Tantadel

octubre 11, 2013

La congruencia histórica del PAN


Hace un par de días leí las declaraciones de un senador panista. Se oponía a que Francisco Villa recibiera el homenaje de izar la bandera mexicana para conmemorar su natalicio. Alegaba que el revolucionario había mandado matar, por pura rabia, a mujeres y niños luego de una derrota militar. Puede ser cierto o no. La violencia que las partes combatientes ejercen en una lucha armada de grandes proporciones siempre aparece rodeada de exageraciones favorables o injustas. En tal sentido, las acciones de Francisco Villa son legendarias y con frecuencia rodeadas por dosis de ferocidad. Por otro lado, flaca memoria la del panista, las masacres cristeras son célebres.

Todas las grandes revoluciones han sido brutales, no se derrota al enemigo arrojándole flores ante los héroes de los derechos humanos. Se combate con violencia y se trata de ganar. La francesa, la mexicana, la rusa, la china y la cubana, tuvieron elevados costos de sangre, sin duda. Pero sus fines eran superiores. Trataron en los casos citados, de eliminar a sus enemigos de clase para instaurar regímenes más justos y equilibrados. El sistema establecido, monarquía o dictadura civil, presenta tenaz resistencia, no dejan el poder con simples gritos.

Pero no es lo que me llama la atención. Me convence que el PAN es congruente en su conservadurismo. Pocos panistas he conocido en mi vida. Mi biografía está llena de intelectuales y académicos de izquierda. En nuestro país (espero siga siendo nuestro) es imposible sustraerse al conocimiento de algunos priistas, están en todos lados, hasta en el PRD, así que también he conocido a unos cuantos. En la casa materna, donde crecí, el abuelo hablaba de la Revolución, había sido mayor en las fuerzas zapatistas. Dos tíos abuelos, fueron hombres de izquierda, uno militante del Partido Comunista, el otro no tenía mayor activismo, pero sin duda era un heredero de la Revolución Mexicana. De tal forma que el PAN, fundado en 1939, no estaba en mi vida ni por asomo. Lo que leía de ellos eran tremendas acusaciones a los gobiernos priistas: comunistas, enemigos de Dios, traidores a la libertad y la democracia. En fin, se oponían a todo proyecto lanzado por ese partido y al presidente de México que inalterablemente era del PRI. Para mí, desde niño, estaba muy claro que el panismo era el resultado más organizado de la derecha, del conservadurismo nacional, el que siempre estuvo del lado de las peores causas. A lo sumo me conmovía pasar por las calles del centro y ver en las esquinas a activistas del PAN vendiendo boletos para la rifa de un automóvil para financiar sus batallas. Si era el partido de los ricos, de los burgueses, decía yo, ¿por qué no obtienen dinero de los empresarios? Luego me enteré que los empresarios más exitosos estaban en el PRI, bien alineados y que algunos se veían a sí mismos como soldados al servicio de tal partido.

Ya en el bachillerato, tuvimos un compañero que era diferente a los demás. Parecía rico, lo era, parecía niño bien, lo era, parecía reaccionario, lo era. En una escuela pública eso llamaba la atención, pero era combativo y no cesaban sus críticas contra Benito Juárez, los liberales del siglo XIX, los revolucionarios de los inicios del siglo XX y defendía a Porfirio Díaz. Para él, lo hacía notar en sus intervenciones en clases o en las discusiones entre alumnos, el asunto era sencillo: los malos eran los héroes oficiales y los buenos aquellos que nosotros veíamos como los villanos: Iturbide, Miramón, Mejía, Maximiliano, Porfirio Díaz y así hasta el horror. Un día le pregunté por su estirpe y me dijo orgulloso: Mi padre fundador del PAN junto con Gómez Morín. Casi me infarto, mi ídolo en esa época era Vicente Lombardo Toledano, también miembro de la generación de los 7 sabios, donde estaba el creador de Acción Nacional, afamado por su anticomunismo, mientras que Lombardo Toledano era marxista.

Mi compañero preparatoriano se reunía con sus pares, no más de cuatro jóvenes y dos niñas, con una de ellas contrajo matrimonio y en verdad que se llenaron de hijos, los que Dios les dio, ¡once! Vaya que el Señor es generoso.

Jamás olvidaré mis docenas de discusiones con él, odiaba a Villa y a Zapata, tanto o más que a Juárez. Luego el PAN creció, se hizo muy parecido al PRI y cuando al fin tomó el poder en 2000, las diferencias entre ambas fuerzas no eran muy visibles. Los distinguía una cosa: la idea que unos y otros tenían de la historia nacional. El alegato del senador panista contrario a Francisco Villa, me regresó a 1960, duplicó las palabras de mi compañero de bachillerato. Entonces vi que el panismo ha sido congruente en su inexorable conservadurismo, el que ha cambiado es el PRI. En la época de la que hablo, se veía como “izquierda dentro de la Constitución”, defendía a la Revolución Cubana basándose en argucia diplomáticas (el derecho que tienen los pueblos a darse la forma de gobierno que quieran), hoy muchos lo vemos como derecha fuera de la Constitución. Los tiempos cambian, sólo el PAN permanece impasible, no pasa el tiempo para tal organismo, siguen siendo los más atrasados del país, lo asombroso es que de pronto tengan afinidades y alianzas con el PRD, quien se siente depositario de las luchas de la izquierda mexicana y acaso internacional. En México, todo está al revés.

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