Tantadel

diciembre 04, 2013

¿Sólo armas para contrarrestar el crimen?

Por ahora y desde el momento en que Felipe Calderón le “declaró la guerra” al crimen organizado, sólo vemos en las balas y la muerte la reacción estatal. El que los medios sean más cautelosos al difundir las noticias de los cientos de muertos de uno y otro lado, no significa que la atroz lucha haya disminuido.

La pregunta que muchos mexicanos se han hecho desde que la violencia fue oficializada por el gobierno de Calderón, es si tenemos otras formas para combatirla que no sean las armas. Alguna vez, un poeta dijo en una entrevista: Libros en lugar de balas. Era sin duda una imagen, pero cierta y profunda. El prestigiado académico Juan Ramón de la Fuente ha señalado hace unos días que la estrategia anticrimen no está completa sin la educación. La escuela debe formar parte de ese combate que ha llegado al extremo de formar niños y adolescentes sicarios. Tendríamos que añadir la cultura.

Sin venir al caso, podríamos recordar que durante la guerra que Vietnam llevó a cabo para liberarse del colonialismo francés y enseguida del imperialismo norteamericano, jugaron un importantísimo papel la educación y la cultura. No sólo había que expulsar a los invasores sino simultáneamente preservar sus más elevados valores. Ello pasaba por los valores citados. Si avanzaban las tropas vietnamitas, en sus territorios recuperados, venían maestros y artistas. El caso nuestro es distinto y sin embargo hay paralelismos. Al crimen organizado hay que combatirlo ciertamente con armas, pero también educando con inteligencia a los niños y a los jóvenes, por añadidura, dándole a la población los elementos necesarios, no importa el costo, para desarrollar sus culturas locales e introducirse de lleno en la cultura universal. No es lo mismo que la gente asista a un palenque que a una feria del libro. Sólo pensemos en que México tiene una vida cultural muy intensa que rebasa la capacidad informativa de los medios y a las mismas instituciones culturales del Estado. Las universidades públicas solamente desarrollan muy destacadas tareas en la promoción artística.

Juan Ramón de la Fuente indicó con agudeza que es indispensable integrar la educación a la estrategia contra el crimen. Explicó: “Yo me pregunto: ¿Dónde deberían estar los jóvenes que hoy son la mayoría de las víctimas de esta guerra entre ambos bandos? Claro, deberían estar en la escuela, pero durante los últimos años, el crimen organizado les ha abierto puertas falsas, ante la incapacidad del Estado para ofrecerles mayores oportunidades en empleo y educación. Por eso vemos tantos jóvenes engrosando las filas de la delincuencia organizada, por eso vemos cómo se elevan los niveles de migración y cómo se van a los trabajos o negocios informales”.

Tiene razón el ex rector de la UNAM. Las preocupaciones del Estado deben ser la suma de combate armado, inteligencia bien entrenada y mejor empleada y, desde luego, de creación de empleos bien remunerados y de una amplia política cultural. De este modo, poco a poco, la delincuencia organizada no encontrará tan fácilmente sicarios y contrabandistas que contribuyan a su causa. Muchas comunidades del país, precisó, al no hallar fuentes laborales dignas y una sólida educación pública, prefieren sumarse a la delincuencia, al crimen. Me parece que el cuadro de Juan Ramón de la Fuente es un excelente diagnóstico y una magnífica receta que el gobierno mexicano debería estudiar y aplicar de inmediato. El tiempo pasa, los partidos políticos no logran ponerse de acuerdo y el crimen organizado avanza con rapidez.

No es complicado decir que a la violencia se le opone la contra violencia y listo. Pero eso sin duda agrava las cosas y las lleva a extremos brutales si no se consideran los elementos señalados. A estas alturas todavía estamos a tiempo de emprender una lucha generalizada contra el crimen, en cualquiera de sus manifestaciones, que crece con celeridad y ponerle de inmediato barreras a través del empleo y la educación, la cultura. Con simplismo, se piensan en soluciones como el turismo y el deporte, más aún nunca faltan estados que los mezclen. Son asimismo soluciones, pero las fundamentales son la educación pública con maestros muy bien preparados y que perciban salarios dignos y la cultura que en México es un baluarte por todos probado exitosamente.

México tuvo y tiene grandes educadores, inmensos proyectos pedagógicos y una cultura popular y de alto rango, le falta un decidido empujón, pero no con una reforma más hecha con las rodillas que con el apoyo del verdadero magisterio, el que desde hace décadas está olvidado y es marginal en la toma de decisiones educativas.

La voz de Juan Ramón de la Fuente y la de otros grandes mexicanos prefiere privilegiar a la educación y al arte antes que a las armas. Escuchémoslas con atención. Hasta hoy, los resultados de la guerra iniciada por Felipe Calderón ha sido de un elevado costo y sus resultados muy polémicos por decir lo menos. Es el momento de ver el problema como lo que es: el resultado o suma de muchos problemas que empiezan con la miseria y la ignorancia.

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