Tantadel

febrero 27, 2013

¿Realmente hay un nuevo PRI?


Mucho, más del 51 por ciento de los mexicanos piensa, según una encuesta que realizaron hace unos pocos días, que la gestión de Enrique Peña Nieto es positiva. Puedo imaginarme que casi la misma cifra tendría que pensar negativamente del llamado nuevo PRI. Sin embargo, sin que mi intención sea echarle agua fría a los priistas, hay algunos casos que me han dejado una huella profunda: el primero es la derrota sufrida en Puebla y la padecida en Tabasco.

El PRI es como un viejo zorro mañoso, incapaz de hacer las cosas con toda claridad, es parte del sistema creado por sus abuelos, un costal de recursos que le ha dado más éxitos que fracasos. Alrededor de 1987, ya los priistas parecían convencidos de algo importante: el país no podía seguir aguantando imposiciones ni malos candidatos. El problema es que el autoritarismo presidencial cundió en todos los estados. Más que buscar a los candidatos naturales para los distintos cargos de elección popular, acostumbran colocar a sus leales amigos.

Sin embargo, una cosa es que lo hayan advertido hace tiempo y otra bien distinta que piensen que es una práctica normal. Algo semejante le pasa al primo pobre, al PRD. Ha colocado en cargos de elección a sus peores candidatos. En el DF, manso como siempre, hasta hoy han propuesto a delegados y asambleístas verdaderamente aterradores. Uno tras otro, son personajes de novela negra, en la que llegan a los cargos a robar, a hacer negocios turbios, pensando que son usos y costumbres muy arraigados en la política nacional, invento priista. El PRI, después de padecer a Mario Marín, un incapaz y deshonesto completo, en Tabasco, permitieron a Andrés Granier, quien, ahora lo vemos por todo el país, saquear literalmente las arcas para que su familia se llenara los bolsillos de dinero. Los resultados fueron obvios, el PRI perdió los dos estados, cayeron los candidatos priistas, personas de oscuros méritos y en ambos casos ganaron ex priistas, en Puebla, Rafael Moreno Valle disfrazado de panista y con apoyo del muy “izquierdista” PRD y en Tabasco, Arturo Núñez disfrazado de perredista y poniendo distancia con la organización que comanda su paisano Andrés Manuel López Obrador.

Muy pocos creyeron que el PRI perdería en los estados citados. Pero lo mismo le ocurrió al PRD en Zacatecas después de dos gobiernos perredistas en verdad funestos: el de Monreal y el de Amalia García. Hoy de nuevo lo gobierna el PRI.

Es muy posible imaginar que las simpatías por el regreso del PRI a escala federal tengan satisfecha a un muy amplio sector de la población. En consecuencia, tendrán que ser cautelosos para evitar que de pronto se filtren personajes siniestros como Hank Rhon. Por ello, y quizás porque ya aprendieron la severa lección de las derrotas, ahora nos dicen que el PRI propone vigilar las acciones de sus funcionarios. La idea es evitar pillerías tan escandalosas como las de Granier, quien además de saquear a su estado, intentó dejar sucesor.

Quienes anticiparon que en lo sucesivo el PRI no tendría capacidad para llevar a cualquier candidato al triunfo, como en los felices años en que arrasaban con porcentajes casi del 100 por ciento, nunca fueron tomados en serio, hasta que Francisco Labastida fue derrotado por un panista de notable bajo nivel intelectual. Pese a ello, los priistas mantuvieron la idea de seleccionar a sus mejores amigos. En este sentido, según cuentan los reporteros de la fuente mexiquense, el PRI se inclinaba por alguien con menos presencia que Eruviel Ávila, hasta que el aspirante que veía acercarse la derrota interna, sugirió que de no ser candidato por su partido, tan fácil como irse al PRD. Las cosas siguieron su curso normal y la hazaña del triunfo priista en el Estado de México es atribuible a una maniobra genial del tramposo PRI.

No era un secreto la ineptitud de Granier y Marín, mucho menos lo era que utilizaban las arcas estatales para enriquecerse ellos y sus respectivas familias. No obstante, los dejaron imponer a sus candidatos con los resultados que bien conocemos. Si el PRI aprueba el “código de buena conducta” o estrellitas en la frente de los mejores aspirantes, se estará haciendo un favor, pues a estas alturas los procesos electorales son más complicados que en el pasado. No es imposible imaginar que una vez que los priistas sientan mayor seguridad electoral, vuelvan a lo mismo: el refrán dice que la cabra tiende al monte y podría ser si no cercan al funcionario y lo vigilan. Ahora el problema es saber quiénes son los guardianes. Uno sigue viendo cada joya en el PRI que escandaliza cuando ya no debiera ser así. A juzgar por la nota dada por el ex invencible, harán una suerte de comisión evaluadora o quizás ya está funcionando y por tal razón no apoyaron la candidatura de Hank Rhon en un bastión panista: su fama de autoritario y corrupto lo persigue claramente. Para colmo de males, ahora el PRI en cada proceso electoral, tendrá al frente una coalición formada por el conservadurismo panista y el “izquierdista” PRD. Cabe concluir con gesto desolador: ya los perredistas nos habían convencido de que la realidad política que se opone al progreso nacional se llamaba PRIAN. No cabe duda: la política mexicana carece de principios.


La crónica

febrero 25, 2013

Griselda Álvarez, primera gobernadora


Este año, Griselda Álvarez hubiese cumplido cien años de edad. Nos presentó Rubén Bonifaz Nuño cuando era gobernadora de Colima y desde entonces tuvimos una sólida relación de amistad. Hasta su muerte, nunca faltaron las pruebas de mutuo cariño. Compartimos veladas literarias donde ella daba lecciones que permitían apreciarla: una mujer culta, sensible, talentosa, guapa, de historial impecable: tenía un rostro severo para la política y una bella cara sonriente para la poesía.

El soneto es complejo, difícil. Que yo conozca, en México sólo unos cuantos poetas lo han manejado con destreza: Carlos Pellicer, Fernando Sánchez Mayans, José María Fernández Unsaín y Griselda Álvarez. Me llama la atención que ella seleccionó el soneto para hacer una autobiografía aún más profunda y encantadora: Cuesta arriba. Memorias de una gobernadora. Otra obra memorable es Sonetos terminales,  donde reconstruye su vida, añora al nieto perdido y se imagina solitaria. La soledad, la pérdida de la hermosa “arquitectura” por “donde viajaron manos persuasivas”, conforman un espléndido recuento no de nostalgias, sino de experiencias vitales. Le duele el país que le dio cobijo y éxito: “Oscura piel de mugre sin aseo,/ mirada con dureza que me embiste,/ un sólido rencor que deletreo,/ huesos al aire, niño que resiste./ Y ahí, aún en pie, ahí te veo,/ México de mi vida, imagen triste.” 

Los sonetos finales de Griselda son una lección de vida apasionada. Llama al temible Alzheimer y convoca a la piadosa muerte; lo que recibe es más vida de triunfos, cariño y respeto. La escuché en la arenga política y en lecturas poéticas. Si el discurso político con ella tuvo un tremendo peso que la hizo inolvidable como senadora y primera mujer gobernadora en el país, su voz como poeta alcanza una extraña hondura que conmueve y cala, qué eficacia consigue con las imágenes poéticas, a veces juguetonas, otras tristonas o peleoneras, siempre dotadas de una ironía elegante, sumamente fina. 

Pero si en Sonetos terminales Griselda le canta a su propia muerte, en Erótica habla del amor sensual, del sexo, de las iluminadas relaciones amorosas. Describe al cuerpo varonil con maestría y nos indica cuál es la diferencia, enorme por cierto, entre pornografía y erotismo. Son un puñado de sonetos que hablan de la pareja, de su vano intento de convertirse en una unidad, de sus caricias suaves o violentas. Creo que aquí Griselda vuela muy alto, pocas veces la poesía amorosa en México ha llegado a tales extremos de belleza. Por regla general, la poesía es amorosa, pero en este libro la poesía se convierte en un vehículo de excitación, de comunicación erótica. Si los preámbulos pueden ser poemas de Pablo Neruda, las relaciones sexuales tendrían que serlo con sonetos de Griselda Álvarez. Sonetos audaces, provocativos, que estuvieron un buen tiempo en una gaveta. La poesía se enriqueció con esos cantos al amor en su más alto y sublime nivel: el sexo, particularmente cuando se hace el amor por amor.   

Griselda fue combativa, guerreó por sus ideas, lo hizo con armas poéticas al responderle al majadero panista Diego Fernández de Cevallos cuando ironizó a las mujeres: “el viejerío”. Lo hizo con Canto a las barbas, diez sonetos impecables, de elegante humor, utilizando su herencia liberal y revolucionaria. Están allí las lecciones de quienes en el siglo XIX lucharon contra la reacción y el invasor, escritores liberales, Prieto, Altamirano, Zarco, que recurrieron a la literatura para derrotar al enemigo. En esa lucha (guerra de guerrillas donde los soldados eran versos, no toleró groserías a la mujer ni ofensas a su partido político) me tocó un doble honor: publicarlos en El Búho y más adelante hacer el prólogo de la plaqueta que ninguna gracia le hizo al grosero adversario de Griselda. Esta poesía civil, en sus manos no fue poca cosa y sirvió para quitarle muchos votos al PAN durante las elecciones de 1994.

Griselda Álvarez solía impresionarme con libros como Cementerio de pájaros, Anatomía superficial, Cuesta arriba. Memorias de una gobernadora, Sonetos terminales, Erótica. Su sentido del humor, su amor por México, su dedicación al trabajo, su fina cultura, todo en ella me impulsa a admirarla, a amarla. ¿Qué magia poseía esta mujer que triunfó en campos que se antojan imposibles de conciliar: la literatura y la política? Lo ignoro. De algo estoy seguro: fue una maestra que nos  formó y conformó con lecciones de amor por la vida, el arte y la política. Con rigurosas enseñanzas de modestia y humildad, aquí donde impera el terror de quienes han triunfado o tienen poder, ella optó por brindar apoyo y amistad. No destruía, construía descomunales edificios de solidaridad. Como senadora y gobernadora dejó una obra espléndida aún vigente. Ninguna referencia a Griselda Álvarez estaría completa si no insistimos en su elegante feminismo, a esta lucha le dedica en Sonetos terminales versos inolvidables como “Mujer”, metáforas para poner a la mujer en el contexto que merece y que por tanto tiempo le han escatimado. Recordemos que Griselda escribió una nueva epístola para los que se casan en sustitución de la envejecida de Melchor Ocampo y que bien valdría publicarla de nuevo. Su obra literaria es una prodigiosa autobiografía, de historias radiantes o dolidas, inteligentes, de profundo contenido humano, de ese amor que Griselda fue obsequiándonos en su dulce y severo andar por la historia.


La Crónica

febrero 24, 2013

Jules Verne, más que un anticipador


lguna vez di una conferencia sobre Jules Verne. Atrajo público juvenil. Poco después un amigo agudo y culto me dijo que el autor francés era aburrido y malo. Él, desde luego, prefería un tipo de literatura más sofisticada, autores ampulosos, diría yo. En estos días alguien subió a internet un trozo de entrevista donde Rubén Bonifaz Nuño declara como sus favoritos a Dumas y a Salgari, entre otros que llamaríamos escritores de aventuras, para público menor. El inmenso poeta lo dijo muchas veces y justificó ante el estupor de periodistas acostumbrados a los nombres más sofisticados: Sabían narrar, contar historias. Eso mismo le escuché a Rulfo citando novelistas del mismo tenor. Por ello, sin temor ratifico mi admiración por Verne.
Verne es famoso en todo el mundo. Su obra, conocida bajo el título global de Viajes extraordinarios, ha sido traducida a unas noventa lenguas y, desde luego, está considerado no como el primer autor de ciencia-ficción, pero sí como el escritor que le da forma al género y lo prepara para que haya numerosos descendientes. Pese a la complejidad de sus ramas y a las implicaciones que uno puede encontrarle, Verne parece ser, como Swift, Lewis Carroll y Wilde, un narrador para el público infantil. De este modo lo ha visto Hollywood al hacer torpes e ingenuas interpretaciones fílmicas de sus novelas. En consecuencia, es difícil, al menos en México, que un adulto lo lea. Si lo hojeó durante su juventud, ya no entrará en sus preferencias de hombre maduro que desechó la fantasía por considerarla inútil y algo de niños. Absurdo, pues Jules Verne, igual que los ingleses mencionados, siempre será mejor comprendido por personas de alto nivel cultural y sensibilidad. Pensemos, a modo de ejemplo, en Los quinientos millones de la Begun, donde es anticipado el fascismo hitleriano.
El autor de Veinte mil leguas de viaje submarino, aunque de apariencia sencilla, tiene un complejo mundo detrás que es difícil apreciar a los 12 o 15 años de edad. Bastaría leer el libro de Jean Chesneaux, Una lectura política de Julio Verne, en el que muestra a un escritor preocupado por los grandes problemas sociales de su tiempo, a un humanista, a alguien con “ecos del socialismo utópico” y no a un simple anticipador de sucesos, que, por otro lado, nada tiene de simple  vislumbrar el futuro. En lo político lo hicieron Marx y Malthus; Wells en lo científico. Hazañas no fáciles de duplicar.
Es cierto, Verne predijo los viajes a la luna con más precisión que otros autores, por ejemplo que Cyrano de Bergerac con su Viaje a la Luna, publicado por vez primera en 1675, un fantástico utopista que incluso se atrevió a viajar a Los estados e imperios del Sol. Verne también, como Leonardo, pensó en el submarino. Ahora bien, no se trata únicamente de maravillarse ante sus milagrosas anticipaciones. Hay que sorprenderse con las excelencias del Verne narrador, con su prosa de cuidadosa manufactura, su habilidad para los diálogos y estructuras literarias. Por último, con el profundo conocimiento de su época e historia.
Verne nació el 28 de febrero de 1828 en Nantes. A lo largo de su vida escribió más de cien libros que no han perdido ni su valor ni su frescura. Recientemente fue recuperada su novela inicial, París en el siglo XX, que se creía desaparecida y que fuera rechazada por su editor y amigo Pierre-Jules Hetzel. Si Edgar Allan Poe fue capaz de jugar con el horror, Verne lo hizo con la emoción al recrear aventuras soberbias. Tendré que añadir que fue un temible crítico, capaz de satirizar a más de una venerable institución europea. Sus libros, afortunadamente, siguen vigentes por más que sus vaticinios hayan sido superados por el tiempo. Lo recomendable es rendirle a Verne el homenaje de la lectura inteligente y analítica, sin suponer equivocadamente que sólo los niños y los jóvenes pueden gozar con las novelas de los Viajes extraordinarios.


Excelsior

febrero 22, 2013

Ni verde ni útil


Hace años participé en una mesa redonda sobre partidos políticos. El amigo que me invitó fue el talentoso violinista Román Revueltas, quien también es comentarista político en un diario capitalino. El tema me importaba porque en esos momentos investigaba partidos políticos para la UAM-X. Los otros participantes eran Vicente Fox y Jorge González Torres, cuyo hijo Jorge Emilio González acaba de darnos lecciones de grandeza política y ética. La presentadora fue una señora, Sari Bermúdez, que cuando el primero obtuvo la Presidencia, fue titular de Conaculta. En algún archivo debo tener copia del texto que leí, pero recuerdo el aspecto central de la participación. Hay partidos más o menos serios como el PAN, el PRI y el PRD, donde todavía estaba al frente el ingeniero Cárdenas, y otros indignos por ser negocios familiares, empresas para obtener recursos materiales y, desde luego, influencia política, siempre vinculada al dinero.

Jorge González Torres habló después de mí y con escasa claridad refutó mis puntos de vista. Dicho en términos más sencillos: se puso el saco y pasó su tiempo precisando que el triunfo del PAN dependería del gran número de votos que podría atraerle el Partido Verde Ecologista por él formado. No había manera de responderle a causa de los minutos asignados a cada participante, aunque alcancé a señalar que las urnas darían cuenta más o menos precisa de sus palabras. El resto de la hora y media fue ocupado por Fox para decir un sin número de lugares comunes y frases chistosas que atrajeron los aplausos de un público para mí inusual: señores bien parecidos y elegantes, señoras muy guapas, sofisticadas y todos ricos. Antes de irme de allí, donde no conocía a ninguna persona más que a Román Revueltas, pensé muy triste que yo había perdido mi tiempo en la izquierda mexicana. Las beldades estaban en Acción Nacional y sí, allí sigo viendo diputadas y senadoras jóvenes y distinguidas, egresadas de universidades costosas como la Iberoamericana, con ropa de marca. El PAN, en esa ocasión, triunfó con tranquilidad y dudo mucho que haya necesitado de los votos del Verde Ecologista para ganar e iniciar la grotesca transición política, una alternancia que pocos resultados tuvo, salvo el de castigar al PRI por haberse portado mal durante muchos años y torturar el buen gusto de un país. Pero el dueño del Partido Verde Ecologista que deseaba, como es natural, la Semarnat, y no la recibió, se la dieron a un alumno mío, egresado de la UAM-X, se enojó y a partir de esos momentos optó por aliarse al otrora vituperado PRI. Nadie en su sano juicio podría aceptar que dicho Partido Verde responde, como en Europa, a principios ecologistas. Ha explotado la popularidad del tema ambiental con unas cuantas frases y de tal forma ha obtenido un sinfín de cargos políticos para los asociados. Desde sus respectivas curules de pronto intervienen y lanzan una consigna peligrosa e inmortal: Pena de muerte a los secuestradores. Nadie la toma en serio porque es una mera frase, no hay una explicación jurídica seria atrás de ella. Una de las características del Partido Verde Ecologista es la juventud de sus dirigentes y militantes. Pero eso no garantiza absolutamente nada, salvo pecar de inexperiencia. A Jorge Emilio González le pusieron el mote de verde, no en alusión a su organismo, sino a su total inexperiencia política. En algún momento grabaron una muy sospechosa conversación suya con algún mercader de terrenos en Cancún y él se limitó a decir: Me chamaquearon, como ahora con simplismo justifica el que manejara ebrio. Y aquí está la sorpresa mayor. El senador iba escoltado, ¿no pudo uno de sus guardaespaldas conducir o no le alcanzan sus recursos para pagarse un chofer? Está visto que es devoto de los automóviles al grado de manejarlos pasado de copas. El escándalo ha sido mayúsculo: fotos, declaraciones, toda suerte de comentarios, regreso a “El Torito”; me pregunto: ¿qué pensará el arrogante PRI de su asociado o aliado? La frase común de más vale solo que mal acompañado ¿no podría funcionar en este caso, con este partido de nulo aporte político e intelectual? ¿O de plano sus críticos estamos lejos de la realidad y los votos que logra obtener el Verde Ecologista fueron decisivos para que Fox triunfara sobre el PRI y recientemente para que Peña Nieto alcanzara la Presidencia? En una de las muchas veces que los habitantes de Tlalpan hemos tenido problemas con los delegados perredistas, los vecinos del Bosque de Tlalpan llamamos a una protesta. Por allí aparecieron los del Verde Ecologista: no más de doce encabezados por su dirigente que supo con valentía pasar frío y hambre en “El Torito”. Para apoyarnos se plantaron enfrente de las oficinas delegacionales y mostraron pancartas donde los blancos eran animales. Había hasta fauna africana, cuando en dicha zona protegida lo único que queda son algunas aves y unas pobres ardillas que buscan entre la basura algo para comer. Fue sin duda un valioso apoyo para los tlalpenses. Ayudemos, pues, al joven cuarentón y que sigue verde a que pase el trago amargo que deja una cruda cuando te atrapan con la botella en las manos y eres senador de la República.


febrero 20, 2013

¿Qué tanto queda del viejo presidencialismo?


En los tiempos en que gobernaba Miguel de la Madrid, la Universidad de Berkeley organizó una mesa redonda con unos doce o trece académicos y periodistas mexicanos, y nos recibían allá otros tantos profesores norteamericanos para discutir el papel de la izquierda en México. La mayoría de los invitados era militante del Partido Comunista y sólo dos pertenecían a un grupo de intelectuales que han sabido sortear los enigmáticos caminos de la política mexicana y permanecer siempre en el poder o muy cerca de tan privilegiada situación. Cuando comenzaron las mesas redondas californianas, Froylán López Narváez explicó que estaba visto que la ropa sucia sí se lavaba fuera de casa. De inmediato todos y cada uno de nosotros dimos nuestras opiniones sobre el espinoso tema. De pronto uno de los dos cercanos al poder priista, disfrazado de izquierdista, dijo algo que desconcertó al sector rojo: El presidencialismo ha muerto, hemos entrado en una nueva etapa.

En mi turno, siguiendo la línea que este profesor de la UNAM había indicado, precisé que no lo creía, que el presidencialismo a la mexicana, por ser hijo legítimo del caudillismo, con poderes que le venían tanto de la Constitución como de la propia historia, simplemente subía o bajaba de intensidad según la personalidad del mandatario en turno. Miguel de la Madrid era de trato suave, a diferencia de Gustavo Díaz Ordaz o de Luis Echeverría, y que eso matizaba a la silla presidencial.

Los tiempos han cambiado. El Partido Comunista se extinguió y no quedan sino polvos de aquellos lodos que nunca amenazaron a la burguesía nacional ni en los tiempos en que algunos compañeros desesperados se lanzaron a la guerra de guerrillas. En 2000 pensamos que el PRI se iba para siempre, pero ante la incapacidad política del PAN y del PRD, doce años después regresó orgulloso de su hazaña. En todos estos años la sociedad ha aumentado su capacidad crítica, los medios no saben qué hacer y los partidos buscan su lugar dentro del magno presupuesto que el gobierno les concede para que pensemos que la democracia ya llegó y sólo falta darle una pulidita.

Para muchos el PRI no ha cambiado en absoluto. De una u otra manera ven a Peña Nieto como el producto de una conspiración que incluye a los poderes políticos, económicos y mediáticos (la televisión comercial), que deciden el rumbo de México. Pablo González Casanova los señalaba como factores reales de poder e incluía a la embajada norteamericana y al alto clero. Me parece exagerado decir que Peña Nieto es un instrumento de esas fuerzas, más bien un simplismo. El asunto es más complejo. Pero a los politólogos de café les encanta simplificar los sucesos políticos y descubrir conspiraciones cinematográficas.

El presidencialismo no se ha ido. Fue lo que sostuvo a dos incapaces como Fox y Calderón: el peso de las instituciones existe. Insisto, a pesar del tiempo transcurrido entre aquellas sesiones de Berkeley y hoy, en que tenemos para rato un sistema presidencialista evidente, y en donde los otros poderes, de una u otra manera, en lo fundamental, se subordinan al Ejecutivo. Si uno mira el actuar diario de los integrantes del gabinete, no es difícil escuchar que toda su labor la realizan por instrucciones del señor presidente. Carecen, pues, de méritos propios. Todo sale de Los Pinos, justo del despacho del primer mandatario.

Los intentos para contrarrestar el autoritarismo presidencial son bromas, distracción. A cualquier aspirante presidencial le gustan las cosas como están. Con la vuelta del PRI, todo regresa al buen camino, menos empedrado que en el pasado inmediato. Por ejemplo, el llamado Pacto por México, todos lo firmaron gustosos, algunos refunfuñaron porque Peña Nieto lo propuso, pero finalmente lo suscribieron los distintos partidos mayores. Hace unos días, el perredista Miguel Barbosa le declaró al director de La Crónica, Guillermo Ortega, que dicho pacto fue posible “porque los extremos se anularon”. Los extremos, imagino, son la derecha panista y la imaginaria izquierda perredista y es evidente que el centro lo representa el PRI por voluntad propia y porque el término revolucionario se gastó hace unos cuarenta años.

No deja de tener razón Barbosa, pero para una sociedad como la nuestra, en busca de rumbo, resulta peligrosa su aseveración. Indica que una vez que los extremistas se fueron, la cordura retornó y entonces es posible que, como en los mejores tiempos, desparezca la asociación de gobernadores (Conago, la que en algún momento pareció ser contrapeso al presidencialismo) para dejar sólo en la arena política al presidente de todos los mexicanos, así de fácil.

No deja de ser preocupante que vean con buenos ojos a un partido que hasta hace poco era llenado de insultos y que todos crean que el presidente es de nuevo infalible o casi. No volveremos a los años anteriores al 2000, pero México comienza a retomar una senda peligrosa, donde quien gobierna es una sola persona y los que obedecemos somos el total de la población, incluida la oposición leal.

La solución sería transitar a un sistema parlamentario, pero viendo los pleitos de senadores y diputados, sus bajísimos niveles intelectuales y su avidez por hacer lucrativas carreras, es mejor quedarnos con el añejo y estorboso presidencialismo a la mexicana. Siempre será mejor un minicaudillo que cientos de ellos.



febrero 18, 2013

Periodismo, ética y estética


Desde su nacimiento formal, el periodismo se ha debatido entre la ciencia (social) y el arte, a veces fue una cosa, a veces fue otra. Desde entonces existió la preocupación de fusionar el arte y la ciencia con la ética (el apego a la verdad). La lucha no ha sido fácil ni breve, a la fecha no hay tantas personas que entiendan una idea de Kapuscinsky: el periodismo no es para cínicos, en cambio, es arte.

El mundo es cambiante; en consecuencia, lo es el periodismo. Si antes sus avances se daban con lentitud, hoy, en un mundo globalizado básicamente a través de la comunicación, son más acelerados. El mundo se empequeñece a gran velocidad con enorme apoyo en la tecnología. Internet, desde luego, puede ser arte, sentido de la ética, espíritu de justicia, todo depende quién maneje la computadora. Esto nos lleva a un dilema: ¿qué clase de periodistas necesitamos? ¿Los queremos improvisados, superficiales, frívolos, que se limiten al boletín y a las generalidades, o los requerimos convertidos en rigurosos investigadores como Sherlock Holmes o Hércules Poirot, hurgando hasta en los detalles más nimios para ajustarse a la verdad y dándole a su prosa el sentido estético que manejaron Melville, Proust o Hemingway?

El periodismo no es sólo la noticia, es la historia de un proceso complejo y sus efectos repercuten donde hay seres humanos, dramas, conflictos y resultados de alarma. De este modo, en la década de los sesenta trabajaron periodistas-literatos como Norman Mailer, Truman Capote y, desde luego, Tom Wolfe, para desatar una revolución que aún avanza y recupera los mejores elementos del pasado que lo hicieron posible: los novelistas y sus obras de ficción basadas en realidades que inquietan. No obstante, imposible dejar de lado que Daniel Defoe, un autor de ficciones memorables como Moll Flanders, se introdujo intempestivamente en el mundo de la información con Diario de la peste, 1722, un libro que en rigor es un reportaje retrospectivo y que algunos ven como crónica. El dato es más evidente como punto de partida, pues, por ejemplo, las crónicas de Bernal Díaz del Castillo son anteriores, pero en momentos se mezclan con la fantasía religiosa del autor.

La globalización conlleva desafíos que debemos vencer. Uno es la frivolidad, la innegable tendencia a ser superficial en aras de la rapidez y el entretenimiento fácil. Estamos convirtiendo a los lectores en televidentes que apenas reflexionan, que son receptores de emisiones estúpidas.

Entre lo escrito y la televisión, está la radiofonía que se esfuerza por reponerse del éxito de las pantallas y arriesga buscando mejores comunicadores. Pero es en los medios escritos donde aparece sin duda el mejor periodismo. Es verdad, algún día será alcanzado por la tecnología y desaparecerá, mientras tanto nuestro deber es cuidarlo y mejorarlo. Tenemos que arropar la tarea informativa con el arte y la moral. Imposible dejar de lado que los comunicadores se ubican en medio de la sociedad y el poder. A la primera se le sirve; al segundo se le critica sin cortapisas. No hay otra tarea ni más función que la de informar con agudeza y profundidad, hacer un periodismo de intensidad que puede exigir secreto o discreción sobre las fuentes.

Los medios electrónicos ganan terreno. La prensa escrita -dicen- cede, pierde espacios. Puede ser, lo veremos a largo plazo. Por ahora hay algo que vence a la rapidez electrónica: la prensa escrita. Si bien radio y televisión nos muestran la noticia en el momento mismo en que se da, es el periodismo escrito quien explica el fenómeno y lo analiza minuciosamente. Vemos una declaración de Obama, pero ¿dónde está la reacción seria, profunda, a sus palabras? No en esa misma pantalla. Surge como resultado de la experiencia de quienes ejercen el análisis y la reflexión por escrito. En toda lógica periodística, los famosos cinco sentidos del periodista de Kapuscinsky son seis, pues al estar, ver, oír, compartir y pensar, siempre habrá que añadir escribir. Por ello recomendaba leer poesía, literatura, para embellecer las herramientas del seco y a veces rudo oficio periodístico. Y por ello, Alberto Dallal habla de periodismo literario, es decir, bien escrito. Sin esta acción no hay periodismo grande, desaparece la intensidad del texto. Los medios televisivos o radiofónicos parecen sólo necesitar presencias y voces, pero atrás de cada uno de aquellos que trabajan en los glamorosos medios electrónicos siempre hay un complejo trabajo escrito. Sin una buena escritura, el periodismo es palabrería, poca reflexión y verborrea.

La tarea de comunicar le concede, a quien bien la realiza, una recompensa ilimitada: el agradecimiento y el respeto de una sociedad orientada correctamente. Ahora bien, ¿de dónde sale el periodista ideal que apenas hemos esbozado? Puede formarse en las salas de redacción, como hasta hace poco tiempo, pero asimismo egresan de las universidades, donde el joven recibe no sólo los elementos académicos, también una clara idea del código moral que debe llevar como escudo y divisa. La corrupción tiene que cesar del todo. El informador serio se debe a la sociedad y darnos su esfuerzo ético y estético, dejando la arrogancia de lado, allí está su mayor compromiso, no con el político todopoderoso, ni partidos ni con el Estado. Tendrá que encontrar su sitio junto a los mayores intereses de la nación.


La Crónica

febrero 17, 2013

Poder y medios



Al periodista lo veo como intelectual, así lo digo en mis clases de Comunicación en la UAM Xochimilco. No vende su fuerza de trabajo física, su tarea es resultado de lecturas, escritos y profundas reflexiones. Hablo de los mejores, naturalmente. Por ello con facilidad vemos a un académico o un literato en las páginas editoriales de los diarios, los escuchamos en radio y los miramos en televisión. En este caso, me parece que el intelectual, sea periodista o no, debe mantener distancia con el poder. De lo contrario, se corre el riesgo de caer en una suerte de corrupción o autocensura involuntaria. Al estilo del síndrome de Estocolmo, comienzan a aparecer los periodistas al servicio de un político poderoso, que los atrapó. El reportero y especialmente el columnista viven bajo esa presión permanente. Los mexicanos no aprendemos a coexistir con el enemigo sin amarlo. Conozco docenas de periodistas, reporteros afamados o columnistas bien informados, que aceptaron quemarse en el fuego del poder político.
No es fácil ser periodista y no corromperse aunque sea “un poco”. Hubo personajes políticos que fascinaban, porque ahora todos mueven al desdén o al ridículo. Si antes parecían vivir en nubes de incienso, ahora son humanos que no inspiran respeto. Comenzamos a vivir la democracia, donde todos somos iguales y en el mejor de los casos, cada uno ejerce su trabajo. Se puede y debe criticar a un político y si aquél lo desea, mantener la amistad o un cierto sistema de comunicación.
En un libro de Raúl Cremoux, amigo de varias décadas, Nada como el poder, aparece una entrevista realizada a uno de los hombres políticamente más poderosos y más típicamente priista que hemos padecido: Carlos Hank González. Allí está el hombre todopoderoso, que comenzó, le dice a Cremoux, vendiendo dulces y reunió el dinero suficiente para adquirir una pipa para transportar combustible y luego otra y así llegó a millonario y desde luego a político de muy altos vuelos. Una de sus más citadas máximas es la siguiente: “Político pobre, pobre político”. Si aceptamos que López Obrador recibe, ha dicho, 50 mil pesos mensuales y lo vemos gastar millones en sus acciones políticas, la frase de Hank González es correcta y no se refiere únicamente a los priistas.
Hank González ocupó cargos en los más altos niveles, le faltó, como a Jesús Reyes Heroles, la Presidencia: tenían un problema constitucional: eran hijos de extranjeros. Este problema desapareció con Carlos Salinas y quien pudo aprovecharlo fue Vicente Fox. El político multimillonario del grupo Atlacomulco, se enriqueció como todos sus pares, al amparo del Estado. Pero, dicen quienes lo trataron, que tenía un trato fino, elegante y cordial, especialmente con los intelectuales. En su mesa, como en la de Carlos Slim, (que no necesita ser político para tener enorme influencia sobre el país) solían sentarse los más afamados escritores y periodistas, esos que son parte de la veneración juvenil porque los suponen distantes del poder. Siempre había algún regalo para ellos. En lo público y en lo privado. Julio Scherer cuenta en su libro La terca memoria, historias personales de esta índole.
Pero mantenerse lejos del poder significa para un periodista carecer de información de primera mano. El riesgo es latente: ¿Cómo recibirla sin perder ni la amistad ni la decencia? No es sencillo. La obligación del periodista es para con la sociedad, al político se le critica. ¿Aplaudirle por una acción acertada? No. Para eso, cobran y bien. Vivo fundamentalmente de la academia y estoy muy lejos del poder. No podría precisar sus perversiones. Me informo por los mismos medios y no por confidencias de políticos. Por razones de trabajo he comido con algunos de los más influyentes ni siquiera tomo nota. Los veo y me percato de su escasa cultura. En tanto algún colega hace la pregunta obvia que tiene una respuesta obvia.

Excelsior

febrero 15, 2013

La incoherente política nacional


El absurdo nombramiento que le regalaron a Fernando Aboitiz, “city manager” del DF, es una prueba más de la incoherencia de la política mexicana. Muchos, por ejemplo, no acabamos de entender el pluralismo del “nuevo” PRI al ver a Rosario Robles defender ahora con la misma pasión a Peña Nieto como antes idolatró a López Obrador o, algo peor, a El Pino, o cuando vemos a los ex enemigos mortales del presidente ocupar cargos por el país. Si antes parecía lógico (dije parecía) el que los ex priistas transitaran del partido madre y padre a buscar en el PAN o en el PRD los cargos que suponían estaban destinados para ellos, ahora a nadie le parece anormal que los ex priistas regresen al redil y menos que perredistas y panistas busquen tablas a las cuales asirse en busca de salvación política  y acaso histórica. Muchos de los que se formaron en el PRI y que pugnan por hacer un nuevo partido de “izquierda”, Morena, se mantienen en su metamorfosis inicial. Presumen su radicalismo. Nadie sabe a qué se refieren con el término, pero allí están, al margen del trío que domina el panorama político nacional.

Peña Nieto es un hombre que si bien no es un gran lector, heredó un útil pragmatismo. En México es la base del éxito. No veo político culto, con cualidades de estadista, bien formado en aulas y bibliotecas, conocedor de los problemas del país, a cambio los tenemos por carretadas espléndidamente conformados en la escuela de la acción y la experiencia. Se conocen entre sí y tienen una idea de las dificultades políticas porque les entregan diariamente una síntesis informativa, hacen algunas giras y sus asesores les indican cuáles son los baches.

Enrique Peña Nieto, a pesar de sólo contar con el tránsito político del gobierno mexiquense, se ha mostrado, salvo traspiés bien conocidos, como un hábil funcionario. Aunque carece de la citada grandeza del estadista, a muchos les ha hecho creer en su talento natural a través de la fórmula mágica: el presidencialismo al estilo mexicano. Una vez en Los Pinos, la destreza política apareció. Ha sido capaz de eliminar los gritos de los viejos perredistas, los lloriqueos de los panistas y no sólo darles empleos sino cariños en las cabezas de cada uno. Pero si consideramos que México no se preocupa por las definiciones ideológicas, la sociedad no acaba de despertar y los medios de comunicación tienen compromisos, el asunto se hace más favorable para el joven mandatario. Quedan por allí los opositores más resentidos o tenaces, ponga a donde quiera a López Obrador y a sus ex priistas: no tendrán la fuerza necesaria para obligar al sistema político y desde luego a sus instituciones a avanzar hacia posturas progresistas en verdad. A Peña Nieto le importa, a lo sumo, recuperar la fuerza del Estado, pero no el poder del Estado al estilo marxista, sino dentro de la economía de mercado para poner un poco de orden en el apabullante neoliberalismo que nos globalizó. Dicho en otras palabras, intuye que al capitalismo hay que ponerle una máscara humana, que parezca generoso y no salvaje. Algo así como volver a los tiempos de López Mateos o a los de Luis Echeverría, al populismo.

El PRD estaba acostumbrado a tener una punta de lanza contra Los Pinos en la figura del jefe de gobierno capitalino, todos ex priistas, menos Rosario Robles y Alejandro Encinas. Allí estaba la provocación constante. Se acabó. Miguel Ángel Mancera fue en tal sentido contundente: no será más esa arma y colabora con Peña Nieto. Un balde de agua con hielos en las cabezas de los sectarios como Bejarano y su esposa, Monreal y Fernández Noroña, Batres y su familia, les queda una solución y ya la están llevando a cabo: seguir a López Obrador en su intentona de llegar a Los Pinos. De tal forma, la llamada “izquierda” se desmorona, lo comprobaremos en las siguientes elecciones. Al mismo tiempo, el PAN está en terapia intensiva y en manos de los peores médicos.

Dentro de este sistema incoherente, donde todos saltan de un lugar a otro sin principios, se inscribe Fernando Aboitiz. Inquieta a los delegados políticos y a buena parte de la ciudadanía que lo ha padecido. Será un funcionario con mucha fuerza. Su historia está conformada por páginas oscuras: de delegado panista a hombre encargado de “velar” por la ciudad capital. Quiero imaginar que el nombramiento es resultado de jaloneos internos: no es fácil, al menos por ahora, dirigir a un DF perredista de todos los matices posibles. Un sitio donde las tribus tienen enormes cuotas de poder y hay que negociar con cada una de ellas, incluidos Ebrard y el obradorismo, para avanzar. ¿A dónde? Lo ignoro.

México ha resistido peores cosas: presidentes siniestros y partidos lamentables. Uno mira con detenimiento su historia y es más bien ríspida. Desconocemos la auténtica democracia, vivimos en la desconfianza permanente. Bajo incertidumbre y esperanzas. Cada mexicano imagina ser un agudo politólogo, pero no sabe qué hacer con sus enormes conocimientos en la materia. Me parece que habrá que seguir avanzado como sociedad y, desde luego, desconfiar del sistema de partidos que padecemos. El problema es que ellos saben ponerse de acuerdo. Nosotros, los ciudadanos, no.

La Crónica

febrero 13, 2013

¿Cómo están los partidos en la era Peña Nieto?

Con la victoria presidencial del PRI, la situación política nacional cambió radicalmente, incluso, en alguna medida, también en lo internacional, pues cesaron las puyas panistas a Cuba. Pero, ¿qué hacemos quienes no confiamos en los partidos? El PRI que regresó al poder es el mismo que nos sacamos de encima en 2000, supo aprender de sus errores y particularmente de los lamentables equívocos de los otros dos grandes partidos: PAN y PRD. Doce años de panismo bastaron para que una buena parte del electorado sintiera nostalgia por el pasado. El PRD jamás supo seleccionar una táctica adecuada y jugaron una suerte de terrorismo político: al tratar de mostrarnos que ellos eran los buenos del conflicto, sólo consiguieron manifestarse intransigentes y peleoneros. El PRI aguardó a que pasaran los cadáveres de sus enemigos. Ahora se muestra generoso y plural y le tiende la mano a panistas y perredistas. Es decir, los coopta. Una táctica que poco les ha fallado. El perredismo lo utilizó, atrajo a los inconformes con el actuar del Revolucionario Institucional, pasó por alto un punto: jamás dejarían de ser la hechura de sus padres. Los resultados están a la vista.

Si antes el perredismo más “radical” consideraba como a sus enemigos naturales al PAN y al PRI, de donde salieron sus padres fundadores, ahora hay un cambio visible salvo a los ojos que obstinadamente se niegan a ver. El triunfo del PRI fue en esta ocasión preocupante para una posible y futura izquierda real, porque ya desde el poder puede, y lo va a hacer, manipular a sus antiguos rivales. Su único opositor serio es el obradorismo, sólo que carece de fuerza real. Tendrá seguidores, dividirá más al PRD y no tendrá los votos que obtuvo el año pasado. López Obrador y Morena se extinguirán paulatinamente y quedarán tres partidos peleando el poder al amparo del PRI.

Los tres están situados en la comodidad del centro. Si acaso los separa el petróleo, una reliquia en el mundo de la economía de mercado. El PRI y el PAN aquí estarían juntos extendiendo la influencia privada, nacional o extranjera, y el PRD mantendría con timidez su postura al respecto, más como un hecho de monótona insistencia ante la presencia del ingeniero Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, y la ingenuidad generalizada de que en el petróleo radica la base de nuestro imaginario izquierdismo y el soporte de nuestros inmensos logros.

Los tres representan al centro, con un PRI y un PAN cargados ligeramente a la derecha y un falso izquierdismo que anticipa solamente el interés por los cargos de poder. La mejor prueba de ello es que desde ahora se anticipan multitud de alianzas PAN-PRD para quitarle al PRI posiciones. No existe más el PRIAN, lo que domina a la nación son las siglas de todos sumadas y la ausencia de ideas avanzadas e inteligentes de los tres partidos más exitosos. Póngalas como mejor suenen. Quedaremos a merced de un tripartidismo, algo mejor que el bipartidismo anglosajón, pero que nada resolverá. La globalización del capitalismo sólo ha llevado al campo internacional las contradicciones que antes veíamos encerradas en los países de libre empresa.

El triunfo de Peña Nieto es preocupante porque deja a la sociedad en manos de una partidocracia cuyas diferencias se han reducido al mínimo. Hace poco lo frecuente era ver a los priistas resentidos irse del seno materno en busca de fortuna; ahora no sólo regresan a casa, sino que personajes ilustres de la antigua “izquierda” se instalan en la seguridad que produce un PRI fuerte y sólido, quizás mucho más que antes.

El triunfo del PRI es el réquiem por la oposición. No tendremos mucho de dónde escoger. Las opciones han desaparecido. Votaremos por más de lo mismo, pero ahora en una notable parodia de la Santísima Trinidad: tres en uno: Dios Padre, el PRI, Dios Hijo, el PRD, y Dios Espíritu Santo, el PAN. Votar por uno es votar por los tres. López Obrador cumplió con algún secreto y enigmático camino del Señor: destruyó las posibilidades de crear una izquierda seria, razonable, bien dotada en lo ideológico y con posibilidades liberadoras. Nos quedamos con un palmo de narices y con un fastidioso futuro político. Si los partidos principales lograron ponerse de acuerdo en diversos puntos en algo llamado Pacto por México, no deben ser muchas sus discrepancias o concepciones sobre el país. Los tres lo quieren parchar, remendar, taparle algunas molestas goteras, pero ninguno ha pensado seriamente reconstruirlo: están ocupados en la repartición del botín.

Sé que no es un comentario cómodo, pero considerando las actuaciones del sistema de partidos y del inagotable e inútil presidencialismo, no es posible llegar a otras conclusiones. Ninguno piensa realmente en México y sí a cambio vislumbran los empleos que obtendrán, en las posibilidades que los siguientes procesos electorales le brindarán a cada uno. E igual meditan y actúan los sindicatos. Hablan con falsa generosidad de un país que sienten suyo y que les proporciona generosos recursos desde que están en campaña hasta que ocupan el cargo anhelado con el sueldo correspondiente.

   No hay mejor negocio en México que la política, obviamente a la mexicana

La crónica

febrero 11, 2013

Pablo Neruda en el corazón


Los primeros versos que intenté memorizar fueron de Bécquer y García Lorca. En la preparatoria leí a Pablo Neruda, curiosamente sus poemas políticos, a pesar de las afinidades, no me conmovieron, pero sus celebérrimos Veinte poemas de amor y una canción desesperada me emocionaron tanto que casi consigo aprenderlos todos. Realmente Neruda jugó un papel importante en mi vida, mejor dicho, su obra poética y su vida de comunista ejemplar. Un día, ya en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales, mi profesor Víctor Flores Olea, curiosamente de Introducción al Estudio del Derecho, materia que jamás impartió ocupado en leernos a Marx y Engels, nos dijo: En un momento más, Pablo Neruda dará un recital en el auditorio de la Facultad de Ciencias. Vayamos, precisó el maestro, quien semanas antes nos invitara al mismo sitio a escuchar una de las últimas grandes conferencias magistrales de Vicente Lombardo Toledano sobre el camino mexicano al socialismo. La vida cultural universitaria era intensa y avanzada.

Apenas pudimos entrar. Los muchachos de Filosofía y Letras habían llegado antes y los que pertenecían a otras carreras hallaron lugares distantes. La mía fue una mejor suerte: siguiendo a mi profesor, pude sentarme enfrente del sitio donde Pablo Neruda leería su poesía. Me topo ahora con un pasado extraño y grato. Aquel académico que prefería oír poesía a dar clase de Derecho, muchos años después me presentó al famoso poeta soviético Evtushenko, quien en 1968 dio un recital en la Arena México ante un público de más de 25 mil almas. Los libros que me firmó el autor de Autobiografía precoz y Babi Yar están en el Museo del Escritor.

Cuando Neruda entró al escenario, una inmensa ovación juvenil lo recibió. Yo pensaba, emocionado, que era el poeta que estuvo con la España republicana, que había expresado su apoyo a los soviéticos cuando combatían por salvar de las tropas nazis a Leningrado, Moscú y Stalingrado, ciudades emblemáticas para los comunistas. En sus bellísimas memorias, Confieso que he vivido, el poeta chileno expresa en 1943 su confianza en la victoria del Ejército Rojo, en ese momento seriamente amenazado.

Neruda leyó con su voz monótona y poco cordial al oído una serie de hermosos poemas que a todos nos conmovieron. Algunos eran inéditos y otros bien los conocíamos los que estábamos allí. Salimos del auditorio profundamente emocionados, todos hablaban de Neruda, los más audaces fueron en su búsqueda para obtener una firma o simplemente para expresarle su admiración. Neruda fue un buen amigo de México y de sus mejores productos. Estuvo con Tina Modotti, a quien le hizo un poema delicado y tierno (está en el Panteón de Dolores, en su lápida) y le compuso uno más al legendario y temperamental Siqueiros, postrado en Lecumberri, bajo la acusación del gobierno de López Mateos, fuera de subterfugios legales, de ser comunista.

Cuando triunfa Salvador Allende y socialistas y comunistas prueban que también la vía electoral funciona para arribar al poder, Pablo Neruda ya declina (nació en 1904), el cáncer lo invade. Aún tiene tiempo para ver una última aberración: su amigo Allende es asesinado por las tropas traidoras de Augusto Pinochet y muere en sospechosas circunstancias el 23 de septiembre de 1973. Desde el principio hubo quienes imaginaron que los pinochetistas (ya habían destruido sus pertenencias y saqueado sus casas de Santiago y de Isla Negra) fueron autores de un velado crimen. El poeta, aún agonizante, era demasiado peso acusador para la sangrienta dictadura. En principio, las personas cercanas pensaron que lo mejor sería dejar que el cuerpo reposara sin profanaciones de ninguna clase, pero la sospecha creció y ahora, según informa EFE, un juez chileno ha ordenado la exhumación de los restos de Neruda para saber con precisión si lo mató el cáncer o una inyección letal ordenada por los verdugos de la izquierda chilena.

La Fundación Pablo Neruda ha aceptado el hecho y precisa a través de su vocero, Fernando Sáenz Gana, que están tranquilos, pues existe la certeza de que la exhumación será respetuosa con los restos del escritor genial, a quien muchos críticos consideran uno de los mayores poetas de todos los tiempos. Sólo con la cita del Canto general, Pablo Neruda se alza a alturas inauditas.

En estas mismas páginas, precisé mi punto de vista sobre la inquietud que prevalece acerca de la muerte de Allende: ¿asesinato o suicidio? Desde mi perspectiva, en ambos casos es un asesinato y sólo es cuestión de ajustar los términos. Tanto para uno como para el otro, la tragedia ocurrió bajo la feroz amenaza de Pinochet. Lo mismo pienso ahora: Neruda murió a causa más de la violenta presión de los golpistas que la del cáncer.

Eso señalé cuando mi entrañable amigo, el escritor chileno y militante comunista Poli Délano, me llevó a Isla Negra en un viaje memorable, donde me sentí íntimamente vinculado al autor de Estravagario, Odas elementales y Que despierte el leñador, el hombre que fue poeta combatiente y que jamás cedió un milímetro sobre sus ideas. Un devoto de la mujer y del amor. Jamás estuve tan cómodo entre caracoles y libros y los nombres de los mejores amigos de Pablo Neruda.

Opinión - La Crónica

Palabras sobre Rubén Bonifaz Nuño* (III)

Rousseau dejó sus Confesiones, Chateaubriand Memorias de Ultratumba, Neruda Confieso que he vivido, Torres Bodet Tiempo de arena. ¿Sólo nos interesan sus vidas? ¿Qué sabemos de Bonifaz, si apenas nos dio unas páginas autobiográficas? Ah, pero si la biografía del poeta son sus poemas, según dijo Evtushenko y lo confirmó de otra manera León Felipe, “Poesía es biografía”, Rubén Bonifaz Nuño la escribió en versos prodigiosos. La suya es una obra donde nos ha dicho de sus penas y aspiraciones, de sus tragedias y éxitos, de sus amores y desamores, que él mira modestos y que son sorprendentes. Incluso sus soberbias traducciones de clásicos griegos y latinos son parte de su vida, muestran que adora a Catulo, Propercio y Homero.

Como si fuera un albur de amor, Rubén puso todo su talento, misterioso, enigmático, al servicio de la poesía y la poesía al servicio de las mujeres y del amor. Dijo: “Mi poesía y las mujeres. Las mujeres son el universo, son las criaturas más perfectas, al menos en el universo que conocemos; en ellas se condensa toda la fuerza de la naturaleza y la fuerza del espíritu.” Los resultados asombran: Escribo amargo y fácil,/ y en el día resollante y monótono/ de no tener cabeza sobre el traje,/ ni traje que no apriete,/ ni mujer en que caerse muerto.

Me siento honrado y satisfecho de haber sido por largo tiempo amigo del poeta deslumbrante. Siempre conté con su apoyo y amistad, desde aquel lejano 1969 cuando nos conocimos en el Fondo de Cultura Económica, él recogía El ala del tigre y yo Hacia el fin del mundo, ambos publicados en Letras Mexicanas. Vi al guerrero vestido con elegante traje civil, hermoso, de agudo ingenio, dueño de una sonrisa que sólo tienen los elegidos y una cultura de hombre sabio, miré al hombre admirable y admirado y jamás pensé que fuera a aceptarme como su amigo y dejarme mostrarle mi admiración y amor por sus letras y su persona, como ahora quiero públicamente testimoniarlo. Gracias, Rubén. No imaginas cómo me ha dolido tu muerte.

Pero antes de ponerle punto final a estas notas sobre Rubén Bonifaz Nuño. Me gustaría señalar que estamos hablando de un autor que permaneció distante de las mafias de poder, que jamás se acercó a los príncipes, a esos políticos ignorantes. Hizo su magnífica obra en soledad. Tuvo amigos, no súbditos como lo han hecho los caudillos culturales. Su reino era una oficina pequeña, llena de libros, donde recibía a sus amigos para leer poesía. Amaba como pocos la belleza, pero hasta en ese punto fue discreto. Ocultaba sus antipatías con un particular sentido del humor. Ya delicado de salud, habló más de temas sociales y políticos, lo hizo con sencillez. Hablaba por “los fregados”, por los desposeídos. Señalaba con insistencia a los indios como las mayores víctimas del país. Tenía, pues, una forma singular de señalar las contradicciones.

Rubén recibió todos los grandes premios y muchos reconocimientos y doctorados honoris causa en México, fue respetado y amado, pudo en consecuencia erigirse en líder cultural. No lo hizo. Siendo un intelectual tan perfecto, optó por el gabinete. Jamás hizo declaraciones altisonantes buscando notoriedad. Amaba el amor, a la mujer, a ella le cantó una y otra vez. A Josefina Estrada, en un libro póstumo de El Colegio Nacional, le confesó: “Las mujeres fueron la fuerza de mi vida…” Una de sus preocupaciones básicas era profundizar en las formas poéticas, experimentar. Como Borges, lamentaba su ceguera, pero como él también supo llevarla con dignidad. Jamás perdió el sentido del humor. Cuando los dolores eran severos con su cuerpo y lo atormentaban, se limitaba a decirnos: Estoy muy amolado. Y no más. Jamás abandonó su reino, la UNAM, allí estaba todo el tiempo y cuando salía a comer o a dormir, le decía a sus empleados y amigos: Allí les dejo la Universidad, me la cuidan.

Todos aquellos que lo leyeron y tuvieron la fortuna de conocerlo aunque fuera superficialmente, se darán cuenta de la magnitud de la pérdida para el país. Rubén no fue un exhibicionista ni un buscador de fama. Fue un auténtico poeta y como tal seleccionó cuidadosamente a sus amigos: los clásicos, los autores que han perdurado y nos han enriquecido. No citaba con pedanterías la novela de moda, pedía la lectura de Dumas o de Salgari, ante el desconcierto de aquellos que lo rodeaban, tan acostumbrados a la infinita soberbia de quienes han dominado a los lectores apoyados por los políticos.

¡Qué hueco deja Rubén Bonifaz Nuño! Imposible llenarlo.

Opinión - La Crónica

De caudilla a caudillo con intermediario

El mejor invento político que México le ha dado a la ciencia política es el presidencialismo. Lo que hizo Lázaro Cárdenas fue cerrar una etapa de caudillos, emperadores, altezas serenísimas, hombres fuertes, dictadores, jefes máximos y poner a individuos de apariencia democrática, que llegan al cargo mediante un proceso electoral poco claro. Allí está la fórmula de la sobrevivencia del PRI. A los mexicanos nos gustan los caudillos, los hombres duros que gobiernan con mano severa. Cuando ganó Carlos Salinas, un periodista afamado, escribió: Ya tenemos Presidente, refiriéndose a su carácter autoritario. Tal partido sabe cambiar, es camaleónico. Posee un indicador de rumbos, una brújula: si el anterior pecó de izquierdista, quien sigue es conservador. Algunos hablaron de la teoría del péndulo. En general, desde Ávila Camacho, la ruta es hacia la derecha.  Ahora el presidencialismo es terso, de terciopelo dicen los expertos que aman las frases hechas. Pero por más que Peña Nieto esté disfrazado de modernizador, a su alrededor es lo mismo de siempre. Todo se hace en su nombre: como dijo el Presidente, por instrucciones del Presidente… Ningún funcionario tiene poder de decisión: recibe órdenes, se mueve bajo su inspiración. Y el culto a la personalidad es peligroso. La única ventaja del presidencialismo mexicano es que dura seis años y luego, viene el cambio de caudillo. Es un juego de esperanzas perdidas que cada tanto nos impulsa a las urnas.
En el sindicalismo mexicano, las cosas no son distintas: el modelo es el PRI, o mejor dicho, la CTM. No hay líder sindical que no se eternice en el poder y haga fortuna. Ni uno solo. Pero el adorable maniqueísmo nacional los divide en buenos y malos: aquellos que se perpetúan en los sindicatos de imaginaria izquierda, son los buenos; los que no, como los que han estado al servicio priista, son los malos. De entre estos últimos, destaca el SNTE. Elba Esther Gordillo supera lo imaginable en tal sentido. Su poder es real, su peso en la vida política nacional es enorme y a diferencia de un presidente que dura seis años, el suyo se alarga con el aval de millones de maestros. El dinero que recibe, no está sujeto a leyes de transparencia. Es discrecional y lo mismo lo usa para apoyar candidatos que a su persona y familia.

Por ahora, Gordillo parece chocar con el Presidente, recibe críticas de su gobierno. Ella, que ha contribuido a poner y quitar altos funcionarios, que produjo la derrota de Roberto Madrazo y ayudó en el triunfo de Fox y Calderón, conoce las reglas. Imposible enfrentar al Primer mandatario. No lo doblegará. Pero hay artimañas. Peña Nieto no es Carlos Salinas, quien se quitó de encima a los líderes petroleros de un golpe. Entonces utiliza a un gobernador de recadero y le dice al Presidente, en una prueba de aceptación del presidencialismo: “El SNTE está con Peña, no con el Congreso”. Añade que se irá cuando los maestros quieran. Para colmo de lo grotesco, nos obsequia su epitafio: “Aquí yace una guerrera…”, imaginándose Rosa de Luxemburgo y Juana de Arco al mismo tiempo. Blande su mellada espada, coreada por cientos de sindicalistas a su servicio.

Sin embargo, su larga y sinuosa historia, tan llena de acciones espantables, claroscuros y logros para un sistema que se niega a sufrir modificaciones, parece menos promisoria que cuando un presidente priista la hizo lideresa eterna. Las nuevas generaciones de políticos no se sienten cómodas con su presencia e infinita arrogancia. Tiene 68 años de edad, se ha codeado literalmente con todos los dueños del país, peleado ferozmente por el poder, su mayor pasión y ha sorteado adversidades exitosamente. ¿Habrá llegado al final de su larga carrera? ¿El magisterio será libre y buscará lo perdido en años de ignominiosa sujeción? Por lo pronto, hay un complicado diálogo entre la caudilla magisterial y el caudillo presidencial. Ah, y un intermediario.

Excelsior - 10/02/2013

febrero 06, 2013

Palabras sobre Rubén Bonifaz Nuño* (II)

Ajeno a grupos y sectas, Rubén Bonifaz Nuño tuvo amigos queridos, la muerte se los fue arrebatando poco a poco. Ricardo Garibay, Henrique González Casanova. Augusto Monterroso, Carlos Illescas (quien inventó la broma socorrida de “Al mal tiempo, Boni-faz”). Al morir, sólo le quedaba el muy cercano Fausto Vega. Aunque visitado por admiradores, su soledad era apenas rota, recibía a unos cuantos y no tenía más refugio que la audición que comenzaba a traicionarlo. Era frecuente oírlo decir: “La muerte es una compañera que está sentada en el brazo del sillón, mordiéndome lentamente, lo poco que me queda libre. La veo sin temor ni emoción, me parece completamente natural. La muerte, añade, es la desaparición normal de uno, mientras que la vejez es irse disolviendo de la manera más dolorosa y fea.” Es el corolario de un poema suyo escrito en 1981, incluido en As de oros: Y he cambiado. Sordo, encanecido,/ una oficina soy, un sueldo;/ veinte mil pesos en escombros/ y un volkswagen, y la nostalgia/ de lo que no tuve, y el insomnio,/ y cáscaras de años devaluados. Pero los lectores concentran la mirada en su poesía dueña de una belleza física y espiritual que asombra y atrapa: Conozco la razón de la distancia/ y tú me das la cercanía o: Te amé siempre,/ desde antes./ Tú desde siempre estabas en mi sangre/ y en el alma de todas las cosas que he querido. La lectura conmueve, desata el amor (los varones la utilizan en el cortejo, las mujeres la repiten esperanzadas), no importa que en otro sitio escriba: Adiós, adiós mis compañeros;/ me presento por si no lo saben: estoy demás en esta vida, y una joven llora segura de que el poeta nunca estuvo de más, sin su luminoso arte, seríamos otros y no necesariamente mejores.

Rubén Bonifaz Nuño se concentró en hacer la obra preciosa, recluido en la UNAM, rodeado de libros, con ella obtuvo los premios y reconocimientos posibles. Su poesía es perfecta, cuidada, insuperable. Por ello le es posible decir: “Mi técnica, mi pleno dominio de la forma, es la que me autoriza a decir lo que quiero. No hay diferencia entre forma y fondo.” Nació poeta. El tiempo y las lecturas, el rigor y la pasión por los clásicos lo confirmaron. Si no la define luego de haber hecho la más hermosa, es porque la poesía no es para charlas ni temas de conversación, como explicaba T. S. Eliot, es en consecuencia algo muy íntimo, imposible de explicar satisfactoriamente porque el poeta estaría desnudándose el alma.

“La poesía —explica Johannes Pfeiffer— hace patente una actitud del hombre a través de su atemperada hondura esencial. Esto significa que la poesía ‘dice’ más de lo que ‘enuncia’. No importa el contenido que una poesía pueda ofrecernos, ni las ideas que exponga, ni la ideología que profese; lo que importa es su realización verbal.” Escribirla y leerla para disfrutarla. Explicarla es siempre un fallido intento por develar un misterio. Poetas y críticos han dado fórmulas ininteligibles o razones tan sencillas como las de Bécquer que igualmente nos dejan insatisfechos. Para qué hablar de ella o explicarla, hay que ponerla en el papel y luego recorrerla con la mirada, en silencio. Es todo y es mucho. Y Bonifaz Nuño se ha concentrado en hacerla; aunque a veces ha sido indiscreto al dejarnos pistas sobre cómo y por qué escribe.

Bonifaz Nuño se dolía de sí mismo en sus versos, al hacerlo reflejaba el dolor humano, el de los solitarios y desamparados, el de los pobres y desposeídos… Su poesía despierta las más encontradas emociones según quien la lea: dolor, tristeza, amor, pasión, soledad... Dudo que en la poesía alguien haya podido reflejar a través de su propio sufrimiento, con tanta intensa claridad, el dolor de los demás, el amor de los otros. Creo que es una de las claves de su éxito.

Rubén no es un poeta fácil, sus versos encierran claves y enigmas; una secreta alquimia, cada verso tiene dos, tres lecturas; sin embargo sus lectores aumentan, sus admiradores entienden las enormes aportaciones. En Bonifaz Nuño he podido apreciar, lo leo desde hace unos cuarenta años, que su arte tiene adeptos. Decía el citado Eliot que los autores y sus obras “necesitan lectores para vivir”, ellos les dan el aire que necesitan para respirar. A Bonifaz Nuño le aumentan los admiradores, le dan bocanadas de oxígeno y ellos se enriquecen. Veo a los jóvenes con sus libros en las manos, en tanto que a otros escritores que se apoyaron en la publicidad, en el antipoético e inmoral ruido de los medios, ahora se extinguen, mientras la poesía de Rubén se hace poderosa y permanente como una pirámide del Altiplano.

Rubén no fue el único que ha hablado de la presencia de la muerte, pero es él quien lo hizo como legatario de otras artes y no sólo la del “arte que se manifiesta por la palabra”: Calacas hereda del grabador Posada, asimismo, quizá, de Quevedo: ¡Cómo de entre mis manos te resbalas!/ ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!/ ¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,/ pues con callado pie todo igualas!

* Fragmentos del texto inédito leído durante el homenaje del INBA por los 85 años de Rubén Bonifaz Nuño en noviembre de 2008.

Opinión  2013-02-06 - La Crónica

febrero 04, 2013

Palabras sobre Rubén Bonifaz Nuño (I)

Rubén Bonifaz Nuño fue un caballero de espada, armadura y escudo. Los utilizó para salvar hermosas doncellas, proteger a los desamparados y defenderse del infortunio. Tales armas están contenidas en una sola palabra mágica: poesía: …hermosa entonces, joven como ahora,/ no me ames; recuérdame/ tal y como fui al cantarte, cuando era/ yo tu voz y tu escudo/ y estabas sola, y te sirvió mi mano. Brillan, pues, sus amores, tragedias y su peculiar sentido del humor que no lo abandona. Dentro de muchas pruebas, recuerdo una época en que Bonifaz Nuño y yo hicimos divertidos viajes por Estados Unidos y México, solíamos inventar especie de Minificciones, recuerdo una: Rubén y yo acostumbramos ir juntos con mujeres: lo que no puede uno lo intenta el otro. Rubén es el amor y el desamor, sus versos calan en el corazón de los amantes e impresionan tanto a sus lectores que los hacen circular por internet. Amiga a la que amo: no envejezcas./ Que se detenga el tiempo sin tocarte;/ que no te quite el manto/ de la perfecta juventud./ Inmóvil/ junto a tu cuerpo de muchacha dulce/ quede, al hallarte, el tiempo. Épica de lo cotidiano, la poética de Rubén Bonifaz Nuño deja constancia de sus penas y de las nuestras. Pocas veces en la literatura en castellano, alguien ha tomado por nosotros la voz y ha dicho con belleza extrema lo que queríamos decir. Aún en el aspecto social, es nuestro campeón y se bate con fiera sencillez: “Pasé mi infancia en un barrio fabril, donde estaban tres fábricas: La Alpina, Loreto y La Hormiga, de tal manera que compartí la vida con gente de ese nivel social explotado al cual pertenecía yo también, porque mi padre fue telegrafista y éramos miembros de una familia grande y él tenía un sueldo muy pequeño; por esa razón la pobreza que padecí en mi infancia fue excesiva. Yhe dicho muchas veces, no soy gente decente, soy pelado porque me crie entre pelados. Ese sentimiento de ser pelado, de ser parte de la misma clase a la que pertenecen los millones de mexicanos explotados, es lo que me ha inducido a buscar de qué manera remediar el asunto y eso es lo que me condujo a los estudios de la cultura prehispánica, la cual es infinitamente superior a la que tenemos actualmente”. Dios, dicen quienes lo tratan, castiga y premia, según criterios ajenos al ser humano y ello es fácil de comprobar. A Rubén Bonifaz Nuño le dio belleza física, pero lo hizo tímido con las mujeres (Para los que llegan a las fiestas/ ávidos de tiernas compañías./ y encuentran parejas impenetrables/ y hermosas muchachas solas que dan miedo/ —pues uno no sabe bailar, y es triste—;/ los que se arrinconan con un vaso/ de aguardiente oscuro y melancólico,/ y odian hasta el fondo su miseria,/ la envidia que sienten, los deseos), le entregó el mayor de los dones: el fuego de la poesía y a cambio, le dio sufrimientos físicos y algo atroz: la ceguera. Sin embargo, este mal no llegó de golpe, ha sido gradual y ello quizá sea una tortura especialmente cruel: ir dejando de ver las palabras o los trazos de un pintor admirable, es algo que duele todos los días al notar que se pierde el sentido fundamental. Rubén Bonifaz Nuño hizo versos maravillosos para contar su tragedia. Los escribió a través de una obra poética renovadora, donde como nadie mezcló el lenguaje coloquial con el clásico más elegante. Lo explica: “El libro que más quiero es Calacas, ahí hice algo que me dio mucho placer: está escrito con un tono de pelado mexicano. Ahí están citados Horacio, Virgilio, Homero, Quevedo, el Anónimo Sevillano, Jorge Manrique, Manuel Gutiérrez Nájera, el Cantar de los Cantares; es mi poema más desnudo y más eruditamente de pelado”. Sí, en Rubén entroncan dos hermosas tradiciones, la de los autores prehispánicos y el mundo grecolatino: Nezahualcóyotl y Virgilio. Dos mundos opuestos que en él encontraron una síntesis adecuada. Dueño de una obra perfecta, de extremo rigor formal y exploraciones inéditas y deslumbrantes, la poesía en él es luz de la palabra, relámpago de la inteligencia, sinceridad diáfana; lo demás, penumbra. Respetó el verso clásico pero supo manejarlo dentro de una amplia libertad expresiva, consiguió, de este modo, transformar la poética de nuestro tiempo sin salirse del valor supremo y universal: el amor pasión. La poesía de Bonifaz Nuño es, en efecto, rigurosa, de gran libertad, con contribuciones a la métrica y al ritmo, las que hizo luego de sentirse abrumado por las aportaciones que hicieron Lope de Vega, Góngora, Bécquer, Pellicer y Cuesta. Su creación en conjunto se agrega a las más distinguidas del castellano. Los jóvenes lo entienden porque las pocas veces que Rubén aparece en público lo rodean por docenas y rinden tributo al poeta, al inmenso traductor de los clásicos griegos y latinos, a quien mejor tradujo al castellano La Ilíada, a quien ama las culturas prehispánicas, al creador de instituciones académicas de alto rango, al universitario fiel que considera a la Ciudad Universitaria el centro del Universo. * Fragmentos del texto inédito leído durante el homenaje del INBA por los 85 años de Rubén Bonifaz Nuño en noviembre de 2008.

Opinión - La Crónica

Rubén Bonifaz Nuño, 1923-2013

En su funeral estuvieron quienes realmente lo amaron y leyeron su memorable poesía.
Bastaba leer sus hermosos versos. Rubén era esencialmente poeta. Pero asimismo fue un extraordinario traductor de los clásicos griegos y latinos, un ensayista sobre artes plásticas sin par y un hombre que miró cuidadosamente el arte prehispánico. Como poeta no tuvo par. Y su impecable, perfecto trabajo de traducción es posible comprobarlo con la sola lectura de La Ilíada, hecha directamente del griego y cotejada con ediciones en diversas lenguas. Por desgracia, la ceguera le impidió llevar a cabo la correspondiente a La Odisea.

Aunque sus familiares y amigos cercanos, al presenciar una lenta y dolorosa agonía, esperábamos su muerte, llegado el momento, uno resulta incapaz de resistirla. Su belleza física desaparecía, sus facultades mentales disminuían, la depresión lo rodeaba. Su mucho amor por la vida lo hizo defenderse con el apoyo fundamental de Paloma Guardia Montoya, quien fue su amiga, secretaria y protectora final. Ella comunicó su fallecimiento, el de un hombre realmente singular, que vivió prácticamente dentro de la UNAM: la consideraba el centro del mundo.

En su funeral estuvieron quienes realmente lo amaron y leyeron su memorable poesía: Fausto Vega, José Narro, Juan Ramón de la Fuente, Beatriz Espejo, Emmanuel Carballo, Gonzalo Celorio, Juan Gelman, Hugo Gutiérrez Vega, Miguel Sabido, Rafael Tovar y de Teresa y entre sus seguidores: Sandro Cohen, Bernardo Ruiz, Luis Chumacero, Jorge Ruiz Dueñas, Marco Antonio Campos, Josefina Estrada quien le hizo la última entrevista para El Colegio Nacional... El ataúd no siempre estuvo cerrado, algunas personas quisieron verlo para despedirse con palabras amorosas del hombre que el sábado fue incinerado. El Fondo de Cultura Económica, donde Rubén editó libros resplandecientes, representado por José Carreño Carlón y Martí Soler, nos hizo recordar que fue su otra casa editorial. En la primera guardia estuvieron María Cristina García Cepeda, directora del INBA, José Narro, quien lo conoció a fondo y quiso, y un grupo de selectos académicos. Los medios estuvieron atentos, el Canal 22 fue acucioso. Fue un día triste.
Comencé a leerlo en 1962 y fui muy afortunado cuando en 1969 el Fondo de Cultura Económica publicó mi primer libro de relatos, Hacia el fin del mundo, en Letras Mexicanas, exactamente junto a El ala del tigre de Bonifaz Nuño. Allí comenzó nuestra amistad que se hizo larga y que sólo la muerte destruyó. Fue un maestro notable dentro y fuera del aula y un amigo excepcional; pese a su agudo sentido del humor y capacidad para bromear, jamás lo escuché hablar mal de nadie.

En una época, Rubén Bonifaz Nuño, Carlos Montemayor y yo nos frecuentamos, viajamos y mucho fue lo que aprendimos de un personaje de su talla. Cuando propuse la creación del Museo del Escritor, él fue el primero de mis amigos en acudir: donó originales de sus poemas, uno de sus célebres chalecos, un reloj de bolsillo y otros objetos que bien lo representan. La mayor parte de sus mejores amigos habían fallecido. Lo sentía inquieto y decía tener a la muerte sentada junto a él. No obstante escribió libros juguetones como Calacas y versos insuperables de amor. Los homenajes que recibió en sus últimos meses fueron radiantes en cuanto a los que participaron, pero a él ya le costaba esfuerzo estar largo rato, con su fina educación, escuchando a quienes hablábamos de su poesía. El homenaje que le fue realizado en la sala mayor de Bellas Artes fue emotivo. Pese a imaginarse no leído (en tal sentido era escéptico), el sitio estuvo abarrotado principalmente por jóvenes. Rubén ya veía muy mal, dijo sus versos de memoria y en algún momento me preguntó: ¿Hay mucha gente? Le dije: La sala está repleta. Sonrió con íntima satisfacción.

Nos deja con una profunda tristeza y un vacío, pero con una certeza: las generaciones futuras seguirán leyéndolo.

Rubén: mi devoción y amor por ti sólo cesarán con mi muerte.

Excelsior - 03/02/2013

febrero 01, 2013

Marco Aurelio Carballo entre el periodismo y la literatura

Arrancaré cronologicamente. Conocí a Marco Aurelio Carballo en el Excélsior de Julio Scherer. Era un reportero notable que estudiaba karate, según me dijo, para no matar a su jefe de redacción. Su admiración por Bruce Lee me pareció exagerada. Los méritos del experto en artes marciales no superaban las hazañas del primer James Bond, Sean Connery. Él me presentó a un montón de periodistas que se hicieron parte de mi vida, de mis correrías por los medios. Como era un notable entrevistador, una noche se dedicó a preguntarme y yo a responderle. Nos reunimos David Siller, Carballo y yo en el departamento de alguna mujer, cuyo nombre he olvidado y allí me interrogó sobre mis quehaceres. Una y otra vez regresaba a la literatura. Más adelante, muy poco tiempo después, supe que escribía una novela inicial y que tenía varios cuentos. Marco Aurelio Carballo estaba perdidamente enamorado de la literatura. Contribuí a llevarlo hacia las letras al ayudarlo a publicar su primer libro. Rafael Cardona, con su eterno humor negro, me dijo: Por tu culpa se perdió un periodista excelente y aumentaron las filas de los malos escritores.

Marco Aurelio, MAC para sus cuates, es o fue realmente un periodista notable que alcanzó a distinguirse del resto con diversos premios y reconocimientos, entre ellos el más alto, el que concedía el gobierno de la República y cuyo jurado era severo y plural. Sin embargo, su literatura, que es realista, posee gran calidad: una prosa elegante y bien cuidada, observa bien su entorno y sabe describir personajes y situaciones. Sus novelas y relatos, son impecables. Morir de periodismo, por sólo citar un libro suyo, es excelente obra que bien encaja en lo que llamamos nuevo periodismo.

Me ha tocado, por esa larga amistad, ir y venir con él por toda la República. Hemos compartido, el pan y la sal y desde luego litros de vino en multitud de ciudades. Sus amigos son los míos y yo le he presentado a los míos. Me ha entrevistado y yo he sido su editor varias veces. He tenido el honor de editar parte de su mejor periodismo, tanto en libro, en la UAM-X, como en la revista El Búho y en el viejo suplemento cultural de Excélsior. Nos hemos elogiado al mejor estilo de Monsi y Poni, en las presentaciones que de nuestros libros hemos hecho. Sus ideas sobre periodismo y literatura, lo que para él significa el nuevo periodismo, me han sido muy útil en mis clases universitarias, a donde con regularidad lo invito a platicar con mis alumnos en turno que se titulan y en un libro que sobre el tema escribí: La incómoda frontera entre la literatura y el periodismo, donde lo cito. Una frase suya es clave: Siempre ha habido periodistas que quieren ser literatos y narradores que buscan el periodismo. Los ejemplos son muchísimos y él lo sabe bien.

La literatura de Marco Aurelio Carballo es peculiar y no creo que tenga tanta influencia de los escritores que él más admira como de su antiguo o inicial oficio: el diarismo. Escribe en primera persona y es él un multifacético personaje en sus libros, aparecen con frecuencia también sus amigos y su esposa patricia Zama, aguda crítica literaria, tolerante mujer con sus necedades cotidianas, bajo el nombre de Petunia. He tenido la oportunidad de leer sus novelas en su forma inicial y me asombra el cuidado que tienen, el trabajo que les dedica. Su prosa es, como suele decir Beatriz Espejo, castigada, bien cuidada, cada palabra está donde debe estar. Su humor es ácido, negro, a veces muy negro y a mí me resultan entretenidas y muy logradas. Me gusta su estilo seco y de frases breves e intensas.

Jamás he tenido dificultades personales con Carballo como las he tenido con otros periodistas y literatos. Nuestra amistad ha sido, así lo veo yo, impecable. Es un hombre de lealtades e incorruptible. Ahora está cerca de conseguir su objetivo: dedicarse de tiempo completo a la literatura, lo intenta, pero todavía tiene deudas con el periodismo y lo ejerce ya sin la presión de un severo director o bajo las exigencias de reportear tal o cual tema. Gracias al orden familiar de Patricia, mi amigo pertenece más al mundo de las bellas letras que al desenfadado del periodismo dominado por la velocidad y las tensiones.
Marco Aurelio Carballo acaba de pasar por una delicada operación, muchos lo supieron porque su colega, mío también, Joaquín López Dóriga lo dijo al aire. Por fortuna, salió muy bien librado de la delicada intervención quirúrgica. Su familia está feliz y sus amigos también. Aquí mismo Rafael Cardona lo manifestó y Fernando Macías, eficaz colaborador de Miguel Ángel Mancera en tareas de comunicación social, amigo entrañable de hace años, quien juzga a Marco Aurelio selvático, lo confirmó. Pronto tendremos nuevos libros suyos, siempre muy cuidados, siempre impecables.

Luego de este artículo, querido Marco Aurelio, me debes por lo menos una mención en alguno de tus nuevos libros. Felicidades. Que siga la farra, aunque sea discreta. La edad ya nos impide excesos. Mira cómo han quedado muchos de nuestros colegas. Se te quiere y admira mucho. Por favor, no te sonrojes.

Opinión  2013-02-01 - La Crónica