Tantadel

marzo 31, 2013

Cuevas y la amistad


Mi amistad con José Luis Cuevas tiene muchos años, para conformarla intervinieron muchos amigos comunes. Pronto se hizo sólida al grado que el notable artista hizo las portadas de unos diez o 12 libros míos e ilustró dos de ellos: uno obtuvo el Premio Colima para mejor libro de narrativa publicado, Los animales prodigiosos, el que cuenta, por añadidura, con prólogo de Rubén Bonifaz Nuño. Se trata de un libro editado por la UAM, cuya nueva edición servirá para el festejo de mis 50 años de escritor que cumplo este año. Pienso que el apoyo de mis dos entrañables amigos, uno delicado de salud y el otro recientemente fallecido, fue invaluable para que la obra, un bestiario, haya sido editada varias veces en México y una en España.
Cuevas ha recorrido México y el mundo de manera impetuosa y siempre con éxito a pesar de las antipatías que de pronto provoca su natural forma de ser. Como periodista, Edmundo Valadés, Bertha Cuevas y yo mucho lo impulsamos. En El Búho, entonces suplemento cultural de este diario, José Luis tuvo una columna memorable: Cuevario. Cada semana narraba sus hazañas artísticas y amorosas. Lo hacía en primera persona, sin rubor, con agudeza y sentido del humor, él mismo dibujaba la viñeta de la cabeza. Más adelante esas columnas sirvieron para articular diversos libros suyos. José Luis escribe muy bien y con asombrosa facilidad. Conservo varios artículos originales y apenas tienen correcciones. Prueban que asimismo es un buen lector. Esta virtud le concede mayor presencia en la cultura nacional.
Si como artista plástico, dibujante y escultor es fundamental, como ingenioso conversador es inigualable. De cine es una enciclopedia, como atento lector su historial es amplio y es, finalmente, un hombre que ha viajado y conocido a las figuras más destacadas del siglo XX, aunque alguna vez lamentó: “No sabes cómo me hubiera gustado conocer a un verdadero genio: a Picasso”.
Cuevas ha sido ilustrador (entre otros de Kafka, Borges y Arreola) y esa es una tarea que pocos han analizado con detenimiento. Al contrario, con algunas dosis de frivolidad piensan que Cuevas exagera en ver el mundo y sus personajes mayores a través de su propia figura. Analizada su obra con cuidado, es posible percibir que no se ha sostenido a base de autorretratos. Los hay y no son pocos, pero es parte de su forma de observar la realidad que lo ha circundado. Lo que ocurre es que su obra es amplia y compleja.
Polemista natural, José Luis Cuevas es uno de los artistas plásticos más talentosos, innovadores e imaginativos que el país ha dado. Sus batallas han sido especiales, ruidosas y todas victoriosas. Ha sabido crearse una imagen de hombre rudo entre sus admiradores y críticos; quienes lo conocemos a fondo sabemos que es un hombre generoso y cordial, gozoso. Que ha creado su propia mitología es otra cosa. Murales efímeros, luchas contra la ruta única de los muralistas, su desdén por el conservadurismo y atraso de escuelas y artistas plásticos que no supieron o no pudieron participar dentro de las corrientes renovadoras que Cuevas propició con la ruptura. Sus palabras críticas al poder o contra artistas e intelectuales que se ocultaron tras la “cortina de nopal”, le dieron esa fama de duro, de “gato macho”, cercano a las mujeres. Podemos estar o no de acuerdo con sus opiniones con frecuencia demoledoras, no obstante habrá que aceptar que su obra es notable y que nunca ha sido un creador estático, siempre está en busca de caminos artísticos distintos, experimentando con firmeza y decisión.
Por ahora se encuentra delicado de salud e internado en un hospital; sus hijas me dicen que va bien: esperan verlo recuperado pronto. Hago votos para que Cuevas recobre plenamente la salud y siga asombrándonos con su maravilloso arte y agudeza intelectual, incluso con su graciosa vanidad y plática salpicada de sagaces bromas.

marzo 29, 2013

Monarquías en el siglo XXI, ¿para qué?


Ha pasado largo tiempo entre las monarquías absolutistas y las de hoy, particularmente en Europa. El absolutismo tuvo un cierto sentido histórico, como lo afirmaron Maquiavelo, Bodin, Hobbes y Bossuet. En nuestros días los monarcas son figuras decorativas, que de poco o nada sirven en las complejas tareas estatales, pero siguen en más de un país. No concebimos a Inglaterra sin nobleza encabezada por rey o reina y en España, entre sus intentos republicanos, la fiereza de nacionalidades que buscan su independencia y los desatinos y los excesivos gastos de una auténtica clase ociosa, la nobleza, las críticas aumentan.

Las de Dinamarca, Holanda y Suecia, por ejemplo, parecen monarquías muy discretas, contrarias a la inglesa y la española. En esta última hubo intentos serios para transitar a república. El más reciente, fue notable, produjo esperanzas, historias de coraje y dignidad y una trágica guerra que concluyó violentamente con el triunfo de los golpistas fascistas, apoyados por Hitler y Mussolini. La tiranía de Franco se extendió por más de tres décadas y sólo concluyó con su muerte. El propio dictador preparó el resurgimiento de la monarquía española, con esmero educó a un nuevo monarca, Juan Carlos, y la transición se dio: del fascismo a la monarquía y de allí, curiosamente, a un gobierno parlamentario encabezado por un presidente.

La nueva clase política pronto consiguió sacudirse al franquismo y de forma habilidosa logró democratizar a España. Fuerzas de derecha e izquierda antepusieron sus ancestrales pugnas y consiguieron una victoria política. De tal manera España fue de una sórdida dictadura a una democracia que ha permitido un alto nivel de prosperidad. Sin embargo, un turista puede preguntar si quedan republicanos a un taxista o al compañero de junto en un bar y la respuesta es contundente: Pues claro, los hay hasta debajo de las piedras.

No he levantado piedras en España, pero la he visitado muchas veces desde 1970, cuando Franco todavía irritaba con sus batallas anti “rojas”. A Madrid llegué con cartas del poeta Juan Rejano, mi maestro de periodismo cultural, poeta y combatiente comunista que estuvo en la Guerra Civil el tiempo que duró. Luego vino el doloroso exilio y la voluntad de los gobiernos mexicanos para mantener vivo el sueño republicano: la embajada se derrumbó sola, de vieja y falta de recursos, porque en España había vuelto la monarquía y México tenía que ponerse al día en materia de política exterior. Imposible seguir manteniendo relaciones con un gobierno fantasma. En ese año, vi a la gente todavía con temor, catalanes y vascos mantenían celosamente, pero con discreción, sus culturas respectivas. El comunismo era perseguido y 1968 parecía no haber afectado gran cosa a la juventud hispana.

Las cartas de Rejano iban dirigidas a viejos republicanos comunistas y a guerreros envejecidos. Fueron atentos. Las grandes figuras del exilio seguían en otros países y la violencia franquista disminuida ya, mantenía sometido al país. A Barcelona, acudí ese mismo año, por una invitación de muchachos catalanes de militancia comunista que había conocido en una fiesta que la embajada cubana en Francia ofreció a intelectuales. El firmante de las invitaciones era el notable narrador Alejo Carpentier. Allí noté lo obvio; al sentimiento antifranquista, era posible añadir uno de intenso orgullo nacional. Cataluña es otra cosa, muy distinta del resto España. A la fecha, ha crecido.

España es un país admirable, pero sin duda no le funciona más la monarquía, salvo para que en la frívola revista Hola aparezcan las glamorosas fiestas de los nobles, un montón de parásitos. La actual crisis económica y la dureza del gobierno conservador de Rajoy, ha evidenciado la necesidad de cambios. Los más tranquilos ven con alarma los gastos de la realeza en una sociedad que tiene miles y miles de desempleados. Como si eso no fuera suficiente, la familia real no es muy sensata que digamos. El rey Juan Carlos sale a matar elefantes en compañía de una princesa alemana, “amiga íntima”, su yerno, Iñaki Urdangarin está acusado de malversación de fondos públicos y fraudes. Al parecer, es la joyita de la corona española. Sobre el rey pesan informes de involucramiento en negocios multimillonarios en el extranjero. Añadamos que su graciosa majestad no tiene buen carácter, lo comprobamos cuando increpó a Hugo Chávez gritándole que se callara. Pudo ser diplomático.

El rey de España no piensa abdicar en favor de su hijo; su juventud llena de deportes y escaso trabajo mental, le ha dado una buena vejez. Tiene 75 años y goza en términos generales de buena salud. Como mis amigos españoles todos son hijos de republicanos y estudié con la ayuda intelectual de muchos exiliados (una larga lista de maestros míos que venía huyendo del terror franquista), no puedo imaginar más que el retorno a la república, una forma de gobierno que sin duda puede ser tan mala como las casas reales, pero que es más fácil de reconstruir. La nobleza es un costoso recuerdo del pasado. Como en Viena o en Versalles, puede llenarnos de nostalgia romántica por ser malos turistas, cursis, de origen plebeyo además, pero son ya tonterías políticas del pasado muy pasado, costoso, desde luego. Juan Carlos y familia deben convertirse en hijos de vecino y más nada. O parte de un museo de cera.

marzo 27, 2013

Febrero de Caín y de metralla (II)


Francisco I. Madero fue un demócrata liberal, un hombre que podíamos calificar de dulce y hasta de ingenuo. El espiritismo jugó un papel que todavía no ha sido cabalmente analizado, a pesar de que sus célebres libretas espíritas han sido publicadas. Sobre el revolucionario espiritista, Ignacio Solares escribió un libro interesante: Madero, el otro y finalmente el gobierno de Campeche editó sus libretas espíritas sobrevivientes. Madero abraza con entusiasmo el espiritismo que estaba de moda en el mundo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. Aquí están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediunmidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

En esas sesiones fantásticas y desmesuradas (que acaso podrían ser un anticipo de la escritura automática de los surrealistas), Madero trabó contacto con dos espíritus: Raúl, su hermano fallecido de niño, y  José, quien fue sustantivo en su vida y, por extraña coincidencia, en la del país. Madero fue lanzado a una lucha política y moral que transformaría a la nación en su conjunto, que la sacudiría de extremo a extremo. De esta manera, guiado por espíritus redactó un libro que fue fundamental en México, La sucesión presidencial, y más adelante el Plan de San Luis, fue perseguido por la dictadura y se convirtió en un gran rebelde, tenaz y bondadoso, capaz de levantar a un pueblo en armas y realizar una gesta soberbia: la Revolución Mexicana, un movimiento cuya magnitud lo aterró y paralizó: una vez caído el dictador supuso que México sería otro, sin considerar que las estructuras política y económica, y en especial militar, quedaban intactas cuando debieron ser destruidas.

Madero no sólo supo darle a México un respiro libertario, su misma gestión presidencial, si bien fue efímera, consiguió mostrarle al país lo que eran la democracia y la ausencia de tiranía. Pero la respuesta fue brutal y nunca, por desgracia, hubo un espíritu agudo que previera el destino de Madero, el elegido sería abandonado a la peor de las suertes, a la humillación y a la muerte.

Madero básicamente era un hombre generoso, decente, enemigo de la violencia y eso le costó la vida. Lo importante no fue su trabajo espiritista, sino que dentro de esa extraña tarea, que para 1910 había entrado en decadencia, pudiera vislumbrar el futuro de un pueblo, lo orientó y lo guió. Sin él no hubieran surgido figuras de la talla de Villa y Zapata, ni que Carranza convocara a lo mejor del país a redactar un gran documento constitucional.

La obra de Antonio Saborit va más allá del resumen de un atroz golpe de Estado, asesinatos y persecuciones, lo que, a la postre, desataría la violencia revolucionaria de México. Muestra el poder de los medios de comunicación y su capacidad para ser cómplices de aberraciones. Y esto incluye a muchos intelectuales de la época, los que, como vemos en el libro, contribuyeron al desprestigio del presidente, lo ridiculizaron e hicieron toda clase de parodias, libelos y caricaturas hirientes. Algunos de ellos fueron recompensados y ocuparon cargos en la diplomacia y en general en el gobierno de Huerta.

No todos los grandes personajes de aquella época permanecieron callados ante el magnicidio. El embajador de Cuba en México, Manuel Márquez Sterling, dio una gran lucha por salvar al presidente Madero, tal como lo narra en el libro magnífico, Los últimos días del presidente Madero, un testimonio ejemplar. Sus esfuerzos nada pudieron hacer para salvarlo. La muerte de Madero estaba decidida desde que los traidores pactaron en la embajada norteamericana. Si los espíritus que consultaba Madero en un principio le fueron leales y previsores, los últimos jamás le advirtieron del horrible final.

Por último, otro error de Madero fue no haber calculado que los 30 años de porfirismo, entre la prensa y multitud de conservadores, harían una cortina refractaria a su voluntad de cambio pacífico. La magna revolución desatada por su asesinato probó su error. La historia sirve de mucho, el buen periodismo de investigación también, tal como lo muestra Antonio Saborit

marzo 25, 2013

Febrero de Caín y de metralla (I)


Hace unos días se cumplieron cien años del brutal golpe de Estado de Victoriano Huerta y cómplices al presidente Francisco I. Madero. Con tal motivo algunos de los medios de comunicación retomaron la información de aquellos años aciagos, algunos con detalle y seriedad, otros para llenar páginas y cubrir tiempo. Madero es sin duda un héroe cuyo sacrificio lo consolidó como uno de los grandes precursores de la democracia nacional. Ahora en el estupendo libro Febrero de Caín y metralla, Antonio Saborit recoge acuciosamente materiales que circularon con intensidad en los meses en que Madero estuvo en la Presidencia de la República. Con esos documentos nos brinda el punto de vista que ha sido menos analizado por los historiadores: el papel que en la caída del mandatario jugaron los medios de comunicación, algunos intelectuales afamados, la embajada norteamericana y la sociedad entera. Desde luego, los golpistas y sin duda la conducta errática del presidente Madero. Desde las páginas iniciales, Saborit advierte que la caída de Francisco I. Madero no se debió a un golpe, sino a dos. Con pruebas irrefutables tomadas de una historia mal conocida, el autor reúne las piezas del rompecabezas completo. El hecho monstruoso queda expuesto en casi su totalidad. Días intensos, días violentos. De los que nos quedan muchas pruebas visibles, algunas fotografías de cadáveres y edificios dañados y pocas páginas que develan las intrigas de los conspiradores y criminales que llevaron a cabo en aparente discreción y particularmente con un odio inexplicable.

Desde 1821, año de la Independencia mexicana, el poder tuvo problemas con la prensa. Agustín de Iturbide optó por corromperlos, asediarlos, y perseguirlos. Desde entonces a la fecha son escasos los momentos en que el país ha tenido verdadera libertad de expresión. Uno de ellos podría ser durante la lucha de los liberales contra los conservadores, cuando al fin Benito Juárez consigue restaurar la República y fusilar a quienes habían propiciado el imperio. Otro sin duda es el del triunfo de Madero. Fue uno de sus primeros pasos para democratizar al país: concederle a México la libertad a la prensa. En un país acostumbrado a las tiranías, temeroso, desconcertado por el levantamiento revolucionario contra el tirano Díaz y un sistema brutal enquistado en el subconsciente del mexicano, la prensa dio rienda suelta no a sus obligaciones de criticar positivamente, estimular la reflexión social y favorecer a quienes tenían la razón de su lado, sino que optó por zaherir a Madero. Si uno revisa archivos y bibliotecas, podrá comprobar lo que afirma Antonio Saborit: los medios fueron destacados en el derrumbe del gobierno legítimo.

Los golpistas fueron sumando esfuerzos y sus ambiciones creciendo por distintas razones. La prensa tenía intereses entre los ricos, Huerta buscaba el poder, tenía un largo historial militar que quería coronar con la presidencia, Henry Lane Wilson, el funesto embajador norteamericano, buscaba las riquezas naturales del país para sus nacionales, generales como Félix Díaz, sobrino del dictador, o Bernardo Reyes, padre de don Alfonso Reyes, querían recuperar el orden anterior, les parecía el adecuado. Madero cometió errores y desatinos. El principal fue disolver las fuerzas revolucionarias e incluso chocar con algunos sectores importantes y tenaces como el zapatismo. Confió en Victoriano Huerta y en algo fundamental: en que al tener la razón en sus manos, podía contar con el apoyo decidido de los mejores mexicanos. Sus cálculos fallaron.

Si la avanzada para destruir a Madero fueron los periodistas conservadores o corruptos, narra Saborit, el grueso del ejército golpista fueron militares traidores, políticos vengativos y hombres de negocios turbios, herencia del porfirismo. De Héroe a canalla, según los medios. Madero transitó un camino inédito entre el fuego cruzado de unos y otros. No estaba preparado para resistir el doble ataque.

Madero no era Lenin, cuyo programa de acción estaba perfectamente calculado en libros, documentos, panfletos y una praxis que venía de 1905, año que los soviéticos llamaron Ensayo general. Lenin y los suyos sabían que para triunfar sobre el zarismo y la nobleza era necesario destruirlos, el ejército incluido y así fue. Las tropas zaristas fueron eliminadas y en su lugar Trotsky formó el Ejército Rojo. Como nadie ignora, la nobleza fue muerta y casi quedó extinta. El resto es historia de sobra conocida. Sabemos bien qué ocurrió. Entre Huerta y Henry Lane Wilson, el embajador norteamericano, y una turba de miserables traidores acabaron con su vida de la peor forma, la de su hermano Gustavo, la del vicepresidente José María Pino Suárez y otros patriotas. El crimen provocó la furia de las mayores fuerzas que su llamado había hecho nacer: Villa, Zapata, Ángeles, Carranza y Obregón; entre todos demolieron al ejército federal y acabaron con la estructura que consolidó Díaz en treinta años, eliminaron injusticias y barreras, México avanzó, luego de la lucha de facciones y la Constitución de 1917. Si Madero esperaba una transición más o menos pacífica, lo que su asesinato desató fue un movimiento revolucionario violento de grandes alcances y demasiada sangre.

Por desgracia, muy caro pagó el maderismo sus debilidades y errores.

marzo 24, 2013

Los premios literarios en México


Desde hace tiempo distintos premios literarios nacionales han sido cuestionados. Algunos provocaron escándalos mayúsculos como el concedido por la FIL de Guadalajara al peruano Bryce Echenique y el Xavier Villaurrutia entregado al mexicano Sealtiel Alatriste, señalados como plagiarios. En términos generales los premios no recaen en las mejores obras o en los escritores más significativos. Con frecuencia son puestos en la picota por algunos de los escasos críticos literarios, por multitud de lectores profesionales y por escritores inconformes. Dicho en otras palabras, los premios han caído en el desprestigio.
En los muy polémicos tiempos de Consuelo Sáizar, un escritor realmente destacado, con prestigio y obra consistente, contó su odisea buscando el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Lo propusieron dos importantes instituciones de educación superior y a la candidatura se anexaron diez secretarías culturales de diversos estados de la República. Ordenaron su abultado currículum, anexaron libros y documentos probatorios y cuidaron los detalles por tratarse del máximo galardón que el país le concede a un artista.
El novelista no ganó, a cambio recibió una llamada para que retirara la caja que contenía sus materiales. Acaso como premio de consolación le rogaron que para el año siguiente, debido a su importancia, no dejara de concursar de nuevo, como si las instituciones proponentes estuvieran a su exclusivo servicio. Recogió la voluminosa caja y cuando la tuvo en sus manos notó algo extraño: no había sido abierta. ¿Sospechar de un concurso tan prestigiado? Con delicadeza la abrió: todo estaba como lo organizaron sus severos promotores. Lo primero eran las distintas cartas de respaldo a su obra literaria e intelectual, los sobres estaban vírgenes. Y, para colmo, los paquetes que contenían los libros de su autoría que recibiría cada jurado permanecían envueltos en celofán. La conclusión era contundente: no fue sometido a ninguna revisión, no concursó. Algún comité o una persona puso su amplio paquete abajo de un letrero revelador: rechazados, donde colocan a los participantes incómodos para algún destacado miembro del jurado o para Consuelo Sáizar, quien manejó arbitrariamente el Conaculta, conjetura el novelista.
Ahora acaban de entregarle a Myriam Moscona el Premio Xavier Villaurrutia, de larga historia, creación de Francisco Zendejas, “de escritores para escritores”. El agudo crítico Gabriel Zaid, autor de obras claves para entender al país y su relación con la cultura, precisó en Reforma lo siguiente: “¿Cómo se otorgó el premio? ¿Qué factores intervinieron? ¿Qué asuntos personales entraron en juego? ¿Qué cuentas buenas o malas se saldaron con el premio? ¿Cuántos de los 65 libros concursantes leyeron? ¿Hay tiempo para hacerlo en menos de cinco semanas (del cierre de la convocatoria al anuncio del premio)?”.
Según nuevas reglas, añadió la nota del diario, la designación del premio demoró algunas semanas pues, a decir de Jaime Labastida, presidente de la Sociedad Alfonsina Internacional, el INBA exigió transparencia y bases claras para la premiación, luego de que Sealtiel Alatriste renunció en 2012 al galardón al advertirse que incurrió en plagio con la obra premiada.
Concluye la nota: Zaid, crítico de estas premiaciones, formuló sus preguntas al jurado integrado por Angelina Muñiz-Huberman, Sergio Mondragón y Felipe Garrido: “¿Dio la casualidad de que después de leer los 65 libros, al reunirse por primera vez, todos llevaban un solo libro como el mejor y no hizo falta votar porque resultó que todos habían escogido el mismo? ¿O cada uno llevó varios finalistas, entre los cuales hubo que escoger discutiendo sus méritos y votando varias veces hasta llegar a un consenso? ¿Quiénes fueron los finalistas? ¿No merecen cuando menos el honor de anunciar que lo fueron?”.
Es tiempo de dignificar los premios literarios.     

marzo 22, 2013

Cristina Pacheco


Extraño honor el que me concede la vida o Sebastián, para ser más preciso: hablar sobre Cristina Pacheco. Digo extraño porque hace algunos años, acaso dos décadas, en la UAM-X le hicimos uno de sus primeros homenajes en una sala abarrotada de jóvenes y profesores. Como responsable de cultura de la institución, me tocó explicar el porqué del reconocimiento: nunca tuve tarea tan fácil. La conocía personalmente, su propio esposo, José Emilio Pacheco, en su misma casa, nos presentó en 1963. Fue gentil y atenta. En esos años yo precisaba de maestros y consejos literarios y busqué a José Emilio para saber su opinión sobre mis cuentos iniciales. Tuvo paciencia, e incluso me firmó un par de sus libros que ahora son exhibidos en el Museo del Escritor.

Con el tiempo, la periodista creció y se hizo fundamental en los medios de comunicación. Televisión, radio, prensa, es infatigable. El éxito pronto la alcanzó como resultado de una adecuada postura política y un talento natural para comunicarse con lectores, televidentes y radioescuchas. Recuerdo con nostalgia los tiempos en que Monsiváis, Tomás Mojarro, Cristina y yo trabajamos como comentaristas para Francisco Huerta en la XEW. Ella captaba la atención del oyente con su voz serena, reflexiva. Sus observaciones daban en el blanco: tocaba el tema sencillo, cotidiano, que afectaba al mexicano. No hablaba con la masa de radioescuchas sino con cada uno de ellos. En televisión consolidó su popularidad porque, como bien precisaron sus admiradores, le daba la voz al pueblo, a la gente común. Ocasionalmente entrevistó famosos, debido a las relaciones intensas que Cristina y José Emilio mantenían con las mayores figuras del mundo intelectual.

Durante el homenaje de la UAM, hablé de ella como universitaria, como egresada de tan magna institución. En su turno, Cristina, con sensibilidad, me corrigió. La UNAM fue su escuela, pero no tanto de manera formal sino porque allí trabajaba desde adolescente y aprendió más que si hubiera estado cotidianamente en las aulas. Como sea, Cristina se formó en esa casa de estudios, no importa que no haya sido de modo tradicional sino a través de los escritores y artistas plásticos, de los investigadores que la poblaban.

En estos tiempos, los nuestros, hablamos mucho de nuevo periodismo aunque pocos lo practican. Los profesores de Comunicación insisten en señalar a Tom Wolfe, Truman Capote y a Norman Mailer, entre otros, como los creadores de esa corriente. Ellos fueron los que oficialmente teorizaron y popularizaron tales formas expresivas donde se mezclan los géneros literarios con los periodísticos, pero no sus inventores. Siempre hemos tenido literatos que desean ser escritores y a la inversa, periodistas que anhelan escribir novelas. Un punto de partida razonable es Diario del año de la peste de Daniel Defoe, editado en 1722. Los ejemplos son muchos y complejos porque también se han añadido a este rico producto los buenos trabajos de investigadores de ciencias sociales. Seguimos leyendo a Juan Pérez Jolote de Ricardo Pozas, pero ya no como estudio antropológico sino como literatura debido a su excelente prosa y atinada estructura. Asimismo como historia, porque la situación de Chiapas ha sufrido tremendas modificaciones. Si hemos de pensar en un tipo de nuevo periodismo entre nosotros, allí tenemos a Cristina Pacheco, innovando cada día, haciendo un periodismo distinto y perdurable: a la belleza formal, al interés por los temas y los personajes que busca, debemos añadir la preocupación social. Muchos calificarían su prosa, entre ellos el mexicano Alberto Dallal y el norteamericano Mark Kramer, como periodismo literario.

A Cristina la leo en La Jornada, la veo en el Canal 11 y la escucho en radio y siempre es la misma: no agrede, no violenta, no toma partido por causas políticas o mejor dicho, su compromiso es con los desposeídos, sí, los que no tienen voz, los que no le interesan a los medios comerciales porque, dicen, no son noticia. Vaya torpeza: Cristina durante años y años nos ha permitido conocer al pueblo mexicano, con sus problemas políticos y sociales, sus sentimientos, su arte, su religiosidad. Son los mexicanos más modestos los que mejor reflejan la realidad del país. Ella, Cristina, se ha limitado, lo que no es poca tarea y sí es de altísima importancia, a ser la vocera de todo un país.

Cristina Pacheco no ha hecho un periodismo efímero. Sus temas y preocupaciones, la han llevado a crear uno trascendente, que ha dejado la inmediatez y que seguirá siendo leído, escuchado y visto por largo tiempo. Ha sido portavoz de una intensa época, de la que supo seleccionar a las mejores personas para narrarla.

Por ventura, he compartido algunos buenos momentos literarios con Cristina. Su sentido de la amistad la ha llevado a presentar libros míos en el Fondo de Cultura Económica. No recuerdo haberle dicho lo mucho que admiro su trabajo decidido y valiente. Ahora lo hago, delante de ustedes, en la entrega de este premio que se suma a una larga serie de reconocimientos que ella, como original comunicadora, ha conquistado. No obstante, el premio mayor, es el cariño que sus representados, los desamparados, los que se rompen el alma trabajando con magros resultados. Ellos le dan el mejor de los premios: su amor y devoción.

* Texto leído en el homenaje que la

Fundación Sebastián le hizo a la periodista.

marzo 20, 2013

El Juan José Arreola oral


Si el Juan José Arreola escritor fue breve, el Juan José Arreola oral fue extenso, un torrente verbal, un exceso tal vez. Una cosa por la otra. Del último surgieron más libros que aquellos que quiso y pudo hacer el Arreola escritor. De pláticas, conferencias y entrevistas fueron obtenidas diversas obras escritas.

Luego de su muerte aparecieron los encendidos homenajes donde todos proclamaron su devoción por el maestro: nadie nunca tuvo titubeos sobre su amor y admiración. Coincidimos en los elogios quienes lo conocimos y respetamos con aquellos que nunca le vieron y apenas lo leyeron.

Juan José Arreola, lo afirma Emmanuel Carballo y lo cita Luis Leal, “nació adulto para las letras, salvando así los iniciales titubeos. Poseedor de un oficio y de una malicia, dueño de los secretos mecanismos del cuento, rápidamente se situó en primera línea. Desarrollando contrastes, poniendo ejemplos —fábulas—, saltando de lo lógico a lo absurdo y viceversa, dejando escapar sigilosamente la ironía, Arreola ha venido construyendo un nuevo tipo de cuento...”. Esto nos explica su perfección. En Juan José, efectivamente no hay inicios. En Carlos Fuentes se notan. No es lo mismo Los días enmascarados que Cristóbal Nonato. En cambio, hay la misma intensa calidad, belleza y perfección extrema en todos y cada uno de los cuentos de Arreola. ¿Qué ocurre entonces, por qué Arreola no fue la mejor carta nacional, lógico aspirante a los más altos reconocimientos del orbe? Una de las explicaciones podría ser por sus temas carentes, excepción hecha de La feria y de alguno que otro texto, de “nacionalidad”. Lo universal es su reino y no todos lo comprenden en un mundo aún marcado por fronteras y peculiaridades exóticas. Además, Arreola se empeñó en vivir dentro de moldes clásicos, los que evidentemente renovó al construir cuentos en los que un lector atento puede descubrir ecos de Swift, Ronsard, Schwob, Borges y La Fontaine, bien sazonados con tratamientos innovadores cuya autoría sólo le corresponden a Juan José Arreola. (Algo semejante a lo que hizo en poesía, partiendo de los clásicos griegos y latinos, el admirable Rubén Bonifaz Nuño.) Otra razón bien pueden ser las dificultades que a veces sus cuentos imponen al lector, obligándolo a adentrarse en otras literaturas y a buscar la doble o triple intención de la fábula o la parábola.

Arreola fue un maestro en todos los sentidos. Arreola sabía más de los demás que de sí mismo, ahora estoy seguro, he podido confirmarlo con las relecturas y el recuerdo de sus largas conversaciones. Por tal razón se anticipaba a sus críticos de aquella época y que hoy aparecen como sus más rendidos fanáticos. “La acusación tan reiterada que se me ha hecho de manierista, de amanerado, de filigranista, de orfebre, lejos de ofenderme, me halaga. Dentro de mi experiencia personal, incluso en mis textos juveniles hay algunos pasajes en los que reconozco que he conseguido mi propósito. Lo que yo quiero hacer es lo que hace cierto tipo de artistas: fijar mi percepción del mundo externo, de los demás y de mí mismo.”

Los críticos y los escasos lectores, en México siempre pedantes y demandantes, sin saber nada sobre los misterios de la creación, le pidieron a Juan José y a Juan Rulfo más de lo que ambos querían dar y así contribuyeron a su silencio literario. Arreola, en todo caso, se salvó debido a que también era un escritor oral. Con maestría y rigor, dueño de un talento excepcional, con una belleza agresiva y una calidad que sorprende y abruma, construyó una obra de modestas extensiones, sí, pero de una grandeza ilimitada. Arreola (así lo pienso porque lo he leído y observado desde mi juventud) no aceptó el muralismo, sino el cuadro de caballete, las miniaturas. No quiso ser Beethoven o Wagner, sino Chopin, List o el Paganini de los Caprichos, no el de los conciertos. Ambicionó escribir, y lo consiguió, cuentos irrepetibles, textos de un virtuosismo maravilloso. Dudo mucho que se haya propuesto alguna vez redactar la fatigante novela-río que a Vargas Llosa o a Fuentes tanto les deslumbra. Fue desde sus orígenes a la precisión, a la economía verbal, a las más hermosas imágenes, porque Arreola, que bien utilizó la prosa, interiormente fue un poeta perfecto. Lo sabemos porque sus citas más recurrentes son versos, a veces dichos en español, otras en francés y otras más en inglés o en italiano. Él dijo: “Tal vez mi obra sea escasa, pero es escasa porque constantemente la estoy podando. Prefiero los gérmenes a los desarrollos voluminosos, agotados por su propio exceso verbal”. Más adelante precisó: “He escrito poco porque me limito a extender la mano para cortar frutos más o menos redondos. Sólo en casos muy contados he hostigado una idea. Los cuentos se me plantean como oleajes, ritmo, marea. Me gusta reflexionar en la necesidad de que las abstracciones se vuelvan concreciones, porque es una especie de nostalgia de belleza y de forma”.

Fue También un espíritu original. Al contrario de lo que sus críticos afirman, no fue resultado de Julio Torri ni epígono de Jorge Luis Borges o Kafka. Fue un escritor perfecto al que las palabras le permitieron, como a otros los colores o los sonidos, hacer arte sublime, perfecto.

marzo 18, 2013

¿Políticos honrados?


Hace años, en medio de una escandalosa corrupción, escribí un artículo sobre Adolfo Ruiz Cortines (presidente de 1952 a 1958). Hice un esfuerzo poco común: señalar que los famosos 70 años de priismo bajo distintas siglas es una generalización simplista y lo mismo hice hace un mes al redactar un artículo con tema semejante. Quienes los proclaman como lo peor que le ha ocurrido a México dejan de lado que hubo mandatarios honestos y eficientes. ¿Pondrían en el mismo saco a Lázaro Cárdenas o harían una elección más cautelosa, algo que incluso tratara de revisar las altas y bajas del sistema inventado por los beneficiarios de la Revolución Mexicana? Uno de los que dentro de la memoria colectiva queda muy mal parado es Miguel Alemán; sin embargo, entre otras cosas, construyó la Ciudad Universitaria. No se trata de salvar a un partido que hoy está de regreso en el poder, sino de asegurarnos que cada gobierno, cada caudillo sexenal, cometió desatinos y aciertos. De lo contrario, ¿cómo explicarnos el éxito del sistema político en México y sus instituciones? Todos los critican ásperamente y nadie lleva a cabo modificaciones profundas. Allí está el PAN. Setenta años criticándolo y durante doce años lo utilizó en su propio beneficio. A su vez, el PRD no propone transformaciones sustanciales y en donde gobierna o ha gobernado todo quedó igual o peor.

Recuerdo que un maestro nos dijo en el primer año de secundaria (en la 1) que Ruiz Cortines era un modelo de mandatario, honrado, eficiente y trabajador. La lista de sus colaboradores inmediatos podría probar su tino al rodearse de los mejores de su tiempo. Fue por añadidura progresista: es quien escucha las protestas femeninas y le concede, no sin dar una amplia pelea, el voto a las mujeres. Otro profesor, ya en el bachillerato, nos dio su punto de vista político: Si López Mateos está haciendo un buen gobierno, se debe a que Ruiz Cortines le dejó un país impecable, donde logró reponer los excesos del alemanismo, una cueva de ladrones que saquearon al país con cinismo. Hasta hoy, es la fama de Alemán, no en vano los propios universitarios dinamitaron dos veces la estatua del presidente que autorizó poner en una versión autóctona del culto a la personalidad. Los restos yacen en una bodega.

Con esas ideas redacté el artículo. Dos o tres días de publicado recibí una carta en cuyo sobre venía el remitente: Doctor Norberto Treviño Zapata. De inmediato recordé al diputado honorable, culto y decente, al médico ilustre, al gobernador inteligente y honesto y al diplomático eficaz. Me daba las gracias por escribir con gentileza acerca de don Adolfo Ruiz Cortines, de quien fue su médico de cabecera, trabajó  muy de cerca y lo respetó profundamente al grado de escribir páginas sobre su actuación política.

Ese artículo fue afortunado, pues me permitió conocer a un político legendario, probo y ser su amigo hasta su muerte. Más de una vez, el doctor Treviño Zapata me habló de Ruiz Cortines, de su limpia trayectoria. Algunos datos los recuerdo bien. Luego del asesinato de Venustiano Carranza, don Adolfo puso a salvo el tesoro nacional y lo entregó a Adolfo de la Huerta. Una hazaña de honestidad en esos tiempos convulsos y atroces.

Cuento lo anterior, porque ayer recibí un mensaje vía internet que decía lo siguiente: Siendo presidente don Adolfo Ruiz Cortines, a su esposa, María Izaguirre, con motivo de su cumpleaños, le regalaron un lujoso automóvil, Cadillac, para mayor precisión. Don Adolfo reaccionó:

“Hace muchos años que mi esposa cumple años y nunca se acordaron de ella hasta ahora que soy presidente. Pueden regresarlo, porque no puedo prometer nada a cambio de este regalo”.

El correo prosigue: “Fue austero el veracruzano en su sexenio y en su vida posterior. En cambio, Miguel Alemán institucionalizó el robo y los negocios al amparo del poder, al extremo que la revista Life publicó un artículo titulado: ‘México, fábrica de millonarios, generales y limosneros’, donde se mencionaba a Miguel Alemán como uno de los más ricos del mundo. El presidente Adolfo Ruiz Cortines fue así, efectivamente. No favoreció a ninguno de sus amigos ni se hizo multimillonario. Cuando dejó la presidencia vivió austeramente”.

La verdad es que México está considerado internacionalmente como un país de alta corrupción. Pero no sólo por el saqueo que los políticos hacen de la nación, sino porque tampoco los hombres y mujeres de la iniciativa privada son cófrades de una hermanad de la caridad y honradez.

Las anécdotas y el ingenio de Ruiz Cortines, su habilidad para manejarse en un medio complejo, sigue siendo recordado entre la clase política, pero no veo que imiten su ejemplo de honestidad. Cada seis años el nuevo mandatario mete a uno o dos corruptos visibles, llega a crear hasta secretarías para evitar los hurtos, pero la historia se repite puntualmente con el nuevo gobierno y la corrupción sigue floreciendo. Política y dinero, según la lógica de Carlos Hank González, van de la mano. La administración pública mexicana es de enorme utilidad para crear dos cosas: pocos millonarios y millones de pobres.



La crónica

marzo 17, 2013

Izquierda, ¿qué es eso?


Pablo González Casanova dijo en clase que una cosa es lo escrito y otra su aplicación; ejemplificaba con la Constitución. Ahora nos enfrentamos a algo similar con el término izquierda. Caído el socialismo que representaba tal postura ideológica, es usado con facilidad y simplismo. Como todos saben, es una expresión heredada de la Revolución Francesa, cuando los diputados progresistas se sentaban del lado izquierdo y los monárquicos en la derecha. Después, distintos teóricos, vinculados a formas socialistas o anarquistas, reflexionaron sobre la palabra, pues con el tiempo y el desarrollo de las ideologías hubo diversas interpretaciones. Pero siempre hemos considerado que por izquierda debemos entender las acciones y teorías que han nacido de los más positivos movimientos populares. Aquellos que han rechazado el autoritarismo, la centralización y tienen una clara tendencia a avanzar hacia un futuro mejor. De entre todos los modelos propuestos, destaca el de la izquierda revolucionaria, la que nace de las propuestas de marxistas y de tendencias anarquistas.
El término produjo temor y repulsa en el conservadurismo y la izquierda ha sido combatida intensamente. Al poder llegó a través de revoluciones armadas y sólo ocasionalmente por la vía electoral, la que no ayuda mucho a mantenerse en el poder. La derecha nunca es aplastada, sencillamente se agazapa y conspira, como en México o en Chile. La Revolución Mexicana, definida por Jesús Silva Herzog como democrático-burguesa, fue poco a poco devorada por el conservadurismo. En Europa, la izquierda ha tenido multitud de interpretaciones, sin duda la más exitosa fue la surgida del marxismo-leninismo. Pero la muerte de Lenin y la entronización de Stalin le dieron una atroz connotación que la llevó a ser ridiculizada por combatientes célebres como George Orwell. El socialismo científico, la memorable teoría de Marx y Engels se metamorfoseó extrañamente en una hermosa utopía.
En México, con el nacimiento del Partido Comunista en 1919, la izquierda intentó aprovechar la Revolución para ir más lejos. Las circunstancias históricas y sus errores le impidieron atraer a su seno a los trabajadores, a lo sumo (y no fue poca cosa) los grandes artistas e intelectuales sirvieron a la causa con devoción unos, otros con oportunismo. La izquierda fue heroica, valiente, pero por desgracia poco eficaz. El PC no supo escapar de la órbita del estalinismo y menos de sus contradicciones internas. La represión contribuyó a dañarla. Luego de una serie de extrañas mutaciones, quiso reaparecer como PRD, pero ni sus actos ni sus declaraciones coincidían con una correcta definición de izquierda. Frases huecas, consignas baratas. No más. Hoy los partidos buscan el centro, desdeñado por Duverger, y aunque el PAN sí tipifica a una derecha desdibujada, los primos hermanos, PRI-PRD, se cargan hacia el punto más cauteloso del abanico político.
En efecto, la izquierda no tiene dueños, lo que debe tener son activistas sinceros, militantes con un bagaje teórico, capaces de cambios profundos. Cuando Ebrard y Camacho se califican de izquierdistas, es imposible no desplegar una sonrisa irónica.
La izquierda mexicana está en busca de su propia teoría que sea posible llevar a la praxis. No se trata de calificarse de izquierda, lo importante es mostrarlo con acciones. Izquierda es una palabra popular, existe hasta en la derecha y la representan algunos de sus más combativos miembros. Pero pensar que René Bejarano es izquierdista, mueve a burlas.
José Revueltas estuvo atinado en la crítica a la izquierda de su momento: era una masa de trabajadores sin cabeza, sin partido. Volvemos a la misma situación. Obreros exigiendo reivindicaciones, estudiantes indignados con el sistema político, sindicatos atrapados por dirigentes inescrupulosos… Ninguno de ellos tiene legítima representación. Izquierda aquí y hoy, es un término manoseado, sin valor real ni sustento teórico.

marzo 15, 2013

La Estela de Luz, ¿sirvió para algo?


Desde que mal conducía al país Felipe Calderón, fuimos muchos los mexicanos que pensamos en que la Estela de Luz no tendría ninguna representatividad como símbolo del Bicentenario, mucho menos utilidad alguna. Supimos que fue un derroche y un gasto torpe, cuando existían mejores proyectos. Uno pasa frente a ella y no se conmueve, pudo decorar algún conjunto residencial o un centro comercial. Durante los momentos de inquietud que produjo la campaña presidencial, algunos grupos radicales la criticaron impiadosamente. Sin embargo, promotores y artistas avanzados, una vez que se fue el PAN (de Los Pinos hasta el último sitio de los tres partidos mayores), decidieron darle un uso cultural intensivo y crearon un centro educativo atractivo, acorde a los nuevos tiempos: Centro Cultural Digital. Realiza una infinidad de tareas culturales que atraen a cientos de muchachos. Hasta hoy el CCD ha recibido más de 110 mil personas: unas 300 por día y cuando celebran actividades especialmente significativas, el sitio se abarrota con cerca de 10 mil visitantes o más, dependiendo de la calidad de los eventos. Dicho en otros términos, el Centro de Cultura Digital es un inmenso éxito entre los jóvenes y ha salvado a la pobre Estela que parecía condenada al fracaso. Todo esto lo sé por una visita a tal sitio y por una amiga querida, la fotógrafa Grace Quintanilla que trabaja allí.

Los jóvenes que rescataron el espacio señalan que en unos cuatro meses consiguieron darle vida a los salones y auditorios que a simple vista no se ven, forman parte de lo que bien podríamos llamar los sótanos o la parte subterránea. Por ejemplo, los viernes realizan conciertos musicales en vivo; llevan cerca de 30 y algunos como la presentación de Paté de fua y Lafourcade atrajeron en total unos doce mil asistentes. Pero no sólo contamos con eso en la base de la Estela de Luz, convertida en un atractivo centro cultural moderno, hay cine, digamos y lo mejor es que la entrada es gratuita. Si algunos radicales pensaron en derribar la Estela, baste con presenciar la intensa actividad cultural que celebran allí para modificar su opinión.

Los talleres, unos 30, han llamado la atención de niños, jóvenes y adultos, y llevan a cabo encuentros con escritores, líderes de opinión y personajes relevantes en temas sociales y culturales. El cine-club, situado en la sala Nellie Campobello, sede alterna de la Cineteca Nacional, proyecta cinco filmes diariamente y los domingos la programación aumenta pensando en las familias: se  ofrece ballet, teatro infantil, orquestas, payasos y docenas de actividades que divierten y educan a miles de niños y jóvenes. En esencia, lo que muchos pensamos estaba destinado a ser un elefante blanco, motivo de despilfarro y trampas panistas, corruptelas, la tenacidad de nuestros nuevos promotores de arte y cultura lograron convertirlo en un punto obligado para hallar ofertas educativas formidables.

Imagino que pese a los cambios de gobierno, las autoridades de Conaculta, no sólo mantendrán el Centro de Cultura Digital, sino que le darán más apoyo en vista del éxito notable que ha obtenido. Dejar que los promotores naturales de cultura trabajen en libertad, produce notables dividendos. Ahora tenemos a un costado de Chapultepec, dentro de la zona de grandes museos como el de Arte Moderno y el Rufino Tamayo, un centro que forma entreteniendo a los jóvenes.

Lo fundamental, me dijo una de las personas que allí laboran, es que le brindan a cualquier persona, adulta o pequeña, los elementos necesarios para acercarse y hacer suya la cultura digital. Lo demás es ganancia al servicio de los habitantes de la ciudad capital y de quienes nos visitan. Por fortuna el ritmo de desarrollo cultural ha sido recuperado en poco tiempo, menos de cien días, tanto por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes como por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

La Estela de Luz posiblemente no será jamás lo que el Ángel de la Independencia para los mexicanos, un símbolo de alta estima, pero en sus entrañas se llevará a cabo una intensa actividad cultural al servicio del país. El Centro de Cultura Digital abrió sus puertas el 19 de septiembre de 2012 y ha cumplido con creces sus intenciones de difundir, formar y apoyar la producción  de las actividades que se llevan cotidianamente en un mundo hipercomunicado. Impresiona la creatividad de los jóvenes talentos mexicanos cuando las autoridades son sensibles y permiten su trabajo, lo estimulan.

Si conocen actividades del CCD, aprovéchenlas, de lo contrario, búsquenlas. La dirección es Paseo de la Reforma y Lieja. Colonia Juárez. Metro Chapultepec. Sera sin duda una experiencia inolvidable. Nuevamente el Estado cumple con su vocación, herencia de los grandes maestros  mexicanos, de difundir y promover la cultura, no el simple espectáculo frívolo, diría Mario Vargas Llosa.

marzo 13, 2013

Los clásicos de la política nacional


Cuando ingresé a la antes escuela de Ciencias Políticas y Sociales, estaba la mejor plantilla de profesores, académicos de gran peso, estudiosos de las ciencias sociales a profundidad, todos autores de libros que han quedado entre nosotros como parte del legado de una época en que los intelectuales no servían al Estado, al contrario, eran sus críticos. Sobresale el recuerdo de La democracia en México, de mi maestro de Sociología, Pablo González Casanova, universitario de estirpe. Asimismo, la vasta obra de Ernesto de la Torre Villar, quien nos adentró en la historia de México dejando de lado los lugares comunes. Enrique González Pedrero analizaba con sensibilidad y agudeza la crisis de los misiles, cuando EU estuvo a punto de desatar la tercera Guerra Mundial. Ahora son de muchas formas libros cásicos, que nos dan información de una etapa convulsa.

Cuando tuve la oportunidad de seleccionar a mi profesor de Teoría del Estado, me quedé en consecuencia con Enrique González Pedrero y no con José López Portillo. Este último era un funcionario modesto y un escritor de varios libros que presumía su alcurnia literaria. Bueno, me equivoqué, Luis Echeverría hizo a su mejor amigo, a López Portillo, presidente de México en menos de un sexenio, y González Pedrero fue senador y gobernador de Tabasco por el PRI. El congruente era el primero que militaba en el PRI y que se movía en los modestos círculos políticos activos.

Los maestros insistían en la lectura de los clásicos: así llegamos a Platón, Maquiavelo, Locke, Bodin, Montesquieu, Hobbes, Rousseau. Sieyes, Fichte, Tocqueville y por supuesto a Hegel y a Marx, Engels, Lenin, Sorel y los utópicos del socialismo. El más bruto de mis compañeros me dijo un día: ¿y para qué nos sirven todos estos libros, son de flojera?. Le eché una mirada desdeñosa y decidí que no podía ser mi amigo. Otra idiotez: el tipo fue diputado, gobernador y embajador. Hoy vive retirado con aceptables riquezas, yo sigo dando clases.

De mis errores me he dado cuenta. ¿Por qué no llegué a ningún puesto de alto rango en la política? Porque no me ensañaron a mentir ni a robar al amparo del poder y, para colmo, soñé toda mi vida con un sistema político más justo y equilibrado, cuando todos viven muy bien explotando al que pueden. Según datos internacionales, México es uno de los países más felices. Todos estamos contentos.

Para escribir un artículo sobre los fracasos del PAN, de pronto me encontré releyendo el libro autobiográfico de López Portillo, Mis tiempos. Si en la primera lectura me molesté contra su cinismo o sinceridad, ahora descubrí que era, es, un clásico de la política mexicana. En sus páginas sin rubor alguno narra sus andanzas políticas, cómo fue cercano a Echeverría, la manera en que fue haciéndose amigo de los poderosos, sus negociaciones con altos líderes sindicales que a él, muy limitado bebedor, lo obligaban a beber mucho licor y para no caer antes que aquellos que jineteaban a los obreros, convertidos en senadores y gobernadores, bebía previamente un poco de aceite.

De muchas maneras nos cuenta lo que intuimos con la lectura del libro de Jorge Carpizo, El presidencialismo, los asombrosos poderes que la Constitución le concede al mandatario, y de aquellos que llamamos meta-constitucionales que vienen del México más oscuro, del caudillismo. El libro es una fascinante lección de cómo llegar a la Presidencia y gobernar a su antojo. Cada capítulo narra aventuras asombrosas que venturosamente lo hacen conocer a su país y a quienes lo gobiernan. El capítulo donde es designado sucesor de Luis Echeverría por instrucciones del partido mueve a risa, pero es una lección vigente.

Yo recomendaría tal obra a todos aquellos que desean ser políticos exitosos. No los clásicos extranjeros, sino los nuestros. Ver de qué manera infinidad de políticos llegaron al poder y desde allí hicieron lo que les vino en gana, es una buena lección que no se aprende más que en la praxis y en la brega cotidiana. Cómo se llega a los acuerdos, cómo se obtiene lo que se desea. Es el libro de un absolutista que puso a sus familiares en los mejores cargos, que estaba orgulloso de su nepotismo, que llevó a cabo la hazaña de estatizar a la banca para justificar sus errores, que nos anticipó que teníamos que aprender a manejar la abundancia, que lloró públicamente por los pobres y que inútilmente defendió el peso como un perro. Era agnóstico, pero llevó al Papa a Los Pinos, era un conquistador del estilo medieval. Decidió buscar en un harapiento pueblo español sus raíces. En suma, hizo lo que le vino en gana, merced a esa canallada que llamamos presidencialismo. En dicha obra están los caminos del poder, las maneras de hacer intrigas y maniobras que nos liberen de los enemigos. Es, en suma, un libro “ejemplar”.

Si los panistas o los tecnócratas del PRI o el mismo primer círculo que rodea a Peña Nieto lo leyera, si López Obrador dejara de lado sus odios y lo analizara, todos podrían hacer un mejor papel y como José López Portillo, contribuir más eficazmente a destruir un país.

En lo personal, México me asusta, sobre todo cuando veo a los medios y a buena parte de la sociedad feliz porque ya el presidente controla casi todo. Ya tenemos presidente. Viva México.


La crónica

marzo 11, 2013

Cuando el PAN despertó, el PRI seguía allí


En 1939, imaginando peligros inexistentes y recordando un pasado de fracasos y derrotas, un grupo conservador decidió formar un partido cuyo eje fueran las ideas de la reacción histórica mexicana. De este modo nació el PAN. Decidido a ser distinto del partido que estaba formándose al amparo de los restos de la Revolución Mexicana. Su historia es larga y sin duda heroica. Tenían entre sus principios eliminar todo aquello que sonara a izquierdismo. Eran años en que la globalización parecía llevarse a cabo en color rojo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, 1945, el comunismo se extendió y siguió creciendo con ímpetu.

El PAN dio una tenaz lucha en todos los frentes: no le gustaban las privatizaciones que en aquellos años se llevaron a cabo ni el libro de texto gratuito ni que el artículo tercero constitucional se mostrara ferozmente laico. Para obtener recursos, sus escasos militantes y simpatizantes daban dinero. Lo demás provenía de rifas de automóviles y donaciones seguramente de curas, monjas y empresarios. Era un partido crítico del PRI y no tanto de la izquierda, porque, representada por grupúsculos como el Partido Comunista o algunas fracciones de corte marxista, no eran de temer. Estaban permanentemente enfrascados en discusiones teóricas que a ningún lado llevaban.

Pero el PRI comenzó a mostrar más y más su autoritarismo y en momentos fue brutal. La palabra democracia en su boca provocaba risa. Para qué hablar de procesos electorales. Fueron años terribles para la sociedad y benéficos para el PAN. En su beneficio, el PRI había comenzado un camino hacia la derecha, por más que algunos como López Mateos, Echeverría y López Portillo se declararon hijos de la Revolución e izquierdistas dentro de la Constitución.

En 2000 llegó lo que el PAN necesitaba: un caudillo, un hombre que atrajera la atención de las masas y mostrara ambición para llegar a Los Pinos. De la mano de Vicente Fox, el PAN llegó al poder. Poco antes de ganarle al PRI, algunos teóricos panistas advirtieron de los riesgos del poder. El primero y más grave era perder la identidad, abandonar los principios fundacionales. Así ocurrió. Los doce años de panismo fueron una suerte de prolongación de lo que el gobierno de Ernesto Zedillo anticipó: la tecnocracia salvaría al país de los priistas. No era el camino.

Para esos momentos el PRI se hacía líos y no sabía qué rumbo seguir. Había llegado el hartazgo de la sociedad mexicana y ningún político priista tenía en sus manos una solución. La maquinaria electoral estaba desajustada, le faltaba aceite, para colmo era un modelo muy atrasado y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu mostraron su miseria. Por dos veces lo derrotó el PAN. A un lado el PRD había crecido y parecía ser un organismo de izquierda, con caudillos poco eficaces y con una multitud de arribistas corruptos.El PAN, en vez de aprovechar el contexto histórico y remodelar al país, decidió seguir montando el jamelgo ruinoso que había hecho el PRI, su enemigo de siempre.

El PAN desaprovechó la alternancia, una oportunidad histórica ideal, e hizo peor lo que mal había hecho el PRI. Clonó sus defectos y no supo utilizar ninguna de sus virtudes. El PRD no estaba mejor y de este modo el PRI regresó de manera espectacular y ahora se da el lujo de hacer que sus dos grandes enemigos firmen pactos y propuestas priistas.

El PAN bajó de la Presidencia de la República al último lugar de los “tres grandes”. Un fracaso impresionante. Con candidatos de cuarto orden, fue incapaz de hacerle frente a priistas y ex priistas. Y ahora todos se echan la culpa de la estrepitosa derrota. En realidad, el origen del retroceso está en su incapacidad para hacer cambios. Fueron cientos de intelectuales, académicos y periodistas quienes anticiparon la necesidad de transformaciones. Ni siquiera quiso modificar alguna institución, quedaron igual y como si ello fuese poca cosa: mostraron, además de ineptitud, una inusitada propensión a la corrupción. 

Cuando los perredistas y sus seguidores acusaban al PAN de ser tan derechista como el PRI o al revés, inventaron una “tremenda acusación”: son el PRIAN. Sin embargo, desde hace algún tiempo, panistas y perredistas han unido fuerzas para derrotar al PRI. Para colmo, en plena reconstrucción, o eso ha dicho Gustavo Madero, la derecha firma acuerdos y convenios con el PRD o lo que de este partido queda, para intentar derrotar a un arrogante PRI.

Lo que está claro es que el PAN no sabe hacer política y ahora está aliado a un enemigo mucho más turbio que el PRI. Entendemos que es una estrategia para frenar el crecimiento de las huestes de Peña Nieto. Pero ahora ya carecen por completo de principios, sólo buscan una tablita a la cual aferrarse. De nada sirvieron décadas de trabajo, en doce años dilapidaron un capital político hecho con esfuerzos. Las acciones que Madero lleva a cabo para medio reconstruirse, son peores que las medidas de Fox y Calderón usaron sin inteligencia para manejar al partido. Falta que le expliquen para qué sirve el Estado y que no estaría mal llevar a cabo eso que llamamos refundación. El PAN, como está, no va a ningún lado y menos aliándose con el PRD. Le convendría rehacerse, mostrar un ideario inteligente y de nueva cuenta bregar contra los demás partidos.


La crónica

marzo 10, 2013

Coexistencia forzada: ricos y pobres


México no dejará de asombrarme, por eso es mi tema favorito en artículos y libros, en pláticas, clases y conferencias. Nación atrasada, según la revista Forbes, dentro de las personas más ricas del orbe aportamos a un aceptable número de multimillonarios, Carlos Slim es el mayor de todos, casi siempre en primer sitio, lo cual no es poca hazaña. Lo acompañan, dentro de los mexicanos más ricos, Alberto Bailleres, Germán Larrea, Ricardo Salinas Pliego, Eva Gonda Rivera, María Asunción Aramburuzabala, Jerónimo Arango, Emilio Azcárraga Jean, Rufino Vigil González, José y Francisco Calderón Rojas, Carlos Hank Rhon, Roberto Hernández Ramírez, Alfredo Harp Helú, Max Michel Suberville y Juan Gallardo Thurlow. La nota, tomada de Excélsior, indica que de “las mil 426 personalidades más acaudaladas del planeta, por primera vez, 15 son mexicanas…” Lamentablemente el Chapo Guzmán salió de esa envidiable lista; la fuente no indica si fue porque su dinero es mal habido o porque ha disminuido a menos de mil millones de dólares.
Lo que más llama la atención, al menos de las ex clases medias para abajo, es que esas fortunas inmensas sumadas dan una cifra impresionante. Pero más interesante resulta que el número de pobres en México aumente cada año. No hemos tenido Presidente que no prometa dos cosas que sin duda van de la mano: combate a la corrupción y disminución de la miseria. Al final, todos fallan y el recién llegado ofrece lo mismo, pero por otros caminos, ahora sí eficaces. Los desamparados son millones.
No se necesita ser genio para percatarse de que la distribución de la riqueza es inequitativa en todo el mundo, incluyendo a los países más desarrollados. Ciertamente en algunos la brecha disminuye, pero jamás logra darse un equilibrio razonable. Para muchos economistas es normal: vivimos en una economía de mercado; no para otros, pues suponen que pueden existir modelos diferentes, capaces de eliminar esta contradicción a la que llaman principal.
Imagino que no es fácil, estamos lejos de la famosa expresión de Proudhon, la propiedad es un robo. Tenemos expertos que dicen que el capitalismo, el sentido de la propiedad privada, la acumulación de bienes, es inherente al ser humano. En el pasado remoto, cuando los primeros humanos eran nómadas, de pronto uno de ellos, más fuerte y más listo, se paró frente a una hermosa cueva, decorada con motivos rupestres, rodeada por un frondoso bosque y dijo: “Esto es mío”. Surgió de inmediato la propiedad privada y el Estado para garantizar su plena existencia.
No se trata más de decirle a los pobres que son un resultado natural, que deben existir para que Rosario Robles y López Obrador, cada quien por su lado, desde luego, traten de paliar su penosa situación con cobijas, despensas y palabras dulces. Ernesto Guevara fue un soñador, como John Lennon, y pensó que podría aparecer el nuevo hombre que no ambicionara bienes materiales, riquezas. Pero de pronto aquellos proyectos de seres generosos y solidarios vieron fotografías de las grandes tiendas, anuncios de casas y automóviles, de ropa elegante, joyas y el sueño se acabó. Triunfó el consumismo.
Veamos las cosas positivamente: los ricos en verdad ricos suelen ser altruistas; claro, comienzan con ellos mismos y si algo sobra, para de Forbes pasar a las revistas culturales, hacen museos, conceden donativos y en general reparten discursos de autoestima. Cómo ser millonario sin ser amigo de los presidentes de México. El PRI fue famoso por crear nuevos ricos. El político pasaba a empresario. Allí está, digamos, Carlos Hank González. Vendía dulces en su niñez y terminó siendo millonario. Historias semejantes las conocemos por montones. Elba Esther, con un sueldo de maestra de primaria, logró fabulosas riquezas. Yo con el mío de profesor universitario, merced al ISSSTE, apenas he podido comprar a plazos una casa más bien modesta.



Excelsior