Tantadel

noviembre 10, 2013

“La policía siempre en vigilia”

Mancera, insiste, como antes Ebrard, en que tenemos seguridad de sobra. Peña dice que vamos mejor.

Ayer, mientras Osorio Chong hablaba de seguridad, recibí una llamada telefónica en mi celular. Una tosca voz masculina me dijo que “ellos” me respetaban, que nada tenían en mi contra, pero que tenían órdenes de matarme. Un amigo traidor (suena a corrido mexicano) había girado instrucciones para el asesinato. La verdad es que no escuchaba con claridad (debo cambiar de aparato telefónico) y con la ingenuidad que mis alumnos calificarían de pendejez, traté de interrumpir su muy hecho discurso. ¿Enemigos? ¿Serán Guillermo Sheridan y Consuelo Sáizar? No, buey, hablo de verdaderos enemigos, uno muy poderoso. Los políticos pueden molestarse con mis artículos, pero no llegan a esos extremos, al menos eso supongo, los intelectuales no me leen y si lo hacen, inalterablemente practican el ninguneo.
El tipo siguió implacable: “No te queremos matar, además estamos monitoreando tus llamadas, sabemos dónde vives”. Queremos saber, siguió siempre en plural, qué piensas de La Familia. Ah, reflexioné, entonces es una encuesta. Nada en especial. No te hagas el chistoso. Hablo de La Familia Michoacana... y no cuelgues ni aprietes un dígito… Opté por cortar la llamada.
Como no conozco a los poderosos del país o ellos no saben de mí (a Peña Nieto me lo han presentado cinco veces y siempre me dice mucho gusto; ni modo, soy el hombre invisible:Excélsior, mi casa de trabajo por más de 20 años, dijo hace unos días que mi cumpleaños era el 5 de noviembre cuando es el 15), opté por consultar a un abogado. Se alarmó y dijo de inmediato habla al 089 o al 072 de la PGJDF y avisa que has sido objeto de amenazas. Traté. Durante media hora una voz mecánica decía: marcación incorrecta. Finalmente logré comunicarme con la citada Procuraduría y le consulté a una voz cordial qué debía hacer. Con sorprendente sinceridad dijo que no era problema del DF, que hablara a la PGR. De acuerdo, pero podría darme algún tipo de consejo, señorita. No, es asunto federal.
Entonces conseguí los números de la PGR para estas situaciones: al parecer son varios, la mayoría de ellos o no respondían, estaban ocupados o alguien me decía si necesita hablar con el procurador marque 2, si es para una queja ciudadana, marque 5, si es para asuntos generales marque 8, y así hasta el infinito. Recordé que en mi infancia escuchaba un programa radiofónico llamado La policía siempre vigila, que la voz popular modificó por el más realista de “La policía siempre en vigilia”. Un amigo que ve mucha televisión me dijo: En EU marcas 911 y enseguida te ayuda hasta el FBI. Sí, pero esto es México. Ah.
En 1991, en estas páginas, narré un secuestro exprés: el mío. Cuatro agentes capitalinos me detuvieron, desvalijaron mi coche, me despojaron de toda pertenencia valiosa y me dieron una formidable golpiza porque no recordaba el número secreto de mis tarjetas. Los periodistas fueron solidarios e hicieron un gran ruido. Gracias a ello, las autoridades, de Carlos Salinas al regente Manuel Camacho, clamaron justicia: caiga quien caiga, llegaremos a las últimas consecuencias. Hasta guardaespaldas me puso el procurador general Jorge Carpizo, amigo mío de la UNAM. No pasó gran cosa, salvo que la PGJDF me enseñó a disparar y me prestaron armas para defenderme. Esto aparece en detalle en un libro mío de memorias. Fue ridículo y todo quedó igual. De los cuatro agentes, detuvieron a dos porque me empeñé en buscarlos y encontré, en el Ajusco, donde me dejaron desmayado, una credencial policiaca.
Conociendo al país, lo mejor es no perder el tiempo. Mancera, insiste, como antes Ebrard, en que tenemos seguridad de sobra; Peña Nieto dice que vamos mejor. Los policías son extorsionadores y pésimos elementos. ¿Para qué quiero de nuevo mi casa rodeada de vehículos policiacos que irriten a los vecinos? Lo mejor sería emigrar, pero dentro de unas semanas comienza mi nuevo curso en la UAM y me es imposible faltar.

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