Tantadel

septiembre 30, 2013

Parménides García Saldaña


De mi generación, el primero en morir fue Parménides García Saldaña. Tenía un talento superior y un problema: ser contracultural, crítico, a veces rayano en lo antisocial. Guerrero natural, su principal enemigo eran las simulaciones idiosincráticas de sus compatriotas y eso en México, campeón de la rutina y las falsedades, es mucho. Fue sincero, por añadidura. Somos convencionales en exceso y los actuales críticos son patéticos, basta escuchar a los “anarquistas”. Fallecido, conseguí que un excelente reportero rastreara sus últimos días. El resultado lo publiqué en El Búho y más adelante en un libro: Parménides: el rey criollo. Es una leyenda entre los jóvenes no cooptados por menesterosos de la inteligencia. Fue mi amigo y nunca tuvimos dificultades; no era infrecuente que Parménides terminara a golpes con sus cuates. Alumnos míos suelen preguntarme por él y veo que sus libros circulan en fotocopias. Me heredó dos discos de los Righteous Brothers y a su hermano Edmundo, a quien conocí personalmente mucho después de su muerte física. Nos escribimos y por él he sabido más de mi amigo, a quien no le gustaba la vida, no al menos la que le brindaba México.

Con Edmundo mantengo conversación vía internet, no vive en el DF; cuando podemos, nos vemos. En muchos aspectos es como su hermano. Pero Parménides es insuperable. Emmanuel Carballo dijo que de todos nosotros realmente él era el “grueso”. Sinceramente pensaba en una utopía distinta, donde el rock y un orden opuesto al establecido reinaran. Bautizados por Margo Glantz como generación de la “Onda”, sólo él pudo aceptarla, aunque me parece que ni se percató de la calificación (o descalificación), estaba absorto en su literatura, su música y un desmadre a toda prueba. Era un escritor maldito. Vivió acorde a su tiempo, una época de di sí a las drogas, para colmo, bebíamos. Sin duda estaba condenado a morir joven, como en otros campos fallecieron el Che Guevara o Mozart. Al final de sus días, poco se dejaba ver. Trato de reconstruir a partir de mis recuerdos, el reportaje citado, pláticas con los “onderos” sobrevivientes y con datos de su hermano.

Edmundo me dice en sus correos: “Hace un par de años fui a Paris y con mi hija Sofía fuimos al cementerios de… (uff, no sé pinche francés), en la tumba de Baudelaire, dejamos un ejemplar de El rey Criollo.”

Añade: “París es un ensueño y si recuerdo estuviste por allá, imagino que desde entonces llevas el virus parisino clavado en los huesos y en la memoria, no te deja, yo lo que viajé y viví aún me ata. Es de las cosas, René, que cargo por no haber tenido la lucidez de mandar al pinche Parme a París, ya trabajaba y pude haberlo hecho, liberarlo de sus cargas. Después se complicó y más con el nacimiento de mi hija Vania. Incluso traté de evitarlo, ya estaba haciendo muchos desmadres, sin embargo conoció a Vania y hasta me dio una cátedra de su nombre, y otro día, en la tiendita de a la vuelta, le sacó los dientes a mi hija, ella aún se acuerda. Fue la última vez que lo vi, en lo sucesivo lo evité. ¡Qué poca! Son las cosas, cuando tienes hijos; lo demás vale madres, con el tiempo el único que vale madres es uno. De alguna manera creo, tiene sus grandes ventajas no tener hijos, pues es una chinga y los hijos somos ingratos y después hasta te ahorcan, qué feo, mientras tanto y a sabiendas que te quieren y te lo digan, poco a poco te van estrangulando… Consume lo que poseas, bébetelo, cómetelo, viaja y ve con una que otra puta joven”.

Más adelante, Edmundo cuenta: “Cuando murió Parme, José Agustín estaba muy interesado por un libro que no sabíamos dónde estaba y que dejó en manos de un güey que tardó años en sacarlo, En Algún Lugar del Rock (El Callejón del Blues). Dijo en Radio Educación que esos textos estaban a la altura de José Revueltas, y me encomendó me moviera para rescatar su obra. Eso fue bueno: de ahí en adelante he hecho un regular trabajo para promoverlo, pero sigue en mis pendientes.

“En esa ocasión invité a Agustín a mi casa, ya estaba yo casado y él conocía a mi suegro, ex piloto de combate de la República Española, y luego fue aviador comercial junto con su papá. En ese tiempo ya me había organizado un desmadrito medio regular, pues empezaban los videos y me había fayuqueado mi equipo, pues era yo sobrecargo en Mexicana. A José Agustín le causó cierta sorpresa y me peguntó: ‘Manito, cómo conseguiste toda esta parafernalia’. Pues de contrabando y volando. Nadie de los macizos lo conocía obviamente. Se quedó a pernoctar y muy satisfecho, al otro día se levantó temprano y me sorprendió que hizo su cama, muy hacendoso y me dijo ‘que él sabía lo que era vivir con familia’ o un pedo así, la neta, me pareció medio mandilón, me causó una impresión demasiada limpia para un artista y como dices contestatario, si no hubiera tendido la cama hubiera estado bien, era de los servicios que estaban incluidos como anfitrión, me cae. No digo que fuera al estilo del pinche Parme, quien se pasaba, pero me quedé pensando: un escritor hacendoso, cero locuras o viaje astral.”

septiembre 29, 2013

¿Literatura, periodismo o ambos?

La separación tradicional entre los géneros testimoniales y los literarios es discutible.


Hablar de la comunicación como ética es común; no tanto el señalarla como parte de la estética. Sin embargo, desde hace lustros, acaso siglos, hemos buscado que la belleza sea algo integral en la comunicación periodística. En el inicio la información buscaba sobre todo la veracidad y la exactitud (dejemos de lado la objetividad, en tal materia no existe, está sazonada con la ideología del emisor). Poca atención se le ha dado a la belleza formal, basta, a lo sumo, que esté correctamente escrita. Por ventura siempre se han mezclado literatos e informadores. Es posible intentar la tajante separación. Formalmente así ha sido. Pero al final se ha impuesto la idea de fusionar los géneros literarios y periodísticos y el resultado es asombroso. A pesar de que muchos arrancan la información periodística con crónicas como la de Bernal Díaz del Castillo o con libros del calibre delDiario del año de la peste de Daniel Defoe, la “invención” es ambigua e imprecisa. Sin duda el concepto Nuevo Periodismo, aportación de Tom Wolfe y los libros de Truman Capote y Norman Mailer A sangre fría y Los ejércitos de la noche, respectivamente, desataron una revolución que avanza hacia una notable mejoría de los géneros literarios y los periodísticos. Entre nosotros, al amparo de John Reed, con libros muy logrados de Ricardo Garibay y Vicente Leñero, con García Márquez y su taller de nuevo periodismo, la idea se ha desarrollado y cobrado adeptos en ocasiones peligrosos porque rastrillan en mal castellano los peores temas, sin ética ni estética, buscando notoriedad. Y, aunque sea efímera, la obtienen. Nos llenamos de pésimos reportajes novelados y de vergonzosas novelas sobre escandalosos temas coyunturales. El que científicos sociales (historiadores, sociólogos, antropólogos…) se hayan incorporado a formas literarias para hacer menos árida y más perdurable su investigación enriquece la discusión. Mencionemos a Ricardo Pozas con Juan Pérez Jolote, obra etnográfica que ahora leemos como historia y como novela. Lo mismo le ocurre a la literatura de la Revolución Mexicana: es arte, testimonio, autobiografía e historia.
Conviene saber que desde siempre, ahora lo entendemos, la separación tradicional entre los géneros testimoniales y los literarios es discutible, un tema asaz polémico. Michel Tournier, en El vuelo del vampiro, se refiere a los géneros de ficción y los contrapone a los que, como la autobiografía, las memorias, los diarios, etcétera, son cercanos al documento, a la historia o al periodismo; que son, para decirlo con un término justo, testimoniales. Precisa: “Aquí conviene hacer una distinción importante entre las obras de ficción —la novela, el teatro, la poesía— y las no inventadas (documentos, tratados, memorias). A mi ver, sólo las primeras son intencionadamente creadoras, dado que las segundas remiten a una realidad externa de la que pretenden ser imagen veraz, vale decir servil.”
Las autobiografías y las cartas pueden pertenecer (aunque ese no sea su propósito) a cierto grado de ficción. En un libro sobre Edgar Allan Poe, Cartas de un poeta, Bárbara Lanati escribe a pie de página: “La escritora inglesa Angela Carter trabaja sobre la figura de la máscara de Poe, ofreciendo una biografía de ficción del escritor estadunidense (¿pero qué biografía no lo es, en cierta medida?)…”. Lo más interesante es que al publicar la correspondencia del escritor norteamericano, pusieron de manifiesto que Poe escribía, por una u otra razón, embustes. En el caso de la historia o del diario hay analogías. También pueden ser ficción. Lo autobiográfico vale por su belleza literaria.
Los testimonios poseen subjetividad, añadimos dosis de ficción. Estamos ante un problema que debemos descifrar con ojos muy abiertos y tratar de ennoblecer géneros que siempre tuvieron vinculación íntima y que muchos críticos y autores se empeñaron en mantener ante el fenómeno los ojos muy bien cerrados.

septiembre 27, 2013

La muerte voluntaria


La discusión sobre suicidio y eutanasia es larga, tediosa e imposible de resolver. Pareciera tema de ciencia ficción, pero es momento, entre tantos logros inútiles y supuestos avances sociales, derrotar la idea, para nada científica, de que sólo Dios da y quita la vida. Son las religiones el gran obstáculo para obtener una muerte digna, de allí han derivado leyes atrasadas y médicos atolondrados. El enorme científico inglés, Stephen Hawking, recién ha hecho público su apoyo al suicidio asistido para enfermos terminales con tal de no prolongar más el sufrimiento, que en ocasiones es atroz. “Las personas que padecen una enfermedad terminal y sufren mucho dolor deberían tener el derecho de acabar con sus vidas, y aquellos que les ayuden no deberían ser perseguidos por la justicia”, señaló sin duda recordando el célebre caso del doctor Kevorkian, quien pagó la osadía de incluso llegar al diseño de una máquina que contribuyera a evitar dolor en enfermos.

En la hermosa amistad que tuve con Elena Garro sólo padecimos un desencuentro: católica ella, discrepó con una novela mía, Réquiem por un suicida. Le pareció y así lo escribió en un artículo publicado en Excélsior, un error inducir al suicidio. No era mi intención. El libro muestra a un personaje harto de la vida que no desea más que morir. ¿Con qué derecho, las religiones, las leyes, la sociedad, pueden oponerse a su deseo, a su voluntad? Mis argumentos o mejor dicho, los que sostienen mis personajes, son los mismos que mantuvo Albert Camus: la libertad, el derecho de quitarse la vida cuando uno quiera, sin que llegue la intromisión “salvadora” a impedirnos esa acción que evita mayores padecimientos.

La novela refleja las dudas, los titubeos, las razones de un individuo para quitarse la vida. Recurrí a ejemplos dramáticos de artistas, los que hartos de vivir, optaron por la muerte voluntaria. Mi Réquiem fue finalista del premio de novela Planeta y la primera edición apareció en España, donde estuvo a lo largo de tres ediciones y una más de bolsillo. Luego, dos años después, apareció en México, donde alcanzó tres ediciones adicionales. Los resultados fueron interesantes. Salvo la crítica severa de Elena Garro, los demás entendían la obra y la daban como válida no sólo en el aspecto literario sino en las tesis que exponía para defender el derecho a la muerte voluntaria. Pero más allá de los comentarios en impresos, la extensa investigación que sobre el tema hice a lo largo de diez años, provocó reacciones muy positivas y curiosamente más en quienes aman la vida. A la fecha, lectores agradecidos por la lectura que les ayudó a comprender la acción de un pariente cercano y otros que han acariciado la idea, me escriben para gratificarme por la lectura. Pienso por el tono que muchos son creyentes, pero que han buscado en el suicidio un remedio digno para sus problemas.

Jamás he visto en la muerte voluntaria, como indica el lugar común, un acto de cobardía. Al contrario, se necesita mucho coraje para ponerse la pistola en la sien o ingerir barbitúricos. Supongo que Hawking, el más grande científico de nuestro tiempo, un hombre condenado desde los 21 años de edad a una vida atormentada a causa de una enfermedad neuromotora, ha meditado al respecto. De 71 años de edad, con el cuerpo totalmente paralizado por la esclerosis lateral amiotrófica y la mente más brillante y avanzada del planeta, retoma el tema, en una sociedad como la inglesa que impide el suicidio asistido, cuando por humanidad hay que despenalizarlo y conceder el derecho a un fallecimiento digno.

Me es difícil, carezco de elementos científicos capaces de valorar el inmenso trabajo de Stephen Hawking, pero comparto completamente su demanda. Quizás por ello escribí la novela citada. La eutanasia, llegado el momento, es la solución adecuada. El mismo científico explica con una pregunta: “No dejamos que los animales sufran. Entonces, ¿por qué hacerlo con los seres humanos?” Sé de la complejidad del debate. El arte comprende bien el tema y a pocos les preocupa la tremenda decisión. Pero si en Tolstoi o en Goethe el suicidio parece una salida natural porque la produjo el desamor, no veo la razón para impedir que un hombre o una mujer sigan padeciendo aterradores tormentos antes de llegar a una solución salvadora, tal como lo hizo Jaime Torres Bodet. Es tiempo de dejar atrás los peores convencionalismos y brindar a los humanos una herramienta liberadora.

Muchos médicos por fortuna lo entienden y de varias formas ayudan, otros están sujetos por ideas religiosas. Habrá que tener mayor sensibilidad. Kafka lo escribe de otra manera en un relato: “El artista del hambre”. En un circo, uno de los seres en exhibición dentro de una jaula es célebre porque no ha comido en meses. Recibe infinidad de visitas. Cuando al fin agoniza, el dueño le pregunta por qué no comía. La respuesta es sencilla: Porque no me gusta comer. Lo mismo puede ocurrirle a una persona a la que no le agrada ya vivir. La sociedad debe comprender su derecho.

septiembre 25, 2013

¿Estado privatizador?


El sentimiento político que trajo la Revolución Mexicana, que sin duda se afianzó con el éxito de otra revolución, la de Octubre, encabezada por Lenin, en el sentido de que el Estado debe ser el poseedor de las riquezas naturales de un país y que su peso debe hacerse sentir en la vida económica, está en duda después de un largo proceso en que el sistema político mexicano fue, luego de la salida de Lázaro Cárdenas, inclinándose hacia la derecha. Este proceso se aceleró en la medida en que el mundo socialista se derrumbó aparatosamente y dejó un enorme vacío en el campo ideológico y todo en las manos de un modelo liberal y de total economía de mercado. En la actualidad las empresas privadas actúan en casi la totalidad de los países del orbe. Tal vez Corea del Norte sea la excepción. Por doquiera los magnates dominan ante un Estado que se achica o que sirve para los fines empresariales.

El México de los años de Adolfo López Mateos era  todavía un país que buscaba un Estado fuerte (en su sexenio la electricidad fue recuperada) y para frenar los impetuosos desplantes de los ricos nacionales y extranjeros, se hablaba de economía mixta. Es una curiosidad que hoy la vemos claramente en dos países que fueron socialistas: Cuba y China. En tiempos de Enrique Peña Nieto sólo queda una gran empresa en manos del Estado: Pemex. Ha vencido la idea noeliberal de adelgazarlo hasta el límite y de muchas maneras la idea ha triunfado, sin importar el partido o filiación de las autoridades. ¿Qué hay en manos de la orgullosa capital mexicana? Prácticamente nada. Todo es trabajado a través de empresas particulares. Pronto veremos cárceles y manejo de la basura en manos de empresarios.

El petróleo es una suerte de reliquia, algo sagrado para fines políticos. Federico Reyes Heroles acaba de señalar, contraponiendo sus ideas a las de Cuauhtémoc Cárdenas, que si no hay reformas energéticas, México en menos de tres años pasará de ser exportador a importador de energía. Para AMLO y sus seguidores, a falta de un programa inteligente para la nación, repite con voz tediosa que el petróleo es nuestro y el coro aplaude y repite: Es nuestro. Las voces de sus partidarios insisten con falacias: De llevarse a cabo la “privatización”, México se hundirá. El gobierno de Peña Nieto responde con argumentos poco convincentes que son seguidos por la mayoría de los medios de comunicación. Desde lejos, veo que México es el único país del mundo cuyo petróleo brota tricolor, en consecuencia, ni un centavo extranjero para mejorar la extracción y explotación. Pero el atraso nacional en todos los rubros es tangible y no veo cómo sin ayuda Pemex dejará su camino hacia la ruina.

No hay duda que lo mejor es que el Estado sea un protector notable de nuestros recursos naturales y de los manejos de las inversiones privadas, sobre todo las extranjeras. Ello es una utopía. No dejemos de lado el papel subordinado de nuestra economía. ¿Qué producimos: coches, aviones, plantas eléctricas, buques de gran calado, autobuses, tractores, pastas de dientes, refrescos…? Nada. Hoy hasta el afamado tequila está en manos de empresas privadas. Un día sin productos provenientes de empresas privadas y sobre todo extranjeras sería fatal para cada uno de nosotros. Sobre todo, afectaría el orgullo nacional. Los bancos, las tiendas de autoservicio, los mejores hospitales (al menos los más caros), las escuelas más publicitadas y festejadas, todo lo significativo está en las manos de empresarios siempre voraces. Mexicanos o extranjeros.

Ojalá que de las famosas consultas algo resulte. Pero es un diálogo de sordos, un hecho político más que económico, una ridiculez más que un acto de patriotismo. EU es sin duda el país de mayor nacionalismo en el planeta, su patriotismo es ofensivo, basta con oír su himno y sus cantos bélicos, ver su nacimiento como nación imperial y destinada, según ellos, a conducir al planeta, tiene todo en manos privadas, bueno, hasta la Casa Blanca. ¿O alguien supone que Obama es libre para sacar las tropas de Irak o Afganistán o de eliminar la base de torturas que posee en Guantánamo? Claro que no. Washington es manejado por las inmensas empresas, no por hombres ni por partidos. Los políticos responden a intereses superiores y nadie se ofende. Al contrario, los vemos gozosos.

Pero suponiendo que se llega a un acuerdo, el que sea, donde seguramente Obrador estará en desacuerdo, es posible que Pemex se convierta en una empresa rentable. Sólo que entre la corrupción y las pésimas administraciones es ya una ruina decorosa. Por lo pronto la discusión adquiere tintes dramáticos, como si en verdad estuviera en juego la existencia de México y su veloz tránsito hacia el esplendor que todos los mandatarios nos han prometido y al cual jamás hemos llegado por más que gritemos vivas a la patria. Como está el mundo, es cuestión de inteligencia y habilidad, no de razones falsamente nacionalistas. La opinión de Cuauhtémoc Cárdenas, en este mar de confusión y actos de oportunismo, parece sensata: permitir que Pemex se asocie en proyectos específicos, sin modificar los artículos 27 y 28 constitucionales. ¿Cómo es posible esto? Quién sabe. Y obviamente pasando por un serio combate a la corrupción. Pero…

septiembre 23, 2013

La UAM, cuarenta años de creada*


La UAM está colocada como la segunda universidad en importancia en México, compitiendo con el IPN y luego con la UNAM. En cuatro décadas hemos pasado de construcciones precarias a cinco campus bien equipados y con un personal docente de primer nivel. Tal como le expresé a Mario Vargas Llosa, cuando tuve el honor de entrevistarlo para nuestra casa de estudios: hace 40 años impartíamos clases en salones improvisados, ahora la UAM posee 5 unidades de alto rango, que la sitúan en un lugar de privilegio entre las mejores 200 del mundo. Pero nos hace falta, como ha señalado el rector general Salvador Vega y León, darle un impulso definitivo al trabajo que realiza la institución. Hay que establecer sin duda canales de comunicación con los medios y utilizarlos de modo inteligente para que estén al tanto de nuestras actividades que no son pocas ni tampoco mínimas. Con frecuencia son hazañas universitarias en materia de investigación científica y docencia que deben llegar al conocimiento de todo el país.

Nos falta cumplir cabalmente con la tercera función sustantiva de la UAM, que es la difusión de la cultura, aunada a la docencia y la investigación. Aquí conviene fortalecer nuestra Coordinación de Difusión Cultural, ahora encabezada por Walter Beller. Convendría formar un consejo donde estén todas las unidades representadas a fin de que aprendamos a conocernos con cierta profundidad. Hasta hoy vivimos en nuestros respectivos campus y poco vemos hacia los restantes a no ser por alguna razón especial. Ferias de libros móviles, exposiciones, conferencias, mesas redondas, un intenso intercambio de experiencias con objeto de saber con exactitud quiénes somos y qué hacemos. Con no poca frecuencia de esto nos enteramos a través de los medios tradicionales y no por nuestra propia voluntad.

Valdría la pena, incluso, realizar un esfuerzo para hacer un gran centro cultural donde todos los campus o unidades podamos trabajar en materia de arte y cultura. Pensemos, por ejemplo, en el terreno que dejó la que fuera la tienda de la UAM.

En el marco de la celebración de los 40 años de existencia de la UAM es indispensable enriquecer con nuevas iniciativas académicas la política cultural de nuestra universidad. Para ello, propongámonos, entre otros, realizar los siguientes aspectos: Reconocer, de manera institucional y obligatoria a aquellos profesores que se han destacado por su obra a lo largo de cuatro décadas de servicio académico en la universidad. Cada año debería ser seleccionada una figura de la UAM, científica o humanística para hacerle un amplio homenaje y no limitarse a figuras externas. Esto ya aparece en el Programa del doctor Vega y León, solamente habría que darle forma y constituir un comité con representantes de todas las unidades para darle plena forma.

Colocar en el espacio público mediático los valores y la obra de los académicos como ejemplos a seguir dentro de la escala de valores nacionales y con ello colaborar a crear otra jerarquía de aspiraciones nacionales que contribuyan a enfrentar la crisis ético-moral que encara nuestra sociedad. En esta misma lógica, rescatar la obra de los profesores distinguidos para convertirla en parte del acervo histórico de la universidad. En este punto cabría iniciar con los siguientes proyectos: la discusión de los principales problemas de la cultura nacional y, desde luego, la difusión de la cultura en todas sus vertientes de un modo más activo. Presentar las obras de los académicos de la UAM y simultáneamente atraer figuras y eventos de alta cultura de otras instituciones mediante la firma de convenios para evitar gastos excesivos. Rescatar los diversos acervos biblio-documentales de sus profesores que se jubilarán o están en fase avanzada de su vida y que quisieran donar su riqueza documental para mejorar las bibliotecas de la UAM. Intensificar la vinculación de la Universidad con los grandes problemas nacionales. Recuperar los testimonios visuales de los profesores distinguidos y figuras señeras de la UAM para iniciar nuestra memoria visual. Enriquecer la programación de TV-UAM y UAM-Radio. Darle vida a un proyecto que podría denominarse “Para resistir el olvido”, algo necesario en un país como México que produce tanta riqueza cultural y sólo reconoce a un puñado de figuras sobadas por los medios, las propias autoridades del país y en consecuencia repetidas por la UAM.

Lo importante por ahora es crear una comisión dirigida por Walter Beller que fundamente una amplia política cultural que le dé nueva vida a la institución y le permita cumplir con la tercera función sustantiva de las universidades públicas, cabalmente. Sobre los festejos del cuarenta aniversario, sabemos que hay multitud de propuestas y que existe una comisión que trabaja en ellos. No obstante, es importante hacer una consulta a fondo, sobre todo considerando a las distintas áreas de investigación sobre sus proyectos en las cinco unidades. Asimismo, debemos incorporar las necesidades y propuestas de los alumnos, con el fin de elevar su nivel cultural y espiritual para brindar egresados mejor preparados y competitivos.

Hasta hoy la UAM ha seguido con timidez los senderos ya transitados por la UNAM y otras universidades públicas, pero llegó el momento, bajo la celebración de los 40 años de su fundación, de buscar y establecer un camino propio.

* Estas líneas son un apretado resumen de pláticas sostenidas en el área de investigación Comunicación y Estructuras de Poder, del Departamento de Educación y Comunicación de la UAM-X.

septiembre 22, 2013

Fausto Vega en El Colegio Nacional


El miércoles pasado un grupo de amigos de distintas edades, algunos provenientes de la academia y las letras, nos reunimos con la idea de platicar con Fausto Vega (1922), quien es desde hace 27 años secretario y administrador del Colegio Nacional. No hubo discursos sino palabras de gratitud para el distinguido intelectual. Recuerdos emotivos sobre él y su generación, el Grupo Hiperión, de parte de Gabriel Yáñez, Joaquín González Casanova, Alejandro González Acosta y Paloma Guardia Montoya. El primero, hijo de Agustín Yáñez, uno de los mayores novelistas mexicanos, autor de un libro imprescindible, Al filo del agua, trajo a la mesa los nombres de diversos amigos entrañables del homenajeado y la relación con su padre. Algo parecido hicieron los dos siguientes, elogiaron la obra del maestro en El Colegio Nacional y recorrieron los momentos claves con sus compañeros de generación.
Hiperión fue un grupo brillante conformado por Emilio Uranga, Jorge Portilla, Luis Villoro, Ricardo Guerra, Joaquín Sánchez McGregor, Salvador Reyes Nevares, Leopoldo Zea, Fausto Vega. Los aglutinaban corrientes filosóficas provenientes del existencialismo y el historicismo y la devoción hacia José Gaos; todos eran universitarios de talento y la mayoría autores de libros memorables. Les interesaba tender puentes entre el pensamiento filosófico europeo y el mexicano, pensando en José Vasconcelos y Samuel Ramos. El fin, pienso, era acercarse más al conocimiento de la identidad nacional. Estuvimos, pues, en un cálido homenaje al último de los hiperiones, amigo entrañable de Rubén Bonifaz Nuño, Henrique González Casanova, Carlos Illescas, Alí Chumacero, Augusto Monterroso, Andrés Henestrosa, Jesús Arellano y Francisco Liguori, entre muchos otros escritores e intelectuales del país.
La mesa, coordinada por Paloma Guardia Montoya, quien trabajó con Bonifaz Nuño muchos años y la que estuvo a su lado en los días finales, tuvo alrededor de 50 comensales, todos vinculados estrechamente a Fausto Vega por una u otra razón, fundamentalmente literaria. Estaban allí Bernardo Ruiz, Sandro Cohen, Vicente Quirarte, Hugo Hiriart, Josefina Estrada, Raúl Renán, miembros de la familia González Casanova y muchos más. Rosario Casco Montoya y yo fuimos invitados, considerando que el homenajeado fue nuestro profesor de literatura universal en el bachillerato. A Paloma le correspondió explicar las razones de la reunión y hablar de su amistad con el ameritado maestro desde su infancia. 
Fausto Vega se limitó a agradecer el sorpresivo festejo, con su habitual sentido del humor hizo un brindis. El resto fue hablar de su trabajo, sus amigos y de literatura. Nostalgias y luminosas siluetas pasaron por allí. Los que quedaron alrededor mío, me oyeron platicar del maestro, quien en 1960 nos explicaba el sentido de la literatura y leía trozos de Flaubert, Goethe, Joyce, Proust, Kafka, un certero recorrido por las letras universales. Fue el primero en hablarme de Borges en los pasillos del edificio ahora convertido en Palacio de la Autonomía. Ya en la Ciudad Universitaria, a través de Henrique González Casanova y de Rubén Bonifaz Nuño, me acerqué más a él, como amigo. Una tarde realmente memorable. Sobre todo cuando Fausto Vega recordó a sus amigos y a muchos de los integrantes del Colegio Nacional, con quienes ha convivido casi tres décadas. Fue, conforme a su costumbre, ingenioso, agudo, propio y sabio. Dentro de una talentosa generación de pensadores, Vega prefirió impartir clases, dictar conferencias, ser universitario de tiempo completo y finalmente administrar el mayor centro científico cultural de México. Dicho en otras palabras, optó por la oralidad, no por lo escrito. Otros son los que deben dejar constancia de su notable paso por las más elevadas instituciones culturales del país y sus profundas huellas.

septiembre 20, 2013

Obama, ¿estadista o bravucón?


En los buenos viejos tiempos de México, a pesar de las agresiones, del férreo dominio y del desdén norteamericano, había una fuerte resistencia a las tendencias imperiales. De pronto los gobiernos nacionales con habilidad se defendían de las presiones de su colosal vecino. Con el paso del tiempo, la entereza mermó y México fue subordinándose discretamente a EU. Si el presidente Adolfo López Mateos mostró capacidad para no seguir los dictados de la Casa Blanca para romper con la Cuba revolucionaria, con Vicente Fox el deslumbramiento por el poderío norteamericano se hizo muy visible. Antaño vendedor de bebidas de cola, el mandatario seguía la costumbre de ir a EU a rendir cuentas del estado de sus ventas, sólo que ahora no era refresquero sino presidente de la República mexicana.

Los mexicanos suelen decir que nos va bien cuando en EU hay un mandatario demócrata y mal cuando lo es de origen republicano. Honestamente, no veo mayores diferencias, quizá de estilo, pero son en verdad mínimas, tanto, que apenas se perciben. Lo que prevalece es el deseo gringo de doblegar al mundo comenzando por sus vecinos. Y lo ha hecho, la dignidad que muestra el gobierno actual es mera ficción. No es hábil diplomacia sino temor. Desde hace décadas carecemos de una política exterior. Se acabaron los agudos y creativos políticos internacionales. Hay pura burocracia, gente de todos los partidos, herencia de una realidad tortuosa, que se ven de pronto convertidos en agentes diplomáticos que no saben qué hacer, sin rumbo, resolviendo los problemas conforme aparecen, sin imaginación y en particular sin grandeza.

Pero eso ya lo sabemos bien. No importa más saber si a Peña Nieto le preocupa que lo espíen o que sus conversaciones sean grabadas y escuchadas en la Casa Blanca. La adulación (usemos la palabreja) lo ha blindado. Se limita a escuchar el placentero sí, señor presidente, lo que usted diga, señor presidente, como ha dicho el señor presidente. No hay duda: el presidencialismo zalamero ha regresado victorioso. No hay reclamos, ya la “protesta” diplomática fue emitida y debidamente archivada en la CIA o en alguna oficina de la Casa Blanca. Pensemos mejor en la señora Dilma Rousseff, presidenta de Brasil. Al igual que su colega mexicano, fue espiada, pero ella reaccionó con decoro y categoría. Para empezar, fue más allá de la simple nota diplomática, hizo público su malestar y para probarlo hizo lo que pocos se atreverían: a dejar plantado al presidente de Estados Unidos.  La presidente “posterga” su cita prevista para el 23 de octubre próximo, hasta no esclarecer el espinoso asunto. Un lío que muestra a Obama de cuerpo entero: un agresivo mandatario disfrazado de paloma. Sólo recordemos que no ha acabado de retirar tropas de Afganistán ni de Irak, país que los suyos destruyeron por completo y que ahora vive en la total ruina. ¿Traemos a colación el caso de Guantánamo, ex base naval convertida en centro de torturas sin que los derechos humanos, tan peleados por EU actúen?

Dilma Rousseff recibió una llamada personal de Barack Obama, el hombre (imagino que en inglés, ¿conoce usted un norteamericano que hable otro idioma?) para convencerla. Imposible dejar con un palmo de narices al jefe del planeta. Luego de veinte minutos de conversación entre ambos jefes de Estado, la presidenta brasileña se mantuvo en su postura. Brasil no tiene por qué llevar lazos cordiales, fraternos, con un país que violenta los derechos humanos, que todo lo arregla por métodos violentos y que además, la espía sin pudor.

Para Dilma Rousseff el espionaje del que fue objeto, igual al que sometieron a Peña Nieto, atenta contra la soberanía nacional y los derechos individuales, es, para moyores datos, afirma el comunicado de Brasil, incompatible con la convivencia democrática entre países amigos. Pero sabemos lo que en México siempre hemos dicho: EU tiene intereses, no amigos. Apoyó a los tiranos de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay y para colmo en la guerra por las Malvinas, EU se decidió abiertamente por la Gran Bretaña y Argentina sufrió una aparatosa derrota. ¿Reagan se pronunciaba contra la dictadura? No, ayudaba a su mejor aliado: Inglaterra. Si seguimos con las frases hechas, con amigos como EU para qué queremos enemigos.

Es difícil pensar que el asunto llegará más lejos en Brasil, pero por lo pronto la señora Rousseff ha dado una evidente lección de dignidad internacional. No es en absoluto semejante a la pugna de Obama con Putin. Allí hay rencillas añejas que la caída del socialismo no ha podido sanar. El imaginativo y talentoso Alexis de Tocqueville anticipó que algún día Rusia y Estados Unidos chocarían por el control mundial. Lo hacen desde hace décadas, con o sin intereses ideológicos. Son dos países de tendencias imperialistas, de expansión y como ya no hay mucho territorio para donde extenderse, se pugna por el control económico basado en el poderío militar. China, de hecho, ya está en esa pelea que fue un tiempo de dos. La conducta de la señora Rousseff muestra otra vía, otra ruta para la convivencia internacional y nuevas alternativas para un mundo más racional, igualitario y equilibrado.

septiembre 18, 2013

Gonzalo Martré es Fantomas


Gonzalo Martré, del que ya he escrito en este gran diario, es un narrador convincente, poco afecto a las metáforas, su lenguaje es directo; a cambio, posee el deleite de la ironía sinfín y sabe narrar con habilidad. Su bibliografía es larga y ha dejado una extraña huella: rechazado por las “grandes editoriales”, sus seguidores han contribuido a hacerlo legendario, una suerte de escritor maldito, implacable con sus enemigos, entre ellos el PRI, al que deben leer y hasta reunir dinero para que sus obras sigan apareciendo en tirajes que ellos mismos consumen y publicitan. Su novela Los símbolos transparentes es sin duda uno de los mejores libros sobre la matanza del 68, muy superior a los malos reportajes de Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, los que, por su cercanía al poder, han sido los libros “insustituibles”, los “imprescindibles”, cuando uno está lleno de imprecisiones y el otro es ilegible. Nadie como Martré se ha mofado de los funcionarios de Conaculta, en particular de Consuelo Sáizar, a la que bautizó como La cantante de rancheras. Señaló con detalle su enorme corrupción, su falta de cultura, sus escándalos, los innumerables beneficios que les concedió a sus amigos y lo despiadada que fue con sus enemigos.

Martré, rechazado por las “buenas conciencias” y leído con regocijo en internet y en los libros que logran sustraerse al olvido de los ridículos profesionales de la crítica, acaba de publicar una obra interesante tanto para quienes gustan de cómics y novelas policiacas como para lectores en general. Lo editó la UAM-A en su colección “Los heterodoxos”, y se llama El regreso de Fantomas, la amenaza elegante.

Fantomas es un personaje literario de la escuela negra francesa. Su creador fue Pierre Souvestre y lo continuó Marcel Allain, entre ambos hubo más de 40 aventuras fascinantes. Su éxito fue mucho, tanto como el de Arsenio Lupin. El primero siguió una ruta interesante y sin que se precisara su origen y formación con exactitud, creció y ya a mediados del siglo XX pasó al cómic y al cine. En México, la editorial Novaro, según explica el prologuista de la obra de Martré, Carlos Gómez Carro, retomó la historia: Gonzalo se hizo cargo de darle nueva vida al personaje francés. Su trabajo fue exitoso y llegó a tal grado que Julio Cortázar se interesó en el tema y el tratamiento que le daba Martré y lo reprodujo a su manera en un libro poco conocido ya: Vampiros trasnacionales, lo que dio origen a un intercambio de cartas entre el mexicano y el argentino. Algunas de esas misivas y el folleto de Cortázar se encuentran en el Museo del Escritor.

Ahora, en la edición de la UAM-A, Fantomas regresa a dar una batalla más, sus enemigos son personajes de una nueva canalla muy parecida a políticos, empresarios e intelectuales mexicanos, cuyos nombres apenas ocultan sus personalidades reales. El enigmático héroe, en ocasiones poco escrupuloso con sus rivales, investiga y arroja luz en complots de alta escuela. Poco a poco los pone al descubierto, con implacable rigor y dureza.

En esta nueva obra de Gonzalo Martré, su prosa se ha hecho más irónica, sarcástica. Los diálogos fluyen y nos hacen recordar historias perversas del México contemporáneo. De esta manera Fantomas ha regresado, sus métodos siguen siendo los que sus autores originales le dieron, sus características igualmente han sido respetadas, pero la amenaza elegante se hizo integrante de un mundo globalizado donde el mal está en todas partes, bien ramificado y mejor representado por aquellos que Martré bien conoce: los poderosos de México. El profesor Semo, inventor y colaborador suyo, le concede a Fantomas consejos y armas sofisticadas, al estilo de un filme de James Bond. Es un libro muy divertido, fuera de lo usual en un México que se aburre de tantos bostezos como le proporcionan sus más conspicuos literatos.

Martré ha batallado por romper el cerco que desde sus inicios lo ha rodeado. Es posible que con este libro comience a ceder el muro, que sus nuevos lectores lo lean lejos de los prejuicios de aquellos que se sintieron o fueron tocados por Gonzalo. No lo sé. Pero tarde o temprano su terquedad de mostrar su lado satírico, de rudos párrafos de lenguaje coloquial, obtendrá el lugar que se merece entre aquellos que supieron burlarse merecidamente del prójimo, en especial si se trata de políticos corruptos o intelectuales tediosos, siempre cercanos al poder.

Gonzalo Martré ha escrito multitud de libros, si bien en ellos aparecen políticos priistas e intelectuales pretenciosos, los personajes del bajo mundo suelen hallar acomodo como en la serie del “Chanfalla”. Escritor marginado, ha preferido recorrer el tosco mundo mexicano y ridiculizarlo. Llama la atención que el sistema político y los intelectuales no han logrado ocultarlo, aunque sí le han puesto obstáculos. Sus lectores y admiradores siempre lo ponen a salvo, les agrada que insista en vituperar un sistema que mira por completo reprobable. Es el Fantomas de los mexicanos, lo heredó, pero del cómic a la novela le ha dado nueva vitalidad. La historia es acompañada por ilustraciones que hacen visibles la hazaña del autor: mezcló exitosamente dos géneros.

septiembre 15, 2013

Eficaz ensayo, tardía reacción

Los gobiernos capitalinos suponían que la libertad de expresión es la protesta brutal.


Acusar a Miguel Ángel Mancera de lenta reacción y proponerlo como responsable de lamentables semanas para la capital, es poco serio: no es su culpa sino una pesada herencia. Luego de Cárdenas, la demagogia de los sucesivos dirigentes perredistas, considerando que marchas y protestas son aliadas naturales, permitió concederles plena impunidad. Pensaron ingenuamente que sólo iban contra el gobierno federal, el que cada vez está más lejos de sus manos. Los tiempos cambian con celeridad y la confusión predomina en el sistema político. Mancera se vio atrapado por el discurso barato de no podemos ser intolerantes con los plantones y las acciones que son realizadas en el DF, no son contra nosotros. La falsa tolerancia de ex priistas como Marcelo Ebrard tuvo fines electorales en donde la ciudad es botín y anzuelo. La CNTE, que ha crecido en la medida en que Elba Esther paga con retraso sus pillerías en la cárcel, entrenó en Oaxaca, Michoacán y Guerrero, consiguió sus propósitos y un alto fogueo que la encaminó al gran reto: la arrogante capital, ingenua y abandonada.
Mancera ahora ha visto disminuir su prestigio en una ciudad caótica, su riqueza política ha disminuido y él es víctima de las pugnas del perredismo; su inacción ante la llegada de la CNTE fue vista como una pasmosa falta de habilidad. Si desde un principio hubiese actuado como el viernes, jamás el asunto habría pasado a los anales históricos como una asombrosa falta de visión política. Es lerdo pensar que respetar la ley significa violencia o represión. Sigue funcionando un síndrome de culpabilidad en el PRI y una errada idea de que cada marchista que golpea policías, destruye calles y comercios e impide la libertad de movimiento de los capitalinos, es un paso adelante en la democracia y defensa de los derechos humanos.
Transgredir los intereses de personas que van al trabajo e impedir el funcionamiento del comercio formal, es violencia. Pocos entienden el fenómeno y que los afectados sean sospechosos para las organizaciones de derechos humanos que defienden a los agresores y nunca a los millones de agredidos económica y físicamente. Es como EU: lucha por los derechos humanos en Siria y en Guantánamo tortura salvajemente a sus enemigos.
Por ahora, triunfó el derecho, la razón al menos. Pero el ensayo tuvo éxito. Sólo que los rivales del sistema saben que el DF es vulnerable: las autoridades están sujetas por sus intereses políticos. En adelante, la violencia de los extremistas no tendrá fin y crecerá en la medida en que el descontento aumente, no hay Pacto por México que los limite. Así como hicieron este tardío operativo bien organizado y eficaz, pudieron llevarlo a cabo hace tiempo y evitar que la CNTE se convirtiera en mártir de la democracia. Los gobiernos capitalinos suponían que la libertad de expresión es la protesta brutal. También quienes no están conformes o manifiestan su indignación de otra manera tienen derecho a transitar por las calles sin apedrear policías ni comercios. ¿Quién los defiende? Nadie. Peña Nieto y Mancera actuaron en mal momento, en vísperas de los días patrios y eso irritó más a quienes ya eran dueños de la urbe para hacer lo que les venía en gana. La Asamblea del DF, dominada por el PRD no legisló razonablemente sobre el problema y en un gesto más de la madre Teresa que de un parlamentario eficaz, liberó a vándalos que simplemente querían desahogarse a golpes de una larga cadena de problemas sociales heredados. Las fianzas fueron pagadas por los propios perredistas. Los resultados se verán en dos años más.
El Estado deberá analizar al DF, asimismo al resto del país para disminuir la violencia opositora y actuar conforme a la ley. De lo contrario, estos días en que unos audaces tomaron la capital e hicieron lo que quisieron, fue el ensayo de Mussolini para más adelante tomar Roma e instaurar el fascismo

septiembre 13, 2013

Muere Ernesto Parra, gran escritor español


El miércoles recibí un breve pero terrible correo electrónico: “Que tal, maestro René, espero no importunarlo. No sé si me recuerde, me casé con Ernesto Parra en 1996 (en Madrid)  y usted tuvo la gentileza de invitarlo a la casa de escritores en Bacalar, Quintana Roo, en 1997.  Yo lo acompañé. Nos separamos en 1999. Al margen de decir que mi corazón y mi amor están de luto, quiero comunicarle  de la muerte de mi amado Ernesto,  me enteré por el periódico digital de España elEconomista.es. Creí que debería saberlo, por el aprecio que se guardaban. Muchas gracias y le mando saludos. Laura Cortés.”

Es mucho lo que para mí encierra ese nombre. Ernesto Parra, más joven que yo, lo conocí hace muchos años en la Feria del Libro de Madrid. Ambos publicamos en la misma editorial y por lo tanto, firmábamos libros juntos. A un lado, Rafael Alberti hacía lo propio y poco más lejos estaba Álvaro Mutis, platicando de su amigo García Márquez. Ernesto y yo aceptamos una botella de vino que pronto se duplicó y triplicó. Yo llegaba directo del aeropuerto de Barajas y no había cambiado dólares por moneda española, (entonces todavía pesetas), pero Ernesto me dijo yo te presto dinero y vamos a comer. En realidad jamás comimos, nos limitamos a beber desaforadamente. Sin duda éramos espíritus afines.

Estuvimos juntos varios días, él iba acompañado por su pareja de aquellos tiempos, una joven esbelta llamada Mar. Recorrimos impetuosamente Madrid. Visitamos museos, bares, comíamos algunas tapas y descorchábamos infinidad de botellas de tinto. Se inició una buena amistad. Ernesto amaba a México sin conocerlo. Hablaba de los aztecas y los mayas con profundidad, de la Independencia e insistía de modo obsesivo en que su máximo deseo era visitarlo. Le dije que exageraba, que sus lecturas le habían proporcionado una visión idílica del país, que no era tan bello ni tan generoso como suponía. Es difícil y complejo, sobre todo el mundo intelectual.

Volví a Madrid una y otra vez. La historia era exactamente la misma. Las fotografías que conservo de esa época, tomadas por Rosario, nos muestran siempre con copas de vino o de coñac. Su generosidad desconocía límites. Como pudo, nunca fue un hombre sobrado de dinero, me hizo una fiesta en su departamento, amplio, por cierto, y organizó una presentación en un bar junto a Las Cibeles, con una larga lista de invitados. La novela era Réquiem por un suicida, que llegaba a su segunda edición española. Alguien grabó la presentación. Nadie habló de la novela sino a propuesta de muchachos republicanos, discutimos la deuda impagable que España tiene con México, luego del feroz triunfo de Franco. Fue emotivo. En pleno corazón de Madrid, un grupo de españoles y dos o tres mexicanos retomamos el tema de la tragedia española y el exilio en México.

La última vez que nos vimos en Madrid, iba con su esposa, la que firmó el correo, la mexicana Laura Cortés, talentosa y guapa, que concluía sus estudios de Literatura. Entendí que realmente amaba a México, pero insistí: no es para ti, Ernesto.

Años después, cuando yo dirigía el suplemento cultual El Búho, Ernesto Parra apareció en mi oficina de Bucareli y Reforma, iba con Laura. Hicimos algunos planes. Ernesto se veía entusiasmado. En efecto, conseguí que fueran a conocer Bacalar, en Quintana Roo, donde la SOGEM de José María Fernández Unsaín poseía una casa para escritores. Lo presenté con narradores mexicanos, no se entendieron; su sentido del humor, su ingenio y capacidad para la ironía, desconcertaban a mis colegas. Él, a su vez, muy madrileño, decía, algo así como joder, qué solemnes son los mexicanos, los pensé como tú, irreverentes y, eh, ¿cómo dicen ustedes?, ah, sí, que les vale madre el mundo. Te lo dije, querido Ernesto y eso que no conoces a los más famosos. Son insoportables.

Pero si Ernesto Parra amaba a México, México no lo quiso: lo golpearon, lo saltaron, le dieron una puñalada, por fortuna no grave, en una palabra, lo aterrorizaron. Fue a verme descorazonado. No es el paraíso que imaginaste. Poco después me dijo que regresaba a España y nunca volví a saber de él hasta que su esposa me escribió el correo citado. Lo pienso y noto que a pesar de ser parlanchín, ingenioso, muy buen novelista, era un tanto enigmático. He vuelto a Madrid, pero en viajes rápidos, los que no me permitieron buscarlo. Conservo la mayoría de sus libros dedicados con calidez, una de las fotografías donde aparecemos juntos está en mi biblioteca. Ignoro de qué murió, por qué, dónde, qué hacía, en qué nuevas novelas trabajaba. Pensé que algún día volveríamos a encontrarnos. Ahora sé que no, que está muerto.

Confío que en España hayan reconocido su talento literario, dejó magníficas novelas y escribió amenos artículos. Desconozco si Ernesto Parra tiene lectores aquí. Pero en tal sentido hay reciprocidad: ni en España conocen a los mexicanos ni nosotros conocemos a los españoles, salvo en dos o tres casos. Aquel país está absorto en ser al fin europeo, nosotros miramos obsesivamente hacia Estados Unidos.

Donde estés, querido Ernesto, ya te alcanzaré a beber el vino que nos faltó.

septiembre 11, 2013

Salvador Allende, un demócrata marxista


Cuatro décadas. No parece mucho tiempo. Pero son cuarenta años sin Salvador Allende. La noción del tiempo cambia. Quienes lo vimos y escuchamos, creemos que fue hace siglos. El mundo esperanzador que vivió y trató de reconformar, por el que dio la vida, como Ernesto Guevara, es parte de una historia remota, distante. Al parecer, la humanidad no tiene más alternativa que la de aceptar la globalización capitalista que nos han impuesto. Sin Unión Soviética, sin el bloque socialista, sin Guevara, con una Revolución Cubana por completo avejentada, fuera de tono, nos queda claro que las utopías son sólo eso: utopías, cosas irreales, sueños.

Salvador Allende les probó a una humanidad escéptica y, sobre todo, a los revolucionarios que suponían que para acceder al socialismo no había más camino que la violencia, la revolución armada, que existía la vía electoral. Fue a las urnas y al fin consiguió su anhelo de llegar a lo mismo que deseaban Fidel Castro y el Che Guevara: llevar las ideas de Marx, Engels y Lenin al poder utilizando las urnas. Chile era una nueva lección. Allende había conseguido el milagro y comenzaron las nacionalizaciones de las industrias clave para el desarrollo, de las riquezas naturales, que multitudes en su país y en otras naciones como México aplaudían entusiasmados. Fidel Castro visitó oficialmente Chile, a ver aquello que en Cuba costó sacrificios enormes y mucha sangre: la revolución. Al despedirse de su amigo Allende, Fidel le advirtió de lo peligroso que le parecía un general sombrío y de mirada perversa, solemne y poco sociable que estaba al frente del Ejército. Allende lo tranquilizó hablándole de la lealtad de las fuerzas armadas chilenas. No son como el resto de las latinoamericanas.

Poco tiempo después, un brutal golpe de Estado, perfectamente planeado, cuidado hasta el detalle, una conspiración perfecta, atacó a los soldados leales al gobierno de Allende. El propio mandatario quedó atrapado en La Moneda, con sus hombres más cercanos y solidarios. Murió combatiendo por la libertad y la democracia. El asesino Pinochet, aunque tardíamente, algún castigo recibió y la historia lo ha condenado para siempre como criminal y traidor.

Hoy se cumplen cuatro décadas de la muerte cobarde de Allende. Recuerdo sus palabras en el DF, invitado por el gobierno de Echeverría y las que pronunció en Guadalajara. Lo vi en La Habana, junto a un vigoroso Fidel Castro. Yo era partidario de la lucha armada, sin embargo, admiraba su descomunal enfrentamiento con tesis que parecían irrefutables. El implacable tiempo le dio un portazo a las dos vías para llegar al socialismo. La actual izquierda se conforma con algo llamado Estado de bienestar, muy distante, fenómeno en países desarrollados, como Finlandia o Dinamarca, donde hay una monarquía. Yo, francamente, vivo de puras nostalgias, lo que es bueno para la literatura, no para la política.

Cuando supe del atroz crimen el 11 se septiembre de 1973, me indigné y redacté un artículo que se perdió en páginas polvosas de algún archivo o hemeroteca. Luego un breve cuento que por allí está, en algún libro. Mi tío, el director de orquesta y compositor, Uberto Zanolli, artista finalmente, conmovido por la muerte de Salvador Allende, hizo un hermoso poema.

Elegía a un hombre

A Salvador Allende

In memoriam
Tras de ruinas

de ventiscas de bombas

entre tus Andes y el mar

estrella de frondosos laureles

corona tu alma desvanecida

vida interrumpida

desairada desnudez

de luz apagada a medio camino.
Esencia incorpórea

tus ojos estremecidos

cuajados de sangre

de aquella sangre

que tú no quisiste verter

encierran lágrima pétrea.
Auriga celeste

ahora guías blancos caballos

de alas inmensas

en tu carro de fuego.
Doliente.

sobre tu astral candor

salobres aromas asperjo

y rúbea cariofilea.
Amarga manta perfumada.

Poco después, el poeta Pablo Neruda moría abrumado por el cáncer y la tristeza, sabiendo que la chusma militar saqueaba sus propiedades. Marx decía que la historia tiene flujos y reflujos, pleamar y bajamar, las posibilidades revolucionarias van y vienen, pero ahora tengo dudas, quizá sea el tiempo el que lo confirme o niegue. El socialismo como lo conocimos, por la vía armada o la electoral, no regresará. No como lo soñamos: leyendo hermosas utopías que extrañamente llamamos socialismo científico.

septiembre 09, 2013

Vivimos una grave crisis política


Si el problema fuera muy sencillo y fácil de explicar en un artículo de 850 palabras, todo quedaría resuelto. Pero no. El asunto de la educación en México es complejo y tiene una historia tortuosa. Lo primero que podemos señalar es que la época de esplendor, de esperanzas y fe en la educación pública fue de José Vasconcelos (bajo el gobierno de Álvaro Obregón) a Lázaro Cárdenas y declinó lentamente luego de Ávila Camacho y los sucesivos gobiernos hasta la fecha. En aquellos años el Estado hizo un esfuerzo enorme por darle grandeza a la educación; los maestros fueron heroicos y de alto rango moral y académico. Es curioso, aquí todo se deteriora antes de llegar a un estadio superior. Si Cárdenas declaró la educación socialista, más allá de la idea constitucional, Manuel Ávila Camacho se confiesa creyente sin recordar que el Estado mexicano es laico.

Efectivamente, Ávila Camacho comienza el impulso hacia la derecha. En educación implica el olvido de la principal fuente de riqueza de cualquier país. Los maestros pasaron al control de autoridades incompetentes, distantes del magisterio, a la degradación del respeto que inicialmente inspiraban, a los bajos sueldos y al férreo control de sindicalistas siempre corruptos, como los existentes en México, sin excepciones. Jonguitud y Elba Esther coronan la tarea demoledora de los líderes de los maestros.

Al permitir que declinara la educación pública, los colegios privados comenzaron a surgir como hongos bajo la lluvia y la humedad. Alrededor de 1960, la universidad pública era la gran opción escolar profesional, el principio de la cadena hacia los altos mandos. El abandono gradual la hace una fábrica, en el mejor de los casos, de mandos medios al servicio de egresados de universidades privadas. La falta de recursos, de visión de los políticos permitió que la educación pública sufriera un enorme descalabro. Para empeorar la acción: los hijos de los políticos, a diferencia, por ejemplo de los de Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, estudian en universidades privadas. Todavía Carlos Salinas y Ernesto Zedillo egresaron de la UNAM y del IPN, respectivamente.

Lo que hoy llamamos izquierda, una masa turbia, corrupta y desprestigiada, no está mejor. Creada por ex priistas, hace exactamente lo mismo que el PRI: primero se enriquece y enseguida envía a sus hijos a escuelas privadas, para enseguida subir a tribuna o declarar a los medios que apoyan hasta la muerte a los maestros que por los peores caminos defienden al gremio docente. Pero ahora sabemos que, voten o no por la reforma educativa, sus hijos van a costosas escuelas particulares. La hazaña está consumada: la demagogia es evidente. No confían en lo que apoyan, sus fines son sólo políticos.

Es sorprendente que mientras los priistas, los panistas y los perredistas suben a la tribuna a defender con pasión (artificial) los derechos de los maestros y los justifican, los desprecian porque ningún político tiene a sus hijos bajo la tutela de uno de ellos. Sus profesores son curas, gerentes, empresarios y amigos todos de la economía de libre empresa, en donde brillan por su ausencia las preocupaciones sociales. Se trata de triunfar materialmente, sea en la economía, sea en la política o hasta en la cultura. Lo demás no importa.

Por ello sigo sin ver diferencias sustanciales entre los políticos mexicanos, a lo sumo en el color de las corbatas: son ricos o están por serlo y ya en posesión de una aceptable fortuna, ¿quién desea que sus hijos vayan a incómodas escuelas pobres, en edificios apenas presentables y con maestros alborotadores e incapaces según su propia lógica? Pero llegado el momento, el falso progresista, ante el público y los medios, sin importar el partido, los defenderá ardorosamente.

¿Dónde estudian los hijos de aquellos que se desgañitan defendiendo a los maestros de la CNTE? En costosas escuelas privadas porque sencillamente no confían en los mentores públicos. Es una pena decirlo, pero los maestros son parte de los abandonados por el sistema. La “izquierda” que grita su adhesión a la disidencia magisterial tiene a sus hijos en escuelas privadas y la lista es larga y peligrosa porque habla de hipocresía: López Obrador, Epigmenio Ibarra, Martí Batres, Ricardo Monreal, Mario Delgado, René Bejarano y Dolores Padierna, Manuel Bartlett y podemos seguir…

Del lado del PAN, es obvio, desde su fundación, en 1939, siempre han detestado lo público, el artículo constitucional tercero. Vázquez Mota incluida. Para qué hablar del PRI, el propio presidente Peña Nieto es egresado de universidad privada y sus hijos asisten a escuela lujosas. Vistas así las cosas, tengo una duda: ¿qué pensarán los maestros que tan violentamente se han adueñado del DF, de quienes dicen apoyar a la educación pública?

Pero ya todo esto es poca cosa. Ayer los manifestantes anunciaron que el plantón seguirá indefinidamente, y que se suman multitud de sindicatos, grupos sociales y estudiantes irritados por la situación política y económica nacional. ¿Qué situación verán los mayores poderes del país y del DF? México comienza a mostrar características de Estado fallido. Para amplios sectores de la población ya no son suficientes los arreglos en la fachada, quieren transformaciones de fondo.