Tantadel

mayo 31, 2013

Nostalgia por los trenes


Me entero que el nuevo gobierno de la República reconstruirá las casi inexistentes rutas ferroviarias. Si en el pasado las autoridades pensaban en la importancia de ese método de transporte poderoso, eficaz y de amplia capacidad para mover carga y personas, las más recientes dejaron morir aquello que hizo posible que la Revolución Mexicana creciera y llegara a todos los sitios del país: el ferrocarril. En el pasado remoto, uno podía leer que los mandatarios inauguraban esperanzadoras vías ferroviarias y edificaba estaciones, sólo el DF tuvo cuatro. Era sinónimo de progreso. Luego, por razones enigmáticas, muy cercanas a la estupidez o a la escasa visión política o a la corrupción, fueron desapareciendo. Se quedó en los recuerdos de los mayores, en los corridos que hablaban de esos ruidos y soberbios “caballos de acero”, en los maquinistas, en su capacidad para transportar caballos y cañones, de valerosas tropas y decididas soldaderas. Esto es, se quedaron en las leyendas, en los corridos y en fotografías amarillentas.

La primera vez que viajé en tren, hice el recorrido de la ciudad de México al puerto de Veracruz. Si mal no recuerdo, era un niño de menos de diez años, llevado por su mamá, salí a las siete de la mañana y llegué al mar a eso de las siete de la tarde. Fueron horas estupendas. De paisajes cambiantes y extraños para un niño urbano. El ambiente dentro del vagón era cordial y de buen humor. Ya en la UNAM, en la carrera, uno de mis maestros más queridos, el historiador poblano Ernesto de la Torre Villar, me recomendó que hiciera el recorrido del DF a Cuernavaca, es lento, pero maravilloso, añadió. Desafortunadamente nunca abordé dicho tren, pero cuando llegué a vivir a Tlalpan, hace años, en las noches escuchaba el silbato de la locomotora que anunciaba su paso contundente. En Puebla existe un amplio y descuidado Museo del Ferrocarril que poco llama la atención. Mientras que en Europa, he podido conocer docenas de ciudades gracias al ferrocarril. El primero que tomé en ese continente fue de París a Madrid, se llamaba Puerta del Sol y cambiaba de vía en la frontera. Ahora he viajado en Francia, Alemania, Rusia o Hungría en modernos, veloces y espléndidos trenes. He llegado a subirme a los que llaman tren bala, son soberbios, dignos de los poemas elogiosos y deslumbrados de los futuristas.

Ahora, el pobre México va de nuevo en pos del tren. Piensa reconstruir lo que hoy apenas existe: una red ferroviaria. Nos hemos acostumbrado a políticos sin imaginación. Llevamos años privilegiando al automóvil, lo hemos hecho el rey en detrimento del transporte público y del sufrido peatón, que conforma la mayoría de los habitantes capitalinos, a pesar de los cuatro millones de vehículos que padecemos y que contaminan en serio por más ecológicos que sean. El paisaje urbano es grotesco a causa de los segundos pisos, de los que pasaremos inexorablemente a los terceros. Un día habrá que derribarlos y buscar con urgencia nuevas formas de recorrer la compleja urbe.

Ya nos anticipan que el tren volverá. Y nos hablan de inversiones millonarias y de enormes esfuerzos para rehacer la red ferroviaria. Como es usual en México, de nuevo comenzamos de cero. París tiene estaciones estratégicamente colocadas por la ciudad y la gente se mueve con rapidez y eficacia, como en Nueva York o Madrid. México ahora, luego de muchas décadas de despreciarlo, vuelve a verlo como una opción. No cabe duda, padecemos una clase gobernante de escasa imaginación. Cada presidente empieza su gestión de cero. Ve hacia el futuro sin mirar el presente y desde luego sin entender el pasado, sobre el que jamás leyeron una línea.

El país está comunicado por carretera y mal. La aviación comercial mexicana es incipiente y asimismo lamentable. Tenemos miles y miles de kilómetros de costas y sólo sirven para poner casas de lujo, costosos hoteles y centros vacacionales. En un país de muchísimos días feriados, en donde los mexicanos viven para disfrutar los “puentes” cada vez más largos, nación que espera los viernes con angustia porque luego vienen dos días de juerga y descanso, pocos piensan en reorganizarlo a fondo. Pero ahora la modernidad de una nación estancada, descubre los trenes y pronto (eso espero) comenzarán a rodar nuevamente para impulsar el desarrollo y salir del atraso ofensivo (eso sí, folklórico) al que nos hemos acostumbrado.

Ojalá todavía tenga tiempo para subirme a un moderno tren y llegar velozmente a Puebla, digamos, y no perder el tiempo en medio de un intenso tránsito de marchas, automóviles que se limitan a llevar en su interior a una persona, dos a lo sumo, mítines, protestas escandalosas, desórdenes sociales, falta de autoridad, cumplir con la tarea y regresar sin perder horas en carreteras bloqueadas por maestros inconformes o estudiantes rechazados por falta de un aceptable promedio. ¿No estaremos soñando? ¿Acaso el gobierno federal ha entrado en la ciencia ficción política? ¿De la nostalgia pasaremos a una realidad avanzada? Esperemos que pronto vuelva a moverse el tren por la compleja geografía nacional.

mayo 29, 2013

Problemas en Michoacán, problemas de México


De todos los estados que configuran el complejo mapa de la república, hay algunos con mayores problemas que otros, pero ninguno escapa a esta condición. Los que padecen más son tres: Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Ellos requieren cuidado especial, tacto político, el esfuerzo de los partidos políticos, la comprensión de los medios y el cuidado de la sociedad. Finalmente, una actuación decidida de parte del gobierno federal. En estos momentos, las principales fuerzas políticas deben buscar soluciones y no únicamente dividendos. Es obvio que el famoso Pacto por México, en caso de ser plenamente aceptado por todos los partidos en pugna, no es la panacea de nuestros padecimientos. De tal manera que aparte de polemizar por razones mezquinas, sería positivo que discutieran los grandes problemas nacionales, y en particular los que sufren los estados citados.

Gustavo Madero va de un lado a otro, desconcertado. Por una parte, intenta controlar a sus correligionarios y sólo logra crear más confusión en un partido que de Los Pinos cayó al tercer sitio. Por la otra, se vincula más y más con un organismo que pareciera ser su enemigo y no un amigo fraterno: el PRD, cuyos líos internos apenas comienzan. Los mayores aparecerán cuando López Obrador consiga con relativa facilidad el registro para su propio partido: Morena. Pero tampoco Jesús Zambrano las tiene todas consigo. Conoce bien sus límites y las dificultades que pasa el PRD, el que ha llevado a un ciudadano sin militancia a la jefatura del gobierno capitalino; sabe que está sentado en un barril de pólvora y rodeado de tribus que no logran unirse.

En este contexto, el PRI se mueve con habilidad. Enrique Peña Nieto se nota cómodo. Las avenidas se ensanchan y el porvenir le parece promisorio y quizás lo sea. De ser así, su partido tiene asegurados otros seis años cuando menos.

Esto exige que la oposición, para mantener el equilibrio del país, acepte que las pugnas sean dirimidas en debates inteligentes y cordiales, con proyectos de buena voluntad. Dentro de una conducta civilizada y no a balazos. De allí que las palabras de Jesús Zambrano sobre la situación en Michoacán hayan causado malestar en el PRI, y sobre todo en los medios de comunicación más acertados. Según el dirigente perredista, hay que reconstruir Michoacán. Hasta aquí estamos bien, pero no es posible responsabilizar al gobierno recién llegado que, además, ha visto enfermarse seriamente a su gobernador. Zambrano sugiere que el estado pasa por malos momentos a causa de la ausencia de gobierno. ¿Y las condiciones en las que los priistas heredaron Michoacán, luego de dos gobiernos perredistas no cuentan? No dejemos de lado que los perredistas Cárdenas Batel y Leonel Godoy, contribuyeron a que el narcotráfico y el crimen se organizaran y crecieran y poco o nada hicieron para cortar de raíz el problema. Afirmar que Michoacán hoy padece el peor gobierno de las últimas décadas es una suerte de justificación y de ataque mal fundado que puede recibir su merecido y revertirse. De seguir la misma ruta, prosigue Zambrano, en los siguientes procesos electorales será el narcotráfico el que decida quiénes serán senadores, diputados, presidentes municipales y acaso designarán al gobernador. La afirmación es sin duda exagerada o no acaba de ver que la presencia de las fuerzas armadas ha aumentado sensiblemente. El Estado tiene recursos para controlar el problema, sólo que no ha sabido utilizarlos a plenitud, racionalmente y con audacia.

Del lado panista, hay semejantes planteamientos. Pero olvidan que allí la mano del michoacano Felipe Calderón y su familia estuvieron muy metidas y que sus resultados fueron iguales o peores. Calderón fue un mal gobernante, ahora, en vez de seguir entrometiéndose en los asuntos internos del país, tendría que colaborar al menos en la reconstrucción del PAN al que hizo añicos.

En tal caso, el PRI podría argumentar, pero mal haría, señalando que en Oaxaca y Guerrero los gobiernos perredistas han hecho un papel pésimo, lamentable. Suena mejor la propuesta del mismo Jesús Zambrano, en el sentido de que los partidos principales deben sentarse a buscar con el gobierno federal las soluciones a problemas que vienen del descuido generalizado del sistema político mexicano.

Las fuerzas militares del gobierno federal no pueden correr de un lado a otro apagando fuegos que reaparecen al día siguiente en otra zona. Jamás acabarán. Es indispensable buscar la forma racional e inteligente de frenar al crimen organizado y eso, efectivamente, pasa por el apoyo decidido de la sociedad, de la gente de cada estado, de cada ciudad, de cada municipio. El Ejército y la Marina no tienen como gran objetivo eliminar criminales. ¿O el problema es de tal magnitud que la única solución es su participación, un tanto al modo fallido de Felipe Calderón?

Hasta hoy el crimen organizado y el narcotráfico no han disminuido, simplemente han sido manejados con discreción por el gobierno federal. El problema es cuánto tiempo se necesitará para volver a la cordura y recuperar el país. No tenemos tanto tiempo y cada día surgen nuevas protestas de inconformes decididos a radicalizar su posición ante el sistema político mexicano.

Posdata a mis lectores y amigos: les recuerdo que mañana jueves, a las 12:00 horas, en la UAM-X, en el patio central del Edificio A, arrancan los homenajes y reconocimientos con motivo de mis 50 años de creación literaria. Ojalá puedan acompañarme. Estaría feliz.


La crónica

mayo 27, 2013

El inagotable Borges


A pesar de que Vicente Fox fue incapaz de recordar su nombre, o Peña Nieto no lo tuvo entre sus autores memorables, Jorge Luis Borges, día tras días, prueba ser el escritor más importante del castellano, acaso como Cervantes y Lope de Vega, y un autor que revolucionó la literatura internacional. Su influencia es notable y está ampliamente generalizada por el planeta. Hace unos días, su viuda, María Kodama, le envió al Papa, asimismo argentino, las obras completas del que fuera su esposo. Ignoro si las leerá. Borges fue agnóstico y vio a la Biblia como un monumento literario. Para colmo, consideraba a Cristo como un mal político y pésimo actor, entre sus constantes ironías.

Borges, qué duda cabe, debido a su debilidad física y a la inevitable ruta a la ceguera total, era un hombre de gabinete, de pocos amigos y menos amores. Su amistad con Adolfo Bioy Casares, a quien siempre consideró su par, fue proverbial, ejemplar. Pero (siempre los infaltables peros) fue maltrata al final, por una esposa menos inteligente y menos erudita que los amigos entrañables, una mujer que todavía no nacía cuando ellos ya cultivaban con esmero su amistad y mutua admiración. Es muy posible -pienso- que la inexperiencia amorosa de Borges haya permitido el alejamiento de Bioy Casares. La reacción de Kodama, ya viuda, cuando Bioy Casares publica en un enorme volumen las conversaciones entre ambos, las interminables cenas donde ambos hablaban con una inteligencia feroz de arte y literatura, de religión y acaso de política, fue excesiva y lamentable. Tanto Borges como Bioy Casares pudieron haber fallecido sin manchar la relación, mantenerla inmaculada, como lo fue la de Kafka y Max Brod, o la de, si de filósofos hablamos, de Marx y Engels. Es una tragedia que ninguno merecía. Borges es el monumento a la literatura, mientras que Bioy lo era a la devoción hacia ese intelectual que supo a fuerza de lecturas conocer profundamente algo de lo más hermoso que ha hecho el hombre, el arte de escribir.

De nueva cuenta circula en México un libro, una antología de cuentos que Borges consideró en 1935 “memorables”. Lo halla uno bajo idéntico título: Cuentos memorables según Jorge Luis Borges y nos da una idea de su poderosa influencia literaria. Cuando hace unas tres décadas o más una editorial inicio la colección titulada Biblioteca de Borges, unos cien títulos, integrada por aquellos autores que llamaron la atención del narrador y poeta porteño (entre ellos, Juan José Arreola y Juan Rulfo, otros dos grandes amigos que terminaron distantes), se agotó completamente. Con algo de fortuna, es posible encontrar en librerías de viejo algún volumen. No hay línea de Borges que permanezca inédita, en cuanto las hallan sus admiradores, de inmediato las dan a conocer, porque siempre son perfectas. Sus conferencias, sus pláticas, sus conversaciones informales, todo ha terminado atrapado por las pastas que orgullosamente muestran su nombre.

Borges tuvo la afición de crear antologías de los cuentos o poemas que le gustaban, en más de un caso, en compañía de Bioy Casares, nombres que a pesar de María Kodama seguirán juntos en la eternidad. No importa que uno esté enterrado en Suiza y el otro en Argentina. Ninguno, por cierto, fue merecedor del Premio Nobel, pero eso habla mal de la Academia sueca, no de los viejos camaradas. Tantas veces se han equivocado los jurados, que es mejor no tocar el tema. Reunió relatos policiacos, fantásticos, animales fabulosos… Entre los segundos está incluida Elena Garro, una de nuestras mejores cartas literarias y en tanto mujer, si hemos de entrar en el absurdo juego de género (en arte no existe), la más perdurable que tenemos luego de Sor Juana.

En el caso que me ocupa, Borges selecciona a May Sinclair, Allan Poe, Joseph Conrad, Rudyard Kipling, Guy de Maupasant, Chesterton, al que Alfonso Reyes, escritor querido para Borges, tradujo magistralmente, O’Henry y algunos más hasta completar doce historias cortas. Para el porteño esos son algunos de los cuentos que todo buen lector o escritor debe conocer. Con severidad y lucidez, los editores tendrían que incluir uno del propio narrador que hizo la antología, para redondearla, quizás con “El jardín de senderos que se bifurcan”. Pero eso es una broma.

Jorge Luis Borges, a quien llegué a leer gracias a su gran admirador Juan José Arreola, mi maestro, es una lectura imprescindible. El problema es que no es tan fácil como muchos pueden suponer. Cada línea suya, como toda gran literatura, requiere dos o tres lecturas porque posee varias interpretaciones. Ignoro si sea un autor para lectores profesionales, un escritor para escritores, lo único que me queda muy claro es que se trata de un ser humano irrepetible, de una inteligencia superior y cuya devoción por las letras lo condujo a un punto muy elevado. Para millones, es un escritor mítico, casi sagrado, cuyas páginas son de una intensa perfección.

Han transcurrido ya varios años desde que Borges falleció y los comentarios siguen apareciendo porque se reeditan frecuentemente sus libros. En lo personal, lamento mucho haber estado dos veces con él en Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional, todavía en la calle México, y a causa del deslumbramiento no se me ocurrió solicitarle que me autografiara un libro suyo. A cambio, como modestísimo presente, le dejé un ejemplar de Hacia el fin del mundo, libro que me publicó en 1969 el Fondo de Cultura Económica.

mayo 26, 2013

Mis deudas con la universidad pública


Mi formación académica es obra de la educación pública, de principio a fin, incluso en París, estuve en universidad pública para estudiar el posgrado. Realicé el bachillerato y la carrera en la UNAM. Mi casa fue la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. De las escasas veces que fui funcionario, lo fui al frente de Difusión Cultural cuando Jorge Carpizo era rector. Como profesor arranqué hace 50 años en la misma FCPyS. Estuve allí hasta 1974, cuando inició la UAM. Sus proyectos y sistema departamental me atrajeron. Hace unas semanas José Narro, buen amigo del Rector General Enrique Fernández Fassnacht, me dijo bromeando: Tú eres de la UNAM, René, y te hemos prestado a la UAM. La broma tiene sentido. Sigo en ambos mundos. En las dos instituciones he publicado libros. Ocasionalmente regreso a mi facultad a dar clases y nunca he desdeñado participar en sus magníficos actos culturales. El más reciente fue el homenaje a Rubén Bonifaz Nuño.
Rubén siempre insistía en que la UNAM era el centro del mundo. Hablaba de ella con amor. No es una imagen decir que era su casa, lo fue siempre. Hablamos de uno de los mayores poetas, traductores y ensayistas del castellano y hablamos de la Universidad que ha sido definitiva en la edificación de México.
Podría yo decir algo semejante con la universidad que me albergó, de la que fui uno de sus profesores fundadores, la UAM. Desde la unidad Xochimilco, puse algunos granos de arena. Comenzamos con aulas improvisadas y hoy la integran cinco unidades. Está entre las mejores 200 universidades del mundo. La he visto crecer de forma espectacular, me enorgullece y así se lo dije públicamente a Mario Vargas Llosa cuando al visitarnos me correspondió entrevistarlo para nuestra comunidad.
Con ambas instituciones estoy en deuda. Si una me formó, la otra me ayudó a encontrar mi vocación plena: la posibilidad de fusionar mis tres actividades principales: la literatura, el periodismo y la docencia en la carrera de Comunicación Social. La ruta no fue fácil, pero la comprensión de mis colegas y las autoridades fue decisiva. De allí partieron los homenajes más sinceros que he recibido. Cuando cumplí 70 años de edad, la Feria del Libro de Minería, los conmemoró de manera emotiva. La UAM, a su vez, ha hecho una suerte de costumbre festejar mis fechas literarias relevantes. Cuando cumplí 15 años como literato, mi área de investigación hizo una amplia mesa redonda sobre mis tres actividades con invitados de mucho talento y prestigio. Más adelante, mi primera novela, Los juegos, al convertirse en cuarentona, produjo festejos en la Rectoría General, donde participaron muchos escritores y académicos. Ahora que he llegado a los 50 años de hacer literatura, mis compañeros y las autoridades de Xochimilco y Rectoría General arrancarán el próximo jueves una serie de festejos a los que se han incorporado otras grandes casas educativas del país, como el IPN, la BUAP y la UAEH. Los homenajes incluyen la publicación de varios libros míos, dos discos con relatos, una exposición de los artistas plásticos que como Cuevas, Ceniceros y Sebastián han ilustrado mi trabajo literario y varias conferencias. En 2010, el Colegio Académico de la UAM me designó Profesor Distinguido.
Es decir, lo que soy, se lo debo a esas generosas instituciones públicas. Soy producto de ellas, aunque el lugar en el periodismo lo obtuve directamente en los medios, principalmente en Excélsior, y mis arranques literarios están en el Fondo de Cultura Económica y Joaquín Mortiz. ¿Cómo pagarles? Imposible. Si de premios hablo, por ejemplo, el muy prestigiado de Colima lo obtuve con un libro publicado por la UAM, prologado por Rubén Bonifaz Nuño, y el Nacional de Periodismo lo recibí por El Búho (Excélsior) y me lo entregó el gobierno de la República.
Sirvan estas líneas para darles lo único que poseo: amor y devoción al trabajo.

mayo 24, 2013

Priista una vez, priista siempre


Hasta el año 2000, fui un severo crítico del PRI. Al verlo derrotado por el PAN, modifiqué el sentido de mis dardos: los encaminé al nuevo partido en el poder. La transición me confirmó la idea de ser crítico del sistema político mexicano, ahora encabezado por un partido de derecha. Pienso que al periodista le pagan por defender a la sociedad y no al gobierno. Acción Nacional era y es más frágil en tal sentido. Su historia es la del peor conservadurismo mexicano. ¿Y el PRD? Es un partido formado principalmente por ex priistas resentidos. Si antes había criticado a Manuel Camacho, Marcelo Ebrard, López Obrador, Muñoz Ledo… ¿por qué ahora verlos como si fueran salvadores de la patria?

Si cuando padecíamos el partido único (o casi) éramos rehenes de la política, ¿qué nos hace pensar que el pluripartidismo de hoy es ejemplar? Hace algunos años, cubriendo información en Tamaulipas, una señora atenta y culta, me hizo notar que entre el candidato priista, el panista y el perredista no había diferencias: los tres provenían de universidades privadas, eran empresarios y la única diferencia era la hora de asistir a misa. Esto es, no hay mayores diferencias entre los tres partidos principales. Hace décadas, el PAN se oponía  a cualquier acción del PRI, ahora todo es cuestión de matices. Palabrería.

Lo digo porque Gustavo Madero acaba de nombrar a Jorge Luis Preciado nuevo coordinador panista en el Senado. Este político se formó en el PRI de Colima, tuvo algunos cargos en gobiernos surgidos de tal instituto. Luego, entre problemas turbios y desacuerdos sobre su propio destino político, optó por el PAN y allí hacer su carrera. Exactamente lo mismo que les ha ocurrido a cientos de priistas que inesperadamente chocan con un muro de incomprensión, de autoritarismo o simplemente no les dan lo que suponen merecer y mudan de casa.

De tal manera, todos los políticos tienen mucho de priistas. Moreno Valle o Arturo Núñez son ejemplos típicos. Podríamos decir, y no es broma, que nos gobierna un solo partido y que tiene un centro (el PRI), una izquierda (el PRD) y desde luego una derecha (el PAN). Para qué hablar de los partidos pequeños, carentes de personalidad y en busca de uno grande al cual asociarse para mantener el registro y las ventajas económicas que derrama el IFE con nuestros recursos. Como nunca las diferencias son mínimas. Pobre México, tan cerca del PRI y tan lejos de Dios. Quiera uno o no, vota por un partido único. Tres en uno, como la Santísima Trinidad.

Tal vez allí radique el éxito de López Obrador. Aunque salido del PRI, al que en su juventud loaba sin medida, en estos tiempos es quien mantiene distancia real de los tres partidos citados. Queda, pero eso se cocina aparte, el EZLN y el subcomandante Marcos, quienes recelan del sistema de partidos que nos conduce. No es fácil descifrar su silencio. El zapatismo no es una fuerza pasiva, encerrado en sus zonas de relativo confort. En algún momento volverá a la palestra con renovado vigor y exhibirá el tipo de sistema que gobierna a México.

Las pugnas en el PAN (lo dije de otra forma en mi anterior entrega) carecen de sentido. Deben dejarlas y tratar de recuperar su sentido fundacional. Sin embargo lo que prevalece es un evidente proceso de asimilación al PRI. Entre gritos y pataleos, tal como sucede en el PRD, se acerca a los proyectos del presidente de la República. La presencia de Jorge Luis Preciado es parte del futuro de dicho partido.

En el pasado remoto la cooptación tenía otras formas. El joven era un militante marxista, la ideología que mejor representaba a la izquierda. Se prestigiaba como crítico del PRI y enseguida, ya conocido, aceptaba empleos en el gobierno. El pretexto era genial: se sacrificaba para hacer la revolución en el interior del monstruo. Desde allí cambiaría la faz de México, cuando en rigor únicamente modificaba su modo de vida al hacerse rico protegiendo los intereses del priismo, un priismo que fue gradualmente deshaciéndose de sus orígenes revolucionarios hasta ser muy semejante al panismo. Torció el rumbo y se dio a sí mismo elegantes toques de rancio conservadurismo. Se hizo anticomunista y defensor de la economía de mercado, volvió a los altares y recuperó su militancia religiosa.

Quizá lo mejor sea desaparecer al IFE, pero no como propone el PAN, sino para crear una modesta máquina electoral que organice la votación por un solo partido. Para qué gastar tanto para todos ellos si representan los mismos intereses.

Por lo pronto, si uno mira atentamente a los tres partidos mayores, estoy seguro que notará que son muy semejantes, sin duda visten incluso ropas de marcas costosas, así como utilizan camionetas oscuras, blindadas y son protegidos por policías que nunca un ciudadano encuentra a la mano.

Jorge Luis Preciado, como Manuel Camacho del otro lado, representan lo mismo pero con discursos diferentes. Alabado sea el Señor que nos ha dejado en manos de un solo y extraño partido. Un monstruo con tres cabezas que piensan de modo similar.

mayo 20, 2013

La atroz dictadura de Videla


Nunca, salvo en Argentina y España, pasé algunas semanas en medio de una feroz tiranía. En Madrid me tocó, en 1970, escuchar lo que posiblemente fue uno de los últimos discursos públicos de Francisco Franco. Me abrumó, mejor dicho, abrumó al joven militante marxista que era yo: lanzas de fuego contra los “rojos”. La Plaza de Oriente estaba a reventar y los gritos que coreaban al brutal dictador, el hombre que asesinó a todos los sospechosos de ser izquierdistas luego de su triunfo militar apoyado por fuerzas nazis y fascistas italianas. Fue una experiencia atroz y eso que yo casi acababa de pasar la noche del 2 de octubre de 1968.

Justamente a causa de esa fatal noche mexicana, escribí una novela, El gran solitario de Palacio, que no halló editor en México. De Buenos Aires recibí una propuesta para editarla en Fabril Editores. Los trámites se hicieron por correo y al fin la obra apareció al lado de libros de la uruguaya Clara Silva, esposa del crítico literario Alberto Zum Felde, y el chileno Carlos Droguett, autor de un clásico latinoamericano, Eloy. La lucha anticomunista estaba en pleno, la Revolución Cubana era considerada como un enorme peligro para las “democracias” y Estados Unidos había desatado la Guerra Fría contra la Unión Soviética. América Latina hervía. De un lado las tesis guerrilleras seguían siendo válidas, del otro Salvador Allende lograba el objetivo de consolidar el socialismo por la vía electoral. Los militares de todo el continente estaban inquietos, la derecha se organizaba para frenar el avance del socialismo. La CIA controlaba aeropuertos y vigilaba los movimientos de las fuerzas de izquierda, celosamente.

A ese Buenos Aires llegué en 1971. Lanusse gobernaba. Era el principio de la violencia. Muchos argentinos mantenían las esperanzas de que el retorno de Perón mejorara las cosas. Pero el político, que en compañía de Evita dejó una huella imborrable, era ya un hombre viejo, que vivía de nostalgias y que tampoco gozaba ya del apoyo de las fuerzas armadas. Aquel fue un viaje inolvidable. Pude conocer a Jorge Luis Borges personalmente, dos veces lo visité en su oficina de la Biblioteca Nacional, entonces en la calle México. Ante mí desgranó sus recuerdos de Alfonso Reyes y habló de literatura, aunque no dejó de contarme por lo menos un par de chistes sobre Eva y Juan Domingo Perón. No olvidaba los agravios que de ellos recibió el notable narrador y poeta. Me hice buen amigo de Juan Carlos Ghiano, un crítico y novelista de excelencia, conocido en México. Pero fue de Haroldo Conti de quien me hice más amigo. Juntos recorrimos diversos lugares de ese gran país. En una noche de veda de carne, Aroldo y su esposa optaron por llevarme fuera de Buenos Aires, a donde podríamos eliminar la disposición del gobierno. Así fue. Al regreso, en la carretera, casi por entrar en Buenos Aires, militares fuertemente armados y tanques, nos detuvieron para pedirnos identificación. Fueron violentos y amenazadores. Yo no la llevaba, Haroldo y su esposa sí, estaban acostumbrados a los estados de sitio y a los toques de queda. No era mi caso. Por fortuna, como narro en mi libro autobiográfico Recordanzas, al explicar que yo era turista mexicano, los soldados se rieron majaderos y dijeron: pero che sí habla como Cantinflas y me dejaron pasar. Fue un hecho ridículo, pero pude observar la brutalidad de los milicos argentinos.

Pasaron años sin volver a Buenos Aires, pero jamás dejé de escribirme con Haroldo Conti. En ellas me contaba cómo la brutalidad crecía, se agrandaba. Sus palabras eran conmovedoras, pero reflejaban la gravedad de la situación política en Argentina. De pronto sus cartas desaparecieron, no volvieron a llegar y las mías se perdieron en alguna parte enigmática. La información que recibí de algunos camaradas que llegaban a México huyendo de golpes militares salvajes, draconianos realmente, me llevaba a una conclusión: Haroldo Conti había sido asesinado por los torturadores, muerto a golpes, sometido a brutales torturas porque era un izquierdista amigo de la Revolución Cubana.

Aquello, pienso en los años, fue en los primeros meses de Jorge Rafael Videla, quien ejerció brutalmente el poder, no era un militar, sino un criminal uniformado, cuando asesinaron a un enorme escritor, un hombre bueno, generoso, que buscaba lo mejor para su país y para América Latina. Ahora me llega la noticia de que el asesino ha muerto recluido en la cárcel, donde estaba cumpliendo cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Apenas merecido. Fueron cientos, acaso miles los ciudadanos que murieron bajo el fuego y los golpes de los militares argentinos. Tenía 87 años de edad y a su paso fueron asesinados muchos argentinos decentes y valerosos. La presidenta María Estela Martínez de Perón lo nombró comandante en jefe del ejército y le agradeció derrocándola. Era un perfecto personaje del clásico libro de Borges: Historia Universal de la Infamia.

mayo 19, 2013

El novedoso PRI


La salida de Humberto Benítez Treviño de la Profeco, tiene muchas lecturas. ¿Cuál hará la hija incómoda al pedir dinero al papá para actualizar su guardarropa? Los medios mostraron júbilo y el PRD y el PAN se sumaron: efectivamente hay un presidente sensato, justo y con cinco mexiquenses menos en sus filas. La mayoría mantiene el escepticismo natural luego del paso depredador de varias décadas dominadas por el PRI. Recuerda que la política mexicana se hizo amigable con el dinero y los funcionarios, al salir de sus cargos, estaban convertidos en grandes empresarios e inversionistas. La lista de los corruptos es infinita.
Lo adecuado es mostrar serenidad y esperar a que el sexenio avance. En todo caso, el despido de Benítez Treviño se debe a la crítica social expresada por los medios. De no ser así, seguiría en el cargo: él no fue culpable sino el mesero que no le concedió a su hija la mesa exigida. Ah, y los solícitos funcionarios que sin una reflexión política procedieron a sancionar al restaurante.
La solución de Peña Nieto fue espectacular. El propio secretario de Gobernación la puso ante los periodistas. Fue una medida natural en países avanzados en su administración. Una vez, en plática con funcionarios de alto rango, dije que los periodistas debían ser críticos severos de la gestión pública. Uno preguntó: ¿Y si el funcionario realiza un buen trabajo? Entonces, repuse, el comunicador guarda silencio, les pagan muy bien por cumplir con su tarea. Eso es lo que hizo Peña Nieto.
 Si somos realistas y severos, el PRI jamás acabará de amortizar sus culpas. No hay Purgatorio para ellos. No es una frase rencorosa sino el recuerdo persistente de un turbio y autoritario actuar. No retrocedamos mucho, basta con ver cómo gobernó Mario Marín en Puebla: salió millonario y con una familia que alardea su fortuna en revistas de sociales. Añadamos al recién salido de Tabasco, Andrés Granier, quien habla de un guardarropa excesivo; nadie en el estado desconoce que él y su parentela gozan de una sobrada cantidad de propiedades y dinero. Si al menos fueran discretos.
No se trata de culpar a uno o cien priistas, sino de recordar la manera en que han gobernado. El nuevo mandatario deberá hacer un gran esfuerzo para que los mexicanos eliminemos la imagen del autoritarismo draconiano o de la corrupción voraz. De probarnos la transformación, el PRI podría asegurar su presencia en Los Pinos más tiempo. No lo sé: la historia es imborrable y terca.
Que los hubo honestos es cierto. Pero eran rarezas, la nación padeció excesos atroces bajo Alemán, Echeverría o López Portillo, cuyo primogénito era “el orgullo de su nepotismo”, hechos que están en la memoria colectiva. Los indicadores internacionales siempre han visto a México como potencia en corrupción y de ella no escapa ningún rubro. No sólo es Roberto Madrazo robándose varios kilómetros en una maratón, lo es también modificar la edad de un seleccionado de jóvenes futbolistas para que jugaran fuera del país.
 La lucha contra la corrupción aparece y desaparece. Cuando llegó a un nivel severo, Miguel de la Madrid creó la Secretaría de la Contraloría para frenarla. No lo consiguió, no obstante, pudo crear más empleos para los políticos, entonces sólo del PRI.
La remoción (el término es adecuado, ya Benítez encontrará otro buen empleo, cuando la tempestad amaine) trajo aires purificadores, pero no acaban de despejar el cielo bajo el cual se ha movido un borrascoso PRI. Viendo bien las cosas, no sólo este partido ha disfrutado de la corrupción, asimismo lo han hecho los perredistas en donde han gobernado y, desde luego, el panismo que se declaraba enemigo mortal de dicha calamidad nacional. En doce años consiguió sumarse a la corrupción e irse al tercer sitio electoral. Es posible que como funcionario, Benítez haya sido aceptable, pero no supo educar a sus hijos, dejó de lado el republicanismo ejemplar que presumió.

mayo 17, 2013

Qué comer para vivir saludable

Para Bernardo Ruiz, sus excesos y los míos,

son la suma de todos los males.

Cuando era niño de primaria, mis maestros, obviamente en escuela oficial, nos transmitieron una recomendación de la ONU, concretamente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Recomendaban que, para ser sanos y fuertes, comiéramos una dieta a base de alimentos claves, los que Europa y EU consideraban inmejorables: carne, huevos, leche, pan de trigo, mantequilla. En esos tiempos no había inflación galopante y en realidad los niños que rodeábamos al profesor de segundo año de primaria podíamos llevarla a cabo. No sabíamos que había miseria en el campo y que la ciudad capital estaba rodeada por zonas miserables. Así viví hasta la juventud, cuando incorporé a mi dieta básica el alcohol, la sal, el picante y desde luego la comida irritante y grasosa.

Los únicos obesos que veía entonces eran unos cuantos bebedores empedernidos de cerveza y pulque, todos botaneros, y el legendario luchador de peso súper completo La Tonina Jackson. Puedo presumir, como lo hacía Carlos Fuentes, a pesar de los excesos, que aún utilizo algunas ropas que compré a los treinta años de edad. Mis amigos y algunos lectores no ignoran mi edad y sólo tengo hernia hiatal a causa de la salsa Tabasco, los limones y acaso el tequila.

Digo lo anterior porque hace unos días leí en La Crónica que la FAO propone comer insectos para paliar el hambre. Pero antes debemos recordar que aquella primera recomendación del organismo internacional, fue descartada por la ciencia: ahora resulta que todo nos hace daño: la carne produce ácido úrico, los huevos y derivados de la leche, nos brindan una espléndida ración de colesterol y el pan de trigo engorda. Sólo que la humanidad ha comido carne desde siempre y no sólo ha llegado al número impresionante de habitantes que padece el planeta sino que la esperanza de vida es alto.

No he sido ni por asomo vegetariano, ni he cuidado mi organismo de las “malas” comidas, no eludo la chatarra cuando veo un partido de futbol americano o el box (los únicos deportes que gozo) y poco frecuento a los médicos, los que, además, suelen cobrar fortunas y no ser muy atinados. Trato de precisar que no aspiro a ser un muerto sano. Me cuido lo posible, sólo que no me gusta desperdiciar la oportunidad de comer tacos de grasientas carnitas. En rigor, soy tacólico.

Ya me presenté. Me gustaría seguir la recomendación de la FAO y tener la dieta que para pobres recomienda: insectos. Pero una vez más un organismo internacional falla. En México y en otros muchos países, los insectos y las cosas exóticas como los pobres perritos en Corea (igual que en el mundo prehispánico) los comen. En mi primer viaje a Corea del Sur, me percaté de que aquella carne tan sabrosa que estaba devorando en un restaurante de lujo, era de perro cuando comencé a ladrar. En París, sufrí un colapso cuando supe que estaba ingiriendo carne de caballo. Lo comenté con una francesa y me dijo ¿Y? Fue todo. La respuesta estaba dada. Aquí comemos gusanos de maguey, escamoles, arañas, víboras, grillos, changos, iguanas, conejos, en fin, una larga lista de alimentos de esa índole y nadie se alarma. Es cuestión cultural.

Para convencernos, la FAO especifica que el mundo consume más de 1,900 especies de insectos, los más utilizados son las abejas, las hormigas, los grillos y las langostas. Tienen multitud de virtudes, afirma. Seguramente la FAO desconoce los precios de los gusanos de maguey o de los escamoles. No hay dinero que alcance, no es dieta de pobres. Es una recomendación saludable para ricos.

Es correcto, las autoridades nacionales e internacionales tienen que velar por nuestro bien. Prohíben el tabaco, indican que debemos beber de forma moderada, nos quitan los saleros de los restaurantes, anticipan que las papitas y las cosas fritas, producen obesidad y muestran horribles fotos de niños gordos y de personas con cáncer pulmonar por haber fumado. El paternalismo nos oprime.

Algunos de mis mejores amigos han superado los cien años de edad y jamás se plegaron a los consejos del Estado o de los organismos internacionales. Mi querido Andrés Henestrosa festejó su centenario en medio de ruidosa comida, en la que me dormí por el mucho mezcal. Cuando un tonto comentarista de Televisa le preguntó la razón de su avanzada edad en lugar de interrogarlo sobre literatura (estaba ante un erudito), Andrés respondió: Gracias a los excesos, bebí, comí, amé, todo en demasía y aquí estoy.

Sé que muchos se molestarán por lo que escribo, así veo las cosas y así como respeto a los vegetarianos y a los abstemios y a los que traen consigo un vademécum y un dietista de planta, no me entrometo en sus frugalidades. Hay libertad de cultos y cada quien puede seleccionar con quién casarse, hombre con hombre, mujer con mujer, y yo demando que respeten mi dieta hecha meticulosamente a base de todo y siempre rociada con alguna bebida que no es de moderación. ¿El alcoholímetro? No me importa. Viajo en Metro o en taxi cuando tengo dinero. Finalmente como dicen que decía el célebre Winston Churchill luego de cumplir 80 años: Sigo fumando y bebiendo escocés y si no hago el amor no es por falta de ganas…

mayo 15, 2013

La importancia de llamarse internet


El escritor suizo Peter Stamm, quien vino a México a participar en un coloquio sobre nuevas literaturas y nuevas lecturas, según leo en los medios, fue entrevistado y le dijo a la periodista Virginia Bautista algo que llamó mi atención: “La literatura es lo opuesto al internet”. Añadió que le gusta la intimidad de los libros y que las redes lo distraen. Tiene razón. Hasta hoy podríamos decir que la función de internet es ajena a las letras, al arte. Sin duda el mejor sitio para escuchar un recital de piano es la sala de conciertos, así como una exposición de óleos es mejor apreciada en la galería o en el museo. No vivo sólo de nostalgias y he podido adaptarme bien a las nuevas tecnologías. Observo que tienen principalmente dos usos, ambos ajenos a la literatura: la comunicación entre las personas, particularmente aquellas que quieren paliar la soledad y al mismo tiempo ensanchar su campo de amistades, acaso buscando alguna sorpresa, salir de la rutina, y el otro uso, desahogar sus problemas políticos, externar sus opiniones, participar con una especie de periodismo no profesional, pero que sí refleja los estados anímicos de una sociedad. En tal sentido, el caso de la niña Profeco, hija de un importante funcionario, es una buena muestra. Internet muestra las reacciones inmediatas ante una pésima acción política o es sensible ante algo positivo. En países sin libertad de expresión o con amarras en este aspecto, contribuye a divulgar mensajes, consignas e información sobre autoridades tiránicas.

Podríamos concluir de modo apresurado señalando que internet tolera un tipo de periodismo no profesional, que no es posible considerar como algo serio, son informaciones inconsistentes. Hay rumores, opiniones llenas de pasión y hasta allí. Sin embargo, ha sido muy útil en tanto escuela de periodismo. Es algo rudimentario, pero pronto mejorará, estoy convencido. Los mensajes de pocas palabras, que poseen nuevos códigos, donde las abreviaturas y los signos se han convertido en un lenguaje rápido, con mala sintaxis y lamentable ortografía, tarde o temprano evolucionarán y tendrán un peso notable en las sociedades. Ya es una poderosa arma ciudadana. Y, por qué no, una forma de buscar amistad y amor.

Ahora, el tema propuesto por el literato suizo es la literatura. La intimidad con un libro, uno la mantiene con una tableta que tiene veinte mil libros y pueden ser llevados a una confortable sala para gozar la belleza de novelas, poemas y cuentos, obras dramáticas. No veo más diferencia que la manufactura: los libros son de papel y las computadoras plásticas. Pero hay algo clave: la alta cultura (uso la terminología de Mario Vargas Llosa en su libro La civilización del espectáculo) ha ido desapareciendo de los medios, electrónicos o escritos. En su lugar se ha impuesto la frivolidad, una cultura comercial que bien manejan las estaciones televisivas y radiofónicas. No hay tampoco buenos suplementos culturales. Los diarios apenas hacen mención de la intensa vida cultural de México y sí a cambio centran su actividad en la política más escandalosa, en los deportes y la frivolidad. Para qué hablar de los medios electrónicos: allí se concentra la mayor basura intelectual de un país. Programaciones baratas tan sólo para enajenar a un amplio sector de la población. La cultura cede espacio al impetuoso espectáculo comercial. Cuenta el rating, no el talento y la inteligencia, la cultura y la academia.

Dentro de este último aspecto, digamos, ¿dónde despega un joven poeta, dónde un novelista que ha concluido su primera novela y dónde muestra su obra la pintora novel? No hay mucho para escoger, atrapados como están los jóvenes intelectuales y artistas, entre autoridades poco sensibles y editoriales en exceso lucrativas, exploran las redes sociales. Allí aparecen desde intentos de poemas y minificciones, hasta breves ensayos sobre diversos temas. Los más audaces conforman un blog y desde allí muestra su trabajo inicial. Algunos de los que he podido ver son notables y a la calidad de sus materiales, es posible añadir un diseño adecuado e imaginativo del autor.

Consecuentemente las redes sociales, internet es por ahora una buena pista de despegue, un sitio donde los jóvenes y los no tan muchachos puedan convertir en realidad sus mejores sueños. Si el viejo mundo le cierra las puertas a la cultura, no así las nuevas tecnologías, donde existe la posibilidad de publicar un cuento bisoño, pero esperanzador, mostrar un cuadro que ambiciona ser arte o ponernos ante un pianista que interpreta con talento a Mozart y su problema es no tener la confianza de un promotor cultural.

En tal sentido, internet es lo mejor que pudo habernos ocurrido. Combate la soledad, hermana personas y causas, sí, pero también propone una nueva forma de hacer arte, de hacer especialmente literatura. Todo es cuestión de esperar unos pocos años y podremos prescindir de la incomprensión de los mercaderes del arte e incluso sustituir la miseria intelectual de los dueños de los medios de comunicación. Internet es un aliado poderoso de la creación artística, ya es posible apreciarlo, pronto será clave en la edificación de obras culturales.

Finalmente, yo como hombre mayor, me aferro al libro, lo leí, lo escribí, lo toqué y admiré. Tengo una gran biblioteca, pero eso no me impide escudriñar en el futuro y hasta ser autor de cuatro e-books, hijos intangibles.

mayo 13, 2013

Las nuevas alianzas políticas


El próximo 7 de julio las luchas políticas se reanimarán, el Pacto por México será nuevamente discutido y otra vez los medios, en lo posible, tratarán de cubrir completa la ruidosa información que se desatará. Son 14 procesos electorales. Están en juego 441 diputaciones locales, 1,348 alcaldes y el Gobierno del Estado de Baja California, desde hace muchos años en manos del PAN. En el país el gran vencedor es el PRI y los opositores de todos colores y posturas dejan todo de lado para aliarse entre sí e intentar vencer al partido vencedor de la pasada elección presidencial.

El PRI parece muy bien posicionado, ha recuperado su habitual arrogancia y como los derrotados no tienen mucha fuerza, suponen, lo ha dicho Camacho Quiroz, que tendrá algo así como “carro completo”. El panorama le es favorable, no parece tener mayores obstáculos, salvo que de pronto cometa un error garrafal, algo improbable. Peña Nieto goza de enorme simpatía y hasta hoy sigue aumentando a pesar de que dentro de su partido existen las complicidades de siempre y la grosería habitual que el poder en México le concede a cualquier pobre diablo disfrazado de político. Con un PAN y un PRD hechos trizas, no es fácil suponer que las huestes del binomio Peña Nieto-Camacho Quiroz puedan perder. Se avizora, pues, un gran triunfo para el PRI. Los errores y defectos apenas se notan entre los discursos apabullantes y poco inteligibles del Presidente del país. Su carisma sigue ayudándole y la luna de miel con medios y sociedad se ha mantenido estable, pero, yo imagino, gradualmente disminuirá. Los priistas están recuperando sus antiguos vicios y defectos. La desmesurada confianza en que si volvieron a Los Pinos es porque son salvadores, los únicos que saben gobernar con tino. Pero nunca han dejado de ser los mismos: de igual modo que la única cara más o menos novedosa es el propio Peña Nieto, los demás vienen del antiguo PRI, para colmo, el primer círculo del Presidente, casi todo es mexiquense. Si ellos no lo negaran con vehemencia, diría que pertenecen al invisible grupo Atlacomulco, en cuya fundación intervino un gran mexicano, Isidro Fabela, y tuvo momentos de gran esplendor con Carlos Hank González, multimillonario que comenzó su inmensa fortuna, dice él en un libro confeccionado por Fernando Benítez, vendiendo dulces en las calles, tema para una exitosa telenovela: “Ser político rico no es fácil”.

Para tratar de frenar al PRI, perredistas y panistas dejaron atrás sus diferencias hasta de modales y vestimentas, de lenguaje y creencias, que no ideológicas, puesto que carecen de ese elemento clave en la política, y han formado extrañas coaliciones imposibles de imaginar en el pasado y que deben desconcertar a los simpatizantes de tales partidos en el DF, donde sólo se hablaba de PRIAN, al ver las afinidades entre ambas formaciones. No existe más, ahora lo que tenemos es una especie de Frankenstein cuyas siglas podrían ser PREDAN. Juntas las izquierdas y la supuesta derecha van a enfrentarse a su gran enemigo. Dudo que tengan resultados positivos en más de tres lugares. El llamado efecto Peña Nieto se mantiene vivo y el PRD, ya sin López Obrador, apenas tendrá la fuerza necesaria para mantener municipios por más ayudas económicas que les dé a los electores. Del PAN se puede decir que apenas existe, luego de gobernar doce años, y muy mal, pésimamente, sus militantes andan prófugos y sus simpatizantes cambiaron de bando. Casi nadie quiere saber de Acción Nacional, salvo los dirigentes, cuyo trabajo es de plano lamentable.

En este contexto y mientras Morena se convierte en partido político, no hay oposición capaz de enfrentar al PRI. En el PRD las luchas internas, la enorme corrupción que prevalece, la capacidad de muchos de sus funcionarios para hacer demagogia, les dificultará a los perredistas mantener sus actuales posiciones.

En fin, veremos una especie de ensayo general, donde todos probarán sus armas. La dificultad estriba en que las del PRI son modernas y de alto poder, mientras que las de sus rivales, ni siquiera juntos lo podrán hacer, porque son viejas, obsoletas. No podrán disponer de armamento sofisticado, a lo sumo de los tradicionales machetes que no son buenos para detener balas de alto calibre.

Por ahora, tenemos PRI para rato, a pesar del caso de la niña Benítez y cómo lo solucionaron, de la peor manera. Los priistas saben hacer política al estilo mexicano y muy bien. Finalmente, tampoco el PRI se escapa a esta nueva enfermedad de las alianzas. En Baja California, el partido en el poder y el inaudito PT, al servicio de AMLO, pelearán unidos contra el PAN por la gubernatura. ¿Qué tal? Padecemos un bonito sistema político que nos llena de orgullo.

mayo 12, 2013

Lady Profeco y el nieto de Malcolm X


En recuerdo del admirable colega Alfonso López
El escándalo y el malestar han sido intensos y persistentes. Ningún rico y poderoso tiene derecho para actuar con la majadería social de la niña Benítez. Basta de influyentismo, racismo y mala educación. Basta de abusos políticos que brillaron con el PRI y regresan triunfales. Humberto Benítez Treviño tiene una larga y exitosa carrera, no sé si decir con el grupo Atlacomulco (porque sus integrantes niegan su existencia), pero sí con una larga lista de políticos mexiquenses que vienen de su mejor época, la de Carlos Hank González, tratando de recuperar el poder. Lo consiguieron y olvidaron las derrotas de 2000 y 2006. Parecen no percatarse  de que hubo un hartazgo que no ha desaparecido del todo. Ahora tenemos pruebas de cómo se conduce tal partido. Se defienden entre sí y, como en los viejos tiempos, saben acomodar y sostener a los amigos del primer círculo. El número de amistades y parientes mexiquenses en el gobierno federal llama la atención.
Carece de sentido volver a la niña Profeco, ya sabemos demasiado y ella nada sabe sobre el país. Es hija de papi y papi es buen amigo de Peña y entonces sus influencias están garantizadas. La mejor prueba es la torpe investigación realizada en el restaurante de Polanco. Los culpables fueron cuatro funcionarios que simplemente actuaron como lo han hecho el PRI y el PAN y el PRD: protegiendo a los jefes. Sacrificándose por ellos. Los solícitos funcionarios que corrieron a ayudar a la niña Andrea, para que le dieran la mejor mesa fueron suspendidos, luego los reacomodarán. El partido sabe pagar sus deudas. Las declaraciones de Benítez Treviño fueron patéticas: “Asumí mi responsabilidad como padre de familia”. A mi hija la regañé, eh, y está castigada: durante dos meses no recibirá “domingo” y no irá a los antros en las noches ni le prestaré el Cadillac. Sólo faltó que la SFP la sancionara con hacer una plana de Seré una niña educada y no prepotente.
Hasta hoy, Peña Nieto mantiene relaciones cordiales con los medios, la sociedad y los demás partidos. Ha sabido aprovechar las debilidades y los errores de sus rivales. Pero estos actos intolerables pueden ir deteriorando su luna de miel que rebasó los célebres cien días. Nadie ignora la vieja amistad entre Benítez y el presidente, de allí una certeza: hubo chivos expiatorios y la solución no fue la adecuada. La costumbre es normal en México: el presidente sitúa a sus mejores amigos en los más altos puestos. Hay concesiones, cierto, pero se deben a maniobras de pésimo ajedrez político, como la incorporación de Rosario Robles, algo que supongo debió irritar a priistas de cepa, que han militado en las buenas, las malas y las peores sin moverse de su postura y que ahora ven a una mujer expulsada del PRD, formada en la aversión contra ellos, aparecer gozosa en las fotos obligadas con el siempre sonriente Peña Nieto.
Los casos de influyentismo son frecuentes en México, lo sabemos. Pero la sociedad ha cambiado, tiene recursos como internet y eso contribuye a exhibir los excesos del poder. No es posible seguir soportando los deplorables manejos de los funcionarios y sus familiares y amigos. Un gobierno serio, verdaderamente interesado en cambiar, lo primero y más fácil le sería instruir a sus colaboradores para que eviten en lo posible las ofensas de sus descendientes.
Dicen que Ruiz Cortines llamó a sus colaboradores y les anticipó: Si alguno de ustedes obtiene el premio mayor de la lotería y se hace multimillonario, quedará cesado. ¿No podría Peña imitarlo y, por ejemplo, investigar las fortunas de algunos amigos como Hank Rhon? Por lo menos que les diga a sus colaboradores que sus hijos finjan buenos modales en los lugares públicos.
Viendo bien las cosas, la niña Profeco tuvo fortuna. Latif Shabazz, nieto del legendario Malcolm X, fue asesinado por un mesero que alteró la cuenta en un tugurio de Garibaldi.


mayo 10, 2013

Lo que nos queda de la Revolución


Todavía en la etapa de José López Portillo, los intelectuales y la gente de a pie, como decía el periodista Francisco Huerta, hablaba de la Revolución Mexicana. El presidente llegó a decir que él y su antecesor Luis Echeverría eran los últimos de esa época. Realmente, tal movimiento social de dimensiones y resultados épicos, agonizó largamente, luego de su momento de mayor esplendor, cuando ya estaba institucionalizado y gobernaba Lázaro Cárdenas. De Manuel Ávila Camacho a Ernesto Zedillo el camino fue inverso. Gustavo Díaz Ordaz le dio la puñalada mortal al mostrar su férreo autoritarismo y su decisión de asesinar y perseguir a quienes participaron en el movimiento estudiantil de 1968.

En el arte, es donde mejor se aprecian los resultados de la Revolución, en la literatura concretamente. Fue un gran tema. En Carlos Fuentes ya no aparecieron las batallas colosales que vieron Rafael F. Muñoz ni las intrigas espantables que se daban entre los generales triunfadores, tal como lo cuenta el mejor novelista mexicano, Martín Luis Guzmán, en La sombra del caudillo. Lo que exponía Fuentes en libros magistrales eran los resultados amargos: la intensa corrupción, el atraso y la explotación rediviva. Los héroes sacrificaron sus vidas inútilmente. México había sufrido modificaciones, pero no abandonado sus peores prácticas. Hoy poco se habla y escribe de la Revolución, siguen vigentes sus ideales, pero lo que impulsa movimientos sociales son las figuras de Emiliano Zapata y Francisco Villa, líderes tercos que se niegan a morir.

Veamos más de cerca la literatura de esa época.

La novela histórica mexicana para diversos críticos se inicia con Sierra O’Reilly Díaz Covarrubias, y tiene su secuencia con Mateos, Riva Palacio, Eligio Ancona e Irineo Paz. La preocupación social de la última parte del siglo XIX y principios del XX está representada por novelistas como Pantaléon Tovar, Nicolás Pizarro y Altamirano. Son antecedentes de la Novela de la Revolución Mexicana, pero sin duda, la más fuerte presencia está en Heriberto Frías, señalado por René Avilés Rojas y confirmado por Antonio Castro Leal en los insuperables dos tomos de La novela de la Revolución Mexicana.

Una vez arrancado el movimiento, la primera de las artes en retratarlo fue la prosa narrativa. Con Mariano Azuela da inicio. La formidable novela Los de abajo, no comienza a ser reconocida sino hasta que Francisco Monterde llama la atención acerca de sus muchos méritos. El interés se desata de inmediato y los resultados aparecen por décadas. Las principales obras sobre el tema son las siguientes, pero sin duda la lista es más amplia y debería incluir poesía (corridos) y cuentos: María Luisa Ocampo, Bajo el fuego, publicada en la década de los 30; Jesús Goytortúa Santos, Lluvia roja, 1947; Francisco Rojas González, La negra Angustias, 1944; Miguel N. Lira, La escondida, 1948 y Mientras la muerte llega, 1958. Las novelas de este narrador tlaxcalteca son delicadas y de prosa muy cuidada. Rafael F. Muñoz, ¡Vámonos con Pancho Villa!, 1931; José Mancisidor, La Asonada, 1931 y La rosa de los vientos, 1941. Agustín Vera con La revancha, 1929; Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, 1929, un atroz relato de la política de Plutarco Elías Calles y El águila y la serpiente, 1928. Diego Arenas Guzmán, El señor diputado, 1930, gira en torno a la política revolucionaria; Nellie Campobello, Cartucho, 1931, la niñez de una mujer en la brutal Revolución; Gregorio López y Fuentes, Campamento, publicada en 1931 y Tierra, 1932. José Rubén Romero, Apuntes de un lugareño, 1932; F. L. Urquizo, Ropa vieja, 1931 y Francisco Rojas González, con La negra Angustias, 1944.

Luis Spota, como Fuentes, escribió a distancia y con ojos críticos sobre la epopeya y sus consecuencias, El tiempo de la Ira, 1960. Desde luego, la lista se ha extendido. Aquí sólo hay algunos ejemplos. Ello permite hablar de una tercera etapa, sobre todo si incluimos Gringo viejo del segundo autor. Caso aparte es Elena Garro, con su inclasificable y genial novela, Los recuerdos del porvenir, narradora que trabaja el tema de la Revolución Mexicana desde el ensayo, la historia y la prosa narrativa. Otro autor difícil de clasificar es Agustín Yáñez, con Al filo del agua le propone a México una nueva estructura literaria, partiendo de la gran novela Manhattan transfer del norteamericano John Dos Passos.

Una vez que dejamos muy atrás a la Revolución, convertida ya no en institución sino en demagogia pura, se pasa a otros temas, pero la nostalgia sigue viva y aparecen varios escritores que de muchas formas tratan el tema, sobre todo, ya con la claridad que el tiempo concede. El maniqueísmo desaparece y los revolucionarios resurgen con nuevas características menos marcadas. Nadie es malo todo el tiempo y ninguno es eternamente bueno.

El cadáver de la Revolución Mexicana está insepulto, ronda por México. Por desgracia, el fantasma sólo pregona nostalgias literarias y preocupaciones sociales. Desde Salinas la Revolución Mexicana pasó a ser una frase más, hueca. El solemne Monumento a la Revolución, donde están enterrados algunos notables del movimiento, desde la época de Marcelo Ebrard, es un sitio de fiestas y jolgorio, de tocadas de pésimo rock y de vendedores ambulantes.

mayo 08, 2013

¿Marxismo, anarquía o sensatez?


En diversas manifestaciones donde se mezclan maestros de primaria, estudiantes preparatorianos y luchadores sociales, ha surgido una consigna desconcertante en los tiempos que corren: Viva la anarquía y muera el Estado. Más de un cartel semejante apareció en manos de los encapuchados que tomaron la torre de Rectoría de la UNAM. No deja de ser llamativo que de pronto, una vez que se derrumbó el proyecto marxista, luego de una intensa vida que arranca a principios del siglo XX, la izquierda se desdibujó completamente a escala universal. La hermosa utopía de Marx, Lenin y Trotsky, por citar a un puñado de revolucionarios nada más, no duró gran cosa en manos del estalinismo y sus logros fueron, en cierta medida, impulsados por los restos del marxismo-leninismo y la violencia política de la burocracia soviética.

Si en la segunda mitad del siglo XIX Marx se ocupó de criticar a otras utopías, las anarquistas, con Lenin al frente de la Revolución de Octubre parecieron desaparecer. Los análisis adversos fueron brutales, especialmente durante la Guerra Civil de España, donde el valor y el coraje de los combatientes anarquistas encontraron el rechazo completo de Stalin. Muchos fueron fusilados y, durante las purgas, más de un simpatizante anarquista, de cualquier tendencia, fue a parar a las prisiones de Siberia o sencillamente fue asesinado. En México, los hermanos Flores Magón jugaron un papel destacado. De todos los revolucionarios durante el movimiento 1910-1917, fueron ellos los únicos que tenían consigo armas ideológicas. El resto buscaba libertad, democracia y justicia social. A pesar de que el anarquismo había hecho intentonas serias para encender las llamas de su movimiento a escala internacional, como en España, en 1873, en México no tuvo éxito y se prefirió llevar a cabo una revolución democrático-burguesa cuyos resultados tenemos a la vista. Los nombres de los Flores Magón son apenas recordados, no así la ideología que los impulsó a luchar con las enormes masas que pelearon sin bagaje teórico. Madero no era Lenin ni Obregón y Carranza eran Trotsky.

El anarquismo, en términos generales, da un combate para abolir todo orden y autoridad para en su lugar darle al individuo una total libertad. Suena atractivo. La puesta en práctica es caótica y contraria en sus tácticas y fines al marxismo clásico. Los anarquistas más conocidos, Proudhom, francés, Bakunin, ruso, y el alemán Stirner escribieron ideas capaces de seducir, más que a las masas, a pequeños grupos de radicales esperanzados, que suponen que una vez instaurado el nuevo orden los problemas cesan. En su rechazo a toda autoridad, el anarquismo encierra graves contradicciones y problemas lógicos. Marx, al contrario, veía también la desaparición del Estado, pero para lograrlo proponía un método científico, el que paso a paso terminaría por abolirlo y en su lugar poner una suerte de pequeña maquinaria administrativa que dirigiera una sociedad igualitaria y libertaria. A Bakunin, Marx le advirtió de no conocer o ignorar las causas de las transformaciones sociales y la lógica del movimiento proletario. Para él y Engels, el motor de los grandes cambios era el socialismo científico. Sin entrar, por razones obvias de espacio, en detalles, podemos resumir que ambas ideologías coinciden en ver a la propiedad como un robo y creer en la extinción del Estado para obtener una sociedad más justa. Pero mientras los anarquistas utilizan con frecuencia el terrorismo individual o de grupúsculos, los comunistas se esforzaban por organizar al proletariado, darle un partido, una cabeza, diría José Revueltas, para gradualmente eliminar las diferencias de clase, la economía de mercado y obtener una sociedad igualitaria. Finalmente, el Estado siempre es garantía para mantener la propiedad privada y carecer de verdadera libertad. Sí, tiene que ser eliminado, pero mientras carece de rumbo claro, los marxistas planearon cuidadosamente su camino. El problema no fue ideológico, sino que el derrumbe vino como producto de una burocracia inepta y un pensamiento, el de Marx, pésimamente interpretado por el estalinismo. Con rigor, ambas teorías hoy están fuera de la realidad.

Todo ello viene a raíz del caos de la lucha de jóvenes y maestros de primaria, que han recurrido a la violencia con lamentables resultados. En principio, dudo que se hayan tomado la molestia de ir más allá de un diccionario elemental. No son una organización seria, que ha reflexionado teóricamente y poseen un proyecto adaptado a las condiciones objetivas y subjetivas de México y su contexto internacional. A cambio, imaginan que anarquismo es tomar edificios de universidades públicas, su peor error, allí no está el enemigo. Han desatado, aprovechando la incompetencia política del sistema, una pelea absurda, como si de tal manera fuera a cundir una vieja ideología. ¿Resucitarla y ponerla a la vanguardia de las luchas sociales? Imposible. A su llamado violento, e ilógico, nadie ha respondido más que con críticas. Tomar la Rectoría de la UNAM, destrozar muebles y papeles, hurtar documentos oficiales y destruir objetos personales de los funcionarios sólo despierta el rechazo enconado del país y no de los medios solamente.

La prudencia del rector José Narro ha abierto cauces para discutir, buscar soluciones. Analizar la compleja situación en la que los jóvenes mexicanos van a actuar política y socialmente. No basta gritar la propiedad es un robo, se requieren formas de lucha realistas, consecuentes con los tiempos. Los jóvenes y los maestros, al arrasar todo a su paso, fracasarán en un país que carece de una izquierda seria y bien provista de bagaje ideológico. Hay que edificarla con otros métodos.

La crónica