Tantadel

diciembre 27, 2013

120 años de Mao y 20 del EZLN

Ayer, 26 de diciembre, se conmemoraron 120 años del nacimiento en Shaoshan, provincia de Hunan, de Mao Tse Tung y el próximo 1º de enero se habrán de cumplir dos décadas del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Sin embargo, la realidad que enfrentan China y México dista mucho de ser aquélla con la que Mao y los zapatistas soñaron, respectivamente.

En China, el propio presidente Xi Jinping declaró hace unas horas que no se puede venerar a los líderes revolucionarios “como dioses”, mucho menos hacer a un lado sus errores, por lo que recomendó a su pueblo realizar celebraciones “discretas” en honor a Mao, padre fundador de la República Popular de China. Y es que aunque el gobierno chino sabe bien que contribuir a desmaoficar la nación tendrá un costo muy alto, priva también la tendencia de cuestionar los resultados del Gran Salto Adelante y de la Revolución Cultural, lo que no es realmente de extrañar si tomamos en cuenta que en la actualidad la juventud china desconoce la mayor parte de los postulados doctrinarios maoístas. Ilustra esta situación el hecho de que si bien en 1955 Mao había declarado que la riqueza de la sociedad era obra de los obreros, campesinos e intelectuales trabajadores, a casi seis décadas de distancia y a pesar de la gran transformación socioeconómica que introdujo el maoísmo, continúan siendo precisamente los campesinos el estrato social más desprotegido, de ahí que la distancia entre las condiciones de vida del campesinado y las de la élite china sea abismal: el régimen comunista no pudo evitar que el capitalismo se hiciera presente y, con él, el desenfrenado consumismo y la salvaje desigualdad, lo último que hubiera esperado Mao, enemigo de las clases y de la opresión social.

Por su parte, la realidad que guardan los sectores más desprotegidos de la sociedad mexicana —indígenas, campesinos, obreros—, presenta una situación todavía más extrema de la que se vive en China. Es un hecho que en México nada cambió para los indígenas luego del levantamiento del EZLN en la selva chiapaneca: su marginación en todo el país es cada vez mayor, no sólo por las instituciones, sino también por los propios intelectuales que en un momento los apoyaron y que hoy les dan la espalda. Consideremos tan sólo que el 70% se encuentra en condiciones de pobreza y el 30% en pobreza extrema, y que la tasa de analfabetismo de la población indígena triplica la media nacional. ¿Qué celebrar entonces el 1º de enero? Por más que el EZLN busque reinventarse, según ha anunciado recientemente, de nada servirá si la propia sociedad mexicana en pleno no asume esta tarea como propia.

Hace 18 años que el diálogo con el Gobierno Federal se suspendió y más de una década que la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) no opera. ¿Dónde están los interlocutores? ¿Dónde quedaron los Acuerdos de Larráinzar y los de Barcelona? El significado de ello es más que evidente: hasta hoy el tema indígena no está en la agenda nacional. A dos décadas del EZLN ¿qué podemos esperar? Lamentablemente nada bueno. Si la propia antigua China comunista hoy se encuentra inmersa en un proceso de contra reformismo económico y social, de brazos abiertos al capitalismo ¿qué no podrá suceder en México donde nuestra indiferencia e insensibilidad hacia los indígenas es de suyo ancestral?

¡Qué lejos estamos de aquellos años, entre los 20 y los 40 del siglo pasado, cuando el movimiento indigenista enorgullecía y engrandecía a la nación! ¡Qué lejos de cuando en el discurso oficial el indígena fue por décadas tema omnipresente, mientras ahora ya no lo es más!

De tarde en tarde, como hace unos días, el subcomandante Marcos vuelve a aparecer y entonces algunos sectores de la sociedad se cimbran, cada vez menos, porque creían que el zapatismo estaba ya erradicado, olvidando que éste, como todo aquel movimiento que busque la reivindicación de la causa indígena no podrá extinguirse en tanto su cuestión siga irresoluta y agudizadas la miseria a la que están reducidos y la injusticia en todos los órdenes que padecen.

¿Habrá muerto la expectativa de poder reconstruir a nuestra nación?

Periódicamente surge en todo pueblo sojuzgado y desposeído la ilusión de una utopía, aquélla que le pueda dar una luz de esperanza para cambiar su presente en aras de un futuro mejor, y con ella el hombre o los hombres que luchan por hacerla una realidad. Tal vez estos luchadores revolucionarios podrán equivocarse, como diría el presidente chino, pero lo cierto es que gracias a esos hombres, como Mao Tse Tung o el Che Guevara, como Marx o Lenin o aún el propio Morelos, es que la humanidad se revivifica y de tanto en tanto recuerda que ningún esfuerzo será vano para construir una sociedad más humana y justa.

Hace muchos años ya lo dije en Memorias de un comunista y hoy más que nunca lo refrendo: lo único que como sociedad no nos podemos ni deberemos jamás permitir, a riesgo de perdernos, es que nos venza la pasividad. No olvidemos lo que al respecto sentenció Mao: “si luchas por lo que crees, aunque fracases, habrás vencido”.

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