Tantadel

octubre 21, 2013

La nueva izquierda, ¿racista?


La izquierda a escala universal, durante el siglo XX, tuvo diversas interpretaciones del proyecto político y social que deseaba. La mejor solución le pareció la interpretación del marxismo-leninismo. Había ciertamente divergencias entre los seguidores de sus tesis, donde destacaba la de León Trotsky, pero la mayoría tenía claro cuál era el papel del Estado hasta llegar a una etapa donde desaparecería por su naturaleza represiva. En este punto final había coincidencias con los anarquistas.
Pero estamos hablando de la estructura. En el campo de la superestructura, al sufrir cambios la primera, los asuntos graves desaparecerían o al menos menguarían. El racismo, por ejemplo, no se llevaría a cabo, ni dentro del país socialista ni hacia el exterior. El nacionalismo, un mal desde muchos puntos de vista, daría paso a una solidaridad internacional, y no cabría ninguna forma discriminatoria. En tal sentido, retomaba el sentimiento de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, e iba más lejos al proponer tales valores como base de un hermanamiento universal. Stalin mismo escribió en sus años como revolucionario sobre el tema. Luego la Unión Soviética, acaso por el contexto internacional, fue dejándole de lado y con la Segunda Guerra Mundial, la propaganda soviética desató, con tal de vencer al nazismo, una feroz campaña nacionalista: había que salvar a la Santa Madre Rusia del invasor y lo hizo.
El internacionalismo siguió siendo una consigna que mi generación heredó. Recuerdo más de una vez a Arnoldo Martínez Verdugo solicitarnos solidaridad decidida con algún pueblo agredido. De esta forma actuamos cuando la naciente Revolución Cubana fue invadida o durante la atroz guerra de EU contra Vietnam. Eran otros tiempos, ignoro si buenos o malos, pero existía un basamento ideológico que se extinguió aceleradamente a partir del derrumbe socialista y del triunfo de la globalización. Los viejos comunistas, muchos transformados en perredistas, es decir, en primos hermanos del PRI o del PAN, según la necesidad, se han hecho tan nacionalistas como cualquier fanático del famoso (por sus derrotas) Tri. Hace unos días un aspirante a dirigir el PRD explicaba sus orientaciones y modelos políticos y nunca mencionó a Lenin o al Che Guevara, sólo a “izquierdistas” cómodos al sistema como Lula. Los más avanzados sienten profunda devoción por François Hollande, lo ven socialista, hasta los comunistas votaron por él. Como en otras partes de Europa, en Francia hay emigrantes musulmanes, negros, latinoamericanos y de otras etnias. Los gitanos, perseguidos por los nazis, siempre han estado en esas tierras europeas, viviendo su propia cultura y enfrentando el racismo. Ahora el gobierno del socialista Hollande ha decidido intensificar su desprecio a los no franceses al indicar que no quieren integrarse a Francia. Si antes eran los argelinos y los negros, ahora son los latinoamericanos y los gitanos, sin contar que las mujeres musulmanas deben vivir sin utilizar la burka. Los niños han sido blanco del racismo gubernamental. Las protestas son severas, jóvenes franceses preguntan cómo es posible que un “gobierno de izquierda” actúe de tal forma. Un comunista francés añadió: ni siquiera la derecha, cuando ha gobernado, se ha atrevido a ensañarse con los niños. La izquierda francesa olvidó que el marxismo-leninismo es categórico al respecto: racismo es una teoría reaccionaria totalmente ajena a la ciencia.
La izquierda internacional está extraviada, metida en un complicado laberinto. Sin ideología, simplemente sintiéndose heredera de la izquierda que tantas hazañas llevó a cabo inútilmente, vemos a miles de personas con poder moverse como fascistas. Existen diferencias notables entre la teoría y la práctica de los izquierdistas actuales. Si antes dieron fieras batallas, ahora no tienen idea de sus términos ni de su praxis.

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