Tantadel

noviembre 20, 2013

¿Cárdenas, salvación del PRD?

Desde que Peña Nieto habló de una profunda reforma de Pemex, lo que se hace llamar izquierda sufrió un proceso de reanimación, esta vez ya no dirigido por un solo líder o caudillo sino por dos: López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas. El primero, en vista de su excesivo autoritarismo, optó por crear su propio partido, mientras que el segundo vio en la resurrección del PRD una salida personal y una acción para reconstruir el partido por él creado. El pasado domingo pudimos ver que hay otros dirigentes “izquierdistas” como Marcelo Ebrard y Manuel Camacho, ex salinistas, que hallan en la defensa del petróleo un pretexto para sobrevivir políticamente.

El asunto de la modernización del petróleo es confuso: todos afirman tener la verdad y todos afirman que nos llevarán a excelente puerto con sus propuestas. Peña Nieto con la suya, apoyado por el PAN, la derecha; la “izquierda” con otra que juzgan “patriótica”. Tengo la impresión que pronto, debido a las medidas económicas que han tomado Brasil, Cuba y China, por citar tres casos que vienen de posturas progresistas, serán los menos aquellos que vean una eventual privatización o el ingreso de recursos particulares como una acción contra los interese de México. Quizás por allí deberíamos comenzar: ¿Cuáles son para los mexicanos los puntos clave del desarrollo nacional? ¿Qué desea la mayoría? Preguntar si quieren que el petróleo sea para nosotros o siga siendo una quimera de manejo político. Nadie dirá que debemos regalar Pemex sino que debe ser inteligentemente explotada

Pero eso no es el tema central de esta nota. El tiempo pondrá en su sitio cada proyecto, cada acción. El asunto es la reconstrucción del PRD. Dividido, desprestigiado, se mantiene entre los tres grandes debido a verdaderos milagros y a la enorme aversión que los capitalinos sienten por el PRI. Grandes bastiones priistas, como Tabasco y Puebla, se fueron de tal organismo debido a su inmensa corrupción. Peña Nieto gobierna un tanto entre alfileres. O hace muy bien las cosas o de nuevo su partido será derrotado como ya lo fue en dos ocasiones.

El PRD, fragmentado y sin López Obrador, mantiene en su interior una feroz lucha de tribus, saben que el botín es jugoso y de allí que tengan un doble o hasta triple juego. Dentro se patean unos a otros, fuera, de pronto van con el PRI, de pronto optan por aliarse al PAN. Marcelo Ebrard nota lo que todos notamos: no será el conductor del partido al que recientemente ingresó, por puro oportunismo: del PRI a su propio partido de centro, luego al juego de una relativa y discutible independencia al servicio de AMLO para finalmente declararse guerrillero al servicio de la izquierda, en este caso del PRD.

Cárdenas parecía acabado, sus rivales le pusieron una corona de laureles y lo declararon “líder moral”, lo cual significa que pasará a un museo. Fue capaz de contribuir poderosamente a la democratización del país, estuvo a punto de obtener la presidencia y para muchos, entre ellos yo, fue despojado. Creó su propio partido y conquistó el DF de manera apabullante. Eso fue bueno para sus seguidores y una tragedia para la ciudad capital. La corrupción que han mostrado los delegados y dirigentes de las tribus ha sido escandalosa.

No hay duda que Cárdenas tiene un buen ganado prestigio como persona decente, como político astuto, para mejorar su imagen, es hijo único del general Lázaro Cárdenas, el mejor presidente mexicano del siglo XX. Errores, los ha tenido, pero son más sus aciertos y su personalidad de hombre incorruptible. Sin duda es quien mejor podría dirigir al PRD y llevarlo lejos de la fauna que lo explota. Darle dignidad y de nuevo enfrentar con éxito al PRI, al PAN y ahora a un nuevo rival, creación suya, López Obrador. El hecho de que en dicho organismo esté prohibida la reelección, lo limita, pero es posible modificar los estatutos y de tal manera renovar la imagen del partido.

Cárdenas ya no tiene posibilidades de ir a una nueva candidatura presidencial, pero a cambio está en un momento en que a su partido le sería de gran utilidad. Revitalizarlo, darle un nuevo rostro, dejar atrás a sus figuras más vergonzosas y buscar entre los dirigentes naturales buenas opciones de triunfo, sin tener que recurrir a ex priistas, como ha sido su costumbre, podrían ser los últimos grandes pasos de Cuauhtémoc Cárdenas. No hay dentro del PRD nadie con su estatura moral y política. Tiene una enorme experiencia y eso es un capital importante. Los habrá más jóvenes o más audaces, pero en estos momentos críticos, lo que el país necesita es un partido que realmente sea de izquierda y que no sufra de las patologías tradicionales: que no sea corrupto y sí tenga una ideología propia, novedosa. Un gran proyecto de lo que podría ser México y el único político nacional que lo tiene es justamente Cárdenas.

El PRD y sus mejores militantes, deben reflexionar cuidadosamente con el objeto de darle a México lo que hasta hoy no ha tenido, una vez desaparecido el legendario Partido Comunista: un gran organismo de izquierda, basado en una sólida postura ideológica que en verdad lo separe de los partidos existentes.

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