Tantadel

octubre 21, 2013

¿Más impuestos aparte de los teletones y las dádivas?


Tengo un vecino que resultó profesor universitario. Es un ameritado investigador y gracias a su trabajo académico vive con algún decoro; para mejorar su situación, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y ocasionalmente escribe libros y ensayos que le producen algún dinero extra. En cualquier país decente y bien organizado, él sería un hombre feliz y agradecido con su país. No está gozoso ni ama entrañablemente a México por una sola razón: no encuentra en el sistema político que padecemos una razón para amarlo. Ya le dije que deposite su afecto en la sociedad, no en el gobierno, sus partidos y caudillos, menos en los medios tan sensibles al poder. Rechazó con enfado mi propuesta. Piensa en irse a trabajar a una universidad extranjera y, si le funciona, pues hasta adquirir la nacionalidad del país a donde podría ser bien recibido dada su rigurosa formación académica y de científico social. Lo entiendo.

Ayer lo encontré y me dio más razones de su malestar. La reforma fiscal. El tipo ama a los animales, tiene mascotas, así que ahora, para mantenerlos, tiene que pagar más, pues han gravado los alimentos para perros y gatos. Al tipo le gusta fumar y ahora hacerlo le cuesta más consumir algunos cigarrillos al día. Es afecto a las bebidas de cola y de pronto se toma una copa en las comidas. Están altamente gravadas. Necesita comprarse un automóvil, pues el suyo ya es viejo. El que le gusta, cuesta un exceso, pues los impuestos están incluidos en verdad. El Metro no le sirve porque de su casa a la universidad donde labora, y es un causante cautivo, carece de tal sistema. Para colmo, no cumple la edad en que el gobierno del DF y el federal obsequian pequeñas sumas para comprar alimentos o medicinas baratas.

Pobre de mi amigo, sus ingresos llegan al medio millón de pesos anuales. En consecuencia, le cobran mayores cargas fiscales, casi es rico aunque la verdad, no se le nota.  Lo veo jodidón. No piensa jubilarse, ¿para qué? Le dejarían un sórdido sueldo base de 16 mil y pronto perdería sus gastos médicos mayores. Seguirá trabajando hasta que el cuerpo aguante, y si no hay renovación de cuadros académicos a él no le interesa. Quiere sobrevivir. Mientras caminábamos me decía: “mira las calles, no hay mantenimiento. Te cobran impuestos de primer mundo y los servicios son de quinto mundo. Se va la luz, no hay seguridad, me han asaltado dos veces con armas de fuego. En el fraccionamiento hemos tenido que pagar seguridad particular. Los alimentos cada vez son más caros, los precios suben con celeridad y los salarios con lentitud pasmosa. La gasolina, por ejemplo. Mis hijos están en escuelas privadas y son costosas, no pueden ir a oficiales como yo, porque ve a los maestros, observa sus niveles escolares, ve el estado deplorable de los planteles del gobierno. De acuerdo, aquí no me gravarán las colegiaturas, pero los colegios particulares son realmente caros. Cierto, los maestros tienen mejor nivel, hablan inglés y saben computación, sobre todo, querido amigo, me dijo, no andan armando mitotes ni destruyendo ciudades ni abandonan a su suerte a los niños. ¿Y el gobierno, qué hace? Consigue recursos para pagarles a los de la CNTE y medio reparar los destrozos que cometen”.

Ah, pero falta algo, añadió derrotado. El gobierno y los particulares te piden todo el tiempo dinero. Es otra clase de impuestos. Te piden para el Teletón, te solicitan limosnas en las calles, requieren de tu “solidaridad” cuando hay desastres naturales que pudieron ser mitigados con previsión. No pasa una hora sin que una organización social o el gobierno te pida tu apoyo para tal o cual cosa. ¿Tú has viajado mucho, lo viste en Dinamarca o en Finlandia? No. Allí el Estado paga los costos de los problemas. Aquí los políticos recurren a tu sensiblería y patriotismo para que les hagas el trabajo y gastes lo que te sobra una vez que la aplanadora hacendaria te dejó con las arcas familiares vacías. Si amo a la naturaleza, el Estado tolera su destrucción, hay que darle algunos recursos a organizaciones como Greenpeace. Las luchas contra el cáncer, la ceguera, la invalidez y las que se te ocurran, las llevan a cabo con tus recursos, no con los del gobierno, no con el dinero excesivo que reciben los políticos. Las ventajas que ellos suponen darnos es intentar a nuestras costillas quitarnos la sal de la mesa del restaurante o encarecer los alimentos llamados chatarra para evitar que engordemos. Conoces el campo mexicano, ¿has visto campesinos obesos? Claro que no, si se mueren de hambre, y ahora con tales impuestos no les quedará para el refresco de cola de donde obtienen energía para trabajar. Obesa es la inseguridad, obesa es la corrupción, obesa es la pésima administración gubernamental.

Cuando me despedí de mi amigo, me sentí tan deprimido que, considerando mi edad y mi situación, me puse a hacer cuentas para ver cuántos miserables pesos me sobran, una vez que pago impuestos de toda índole, contribuyo a mantener al país lejos de una explosión social de gravedad. Al ver mi estado económico y mis ingresos y egresos, entendí a mi amigo. No queda más que emigrar o algo mejor, cambiar de sistema político o algo todavía mucho mejor, eliminar a los políticos.

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