Tantadel

octubre 18, 2013

Políticos contra ciudadanos


Son pocos, acaso por puro optimismo, aquellos que creen en los políticos o en sus respectivos partidos. La mayoría desconfía de ellos, los escucha demagogos, charlatanes, arrogantes y sin ninguna ética. Para colmo, escasamente letrados a pesar de que algunos ostentan grados académicos impresionantes. La minoría apenas satisfecha, se orienta por la personalidad de  pequeños caudillos que tenemos o padecemos. En este caso, López Obrador es quien tiene más adeptos o fanáticos. Sin embargo, a veces el descontrol compite con el pesimismo: escuchar a Marcelo Ebrard calificarse como izquierdista mueve a carcajadas. De acuerdo, cinco o seis lo toman en serio.

Uno los ve y si ha leído algo de historia o se metió con los clásicos de la política, verá que no hay afinidades entre aquellos que obtuvieron un lugar en la historia y quienes lo consiguieron en el gabinete de Peña Nieto o de Miguel Ángel Mancera. Las diferencias son abismales. Estoy seguro que algunos políticos escuchan noticiarios radiofónicos, ven información televisiva y leen diarios y revistas. Bueno, exagero: sus ayudantes especialistas en comunicación, les entregan todos los días síntesis de lo que está ocurriendo. Pero anticipemos, la nuestra es una información a gusto del cliente. Si el informador admira a AMLO, tiene su nicho, si cree en Peña Nieto, otro es su espacio y por el estilo. Si antes los políticos mexicanos estaban atentos a los comentarios periodísticos, hoy se han hecho cínicos y no les importa mucho lo que opinen.

Por lo que veo en el país, un buen número de mexicanos, millones y millones, carecen de ideología, en consecuencia no les interesa que los políticos sean distantes de ella: viven en un cómodo pragmatismo y si en un partido no hallan lo que buscan, nada tan sencillo como mudarse al que sea, donde sí les den el empleo que buscan. Allí están Cárdenas, Camacho, López Obrador, Ebrard, Núñez… O quienes como Rosario Robles han hecho el camino inverso: del PRD, de rabiosa luchadora social, fiera izquierdista sólo porque el corazón está de ese lado del cuerpo, pasó a sumisa presidencialista en el PRI. Pero en estos casos la lista es infinita y aburrida. Cada vez que encuentro a un político más o menos conocido lo primero que hago es preguntarle ¿y ahora dónde militas?

Los políticos son una clase especial, aparte, sin valores éticos. Más todavía, son capaces de unirse si la situación lo amerita. Los ingenuos militantes perredistas pensaron que las alianzas sólo se daban entre PRI y PAN, ahora saben que no, puesto que ellos se han aliado al PAN y en estos momentos tienen una amplia coalición con el PRI. Un caso: propongamos, otros lo han hecho, que los legisladores plurinominales desaparezcan, son un fardo para el país y un gasto inútil. Sólo le sirven a los partidos que los propusieron. Eso, tal vez, tuvo sentido en la época de López Mateos, para crear oposición, ¿pero ahora? Obvio: se ponen de acuerdo y listo. La propuesta va al cesto de basura. Las pugnas entre ellos suenan a una curiosa mezcla de ridiculez e ignorancia. Pero es evidente que están realmente contra los intereses ciudadanos por más que digan que trabajan para nosotros.

Lo que ahora presenciamos, un PRD sumiso y un PRI zorruno, lejos de un PAN siempre tonto y conservador, defensor de los intereses empresariales, es una prueba de que a ellos los unen los intereses, los suyos, no los nuestros. El fondo de “capitalidad” es una farsa para no aplicar la ley, es un tortuoso contubernio para que todo siga igual. Vienen los manifestantes de Oaxaca, Guerrero o Michoacán, para el caso es lo mismo, destruyen, interrumpen de modo brutal la vida cotidiana de los capitalinos, y los daños los pagan los gobiernos federal y del DF con nuestros impuestos. Es un caso escandaloso. Pero qué felices se les veían cuando se retrataron y nos informaron de la aberración. De nuevo uno pregunta: ¿qué sentido tiene la ley si nadie la aplica o le encuentran formas para al menos solucionar los daños?  En lo sucesivo cualquier grupo puede venir a la ciudad de México, destruir, cometer abusos, dañar la economía agredir ciudadanos, impedir el acceso a las carreteras o al aeropuerto y enseguida regresar a sus pueblos con dinero en los bolsillos y la certeza de que los destrozos serán reparados por los mismos afectados.

Los políticos nacionales han encontrado la forma de vivir muy bien y mantenernos en la idea de que somos una democracia, un estado de derecho, una nación libre y donde se hace lo que queremos los mexicanos. Las frases hechas siguen engañándonos: caiga quien caiga, buscaremos a los culpables, usaremos todo el peso de la ley y nosotros aplaudimos. Es vivir el juego de las esperanzas perdidas, siempre pensamos todo está mal, pero ya vienen los cambios, los siguientes solucionarán todo y el país vivirá una época de intensa prosperidad. Pero cada nuevo gobierno, en lo federal o en lo local, nos hace echar de menos al anterior y sus errores son descomunales junto a los del pasado.

El día que entendamos la fuerza, el poderío que tenemos como sociedad, ese día dejaremos de ser considerados como idiotas o menores de edad. Seremos dignos, respetables.

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