Tantadel

noviembre 04, 2013

Si Assange y Snowden fueran mexicanos...


Estos han sido días de ásperas discusiones sobre la reforma fiscal. Obvio: unos a favor, otros en contra. Como es usual, la polémica estuvo a cargo de dos grandes protagonistas: los políticos y los periodistas. El gran ausente fue el pueblo, el principal afectado. Nosotros sólo escuchamos afirmaciones contundentes sobre sus virtudes y sus errores. No hubo nada intermedio. Yo escribí tres notas sobre el tema: en ninguno estaba de acuerdo con la nueva carga. Afectará a los pobres y a los integrantes de la movediza clase media en extinción. Los ricos hallarán forma de hacer más leve su respectiva carga, para eso tienen abogados y contadores expertos en evasión de impuestos. Mi conclusión es sencilla: es correcto pagar impuestos, el problema es que nadie sabe en qué será gastada esa enorme cantidad de dinero recaudado por Hacienda. Ni siquiera quienes la apoyan han sido capaces de hacerlo. Yo estoy convencido que en mejoras para los partidos políticos, en sueldos y gastos de representación de funcionarios y, desde luego, en pésimos servicios y en mandatos patéticos.

Sin salirnos del tema, Estados Unidos se ha convertido no sólo en brutal verdugo de musulmanes y en general de pueblos que no se someten a su voluntad o a la de sus aliados. Pero sus obsesiones principales por ahora están en dos personajes que los han evidenciado como lo que son, una asociación de canallas  y perversos. Se trata de escarmentar duramente a Julian Assange y a Edward Snowden, dos controvertidos personajes, expertos en informática que han revelado una multitud de bajezas norteamericanas. La Casa Blanca espía hasta a sus más caros aliados como Alemania, España o Inglaterra. ¿Por qué no a Brasil y a México que tienen secretos indescriptibles y fórmulas que revolucionarán al planeta? EU necesita de Brasil sus técnicas futbolísticas y de México todo lo relativo a la confección del barro negro oaxaqueño.

Pero ni Snowden ni Assange han resultado presas fáciles. Si a más de un peligroso fundamentalista los estadunidenses han logrado asesinar, aquí el asunto es más delicado. Un amplio sector de la opinión pública y muchos gobiernos sometidos al indigno espionaje de un presidente que ha resultado tan negativo como sus antecesores, están molestos con el descubrimiento y más con el cinismo de Obama, quien lo considera necesario para la seguridad de EU.

Pero para los norteamericanos todo es negocio, así que ya hicieron un filme sobre Assange, El quinto poder, que no fue del agrado del ex especialista de la CIA y fundador de WikiLeaks. Molesto, en su refugio temporal de la embajada ecuatoriana en Londres, declaró a los medios que pronto, en justa revancha, dará a conocer las ganancias de los empresarios y actores de Hollywood y la forma en que evaden al fisco. Hoy muchos norteamericanos entraron en pánico. Por eso es que lo necesitamos en México, para que busque y revele los nombres de los hombres del dinero en México, de los empresarios beneficiados con exención de impuestos, de los políticos poderosos y los exhiba como evasores. En ese momento, Peña Neto y su gabinete podrían hacer una muy buena reforma fiscal, además, claro está de explicarnos en qué gastarán o invertirán las enormes cifras recaudadas.

A su vez, Edward Snowden, está dispuesto a testificar ante la Fiscalía alemana sobre las actividades de espionaje llevadas a cabo por la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) en torno a las actividades de Ángela Merkel, su gobierno y otros países europeos. Independientemente o no, lo que WikiLeaks ha dado a conocer, pone en una situación delicada y ridícula a Estados Unidos. Algo parecido a la época en que espiaba a la Unión Soviética con aviones casi invisibles, capaces de volar muy alto y tomar fotografías sobre territorio comunista. La sorpresa fue mayúscula cuando los soviéticos derribaron un avión espía, llevaron el caso a la ONU y exhibieron al piloto norteamericano y los restos del avión a la opinión mundial. Aparte de la vergüenza, el gobierno estadunidense se enteró que la tecnología de sus enemigos mortales, era capaz de derribar aviones sofisticados. En su infinita arrogancia había olvidado los avances científicos y tecnológicos de sus adversarios.

Snowden ha dicho que decir la verdad no es un delito. Pero la actitud de la Casa Blanca y del Congreso estadunidense prueba que sí lo es. La verdad está, como Dios, del lado norteamericano. Su poderío militar y tecnológico le ha permitido llevar a la realidad el célebre Big Brother de la novela 1984 del genial George Orwell para establecer una velada dictadura universal. Si recordamos que con frecuencia recurre a la tortura (Guantánamo, prueba de que es inmejorable en la violación a los derechos humanos), al espionaje y al asesinato para mantener su control, el cuadro está completo.

Para desgracia nuestra, esos hombres que han puesto, otra vez, al país rector del mundo, EU, en entredicho, no están muy interesados en nuestro país, a lo sumo lo compadecen. Sólo sabemos que los mandatarios mexicanos, tan proclives a la potencia del norte, y usualmente poco juiciosos no tienen ningún secreto para la CIA, el FBI, la DEA y, desde luego para el demócrata llamado Barack Obama, quien grita desde ahora: ¡Yes, we can!, con amables tonos de hipocresía.

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