción escolar profesional, el principio de la cadena hacia los altos mandos. El abandono gradual la hace una fábrica, en el mejor de los casos, de mandos medios al servicio de egresados de universidades privadas. La falta de recursos, de visión de los políticos permitió que la educación pública sufriera un enorme descalabro. Para empeorar la acción: los hijos de los políticos, a diferencia, por ejemplo de los de Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, estudian en universidades privadas. Todavía Carlos Salinas y Ernesto Zedillo egresaron de la UNAM y del IPN, respectivamente.

Lo que hoy llamamos izquierda, una masa turbia, corrupta y desprestigiada, no está mejor. Creada por ex priistas, hace exactamente lo mismo que el PRI: primero se enriquece y enseguida envía a sus hijos a escuelas privadas, para enseguida subir a tribuna o declarar a los medios que apoyan hasta la muerte a los maestros que por los peores caminos defienden al gremio docente. Pero ahora sabemos que, voten o no por la reforma educativa, sus hijos van a costosas escuelas particulares. La hazaña está consumada: la demagogia es evidente. No confían en lo que apoyan, sus fines son sólo políticos.

Es sorprendente que mientras los priistas, los panistas y los perredistas suben a la tribuna a defender con pasión (artificial) los derechos de los maestros y los justifican, los desprecian porque ningún político tiene a sus hijos bajo la tutela de uno de ellos. Sus profesores son curas, gerentes, empresarios y amigos todos de la economía de libre empresa, en donde brillan por su ausencia las preocupaciones sociales. Se trata de triunfar materialmente, sea en la economía, sea en la política o hasta en la cultura. Lo demás no importa.

Por ello sigo sin ver diferencias sustanciales entre los políticos mexicanos, a lo sumo en el color de las corbatas: son ricos o están por serlo y ya en posesión de una aceptable fortuna, ¿quién desea que sus hijos vayan a incómodas escuelas pobres, en edificios apenas presentables y con maestros alborotadores e incapaces según su propia lógica? Pero llegado el momento, el falso progresista, ante el público y los medios, sin importar el partido, los defenderá ardorosamente.

¿Dónde estudian los hijos de aquellos que se desgañitan defendiendo a los maestros de la CNTE? En costosas escuelas privadas porque sencillamente no confían en los mentores públicos. Es una pena decirlo, pero los maestros son parte de los abandonados por el sistema. La “izquierda” que grita su adhesión a la disidencia magisterial tiene a sus hijos en escuelas privadas y la lista es larga y peligrosa porque habla de hipocresía: López Obrador, Epigmenio Ibarra, Martí Batres, Ricardo Monreal, Mario Delgado, René Bejarano y Dolores Padierna, Manuel Bartlett y podemos seguir…

Del lado del PAN, es obvio, desde su fundación, en 1939, siempre han detestado lo público, el artículo constitucional tercero. Vázquez Mota incluida. Para qué hablar del PRI, el propio presidente Peña Nieto es egresado de universidad privada y sus hijos asisten a escuela lujosas. Vistas así las cosas, tengo una duda: ¿qué pensarán los maestros que tan violentamente se han adueñado del DF, de quienes dicen apoyar a la educación pública?

Pero ya todo esto es poca cosa. Ayer los manifestantes anunciaron que el plantón seguirá indefinidamente, y que se suman multitud de sindicatos, grupos sociales y estudiantes irritados por la situación política y económica nacional. ¿Qué situación verán los mayores poderes del país y del DF? México comienza a mostrar características de Estado fallido. Para amplios sectores de la población ya no son suficientes los arreglos en la fachada, quieren transformaciones de fondo.


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