Tantadel

noviembre 22, 2013

La Doctrina Monroe ha muerto, ¿en serio?

Honestamente, a pesar de mis estudios de relaciones internacionales y política mundial, hacía décadas que no escuchaba de un funcionario norteamericano de altísimo rango, John Kerry, secretario de Estado, la polémica tesis que encierra la Doctrina Monroe. Durante años fue una postura internacional arrogante, discutida y discutible. Para los latinoamericanos es onerosa, más correctamente, es falsa. Una acción diplomática perversa.

El presidente norteamericano James Monroe la puso en práctica por una razón aparente y una real. La primera era que EU acababa de salir de la esfera colonial británica y que le importaba tener lejos de su suelo, entonces modesto, a las potencias europeas. Pero en el fondo estaba otro elemento fundamental en la historia de una nación que nace imperial y se ve a sí misma como dueña de un Destino Manifiesto que Dios le concedió para dominar a sus vecinos y enseguida al mundo, algo que por ahora ha logrado. La globalización, capitaneada por ese país, es predominante y hasta a los pocos países comunistas que restan los ha obligado a aceptar medidas típicas del capitalismo norteamericano.

Para los latinoamericanos, la Doctrina Monroe podía sintetizarse de la siguiente manera: América para los Estados Unidos. Hasta el continente nos han arrebatado: Ya no son los tiempos de Simón Bolívar, por americanos entendemos a los habitantes de EU y nosotros somos americanos de segundo orden: latinoamericanos, tal como me lo señaló un desdeñoso profesor de ciencia política en París. Algo semejante ocurrió con la política del Buen Vecino de Roosevelt en los años complejos de la Segunda Guerra Mundial: aquí decíamos que ellos eran los vecinos y nosotros los buenos.

La Doctrina Monroe se ha utilizado poco y es más parte de un añejo discurso que de la realidad. Si alguna vez pudo haberse probado la aseveración, fue durante la Intervención Francesa a México, pero EU estaba ocupado en la Guerra de Secesión. Lo que la potencia yanqui ha querido siempre es mantener a la América Latina a salvo de las ligas con otros países. Primero por razones colonialistas, después, cuando la potencia salió de la Primera Guerra Mundial convertida en la número uno, para que el comunismo no creciera en tierras del continente que ve como su patio trasero. La historia del siglo XX, en especial luego del nacimiento de la Revolución Cubana, lo prueba. La Guerra Fría nos incluyó debido a la histeria norteamericana y a su proverbial anticomunismo.

Con un mundo globalizado por el capitalismo anglosajón, ¿cuál es el sentido de tener en un añoso escritorio la Doctrina Monroe? Kerry lo que hizo fue modernizar la política exterior norteamericana. Se limitó a sepultarla, a darle piadoso entierro, les fue muy útil. Enseguida vino la advertencia. “Vemos con buenos ojos algunos cambios en Cuba, pero no debemos cegarnos.” Significa que la entrada más amplia del capitalismo a esa isla, otrora fuente de esperanzas revolucionarias, los tranquiliza y parecen ablandarse, pero sólo esperan, carroñeros, a que termine de derrumbarse la revolución, para precipitarse con toda la poderosa estructura capitalista sobre el botín.

Washington o la Casa Blanca o el Pentágono y la CIA jamás han protegido a América Latina. Como dijo Kerry en su curioso discurso en la OEA, lo que ha hecho es proteger sus intereses. Por ello entrenó a los ejércitos de los países de la región en lucha antiguerrillera, por eso ordenaron asesinar al Che Guevara, por eso apoyaron a Pinochet en su acto criminal, por ello Ronald Reagan ayudó a los ingleses a aplastar a los argentinos durante la guerra de Las Malvinas. Sus fuerzas armadas y su sistema de inteligencia no le han servido para nada a la América Latina, son un escudo protector de sus intereses. No más.

Las pruebas son evidentes. EU espía hasta a sus aliados más firmes y serviles, ¿por qué no a los modestos países latinoamericanos? Si en Irán violan los derechos humanos, son motivo de amenazas y riesgo de invasión. Pero eso sí, en Guantánamo, territorio arrebatado a Cuba, los norteamericanos torturan, humillan sin que nadie señale sus medidas aterradoras. Finalmente, ¿para qué quieren utilizar la Doctrina Monroe si tienen satélites espías, si dominan la economía mundial, si sus buques de guerra recorren las aguas de América Latina…?

En la época de James Monroe, EU quería, de manera unilateral, defendernos de las potencias europeas, lo que nadie le pidió. Ahora es distinto, explicó Kerry. Hoy, añadió citando a Kennedy, el mandatario que heredó de muy buen grado los planes para invadir Cuba, en Bahía de Cochinos, somos “socios iguales” y cada vez mejoran nuestras relaciones. Sólo Cuba nos preocupa, dijo hipócrita cuando no representa ningún problema para EU. En efecto, podría decir un brasileño, pero si somos socios y amigos, ¿por qué espiar a la presidenta de Brasil? ¿Eso es una prueba de buena voluntad, de amistad con los países del mismo continente? EU, por su propia naturaleza, por haber empezado a edificar su poderío a partir de modestas colonias en la costa atlántica y enseguida expandirse brutalmente y por las armas hasta ocupar el inmenso territorito que ahora ocupa, está incapacitado para tener “socios iguales”. La frase irónica que usaban los mexicanos en el pasado sigue siendo válida: EU no tiene amigos, tiene intereses. O mejor parafraseemos al inglés Orwell: Somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.

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