Tantadel

noviembre 13, 2013

Madero, el espiritista 2 de 3

Los primeros espiritistas preguntaban, por ejemplo, si en el otro mundo los negros eran iguales a los blancos o si las mujeres gozaban de los mismos derechos de los hombres. Las feministas encontraron al fin una filosofía que las defendiera y les permitiera dejar las tareas domésticas para lanzarse a las luchas de corte social y en pos de sus derechos más elementales. El espiritismo era ciertamente una cuestión subversiva y contestataria que se oponía a los aspectos más retrógrados de la vida en Estados Unidos. Era un desafío. La existencia de muchas iglesias, en su mayoría protestantes, facilitó las cosas; además, mientras que ellas prometían castigos y penas severas, el espiritismo mostraba un aspecto más positivo y menos degradante.

Los y las médiums comenzaron a aparecer, pero las mujeres parecían ser más sensibles y adecuadas para comunicarse con el más allá. Pronto el espiritismo se hizo floreciente y muchos lograban establecer contacto con los muertos y desaparecidos, con más frecuencia buenas personas que malas. O gente que en vida fueron malas, pero que en la muerte se aprestaban a avanzar por los distintos círculos del espiritismo para llegar al centro donde está la bondad pura. No hubo quien no hiciera algún intento para comunicarse con los espíritus y el espiritismo encontró defensores y críticos. Todos, efectivamente, se acercaron a un médium, Thomas Paine y Abraham Lincoln, entre ellos. Este último deseaba saber de sus hijos muertos prematuramente. Muchos vieron en el espiritismo una revolución, una religión científica. Como tal, era posible probar su existencia. ¿Cómo? A través de la fotografía. De tal modo que pronto aparecieron los fotógrafos capaces de retratar espíritus y aunque a la larga descubrieron que se trataba de un truco, en el enjambre de personas que deseaban establecer contacto con sus seres queridos, no hubo mucha mella.

Un buen día, las hermanas Fox confesaron que todo se trató de un fraude, que los sonidos que parecían provenir de los espíritus eran chasquidos hechos con los dedos de los pies. Pese a ello, el éxito del espiritismo se prolongó hasta muy avanzado el siglo XX. Quizá su mejor época fueron los años posteriores a la guerra de Secesión, cuando miles y miles de norteamericanos de ambos bandos deseaban comunicarse con sus muertos más queridos. Ya en las primeras décadas del XX comenzó la decadencia. El gran escapista Houdini buscó a un médium capaz de comunicarse con su adorada madre, en el camino fue desenmascarando a docenas de charlatanes.

La historia de México es un libro dramático y doloroso. La conquista llega a extremos de brutalidad y es sin duda uno de los grandes genocidios de la humanidad: una cultura, la azteca, es totalmente borrada. La colonia es un doloroso proyecto de nacionalidad donde para crear el mestizaje hay que echar fuego y sangre sobre las antiguas creencias y la cultura anterior, una civilización nueva surge sobre las cenizas de la anterior. Y qué decir del México independiente, todas sus figuras son trágicas y los sucesos atroces. Invasiones, guerras internas, humillaciones, figuras demenciales, pero entre todo ese mar de aguas sin control, hay seres legendarios, por encima de todos está Benito Juárez. No habrá gobierno, por reaccionario que sea, como el de Vicente Fox, capaz de sepultar su titánica personalidad y su obra descomunal.

Con Porfirio Díaz convertido en villano histórico, surge Francisco I. Madero. Un hombre acomodado, bien conocido por los productos vitivinícolas de su familia, frívolo e incapaz de hazaña alguna. De pronto hace el camino inverso del general Díaz: se transforma en héroe. ¿Cómo fue tal proceso prodigioso, cómo entra en las mejores páginas de la historia nacional ese hombre de apariencia modesta y tímida? La mejor explicación está en el libro La revolución espiritual de Madero.

El espiritismo a México llegó tarde y de modo restringido sin duda a causa del fanatismo católico y del poder de la Iglesia. Sin embargo, llegó en el momento preciso, cuando más le dolería al conservadurismo y a la tiranía de Porfirio Díaz, hasta don Francisco I. Madero.

Madero abraza con entusiasmo el espiritismo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. El libro en comento lo explica bien. Aquí están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediunmidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

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