Tantadel

octubre 25, 2013

¿Los ricos también pagan impuestos?

Así como tengo amigos pobres, la mayoría (mi mundo es de profesores universitarios y escritores), los tengo ricos. Hace unos días encontré en un restaurante a uno de ellos. Arquitecto de formación, es audaz, cínico y con buen olfato para los negocios y las relaciones públicas. Nos conocimos hace años cuando a la UNAM asistían hijos de familias pudientes, que no confiaban en las universidades particulares. Se hizo multimillonario con bienes raíces, compraba terrenos y casas ruinosas, construía y reconstruía y las vendía en fortunas. Pronto formó varias empresas dentro del ramo. Según me dice tiene una fortuna superior a los mil millones de pesos y varios millones de dólares en el extranjero. La verdad, estas cantidades me parecen incomprensibles. Con mi castigado sueldo de profesor universitario, apenas tengo capacidad de ahorro. Vivo con decoro, pero no tengo una gran cuenta en el banco.

Mi amigo me quiere y hasta siente piedad por mi situación económica. Sabe que no me puedo jubilar porque recibiría una jubilación de unos 17 mil pesos mensuales. En el restaurante, no esperaba a nadie, iba a comer y enseguida se regresaba a una de sus inmobiliarias. Y sonriente me pidió compartir la mesa. Sin preámbulos se fue directo sobre el gran tema del día a discusión: la reforma hacendaria. Le molestaba la postura del gobierno y de los partidos. Estaba agraviado con las modificaciones.

Mira, me dijo luego de darle un largo sorbo a su whisky, soy un buen mexicano, amo a mi país, me encanta que gane la selección de futbol, pongo banderas en mis casas y me emociona el himno nacional. Pero los políticos son unos ladrones y poco hacen para ganar sus elevados sueldos; son además, corruptos, ellos son el soporte principal del atraso nacional. ¿Por qué no suprimir los legisladores plurinominales? Ni siquiera cuentan con el respaldo de los ciudadanos. Y a los demás, pagarles salarios justos adecuados a la situación económica de México, suprimirles el exceso   de prebendas que tienen y sus administraciones sean transparentes y la sociedad los evalúe. ¿Por qué no poner el ejemplo de la solidaridad económica para bajarse el sueldo y los excesivos recursos adicionales de que gozan? Para los políticos México no es la patria, es un botín. Tengo puntos de referencia, he viajado por todo el mundo y tengo propiedades en el extranjero y los impuestos se ven reflejados en una educación tan elevada y gratuita desde la primaria hasta la universidad, que da envidia, tienen calles estupendas, servicios urbanos de primera y espectáculos maravillosos, como en Finlandia. Allí da gusto pagar impuestos.

Lo miré recordando que su padre fue abarrotero, hijo de un emigrante español. Su casa no fue distinta de la mía, su audacia para esquilmar al prójimo sí distaba de mi educación y principios. Continuó mientras yo le echaba una mirada al menú. No te diré que hago declaraciones al fisco detalladas, pero siempre paga uno impuestos en todo, pero en todo, sólo los informales no lo hacen. Le dan una mordida a un funcionario menor y listo, evaden todo y mira, hermano, son millones, hasta ricos se hacen. Nada más piensa en el taquero que se pone en Tlalpan, bajo el puente del Periférico, lo veo al pasar, tiene por lo menos cuatro camionetas lobo y sucursales. ¿Paga impuestos? Claro que no. Y ya que hablo de Tlalpan es clave en la corrupción capitalina.

¿Ordenamos? Y se le olvidó nuestra amistad al decirme pide lo que sea, yo invito. Enseguida retomó el espinoso asunto. Yo estoy dispuesto a pagar impuestos. Mi contador es experto en ello, sobre todo, cómo pagar sin exagerar a los tipos de Hacienda. Pero dime, supongamos que todos los que tenemos altos ingresos pagáramos adecuadamente y no buscáramos fórmulas para evadir, tales como prestanombres, dividir una empresa en varias pequeñas o lo que quieras ¿Qué ganaríamos con ello? Nada. Seguimos en un país atrasado y con políticos muy ricos sin haberse esforzado gran cosa, hay hasta legisladores a sueldo de las trasnacionales.

¿Qué recibimos a cambio de pagar impuestos? Muy poco. Malos servicios, inseguridad, narcotráfico, una ciudad llena de vándalos criminales y rateros. ¿Pagar impuestos a cambio de baches en una ciudad que se inunda en grandes tramos con cualquier lluvia? Todo es caro y malo. No conozco alguna zona que haya mejorado, por toda la ciudad ve el retroceso. Sostenemos funcionarios y políticos pillos. Llevamos más de dos meses con maestros oaxaqueños desmadrando la ciudad, impidiendo el tránsito. ¿Debo pagar por todo ello? Yo no y te juro que mis colegas empresarios piensan igual. ¿Impuestos de primer mundo y servicios de quinta? No. Que se quede así el país. Total, yo no bebo refrescos, no fumo, me molestan las mascotas, me hacen daño el chocolate y la comida chatarra. Si los gobernantes y los líderes sindicales evaden al fisco, ¿porqué yo no?

Cuando lo vi pagar la abultada cuenta pensé en que tenía razón, tanto como la tenía mi colega universitario, el profesor vecino mío por los excesivos impuestos que pagaba como causante cautivo. Conclusión: ambos tienen razón, por distintos motivos sus razonamientos son convincentes. Cada uno a su manera: uno no quiere pagar más por su raquítica situación económica y el otro sí quiere contribuir al fisco, siempre y cuando vea en qué se gasta el dinero de los contribuyentes. Al parecer, el único que está mal es el sistema político nacional.

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