Tantadel

octubre 30, 2013

Vivir en Tlalpan, ¡vaya pesadilla!


Alguna vez, no hace mucho tiempo, un importante político me dijo al ver los conflictos que padece la delegación donde vivo, Tlalpan: Viniste al paraíso y se te convirtió en el infierno. Efectivamente. Los problemas de mi zona no comenzaron con los perredistas, son anteriores, pero es evidente que con su llegada se acentuaron de manera brutal y rápida. Desde que Cuauhtémoc Cárdenas ganó de forma abrumadora el DF, salieron de las cloacas sociales multitud de dirigentes y vividores que con celeridad hicieron de las suyas: la corrupción se convirtió en algo generalizado, común y hasta natural. Pero debo advertir que Tlalpan ha sido la más castigada de todas las delegaciones o así lo vemos muchos de sus habitantes.

Cuando Cárdenas se postuló a jefe de gobierno capitalino, con gusto mi familia y yo votamos por él. Lo conozco personalmente desde hace muchos años y lo respeto. Como periodista llamé a que votaran por él todas las veces que se postuló a la Presidencia. Cuando ganó el DF, nos emocionó. Pero el ingeniero estaba de paso, su principal interés era la postulación presidencial y pronto fue su asunto principal. Cuando uno de los héroes del 68, El Pino, comenzó a hacer de las suyas en Tlalpan, decidí ingresar en un comité de vecinos que estaban hartos de sus corruptelas, mal carácter y demagogia. Me pidieron que hablara con Cárdenas y así lo hice. Fue atento y se preocupó porque las quejas y el malestar arrancaban demasiado temprano para su administración, nos mandó con una funcionaria arrogante y agresiva, Rosario Robles, quien sin mayores problemas nos acusó a los gritos de hacer “campañitas contra su partido”. Quién la viera ahora, modosita y buena priista, elegante, lejos de la ropa de “revolucionaria” que solía utilizar. Fue una tragedia que arrancó de manera ruidosa. Supimos que sería imposible tratar con el PRD, al menos en nuestra delegación. He escrito docenas de páginas y he mencionado en detalle en esta casa editorial, Crónica, las fechorías de cada uno de los delegados perredistas que han pasado por esta zona de la capital, antes tranquila y bella. Salvo Gilberto López y Rivas, los restantes la han utilizado para mejorar sus cuentas bancarias y de manera visible, como es el caso de Higinio Chávez y Guillermo Sánchez Torres. La actual delegada, la señora que se ostenta como “izquierdista”, Maricela Contreras, no ha sido menos turbia y autoritaria. Pero como no es ni hábil ni mucho menos inteligente, todo a su alrededor es visible. Sabemos y tenemos documentadas sus maniobras y sus constantes choques con la ciudadanía. En Facebook han aparecido fotografías donde familiares cercanos se dan la gran vida en Europa, mientras aquí no pasa un día sin que la señora tenga un grave problema con toda clase de ciudadanos. Todos en el DF conocen su reputación, todos menos Miguel Ángel Mancera, quien por ahora imagina que impedir el vandalismo de la CNTE es represión.

La Crónica en su edición de ayer hacía un buen resumen de su diario quehacer. “La jefa delegacional no encuentra la fórmula para administrar Tlalpan, donde las acusaciones de corrupción y abusos continúan. Ahora son comerciantes ambulantes los que hacen señalamientos directos contra su persona y montan un plantón frente a sus oficinas. Ella se defiende argumentando que los inconformes no se quieren sumar al programa de reordenamiento de la vía pública, pero lo cierto es que persiste la inestabilidad en la demarcación y de nueva cuenta será necesaria la intervención del gobierno central”

La verdad es que por todo Tlalpan se observa desde que ella es la delegada, el desbordamiento del comercio ambulante, con un permiso logran instalarse hasta diez personas, es el caso de los taqueros que rodean mi casa y que usan como bodega las instalaciones de un pozo de agua situado en Zacatépetl y Camino a Santa Teresa. El negocio es redondo por donde se le vea. Lo que desea es poner un poco de orden en la corrupción. Sin embargo, la delegación se ha llenado de giros negros y la inseguridad aumenta de manera gradual.

Indudablemente el paraíso desapareció y lo poco que resta es el resultado de las defensas ciudadanas, como lo fue el impedir la instalación de una pista de hielo en el  Bosque de Tlalpan, zona natural protegida que fue negocio de Guillermo Sánchez Torres. Una luchadora social que arriesga, Clara Elvia Tapia, ha sido justa: La culpa es nuestra por haber votado abrumadoramente por autoridades corruptas e ineptas.

Tlalpan se ha convertido en un inmenso negocio: los funcionarios entran pobres y salen ricos. No sólo eso, alardean su nueva situación e imaginan que somos los vecinos los que creamos los problemas. El Pino quiso castigarnos por ser “ricos”, dio una frase célebre para justificar al ambulantaje: “Mejor un taquero que un ratero”, y ahora quieren ordenarlos mediante las presiones y la extorsión. Pobre Tlalpan.

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