Tantadel

noviembre 01, 2013

Impuestos y corrupción


Escribí ya un par de artículos sobre el tema de los nuevos impuestos, lo que pomposamente los políticos llaman reforma fiscal. Uno fue para transcribir las quejas de un profesor universitario cuyo trabajo le permite apretadamente ganar una cifra anual que jamás lo colocaría en la lista de Forbes. Con la nueva carga hacendaria, el tipo perderá toda capacidad de ahorro. Le di la razón. En la siguiente entrega, un conocido rico expuso sus quejas. Las entendí y también le di la razón. No deja de ser sorprendente que ambas argumentaciones sean si no válidas, sí razonables. Los comentarios que recibí en los dos casos me hicieron pensar que la reforma citada es poco inteligente o el resultado de choques entre quienes representan de modo penoso a la sociedad: los legisladores.

Sabemos que, por ejemplo, toda alza en el precio de la gasolina repercute en la economía nacional. Una serie de aumentos en los precios le siguen a la del combustible. Con candidez recordé a mi mamá: con su sueldo de maestra de primaria compró una casa ayudada por lo que entonces se denominaba Pensiones (hoy ISSSTE) y nos mantuvo decorosamente a mi hermana y a mí. En 2013 es imposible  que un maestro pueda hacer lo mismo. Medio subsisten y tienen que buscar la manera de obtener otros ingresos debido a lo costoso de la vida en México.

Diputados y senadores, para salvar a la patria, reducir la obesidad y gastar menos en salud, amén de obtener mayores ingresos para el Estado e intentar algo en lo que siempre fallan, buenos servicios y seguridad, van a provocar alzas generalizadas. No soy ni remotamente experto en asuntos hacendarios, hablo de lo que veo y padezco.

Tengo una prima que, como Elena Garro y Helena Paz Garro, ama a los gatos, tiene una docena de ellos, algunos son regalos, otros los ha encontrado en la calle, golpeados y abandonados, algo más frecuente con los perros. Va a pagar una fortuna en comida para mascotas. ¿Qué harán los asilos de animales y aquellas personas que buscan protegerlos de la estupidez humana? No mucho. En lo sucesivo requerirán más dinero para ayudarlos. ¿Y los zoológicos? Espero que les aumenten el presupuesto. Los postres se encarecerán. Flanes, pudines, helados y chocolates cambian su estatus y pasan a ser gravados como joyas. Un dato ridículo es el siguiente: Flanes, pudines, helados, nieves, paletas y raspados (sí, leyó bien, esos conos de hielo frapé con algún colorante azucarado que vemos en las calles empujados por personas en verdad menesterosas) contienen demasiadas caloría, en consecuencia hay que subirles el precio. Un flan vale un promedio de 8 pesos, con la reforma subirá a 8.64 pesos. El litro de helado cuesta alrededor de 48 pesos. Subirá a 51.84 pesos. Lo mismo ocurrirá con los refrescos en un país que los consume por millones de litros diariamente y con las mermeladas y barras de cereal que uno imagina dietéticas.

Entiendo que graven el alcohol, los cigarrillos y hasta las frituras, eso dañará la economía del amplio auditorio del deporte. Pero una ridícula barra de mantequilla o algunas frutas procesadas, no parece tener lógica, a menos que los legisladores se hayan asesorado con nutriólogos y médicos serios. A  primera vista, según las cuentas oficiales, del propio presidente de la República, con esos aumentos y otros más igualmente discutibles, el erario va a engordar, mientras nosotros recuperamos la esbeltez.

Muchos afirman que si los legisladores y los altos funcionarios se redujeran sus elevados sueldos, la situación mejoraría. ¿Para qué queremos senadores y diputados plurinominales? En principio no representan más que a sus partidos, pero qué tal viajan, gastan en comilonas, festejos y compras inútiles a cuenta del erario público. He escuchado a muchos legisladores y todos hacen cuentas alegres. Pareciera que con la reforma fiscal vamos a salir del atraso y ponernos al nivel de Finlandia, Suecia o Corea del Sur. Ojalá que con estas nuevas alza de impuestos, los servicios mejoraran, porque realmente son deplorables: carreteras, caminos y calles deteriorados, una muy bien garantizada inseguridad, apagones, protestas de todo tipo que contribuyen a deteriorar edificios, a contaminar al bloquear las vialidades obligando a los transportes de gasolina y diesel a trabajar de más.

No conozco a una persona que quiera pagar más impuestos, y asimismo tengo infinidad de conocidos que son hábiles para evadirlos. Yo los pago porque soy cautivo; para cobrar, la universidad me deposita un cheque ya descontado, con mis artículos y libros me ocurre algo semejante. Ello mientras los salarios apenas suben y a mi alrededor la vida se encarece. Los cálculos de los legisladores son alegres, cada uno explica las asombrosas sumas que el Estado obtendrá por gravar  la comida chatarra. Y aquí me pregunto: ¿no es tan engordador y poco sano comer frituras que comer poco higiénicos tacos, tortas, tamales, tostadas comprados a vendedores ambulantes que no pagan impuestos y que cocinan o preparan alimentos sin medidas de limpieza? ¿Cuánto dinero recuperaría Hacienda si no existiera la informalidad, la piratería, la corrupción y si no padeciéramos una pasmosa inseguridad?

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