Tantadel

diciembre 30, 2013

La caída de los revolucionarios

La ruidosa caída del bloque soviético trajo venganzas que a primera vista podrían ser normales. En Francia la restauración luego de la derrota de Napoleón produjo la destructiva aversión a todo lo que hizo el emperador, excesos de diferentes clases. Sin embargo, eso no impidió que en muchos lugares del planeta a Bonaparte se le considere como un héroe que representó a la naciente burguesía, entonces revolucionaria. En París hay multitud de monumentos, calles y estaciones de Metro que lo recuerdan y conmemoran. Por lo contrario, en donde estuvo el socialismo, hay destrucción implacable del pasado que convirtió a Rusia, como bien precisó el marxista polaco-inglés, Isaac Deutscher, al país semifeudal en una potencia inmensa que en plena Guerra Fría puso al primer hombre en el espacio extraterrestre. Stalin, a la muerte de Lenin, tomó el control y actuó con métodos severos y autoritarios, permitiendo el culto a la personalidad, pero pudo romperle la espina dorsal al mayor ejército del mundo: el alemán.

Mao Tse-Tung fue un luchador tenaz que le gustaba mezclar, como a Ho Chi Minh, el lenguaje poético con el revolucionario marxista. Dio una larga batalla conocida como la Larga Marcha hasta derrotar a todas aquellas fuerzas que habían invadido o explotado a China. En 1949, contaba con un poderoso ejército que pudo usar para que Corea no cayera por completo en la órbita norteamericana. Junto con Chou En-Lai, hizo de una nación de campesinos pobres y explotados, una potencia. Hoy le disputa a Occidente la supremacía y es posible que en menos de veinte años, ese país de cultura ancestral domine a la humanidad o para no asustar a los lectores, ocupe el sitio que antes han poseído Gran Bretaña y EU.

Según el prestigiado diario Le Monde, a pesar de algunos fracasos como la Revolución Cultural o el culto a la personalidad, Mao no ha sido bajado de su pedestal, como Lenin lo ha sido en Rusia o en Ucrania, donde han derribado sus esculturas y hasta han pensado en desaparecer el mausoleo donde reposa el cuerpo momificado del revolucionario. ¿En dónde está el secreto? Nadie en Occidente podría tomarse en serio que los frutos podían crecer más bellos y sabrosos con sólo la lectura del famoso Libro Rojo, donde estaban algunos de los pensamientos del líder. Conservo uno de esos millones y millones de ejemplares que en su momento eran lectura obligada y nada hallo que nos hable de las ideas de Marx y Engels, del papel de la clase obrera y del propio partido en el camino hacia una democracia comunista, un ambicioso proyecto que ha quedado truncado en todas partes donde apareció.

China es un extraño país, el que, como EU, tiene un destino manifiesto, crecer e influir sobre la humanidad. Pero no como nación de inspiración marxista-leninista sino como un país que hizo una extraña combinación: rigidez del comunismo y la flexibilidad del capitalismo. Esta fórmula le ha permitido a China sobrevivir y convertirse en una potencia que ya tiene un papel importante en la conquista del espacio, sólo atrás de EU y Rusia.

Si algo me llamó la atención en China fue apreciar que el culto por Mao sigue vivo, aunque nadie siga más sus ideas. La fila para ver su cuerpo momificado es impresionante. Pasa uno delante del féretro de cristal, donde el viejo líder parece dormir, cubierto por la bandera roja de la hoz y el martillo, severamente vigilado por duros militares, apenas hay tiempo para verlo. Imposible intentarlo de nuevo. Son miles y miles los chinos que desean rendirle homenaje. A sus pies se acumulan toneladas de flores que cada tanto soldados retiran para dar cabida a los nuevos ramos. Pero la sorpresa está al salir del recinto sagrado, donde Mao es glorificado, y encontrarse con anuncios de toda clase de trasnacionales, sobre todo norteamericanas.

La nueva generación de políticos chinos muestran la enorme habilidad para conducir al país y saben que así como la arrogante Inglaterra les regresó Hong-Kong, algún día Formosa, la China Nacionalista, creación de Chang Kai-Sek, volverá a ser, como siempre lo fue, parte de China. Son pacientes y tenaces. El diario francés citado dice que el presidente Xi Jimping, hace junto con su gobierno notables actos de equilibrio para mantener el tono mesurado sobre el creador de la China Comunista. Reconocen errores, pero se inclinan a pensar que sus méritos son mayores y que en consecuencia Mao no será decapitado ni insultado por masas de sectores vengativos. En Berlín, en la bella zona destinada a las grandes universidades y museos, existen monumentales esculturas dedicadas a los tres grandes creadores del comunismo: Max, Engels y Lenin. Los tres allí, donde ahora reina un culto absoluto al consumismo y a la economía de mercado. Los grandes hombres tienen el derecho a ser preservados por la humanidad en función de las ideas que aportaron y de los intentos por modificar positivamente el rumbo de la historia.

No le veo sentido a decapitar a personas como Ernesto Guevara porque su lucha fracasó. Eso es un acto de barbarie y si tanto presumimos la actual modernización, dentro de ella existe la jactancia de la convivencia de ideas y cultos. Mao cometió sin duda errores, como dijeron en la celebración de su natalicio, pero sus aciertos le han permitido a China despertar de un largo sueño de miles de años.

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