Tantadel

octubre 30, 2013

Vivir en Tlalpan, ¡vaya pesadilla!


Alguna vez, no hace mucho tiempo, un importante político me dijo al ver los conflictos que padece la delegación donde vivo, Tlalpan: Viniste al paraíso y se te convirtió en el infierno. Efectivamente. Los problemas de mi zona no comenzaron con los perredistas, son anteriores, pero es evidente que con su llegada se acentuaron de manera brutal y rápida. Desde que Cuauhtémoc Cárdenas ganó de forma abrumadora el DF, salieron de las cloacas sociales multitud de dirigentes y vividores que con celeridad hicieron de las suyas: la corrupción se convirtió en algo generalizado, común y hasta natural. Pero debo advertir que Tlalpan ha sido la más castigada de todas las delegaciones o así lo vemos muchos de sus habitantes.

Cuando Cárdenas se postuló a jefe de gobierno capitalino, con gusto mi familia y yo votamos por él. Lo conozco personalmente desde hace muchos años y lo respeto. Como periodista llamé a que votaran por él todas las veces que se postuló a la Presidencia. Cuando ganó el DF, nos emocionó. Pero el ingeniero estaba de paso, su principal interés era la postulación presidencial y pronto fue su asunto principal. Cuando uno de los héroes del 68, El Pino, comenzó a hacer de las suyas en Tlalpan, decidí ingresar en un comité de vecinos que estaban hartos de sus corruptelas, mal carácter y demagogia. Me pidieron que hablara con Cárdenas y así lo hice. Fue atento y se preocupó porque las quejas y el malestar arrancaban demasiado temprano para su administración, nos mandó con una funcionaria arrogante y agresiva, Rosario Robles, quien sin mayores problemas nos acusó a los gritos de hacer “campañitas contra su partido”. Quién la viera ahora, modosita y buena priista, elegante, lejos de la ropa de “revolucionaria” que solía utilizar. Fue una tragedia que arrancó de manera ruidosa. Supimos que sería imposible tratar con el PRD, al menos en nuestra delegación. He escrito docenas de páginas y he mencionado en detalle en esta casa editorial, Crónica, las fechorías de cada uno de los delegados perredistas que han pasado por esta zona de la capital, antes tranquila y bella. Salvo Gilberto López y Rivas, los restantes la han utilizado para mejorar sus cuentas bancarias y de manera visible, como es el caso de Higinio Chávez y Guillermo Sánchez Torres. La actual delegada, la señora que se ostenta como “izquierdista”, Maricela Contreras, no ha sido menos turbia y autoritaria. Pero como no es ni hábil ni mucho menos inteligente, todo a su alrededor es visible. Sabemos y tenemos documentadas sus maniobras y sus constantes choques con la ciudadanía. En Facebook han aparecido fotografías donde familiares cercanos se dan la gran vida en Europa, mientras aquí no pasa un día sin que la señora tenga un grave problema con toda clase de ciudadanos. Todos en el DF conocen su reputación, todos menos Miguel Ángel Mancera, quien por ahora imagina que impedir el vandalismo de la CNTE es represión.

La Crónica en su edición de ayer hacía un buen resumen de su diario quehacer. “La jefa delegacional no encuentra la fórmula para administrar Tlalpan, donde las acusaciones de corrupción y abusos continúan. Ahora son comerciantes ambulantes los que hacen señalamientos directos contra su persona y montan un plantón frente a sus oficinas. Ella se defiende argumentando que los inconformes no se quieren sumar al programa de reordenamiento de la vía pública, pero lo cierto es que persiste la inestabilidad en la demarcación y de nueva cuenta será necesaria la intervención del gobierno central”

La verdad es que por todo Tlalpan se observa desde que ella es la delegada, el desbordamiento del comercio ambulante, con un permiso logran instalarse hasta diez personas, es el caso de los taqueros que rodean mi casa y que usan como bodega las instalaciones de un pozo de agua situado en Zacatépetl y Camino a Santa Teresa. El negocio es redondo por donde se le vea. Lo que desea es poner un poco de orden en la corrupción. Sin embargo, la delegación se ha llenado de giros negros y la inseguridad aumenta de manera gradual.

Indudablemente el paraíso desapareció y lo poco que resta es el resultado de las defensas ciudadanas, como lo fue el impedir la instalación de una pista de hielo en el  Bosque de Tlalpan, zona natural protegida que fue negocio de Guillermo Sánchez Torres. Una luchadora social que arriesga, Clara Elvia Tapia, ha sido justa: La culpa es nuestra por haber votado abrumadoramente por autoridades corruptas e ineptas.

Tlalpan se ha convertido en un inmenso negocio: los funcionarios entran pobres y salen ricos. No sólo eso, alardean su nueva situación e imaginan que somos los vecinos los que creamos los problemas. El Pino quiso castigarnos por ser “ricos”, dio una frase célebre para justificar al ambulantaje: “Mejor un taquero que un ratero”, y ahora quieren ordenarlos mediante las presiones y la extorsión. Pobre Tlalpan.

octubre 28, 2013

Mi boca fue de profeta


Hace poco tiempo escribí en estas mismas páginas que el anuncio de conmemorar simultáneamente a tres integrantes de la Generación Taller, nacidos en 1914, José Revueltas, Octavio Paz y Efraín Huerta, era una desproporción oficial.  En la realidad, lejos de la palabrería que suele ser falsa, el único gran festejado sería el segundo. Se cumplió: los legisladores, aquellos que nunca han tenido una obra literaria en las manos, se apresuraron a integrar comités para festejar a Octavio Paz y existe la propuesta de poner su nombre con letras de oro en la Cámara de Diputados, junto a los existentes, donde está, por ejemplo, el de Francisco Villa.  Por ahora, que sepamos, nadie mueve un dedo para festejar los centenarios de los dos restantes. Nadie. Ni intelectuales ni políticos.

Hace muchos años, platicando con Fernando del Paso, le pregunté si los premios literarios eran fundamentales para consolidar una obra artística. Respondió: Los galardones ayudan, pero no consolidan una reputación literaria. Me dejé convencer. Fernando ha obtenido diversos premios destacados y es una celebridad. Su caso es ajeno a la adulación al poderoso, a la cercanía con el Estado. Ha ocupado, sí, algunos cargos oficiales, sólo que su obra narrativa, con altas y bajas, le ha dado honores y reconocimiento, lectores. Una de las grandes novelas de nuestros tiempos, siglos XX y XXI, es sin duda Noticias del imperio.

La lista de escritores que han obtenido el Premio Nobel de Literatura es larga, asimismo, la de omisiones. El jurado sueco suele equivocarse de manera notable. No está Jorge Luis Borges, el único escritor del castellano que ha creado una auténtica revolución literaria en el mundo. Multicitado, traducido a todos los idiomas importantes, es una referencia única, obligada. Su estilo peculiar y novedoso es copiado en Japón, Francia, México, España o EU. Si escribió una idea o estampó un comentario marginal en las páginas del libro que leyó, es citado y publicado en los medios y al final en volumen. Dudo que existan páginas inéditas del escritor porteño, hasta sus gustos personales están recogidos en antologías y colecciones. Nadie como Borges y no tuvo el Premio Nobel a pesar de que lo quiso. Sus devaneos con la derecha tuvieron un costo excesivo. El celebérrimo argentino se veía a sí mismo como “anarquista a lo Spencer” y agnóstico. Detestó al comunismo y al fascismo y fue enemigo de toda clase de dictaduras.

Tampoco lo conquistaron dos grandes de América Latina: Alejo Carpentier y Julio Cortázar. Máximo Gorki y André Malraux no lo tuvieron. La lista en tal sentido es larga y con frecuencia los rechazados por Suecia son más destacados e influyentes que los que obtuvieron la codiciada presea. Siempre me ha llamado la atención que el inteligente político Winston Churchill lo ganara con sus Memorias. Vermer Von Heidenstan y Giossue Carducci apenas son recordados en sus respectivos países y fueron galardonados con el Nobel.

Octavio Paz fue un hombre de espléndida inteligencia y grandes cualidades literarias, una inmensa cultura y una extraña habilidad política. El poeta dijo estar lejos del príncipe, pero supo convencerlo y al final ser parte de un sistema que nos recomendó detestar. En vida y con sus críticos vivos, recibió la insistente acusación de plagiario. Él respondió desdeñoso precisando que los leones se alimentan de corderos. En su momento fui crítico en el aspecto político y no dejaba de reconocer las razones que sus acusadores tenían. Dos de ellos fueron Ermilo Abreu Gómez y Rubén Salazar Mallén, ambos por sus investigaciones sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Otros le reprocharon tomar ideas enteras del Perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos, para redactar su famoso Laberinto de la soledad. Al morir, Ernesto Zedillo le concedió un funeral prácticamente de jefe de Estado y el anterior presidente, Carlos Salinas, se paseó del brazo con el poeta, así como también lo hicieron Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska. Yo escribí que era un sol radiante en un país de sombras. La lectura de páginas de Elena Garro, su primera esposa, Emmanuel Carballo y Edmundo O’Gorman, me convencieron que era un hombre enamorado del poder, lo tuvo y supo utilizarlo. Estoy convencido que contó con súbditos, no con amigos. No polemizó conmigo, optó por escribir un artículo sañudo, que respondí con desenfado.

A José Revueltas le veo inmenso y olvidado. Pero sus grandes combates no fueron por acercarse al poder, sino para enfrentarlo e intentar su derrumbe. En vano quiso hacer una revolución marxista-leninista. En lo personal vi su muerte como un suicidio. Molesto con el capitalismo que triunfaba, decepcionado con el socialismo real, no había otra ruta. Actualmente, estoy por completo seguro, no aceptaría a la llamada izquierda. Su soledad se habría acentuado.

Es evidente que desde ahora los homenajes para Octavio Paz llegarán a raudales. Sin duda los diputados ignorantes y llenos de ingenuidad estamparán el nombre de Paz en los muros de la Cámara. Pero me pregunto, ¿eso es consagratorio o es parte de una trampa del poder? Que estén allí los nombres de políticos, es normal, pero ¿de artistas? Los poetas y los novelistas, los pintores y los músicos obtienen su jerarquía en la sociedad que los aprecia y respeta. Conseguir la falsa admiración de legisladores que nunca lo han leído y que a cambio tratan de prestigiarse con una acción discutible, resulta irresponsable. Es extraño, pero se trata no de un triunfo póstumo del gran poeta y brillante ensayista, sino de patéticos legisladores que desean simplemente cabalgar sobre su alma.




octubre 27, 2013

El dolido Monumento a la Revolución

Una ciudad entera no puede vivir bajo el terror de una minoría.


La destrucción de la capital de México no es novedosa, cada gobierno la “remodela” a sus anchas, sin ningún respeto ni criterio histórico. Cualquier acto “modernizador” pasa por la destrucción de casonas, calles, monumentos y plazas públicas. Nunca ha sido de otra manera. La primera gran ciudad americana, el enclave donde dos mundos opuestos se mezclaron, es afectada una y otra vez, con tenacidad. No hemos sido capaces, siempre bajo mandos autoritarios e ignorantes, conservar nuestro patrimonio histórico. Como bien ha escrito Martha Fernández, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, hemos transitado de la Ciudad de los Palacios a mancha urbana. Lo perdido carece de precio y no se mide con el simplismo del INAH que valora el daño a El Caballito en millón y medio de pesos; la acción es irreversible y no exenta de cinismo.
Con Manuel Camacho se intensificó la destrucción. Un caso: La Diana Cazadora. Bajo el pretexto de una remodelación, y en contra de la opinión de expertos en arte e historia, como don Silvio Zavala, la emblemática escultura fue puesta sobre una base descomunal que achica a la diosa, lejos del entorno boscoso donde mundialmente están las Dianas. Las rudas transformaciones siguieron bajo el gobierno de López Obrador. Tampoco las protestas impidieron que Reforma sufriera la imposición de una larga y sin sentido cadena de jardineras fuera de toda lógica estética. Marcelo Ebrard se llevó los aplausos al “remodelar” el Monumento a la Revolución, ponerle un inútil elevador, fuentes bailarinas, palmeras tropicales y convertirlo en área de recreo, pese al malestar de especialistas. Ahora, bajo control de los paristas de la CNTE, es un basurero y sufre diarios embates no sólo de los maestros oaxaqueños sino de los vendedores ambulantes que lo han sitiado y hacen negocio al extorsionar a los comercios establecidos en la zona. Lo curioso es que nadie parece percatarse que no es un punto para verbenas, es un monumento fúnebre al millón de muertos en la Revolución. Es la tumba de algunos de los dirigentes de la gesta, el mausoleo donde está sepultado el general Cárdenas. Los 368 millones de pesos invertidos en una lamentable remodelación que le restó dignidad fueron un desperdicio. Sólo la barbarie de los integrantes de la CNTE le ha encontrado buen provecho: base para destruir, bloquear calles y pintarrajear edificios públicos en una protesta que les ha acarreado el desdén de los capitalinos y el irrespeto de miles de niños sin clases. La Seduvi anuncia que apenas salgan los maestros habrá nuevas reparaciones. Sería el momento adecuado, luego de consultar a verdaderos expertos, para devolverle su dignidad original al monumento.
Los comerciantes de la zona se quejan de pérdidas millonarias como antes lo hicieron los negocios aledaños al Zócalo. Mancera se mantiene impasible. No habrá represión, algo que ninguno pide, le exigen a través de los medios y las redes sociales que aplique la ley. Una ciudad entera no puede vivir bajo el terror de una minoría. Los perredistas, que desde hace años mantienen el control político del DF, han reculado en su aprecio por la fuerza: ya no serán tolerantes, dicen sus legisladores capitalinos, con marchas, plantones y actos de destrucción. Si antes eran complacientes con las protestas violentas, ahora que los capitalinos comienzan a reaccionar con fuerza, toman una nueva estrategia. La pregunta es, ¿respetarán sus leyes?
Lo más escandaloso ha sido el daño irreparable al llamado El Caballito de Tolsá. En un proceso de limpieza hecho con plena ignorancia, le provocaron daños irreversibles. Hasta hoy nadie es culpable. Mancera, por desgracia, parece más preocupado por aparecer en páginas sociales y preparar su candidatura presidencial que en ordenar y gobernar con inteligencia y buen tino a la capital.

octubre 25, 2013

¿Los ricos también pagan impuestos?

Así como tengo amigos pobres, la mayoría (mi mundo es de profesores universitarios y escritores), los tengo ricos. Hace unos días encontré en un restaurante a uno de ellos. Arquitecto de formación, es audaz, cínico y con buen olfato para los negocios y las relaciones públicas. Nos conocimos hace años cuando a la UNAM asistían hijos de familias pudientes, que no confiaban en las universidades particulares. Se hizo multimillonario con bienes raíces, compraba terrenos y casas ruinosas, construía y reconstruía y las vendía en fortunas. Pronto formó varias empresas dentro del ramo. Según me dice tiene una fortuna superior a los mil millones de pesos y varios millones de dólares en el extranjero. La verdad, estas cantidades me parecen incomprensibles. Con mi castigado sueldo de profesor universitario, apenas tengo capacidad de ahorro. Vivo con decoro, pero no tengo una gran cuenta en el banco.

Mi amigo me quiere y hasta siente piedad por mi situación económica. Sabe que no me puedo jubilar porque recibiría una jubilación de unos 17 mil pesos mensuales. En el restaurante, no esperaba a nadie, iba a comer y enseguida se regresaba a una de sus inmobiliarias. Y sonriente me pidió compartir la mesa. Sin preámbulos se fue directo sobre el gran tema del día a discusión: la reforma hacendaria. Le molestaba la postura del gobierno y de los partidos. Estaba agraviado con las modificaciones.

Mira, me dijo luego de darle un largo sorbo a su whisky, soy un buen mexicano, amo a mi país, me encanta que gane la selección de futbol, pongo banderas en mis casas y me emociona el himno nacional. Pero los políticos son unos ladrones y poco hacen para ganar sus elevados sueldos; son además, corruptos, ellos son el soporte principal del atraso nacional. ¿Por qué no suprimir los legisladores plurinominales? Ni siquiera cuentan con el respaldo de los ciudadanos. Y a los demás, pagarles salarios justos adecuados a la situación económica de México, suprimirles el exceso   de prebendas que tienen y sus administraciones sean transparentes y la sociedad los evalúe. ¿Por qué no poner el ejemplo de la solidaridad económica para bajarse el sueldo y los excesivos recursos adicionales de que gozan? Para los políticos México no es la patria, es un botín. Tengo puntos de referencia, he viajado por todo el mundo y tengo propiedades en el extranjero y los impuestos se ven reflejados en una educación tan elevada y gratuita desde la primaria hasta la universidad, que da envidia, tienen calles estupendas, servicios urbanos de primera y espectáculos maravillosos, como en Finlandia. Allí da gusto pagar impuestos.

Lo miré recordando que su padre fue abarrotero, hijo de un emigrante español. Su casa no fue distinta de la mía, su audacia para esquilmar al prójimo sí distaba de mi educación y principios. Continuó mientras yo le echaba una mirada al menú. No te diré que hago declaraciones al fisco detalladas, pero siempre paga uno impuestos en todo, pero en todo, sólo los informales no lo hacen. Le dan una mordida a un funcionario menor y listo, evaden todo y mira, hermano, son millones, hasta ricos se hacen. Nada más piensa en el taquero que se pone en Tlalpan, bajo el puente del Periférico, lo veo al pasar, tiene por lo menos cuatro camionetas lobo y sucursales. ¿Paga impuestos? Claro que no. Y ya que hablo de Tlalpan es clave en la corrupción capitalina.

¿Ordenamos? Y se le olvidó nuestra amistad al decirme pide lo que sea, yo invito. Enseguida retomó el espinoso asunto. Yo estoy dispuesto a pagar impuestos. Mi contador es experto en ello, sobre todo, cómo pagar sin exagerar a los tipos de Hacienda. Pero dime, supongamos que todos los que tenemos altos ingresos pagáramos adecuadamente y no buscáramos fórmulas para evadir, tales como prestanombres, dividir una empresa en varias pequeñas o lo que quieras ¿Qué ganaríamos con ello? Nada. Seguimos en un país atrasado y con políticos muy ricos sin haberse esforzado gran cosa, hay hasta legisladores a sueldo de las trasnacionales.

¿Qué recibimos a cambio de pagar impuestos? Muy poco. Malos servicios, inseguridad, narcotráfico, una ciudad llena de vándalos criminales y rateros. ¿Pagar impuestos a cambio de baches en una ciudad que se inunda en grandes tramos con cualquier lluvia? Todo es caro y malo. No conozco alguna zona que haya mejorado, por toda la ciudad ve el retroceso. Sostenemos funcionarios y políticos pillos. Llevamos más de dos meses con maestros oaxaqueños desmadrando la ciudad, impidiendo el tránsito. ¿Debo pagar por todo ello? Yo no y te juro que mis colegas empresarios piensan igual. ¿Impuestos de primer mundo y servicios de quinta? No. Que se quede así el país. Total, yo no bebo refrescos, no fumo, me molestan las mascotas, me hacen daño el chocolate y la comida chatarra. Si los gobernantes y los líderes sindicales evaden al fisco, ¿porqué yo no?

Cuando lo vi pagar la abultada cuenta pensé en que tenía razón, tanto como la tenía mi colega universitario, el profesor vecino mío por los excesivos impuestos que pagaba como causante cautivo. Conclusión: ambos tienen razón, por distintos motivos sus razonamientos son convincentes. Cada uno a su manera: uno no quiere pagar más por su raquítica situación económica y el otro sí quiere contribuir al fisco, siempre y cuando vea en qué se gasta el dinero de los contribuyentes. Al parecer, el único que está mal es el sistema político nacional.

octubre 23, 2013

Carmen de la Fuente, mujer excepcional


Cada mes, la escritora Carmen de la Fuente me telefoneaba para hacerme algún comentario o para platicarme de sus grandes amigos, artistas plásticos, intelectuales de peso, escritores que han dejado huella, músicos de excepción, todos valiosos, la mayoría muertos. La última vez que la encontré fue en una agencia funeraria donde velaban a Victoria de Herrera, esposa del músico Luis Herrera de la Fuente. Carmen llegó, muy distinta a lo que físicamente fue: se movía merced a una silla de ruedas, respaldada por un tanque de oxígeno. Iba a ver a su primo a decirle cuánto había querido a Victoria, la ejemplar compañera del director musical. Conversamos un poco. Estaba fatigada y espiritualmente dolida. En lo sucesivo, sólo tendríamos llamadas telefónicas. En los últimos meses, Carmen hablaba con dificultades y era únicamente para reportarse: “René querido, todavía estoy viva, quería saludarte”. Con la gentileza que siempre le caracterizó, se despedía. La semana pasada recibí un telefonema notificándome su muerte. Por desgracia, este tipo de llamadas está haciéndose una lamentable costumbre.

Carmen de la Fuente ––los datos al respecto son inciertos–– casi cumplió cien años de edad. Nunca perdió su lucidez y su memoria mantuvo la enorme brillantez de sus mejores momentos. Fue maestra, poeta, dramaturga, activista de izquierda. Estuvo al lado de los estridentistas, muy cercana. Con ellos libró grandes combates. Dueña de una cultura notable, escribió infinidad de libros. Muchísimos. Cito algunos: Canto al hombre, De la llama sedienta, Entre combate y tregua, Neruda en mi corazón, Netzahualcóyotl, brazo de león, Ramón López Velarde, su mundo intelectual y afectivo y la letra del himno del Instituto Politécnico Nacional. A lo largo de ese siglo, no dejó de trabajar, siguió haciéndolo hasta el día de su fallecimiento. En 2008 fuimos a participar en un certamen de poesía a Campeche, exactamente a Ciudad del Carmen, que ella decía de su propiedad. Allí brilló. Era capaz de caminar por sus hermosas calles y mercados bajo un sombrero encantador. Imbatible, escribía y organizaba sus libros, muchos de los cuales los donó a la biblioteca del Museo del Escritor. Si yo tenía alguna duda sobre una época de grandes acontecimientos, de polémicas fascinantes y de personajes insustituibles, la buscaba. Cordialmente, siempre me enriquecía.

No recuerdo cómo y dónde la conocí, carezco de su excelente memoria, todo indica que supe de ella por mi propia madre, se conocían de la Normal. Ella misma me contó cómo eran mis padres en tanto la pareja que fueron escasos años. Pero me queda claro que fue durante la última buena etapa del diario El Nacional cuando solía encontrármela. Amiga muy cercana del poeta español Juan Rejano, combatiente republicano que murió entre nosotros, director del legendario suplemento cultural Revista mexicana de cultura, donde me formé periodísticamente. Carmen era una figura familiar, entrañable, siempre siéndole útil a las mejores causas y tratando de apoyar a sus amigos y familiares.

El poeta Dionicio Morales, al conocer la noticia, me dijo: “Carmen de la Fuente fue una mujer extraordinaria como poeta, como maestra, como intelectual y sobre todo como defensora del voto femenino y la equidad, desde su juventud hasta su final. Su poesía no ha sido considerada ni siquiera con el aprecio que se merece dentro de las poetas mexicanas, una revisión rigurosa de su obra, la colocaría en el lugar que le corresponde junto a las grandes escritoras del siglo XX, al lado de Margarita Michelena, Rosario Castellanos, Griselda Álvarez, Margarita Paz Paredes y Enriqueta Ochoa. Mujer generosa, visionaria en sus ensayos, siempre se mantuvo firme en sus valerosas posturas sociales y artísticas”.

Tiene razón Dionicio Morales, cuando la visitábamos en su casa o la encontrábamos  en alguna reunión (tal vez la última vez ocurrió en casa de los artistas plásticos Rina Lazo y Arturo García Bustos, discípulos de Frida Kahlo y Diego Rivera), Carmen brillaba con elegante discreción. Mostraba su amplia cultura con sencillez. Allí hablamos de pintura y ella desgranó nostalgias sobre los grandes músicos, escritores y pintores cuyas obras conocía a fondo. Poco hablaba de su propia obra, pero efectivamente, escribió ensayos, poemas, dramas, relatos, artículos, obras autobiográficas de altísima calidad. A pesar de la amplitud de su trabajo, Carmen solía reflexionar sobre el arte de sus semejantes, de sus pares. Incapaz de criticar negativamente a otros escritores, era especialista en señalar los aciertos de poetas y narradores de México y en general del mundo. Era como un ser de otro universo, etérea, de voz suave, delicada, dueña de un bellísimo castellano, ingeniosa y simpática.

La noticia de su muerte me sorprendió a pesar de que Carmen bromeaba con el inevitable fallecimiento. No la esperaba. La imaginé capaz de rebasar los mil años, siempre dulce, inteligente y erudita. Lamento como nunca haberme equivocado. No sé qué haré sin sus llamadas telefónicas para avisarme que estaba viva. Yo tendría que estar mejor preparado para aceptar que todo tiene fin. A mi alrededor desaparecen los maestros y los compañeros de muchos años. Quizá por ello mi querida María Luisa Mendoza suele bromear: “Sí, ya sé, todos estamos en la fila, pero no empujen”.

Gracias, admirada Carmen, por tu hermoso trabajo literario, por tus andanzas terrestres. Nos enriquecieron.

octubre 21, 2013

¿Más impuestos aparte de los teletones y las dádivas?


Tengo un vecino que resultó profesor universitario. Es un ameritado investigador y gracias a su trabajo académico vive con algún decoro; para mejorar su situación, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y ocasionalmente escribe libros y ensayos que le producen algún dinero extra. En cualquier país decente y bien organizado, él sería un hombre feliz y agradecido con su país. No está gozoso ni ama entrañablemente a México por una sola razón: no encuentra en el sistema político que padecemos una razón para amarlo. Ya le dije que deposite su afecto en la sociedad, no en el gobierno, sus partidos y caudillos, menos en los medios tan sensibles al poder. Rechazó con enfado mi propuesta. Piensa en irse a trabajar a una universidad extranjera y, si le funciona, pues hasta adquirir la nacionalidad del país a donde podría ser bien recibido dada su rigurosa formación académica y de científico social. Lo entiendo.

Ayer lo encontré y me dio más razones de su malestar. La reforma fiscal. El tipo ama a los animales, tiene mascotas, así que ahora, para mantenerlos, tiene que pagar más, pues han gravado los alimentos para perros y gatos. Al tipo le gusta fumar y ahora hacerlo le cuesta más consumir algunos cigarrillos al día. Es afecto a las bebidas de cola y de pronto se toma una copa en las comidas. Están altamente gravadas. Necesita comprarse un automóvil, pues el suyo ya es viejo. El que le gusta, cuesta un exceso, pues los impuestos están incluidos en verdad. El Metro no le sirve porque de su casa a la universidad donde labora, y es un causante cautivo, carece de tal sistema. Para colmo, no cumple la edad en que el gobierno del DF y el federal obsequian pequeñas sumas para comprar alimentos o medicinas baratas.

Pobre de mi amigo, sus ingresos llegan al medio millón de pesos anuales. En consecuencia, le cobran mayores cargas fiscales, casi es rico aunque la verdad, no se le nota.  Lo veo jodidón. No piensa jubilarse, ¿para qué? Le dejarían un sórdido sueldo base de 16 mil y pronto perdería sus gastos médicos mayores. Seguirá trabajando hasta que el cuerpo aguante, y si no hay renovación de cuadros académicos a él no le interesa. Quiere sobrevivir. Mientras caminábamos me decía: “mira las calles, no hay mantenimiento. Te cobran impuestos de primer mundo y los servicios son de quinto mundo. Se va la luz, no hay seguridad, me han asaltado dos veces con armas de fuego. En el fraccionamiento hemos tenido que pagar seguridad particular. Los alimentos cada vez son más caros, los precios suben con celeridad y los salarios con lentitud pasmosa. La gasolina, por ejemplo. Mis hijos están en escuelas privadas y son costosas, no pueden ir a oficiales como yo, porque ve a los maestros, observa sus niveles escolares, ve el estado deplorable de los planteles del gobierno. De acuerdo, aquí no me gravarán las colegiaturas, pero los colegios particulares son realmente caros. Cierto, los maestros tienen mejor nivel, hablan inglés y saben computación, sobre todo, querido amigo, me dijo, no andan armando mitotes ni destruyendo ciudades ni abandonan a su suerte a los niños. ¿Y el gobierno, qué hace? Consigue recursos para pagarles a los de la CNTE y medio reparar los destrozos que cometen”.

Ah, pero falta algo, añadió derrotado. El gobierno y los particulares te piden todo el tiempo dinero. Es otra clase de impuestos. Te piden para el Teletón, te solicitan limosnas en las calles, requieren de tu “solidaridad” cuando hay desastres naturales que pudieron ser mitigados con previsión. No pasa una hora sin que una organización social o el gobierno te pida tu apoyo para tal o cual cosa. ¿Tú has viajado mucho, lo viste en Dinamarca o en Finlandia? No. Allí el Estado paga los costos de los problemas. Aquí los políticos recurren a tu sensiblería y patriotismo para que les hagas el trabajo y gastes lo que te sobra una vez que la aplanadora hacendaria te dejó con las arcas familiares vacías. Si amo a la naturaleza, el Estado tolera su destrucción, hay que darle algunos recursos a organizaciones como Greenpeace. Las luchas contra el cáncer, la ceguera, la invalidez y las que se te ocurran, las llevan a cabo con tus recursos, no con los del gobierno, no con el dinero excesivo que reciben los políticos. Las ventajas que ellos suponen darnos es intentar a nuestras costillas quitarnos la sal de la mesa del restaurante o encarecer los alimentos llamados chatarra para evitar que engordemos. Conoces el campo mexicano, ¿has visto campesinos obesos? Claro que no, si se mueren de hambre, y ahora con tales impuestos no les quedará para el refresco de cola de donde obtienen energía para trabajar. Obesa es la inseguridad, obesa es la corrupción, obesa es la pésima administración gubernamental.

Cuando me despedí de mi amigo, me sentí tan deprimido que, considerando mi edad y mi situación, me puse a hacer cuentas para ver cuántos miserables pesos me sobran, una vez que pago impuestos de toda índole, contribuyo a mantener al país lejos de una explosión social de gravedad. Al ver mi estado económico y mis ingresos y egresos, entendí a mi amigo. No queda más que emigrar o algo mejor, cambiar de sistema político o algo todavía mucho mejor, eliminar a los políticos.

La nueva izquierda, ¿racista?


La izquierda a escala universal, durante el siglo XX, tuvo diversas interpretaciones del proyecto político y social que deseaba. La mejor solución le pareció la interpretación del marxismo-leninismo. Había ciertamente divergencias entre los seguidores de sus tesis, donde destacaba la de León Trotsky, pero la mayoría tenía claro cuál era el papel del Estado hasta llegar a una etapa donde desaparecería por su naturaleza represiva. En este punto final había coincidencias con los anarquistas.
Pero estamos hablando de la estructura. En el campo de la superestructura, al sufrir cambios la primera, los asuntos graves desaparecerían o al menos menguarían. El racismo, por ejemplo, no se llevaría a cabo, ni dentro del país socialista ni hacia el exterior. El nacionalismo, un mal desde muchos puntos de vista, daría paso a una solidaridad internacional, y no cabría ninguna forma discriminatoria. En tal sentido, retomaba el sentimiento de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, e iba más lejos al proponer tales valores como base de un hermanamiento universal. Stalin mismo escribió en sus años como revolucionario sobre el tema. Luego la Unión Soviética, acaso por el contexto internacional, fue dejándole de lado y con la Segunda Guerra Mundial, la propaganda soviética desató, con tal de vencer al nazismo, una feroz campaña nacionalista: había que salvar a la Santa Madre Rusia del invasor y lo hizo.
El internacionalismo siguió siendo una consigna que mi generación heredó. Recuerdo más de una vez a Arnoldo Martínez Verdugo solicitarnos solidaridad decidida con algún pueblo agredido. De esta forma actuamos cuando la naciente Revolución Cubana fue invadida o durante la atroz guerra de EU contra Vietnam. Eran otros tiempos, ignoro si buenos o malos, pero existía un basamento ideológico que se extinguió aceleradamente a partir del derrumbe socialista y del triunfo de la globalización. Los viejos comunistas, muchos transformados en perredistas, es decir, en primos hermanos del PRI o del PAN, según la necesidad, se han hecho tan nacionalistas como cualquier fanático del famoso (por sus derrotas) Tri. Hace unos días un aspirante a dirigir el PRD explicaba sus orientaciones y modelos políticos y nunca mencionó a Lenin o al Che Guevara, sólo a “izquierdistas” cómodos al sistema como Lula. Los más avanzados sienten profunda devoción por François Hollande, lo ven socialista, hasta los comunistas votaron por él. Como en otras partes de Europa, en Francia hay emigrantes musulmanes, negros, latinoamericanos y de otras etnias. Los gitanos, perseguidos por los nazis, siempre han estado en esas tierras europeas, viviendo su propia cultura y enfrentando el racismo. Ahora el gobierno del socialista Hollande ha decidido intensificar su desprecio a los no franceses al indicar que no quieren integrarse a Francia. Si antes eran los argelinos y los negros, ahora son los latinoamericanos y los gitanos, sin contar que las mujeres musulmanas deben vivir sin utilizar la burka. Los niños han sido blanco del racismo gubernamental. Las protestas son severas, jóvenes franceses preguntan cómo es posible que un “gobierno de izquierda” actúe de tal forma. Un comunista francés añadió: ni siquiera la derecha, cuando ha gobernado, se ha atrevido a ensañarse con los niños. La izquierda francesa olvidó que el marxismo-leninismo es categórico al respecto: racismo es una teoría reaccionaria totalmente ajena a la ciencia.
La izquierda internacional está extraviada, metida en un complicado laberinto. Sin ideología, simplemente sintiéndose heredera de la izquierda que tantas hazañas llevó a cabo inútilmente, vemos a miles de personas con poder moverse como fascistas. Existen diferencias notables entre la teoría y la práctica de los izquierdistas actuales. Si antes dieron fieras batallas, ahora no tienen idea de sus términos ni de su praxis.

octubre 18, 2013

Políticos contra ciudadanos


Son pocos, acaso por puro optimismo, aquellos que creen en los políticos o en sus respectivos partidos. La mayoría desconfía de ellos, los escucha demagogos, charlatanes, arrogantes y sin ninguna ética. Para colmo, escasamente letrados a pesar de que algunos ostentan grados académicos impresionantes. La minoría apenas satisfecha, se orienta por la personalidad de  pequeños caudillos que tenemos o padecemos. En este caso, López Obrador es quien tiene más adeptos o fanáticos. Sin embargo, a veces el descontrol compite con el pesimismo: escuchar a Marcelo Ebrard calificarse como izquierdista mueve a carcajadas. De acuerdo, cinco o seis lo toman en serio.

Uno los ve y si ha leído algo de historia o se metió con los clásicos de la política, verá que no hay afinidades entre aquellos que obtuvieron un lugar en la historia y quienes lo consiguieron en el gabinete de Peña Nieto o de Miguel Ángel Mancera. Las diferencias son abismales. Estoy seguro que algunos políticos escuchan noticiarios radiofónicos, ven información televisiva y leen diarios y revistas. Bueno, exagero: sus ayudantes especialistas en comunicación, les entregan todos los días síntesis de lo que está ocurriendo. Pero anticipemos, la nuestra es una información a gusto del cliente. Si el informador admira a AMLO, tiene su nicho, si cree en Peña Nieto, otro es su espacio y por el estilo. Si antes los políticos mexicanos estaban atentos a los comentarios periodísticos, hoy se han hecho cínicos y no les importa mucho lo que opinen.

Por lo que veo en el país, un buen número de mexicanos, millones y millones, carecen de ideología, en consecuencia no les interesa que los políticos sean distantes de ella: viven en un cómodo pragmatismo y si en un partido no hallan lo que buscan, nada tan sencillo como mudarse al que sea, donde sí les den el empleo que buscan. Allí están Cárdenas, Camacho, López Obrador, Ebrard, Núñez… O quienes como Rosario Robles han hecho el camino inverso: del PRD, de rabiosa luchadora social, fiera izquierdista sólo porque el corazón está de ese lado del cuerpo, pasó a sumisa presidencialista en el PRI. Pero en estos casos la lista es infinita y aburrida. Cada vez que encuentro a un político más o menos conocido lo primero que hago es preguntarle ¿y ahora dónde militas?

Los políticos son una clase especial, aparte, sin valores éticos. Más todavía, son capaces de unirse si la situación lo amerita. Los ingenuos militantes perredistas pensaron que las alianzas sólo se daban entre PRI y PAN, ahora saben que no, puesto que ellos se han aliado al PAN y en estos momentos tienen una amplia coalición con el PRI. Un caso: propongamos, otros lo han hecho, que los legisladores plurinominales desaparezcan, son un fardo para el país y un gasto inútil. Sólo le sirven a los partidos que los propusieron. Eso, tal vez, tuvo sentido en la época de López Mateos, para crear oposición, ¿pero ahora? Obvio: se ponen de acuerdo y listo. La propuesta va al cesto de basura. Las pugnas entre ellos suenan a una curiosa mezcla de ridiculez e ignorancia. Pero es evidente que están realmente contra los intereses ciudadanos por más que digan que trabajan para nosotros.

Lo que ahora presenciamos, un PRD sumiso y un PRI zorruno, lejos de un PAN siempre tonto y conservador, defensor de los intereses empresariales, es una prueba de que a ellos los unen los intereses, los suyos, no los nuestros. El fondo de “capitalidad” es una farsa para no aplicar la ley, es un tortuoso contubernio para que todo siga igual. Vienen los manifestantes de Oaxaca, Guerrero o Michoacán, para el caso es lo mismo, destruyen, interrumpen de modo brutal la vida cotidiana de los capitalinos, y los daños los pagan los gobiernos federal y del DF con nuestros impuestos. Es un caso escandaloso. Pero qué felices se les veían cuando se retrataron y nos informaron de la aberración. De nuevo uno pregunta: ¿qué sentido tiene la ley si nadie la aplica o le encuentran formas para al menos solucionar los daños?  En lo sucesivo cualquier grupo puede venir a la ciudad de México, destruir, cometer abusos, dañar la economía agredir ciudadanos, impedir el acceso a las carreteras o al aeropuerto y enseguida regresar a sus pueblos con dinero en los bolsillos y la certeza de que los destrozos serán reparados por los mismos afectados.

Los políticos nacionales han encontrado la forma de vivir muy bien y mantenernos en la idea de que somos una democracia, un estado de derecho, una nación libre y donde se hace lo que queremos los mexicanos. Las frases hechas siguen engañándonos: caiga quien caiga, buscaremos a los culpables, usaremos todo el peso de la ley y nosotros aplaudimos. Es vivir el juego de las esperanzas perdidas, siempre pensamos todo está mal, pero ya vienen los cambios, los siguientes solucionarán todo y el país vivirá una época de intensa prosperidad. Pero cada nuevo gobierno, en lo federal o en lo local, nos hace echar de menos al anterior y sus errores son descomunales junto a los del pasado.

El día que entendamos la fuerza, el poderío que tenemos como sociedad, ese día dejaremos de ser considerados como idiotas o menores de edad. Seremos dignos, respetables.

octubre 16, 2013

Óscar Hijuelos, un Pulitzer para el castellano


Hace unos días, conversando con queridos amigos literatos apareció un tema que comienza a ser frecuente entre nosotros: la desaparición física de grandes escritores que conocimos. La lista comenzó a ser larga y dolorosa y optamos por suspender el fatídico recuento. Esa noche supe del fallecimiento de Óscar Hijuelos, novelista notable que obtuvo el Premio Pulitzer con su novela Los reyes del mambo tocan canciones de amor, en 1992, llevada al cine con Antonio Banderas en uno de los papeles estelares. Fue el primer hispano, decía internet, en recibir tal alto galardón norteamericano en 1990, para muchos, el equivalente del Nobel en inglés.

Óscar Hijuelos nació en Nueva York en 1951. Sus padres eran cubanos, pero él no hablaba más que unas pocas palabras españolas y las pronunciaba con dificultades. Su aspecto era el de un intelectual o un académico norteamericano. Su forma de ser y de actuar lo mostraban como un hombre neoyorkino. Sin embargo, su literatura y consecuentemente su interior no dejaban jamás de lado sus conflictos de identidad. Si bien su cultura oficial era la anglosajona, sus temas venían invariablemente de Cuba. De la Cuba anterior a Fidel Castro. Sus personajes en consecuencia reflejan la lucha entre un inmigrante y la cultura dominante. Una cultura que suele ser agresiva y en muchos momentos de carácter racista. No había libros suyos por donde no pasara ese conflicto. Las dificultades naturales entre una identidad cubana y una realidad norteamericana.

Nos conocimos en Illinois, en un encuentro donde latinos norteamericanos, principalmente de origen cubano, algunos chicanos y yo, el único habitante de un país latinoamericano, participamos. Para mí aquella reunión académica resultaba extraña. Por ejemplo, algunos profesores igualmente de origen cubano, hablaban orgullosos del prestigio que tuvo Desi Arnaz en un programa televisivo, todavía en blanco y negro, que siempre me pareció idiota, algo así como Yo amo a Lucy. La conferencia magistral, diríamos aquí, estuvo a cargo de Óscar Hijuelos. Habló de un tema serio: justamente de las dificultades de vivir en un país culturalmente distinto a sus valores, los que notaba en casa. Al concluir los tres días de conversaciones, mi querido amigo Juan Bruce Novoa, chicano de altísimo nivel, me anticipó que cenaríamos con Óscar Hijuelos. Allí arrancó una intensa relación de casi una semana, por las tardes nos veíamos en el bar del hotel que nos alojaba y conversábamos largamente amparados por vodka (Hijuelos) y whisky (Bruce Novoa y yo). Me llamaba la atención que me preguntara exclusivamente por lo que yo conocía de Cuba. México poco le atraía. De tal manera inquirió por Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Lezama Lima, Severo Sarduy y por Cabrera Infante. Yo procuraba darle información literaria alejándome de los aspectos políticos que, imaginé, podían ser difíciles para mi nuevo amigo. No, su familia no había salido por la Revolución Cubana, sino en los años de la dictadura de Batista.

Los ritmos tropicales le encantaban y eso es notable en sus libros, su mundo imaginario era la Cuba anterior a la Revolución. Sus preocupaciones en este sentido eran evidentes, a diferencia del exilio que paró en Miami, Hijuelos no parecía tener resentimientos contra el marxismo, imagino que tampoco le importaba gran cosa. Hablaba de la Cuba que vivieron sus ancestros y punto. Ésas eran sus nostalgias, sin duda provenientes de las pláticas de sus padres y familiares mayores. El Tropicana, el danzón, el mambo, el chachachá, la exuberancia de la Isla, en fin, la vieja Cuba, la que a pesar de la tiranía, era divertida gozosa, como en general es la población de ese país.

Pese al éxito alcanzado y consagrado por el Pulitzer, Hijuelos era de una amplia sencillez y sin grandes pretensiones a pesar de la fama. Los días que pasamos juntos, un reducido grupo de amigos, fueron francamente memorables. Una bella mujer de origen argentino dejó fotografías de aquellos momentos distantes. Como suele suceder, ese tipo de relaciones se acaban cuando uno regresa a su país, a su propio mundo y sólo excepcionalmente la amistad se mantiene. Intercambiamos fotografías, un par de postales y listo. No supe más de Hijuelos, salvo por algunas reseñas de sus libros aparecidos todos en EU. No tengo mayor información si sus restantes libros fueron traducidos al español.

La noticia de su muerte me conmovió. Fotografías donde estamos juntos y su libro Los reyes del mambo, tocan canciones de amor, en inglés, firmado, permanecen en el Museo del Escritor. Alguna otra fotografía puede ser vista en mi página web. Fue un formidable narrador que supo hacer de la vida anterior a su nacimiento, el fondo maravilloso de su vida en Nueva York. Recuerdos e imágenes que nunca vio, conformaron novelas magníficas. Muy ajenas a su vida como neoyorkino, como norteamericano. Nunca habló o escribió en español, pero supo utilizar el inglés para transmitir sus nostalgias cubanas.

octubre 14, 2013

La lucha por el voto femenino

El voto otorgado a las mujeres no es un regalo, es resultado de sus luchas y demandas por sortear los grandes obstáculos que la historia (o la prehistoria, diría Marx) les ha impuesto. En México, el voto llegó tarde. No dejemos de lado el proverbial machismo, particularmente al estilo nacional. Don Adolfo Ruiz Cortines lo ofreció como promesa de campaña y lo llevó a cabo como presidente en 1953. Ahora, dentro del ritual político aparece el hecho, no así las precisiones o detalles importantes. Dentro del presidencialismo tan acentuado que practicamos, las alabanzas le tocan al que festeja, no al que cometió la hazaña en un México todavía atrasado. Peña Nieto pronunció un discurso, como la mayoría de los suyos, falto de contundencia y vigor. Sin huesos ni músculos. Se hizo rodear de un escenario favorable con funcionarias de su partido y le presentaron un panorama idílico. Declaraciones amables, agradecimientos sin mayor importancia, todas ellas venidas de mujeres que le están agradecidas al sistema imperante.

El doctor Norberto Treviño Zapata (quien fuera legislador, diplomático, gobernador de Tamaulipas), un hombre muy cercano a don Adolfo Ruiz Cortines, solía contar a sus amigos íntimos la dura batalla que el presidente tuvo que dar contra los prejuicios de la época. Contaba, por ejemplo, la resistencia de grandes líderes sindicales que conducían organismos poderosos para aceptar el voto femenino. Hubo que tejer fino para convencerlos que era indispensable para realmente arrancar un rumbo adecuado hacia metas culturales distintas, menos atrasadas. Al fin el presidente logró convencer a los oponentes del progreso de la justicia y validez de su disposición.

Ya las mujeres tienen el voto, votan y pueden ser votadas, pero la nación no acaba de superar sus rezagos en tal sentido. En muchos aspectos, la discriminación hacia ellas, actualmente más de la mitad de la población y con una intensa vida laboral, persiste. Lo vemos y comprobamos a diario. Los altos puestos, los empleos mejor remunerados y las mayores  posibilidades están en manos de varones. En momentos por méritos propios, pero en miles de casos es por sexismo. La sociedad mexicana no acaba de evolucionar. Mientras en otras naciones las mujeres gobiernan con tino, nosotros no imaginamos a una mujer en Los Pinos. Hay desdén para referirse a ellas. Sin embargo, no cejan en su lucha y avanza a grandes pasos. Habrá que darles el necesario apoyo a su permanente lucha.

En los medios oficiales me llamó la atención la ausencia del nombre de una mujer ejemplar que fue senadora, funcionaria y llegó a gobernadora; fue, pues, la primera mujer que llegó tan alto en México. Fue, para decirlo de manera contundente, una gobernadora ejemplar: ni una pillería ni un fracaso, una gestión impecable: Griselda Álvarez. Como era además una formidable escritora, nos dejó una autobiografía espléndida: Cuesta arriba. En este libro, la mujer comenta su complejo camino hacia el gobierno de su estado natal: Colima. Es una obra inteligente que narra con prosa impecable su forma de hacer política. Fui afortunado y la conocí personalmente en Colima, justo cuando era gobernadora, en un viaje donde Rubén Bonifaz Nuño recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Colima. Era culta y sabía conducir a sus coterráneos con talento e inteligencia. Yo conocía su poesía y la había escuchado hablar. Nos hicimos amigos cercanos y alguna vez tuve el atrevimiento de dedicarle un libro: A Griselda Álvarez, mujer que tiene un rostro severo para la política y uno muy hermoso para el arte.  Ella prologó alguna obra mía y por años nos frecuentamos porque además compartíamos amigos comunes: una larga lista de literatos y varios políticos de aquellos que solían leer libros y respetaban las artes, la cultura.

Griselda logró grandes reconocimientos, como escritora y como política. Su mayor orgullo era la presea Belisario Domínguez. En una comida donde estaba un afamado paisano suyo, Miguel de la Madrid, nos la mostró entusiasmada. A mí en lo personal me impresiona su poesía. Fue una sonetista impecable. Pero ante todo, una feminista de peculiar estilo: como pocas defendió a la mujeres, estaba segura que no sería adquiriendo hábitos y vicios típicamente masculinos como ganarían la guerra. Incluso, hizo una Epístola para sustituir a la de Melchor Ocampo cuyo contenido es de absoluta subordinación de la mujer ante el esposo. Era, lo diré con una frase gastada y hasta trasnochada, una perfecta dama. Jamás dijo una palabra altisonante ni se puso pantalones vaqueros o utilizó un morral. Vestía con pulcritud y hacía gala de un idioma sofisticado y elegante. En tanto poeta, supo cantarle al hombre y a sus atributos físicos, de manera inigualable. Pocas como Griselda Álvarez que fue mujer de su tiempo y mujer del futuro. Cuando muchos políticos buscaban en el PRD lo que no encontraban en el PRI, ella siguió con lealtad a su partido.

Murió con discreción. No hubo mayores homenajes ni tuvieron la idea de velarla en el Palacio de Bellas Artes. Gobernaba el PAN. Pienso que pudo haber sido puesta como ejemplo de esos seres que logran triunfar en el rudo batallar por la justicia a las mujeres. Casi podría jurar que salvo dos o tres miembros del gabinete, entre ellos el actual secretario de Educación Pública, la han leído.


octubre 13, 2013

Palabras sobre Ricardo Garibay

Escribió cuentos, novelas, artículos, guiones cinematográficos, por miseria y placer soñando con el éxito.


En 1965 me acerqué a Ricardo Garibay porque mi abuelo acababa de morir y buscando alivio a mi dolor, había leído su espléndida novela Beber un cáliz. Lo llamé y le pedí una entrevista; a regañadientes me la dio. No hubo diálogo alguno, un monólogo apresurado, nervioso, una clase de literatura en la voz de un hombre que toca las puertas de la grandeza y éstas se resisten. Garibay habló de literatura y de Dios. La impresión que me produjo fue la de un católico que perdía la fe. De esa conversación salí convencido de que Ricardo era un auténtico creador que amaba por sobre todo a la literatura. Volví a verlo para que me concediera declaraciones sobre libros y autores. En uno de esos encuentros, lo felicité por sus artículos en Excélsior, llenos de valor, buena prosa y agudeza política publicados en pleno 68. Evocó uno donde pedía la renuncia del regente del DF, Alfonso Corona del Rosal. Hoy podría parecer una hazaña menor, no en esa época cuando la represión y el autoritarismo del poder solían buscar víctimas y desplegar tremendas venganzas.
Nuestras conversaciones fueron gratas, jamás tuve diferencias con Ricardo. Creo que su mejor elogio (en ellos era parco a no ser con sus clásicos, los que amaba como El cantar de los cantares, del que habló y escribió con mayor profundidad que otros) fue cuando dijo “René, tú y yo tenemos algo en común: coraje”. No obstante teníamos otras afinidades: el buen vino, las mujeres y el amor por la literatura, aunque confieso que la suya era una devoción pasional. De entre los muchos amores, el que mantuvo por el arte fue indestructible. Al final, lamentaba sus enfermedades y achaques, sus dolores, porque le quitaban tiempo para leer y escribir.
Cuando murió varios diarios me preguntaron no sobre su obra sino por lo que una reportera llamó leyenda negra de Ricardo. No sé a qué se refiera, dije irritado. Replicó: que le gustaba la cercanía con el poder. Ah, ¿y eso es leyenda negra, en un país ingrato donde todo se consigue a través de políticos influyentes? No conozco escritor que resista la cercanía del poder. Pueden ser críticos circunstanciales, pero una vez que aparece el apoyo o el reconocimiento, el crítico desaparece. Coincido con Vicente Leñero, Garibay esperaba, merecía, mucha mejor fortuna. Los grandes premios y becas que son concedidos a figuras menores no llegaron. No era hombre fácil. Cuando como jurado del Premio Colima, junto con Sergio Galindo, decidimos que era Garibay lo mejor del año con Taíb, tuvo resistencia a recibirlo. Más adelante, en uno de los escasos homenajes que se le hicieron a Garibay, en la UAM-X, se acercó hasta él la sombra de un hombre: Don Ricardo, soy (y un nombre inaudible), me puse los guantes con usted, boxeamos varias veces. Ricardo lo recordó con nostalgia y seguimos de largo, rumbo a una calurosa reunión de amigos, extraño encuentro, probando que Garibay había tenido una vida rica en matices. Acaso por ello se definió como “un robusto pecador no ordinario”.
Ricardo escribió infatigablemente cuentos, novelas, artículos, guiones cinematográficos, por miseria y por placer, soñando con el éxito rotundo. Crecía y crecía, sólo que él ya no lo vio: para que aparecieran sus obras completas fue necesaria su muerte y el apoyo de su estado natal, Hidalgo.
En los últimos años de su vida, nos frecuentamos, coincidíamos con José María Fernández Unsaín. Me telefoneaba a veces y de pronto, bebíamos con la ferocidad que la edad nos permitía: su ingenio se agudizaba, como el de José Revueltas, pero a diferencia del de Pepe, el de Ricardo no se desanimaba con el paso de las copas. Garibay era escéptico, dudaba de los valores establecidos y de la fama que los medios han consolidado. Por tal razón, cuando de pronto aparecían esos nombres, sus comentarios eran lapidarios. Hay uno que repetía: ¿Carlos Fuentes, quién es? No lo he leído.
Nostálgico, lo recuerdo con cariño y admiración.

octubre 11, 2013

La congruencia histórica del PAN


Hace un par de días leí las declaraciones de un senador panista. Se oponía a que Francisco Villa recibiera el homenaje de izar la bandera mexicana para conmemorar su natalicio. Alegaba que el revolucionario había mandado matar, por pura rabia, a mujeres y niños luego de una derrota militar. Puede ser cierto o no. La violencia que las partes combatientes ejercen en una lucha armada de grandes proporciones siempre aparece rodeada de exageraciones favorables o injustas. En tal sentido, las acciones de Francisco Villa son legendarias y con frecuencia rodeadas por dosis de ferocidad. Por otro lado, flaca memoria la del panista, las masacres cristeras son célebres.

Todas las grandes revoluciones han sido brutales, no se derrota al enemigo arrojándole flores ante los héroes de los derechos humanos. Se combate con violencia y se trata de ganar. La francesa, la mexicana, la rusa, la china y la cubana, tuvieron elevados costos de sangre, sin duda. Pero sus fines eran superiores. Trataron en los casos citados, de eliminar a sus enemigos de clase para instaurar regímenes más justos y equilibrados. El sistema establecido, monarquía o dictadura civil, presenta tenaz resistencia, no dejan el poder con simples gritos.

Pero no es lo que me llama la atención. Me convence que el PAN es congruente en su conservadurismo. Pocos panistas he conocido en mi vida. Mi biografía está llena de intelectuales y académicos de izquierda. En nuestro país (espero siga siendo nuestro) es imposible sustraerse al conocimiento de algunos priistas, están en todos lados, hasta en el PRD, así que también he conocido a unos cuantos. En la casa materna, donde crecí, el abuelo hablaba de la Revolución, había sido mayor en las fuerzas zapatistas. Dos tíos abuelos, fueron hombres de izquierda, uno militante del Partido Comunista, el otro no tenía mayor activismo, pero sin duda era un heredero de la Revolución Mexicana. De tal forma que el PAN, fundado en 1939, no estaba en mi vida ni por asomo. Lo que leía de ellos eran tremendas acusaciones a los gobiernos priistas: comunistas, enemigos de Dios, traidores a la libertad y la democracia. En fin, se oponían a todo proyecto lanzado por ese partido y al presidente de México que inalterablemente era del PRI. Para mí, desde niño, estaba muy claro que el panismo era el resultado más organizado de la derecha, del conservadurismo nacional, el que siempre estuvo del lado de las peores causas. A lo sumo me conmovía pasar por las calles del centro y ver en las esquinas a activistas del PAN vendiendo boletos para la rifa de un automóvil para financiar sus batallas. Si era el partido de los ricos, de los burgueses, decía yo, ¿por qué no obtienen dinero de los empresarios? Luego me enteré que los empresarios más exitosos estaban en el PRI, bien alineados y que algunos se veían a sí mismos como soldados al servicio de tal partido.

Ya en el bachillerato, tuvimos un compañero que era diferente a los demás. Parecía rico, lo era, parecía niño bien, lo era, parecía reaccionario, lo era. En una escuela pública eso llamaba la atención, pero era combativo y no cesaban sus críticas contra Benito Juárez, los liberales del siglo XIX, los revolucionarios de los inicios del siglo XX y defendía a Porfirio Díaz. Para él, lo hacía notar en sus intervenciones en clases o en las discusiones entre alumnos, el asunto era sencillo: los malos eran los héroes oficiales y los buenos aquellos que nosotros veíamos como los villanos: Iturbide, Miramón, Mejía, Maximiliano, Porfirio Díaz y así hasta el horror. Un día le pregunté por su estirpe y me dijo orgulloso: Mi padre fundador del PAN junto con Gómez Morín. Casi me infarto, mi ídolo en esa época era Vicente Lombardo Toledano, también miembro de la generación de los 7 sabios, donde estaba el creador de Acción Nacional, afamado por su anticomunismo, mientras que Lombardo Toledano era marxista.

Mi compañero preparatoriano se reunía con sus pares, no más de cuatro jóvenes y dos niñas, con una de ellas contrajo matrimonio y en verdad que se llenaron de hijos, los que Dios les dio, ¡once! Vaya que el Señor es generoso.

Jamás olvidaré mis docenas de discusiones con él, odiaba a Villa y a Zapata, tanto o más que a Juárez. Luego el PAN creció, se hizo muy parecido al PRI y cuando al fin tomó el poder en 2000, las diferencias entre ambas fuerzas no eran muy visibles. Los distinguía una cosa: la idea que unos y otros tenían de la historia nacional. El alegato del senador panista contrario a Francisco Villa, me regresó a 1960, duplicó las palabras de mi compañero de bachillerato. Entonces vi que el panismo ha sido congruente en su inexorable conservadurismo, el que ha cambiado es el PRI. En la época de la que hablo, se veía como “izquierda dentro de la Constitución”, defendía a la Revolución Cubana basándose en argucia diplomáticas (el derecho que tienen los pueblos a darse la forma de gobierno que quieran), hoy muchos lo vemos como derecha fuera de la Constitución. Los tiempos cambian, sólo el PAN permanece impasible, no pasa el tiempo para tal organismo, siguen siendo los más atrasados del país, lo asombroso es que de pronto tengan afinidades y alianzas con el PRD, quien se siente depositario de las luchas de la izquierda mexicana y acaso internacional. En México, todo está al revés.

octubre 09, 2013

¿Globalización o internacionalismo?


Manejamos el concepto globalización como un proceso económico, social y cultural a gran escala. Hablamos de la creciente comunicación e interdependencia entre los países del mundo. Ello implica unificar mercados y culturas. No suena mal. Pero esto, ¿es posible? ¿No perderá cada nación parte de su identidad, sus peculiaridades? Pensemos que todo este esfuerzo se hace en función de los intereses de los países más avanzados, sin considerar los nuestros y los valores que hemos creado a lo largo de siglos. Dicho de otra manera, existen los globalizadores y los globalizados. A nosotros nos tocó el segundo papel, muy acelerado desde la caída del bloque socialista, cuya tarea en tal sentido era globalizar en sentido opuesto, unificar criterios económicos, políticos, preservando los valores culturales. Al menos eso decían. Los socialistas le llamaban internacionalismo proletario y tenía un peso político y solidario fundamental. Las fuerzas revolucionarias del mundo deberían destruir a dos enemigos formidables: el nacionalismo (que exagerado, divide y lleva a extremos al país que lo practica oficialmente) y el imperialismo. A diferencia de la globalización llevada a cabo por capitalistas, los marxistas sostenían que son las clases oprimidas las que deben conducir una gran revolución internacional. En tal sentido eran tajantes. La revolución obrera internacional, sostenía Lenin, debería pasar por encima de la integridad territorial, de la seguridad del propio Estado nacional. No es fácil sostener en nuestros días tesis semejantes, en especial si observamos al proletariado al que Marx y Engels le dieron toda su confianza. Los obreros esclavizados por la burguesía acabarían por tomar el poder y “globalizar” su proyecto revolucionario. Si actualmente alguien lo propone o al menos lo enuncia, sería considerado demente. Las condiciones del mundo han acabado con la utopía. Fracasó el llamado socialismo científico, destinado a crear un planeta más justo y sin divisiones sociales.

La Unión Soviética dio un primer gran paso al construir los cimientos del descomunal edificio, pero los soportes eran arcillosos y el gigante se tambaleó y no por la brutal agresión alemana encabezada por el nazismo de Hitler, sino porque no fue capaz de crear el mundo ideal prometido. Todo se fue en la instauración de una enorme y pesada burocracia que agobió a la población.

Pero eso es parte de una fatigosa y aburrida discusión. El marxismo fue un sueño y sólo eso, un sueño que para muchos tuvo el costo atroz de las peores pesadillas, ya bajo el mando directo de Stalin. Simplemente añoro, nostálgico irremediable, aquellos días en que la izquierda mexicana, con su pobreza, perseguida y acosada, tenía capacidad para indignarse por todo aquello que le sucedía a sus semejantes en otros lugares del mundo. La Guerra Civil de España atrajo a intelectuales y artistas de América Latina a pelear contra el fascismo, pero asimismo, y esto es menos conocido que la presencia de Siqueiros o de Neruda en esa desigual contienda, fueron simples trabajadores, personas desconocidas a dar la batalla sin aspirar a la gloria. Lucharon por ideales. México jugó en esos momentos, bajo la presidencia del general Cárdenas, un digno papel y envió armas a los republicanos. En la derrota, supo aceptarlos como emigrantes que nos enriquecerían.

En 1960, Cuba pregonaba su adhesión a las ideas de Marx representadas por el bloque soviético. Cuando ocurrió la invasión de la isla, Bahía de Cochinos, los estudiantes salieron masivamente a las calles a defender la Revolución y a los jóvenes que la conducían entre muchos otros: Fidel Castro y Ernesto Guevara. Eran pruebas de la existencia de una solidaridad internacional revolucionaria, sin duda. Más adelante fue la izquierda el soporte principal del apoyo moral a la guerra de Vietnam, donde millones de campesinos peleaban por su libertad primero contra los franceses y luego contra el gigante norteamericano. El 68 tuvo en la mente esa invasión y vio con total solidaridad la defensa del pueblo vietnamita. Su triunfo finalmente, la primera gran derrota de Estados Unidos, fue recibido con gozo por los organismos de izquierda. Fue lo último en tal sentido. En lo sucesivo no es raro, sino imposible ver que un dirigente, un partido de los que se autodenominan “izquierdistas”, levante una protesta contra el estado lastimero del pueblo palestino o que proteste contra una intervención estadunidense en Oriente Medio, en un país árabe.

Lejos quedamos del Manifiesto comunista que decía claramente que “En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra. Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones desaparecerá la hostilidad de las naciones entre sí”. Para colmo, no existen siquiera los partidos comunistas y la izquierda es todo menos internacionalista, no ve con malos ojos la globalización y el neoliberalismo no acaba de parecerles detestable. En vano claman por mayores cantidades de pintura para que la fachada luzca bien. Estamos globalizados y lejos del internacionalismo de la antigua lucha de la izquierda.

A nadie le llama la atención el desaforado nacionalismo que existe en cada nación, lo que parece una contradicción en plena globalización. Internacionalismo proletario, ¿qué es? Está visto que el neoliberalismo no es un humanismo. De ninguna forma. La globalización tampoco es salvadora.

octubre 07, 2013

Homenajes: ¿siempre los de siempre?


Hace unos días, las más importantes instituciones culturales del Estado anticiparon festejos para tres miembros de la generación Taller, nacidos en 1914. Cumplirían, pues, cien años, como vivos los cumplieron Andrés Henestrosa y Germán List Arzubide. Son José Revueltas, Efraín Huerta y Octavio Paz. Para los políticos y los que no conocen a fondo la vida cultural de México, lo primero que salta a la vista es el nombre de Octavio Paz: supo edificar su fama y apoyado en su talento y cultura obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Es obvio que los homenajes se concentrarán en su figura. A los dos restantes algo les harán, no tanto como al poeta tan laureado dentro y fuera del país.

Víctor Flores Olea fue el primer presidente del recién fundado, por Carlos Salinas, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Sus primeras grandes tareas consistieron en hacerle merecidos homenajes a Octavio Paz, uno tras otro, como luego se los han hecho a Carlos Fuentes y a Carlos Monsiváis. Ante críticas mías publicadas en el suplemento cultural El Búho,  Flores Olea, quien fuera mi profesor en la UNAM, me invitó a desayunar. Nos acompañaba otro distinguido funcionario del Conaculta, Jorge Ruiz Dueñas. Mi maestro me preguntó qué me disgustaba. Los homenajes -respondí- sólo se centran en Octavio Paz, ¿no hay otros autores? ¿Por qué no también rendirle un amplio reconocimiento a otro miembro del grupo Taller, a Revueltas? Me miró desdeñoso para explicarme que asimismo estaban preparando grabaciones de su obra, toda su música. Magnífico, añadí, pero yo no hablo de Silvestre, sino de José.

Fuera del desatino, todo quedó bien y en paz. Era obvio que un poeta de la talla de Octavio y de su habilidad para dominar al poder político y, en consecuencia, al cultural, se impondría. Actualmente, a juzgar por los primeros pasos que ha dado el Senado, es posible imaginar que los mayores festejos se llevarán a cabo alrededor de su figura, quien tuvo un sepelio prácticamente de jefe de Estado. Fue Ernesto Zedillo el que informó de su fallecimiento. Su cercanía con dos mandatarios, Salinas de Gortari y el citado Zedillo, le permitieron acumular un enorme poder político y lo utilizó, convertido en el caudillo de la cultura nacional, dejando atrás sus tesis acerca de la distancia entre el poeta y el príncipe.

Fue un severo caudillo, en su séquito no había amigos, predominaban los aduladores. Era el rey luminoso de un país de sombras. Muy al estilo del PRI decía quién valía y quién no. Fue un reinado con dosis de terror.

Ahora José Revueltas y Efraín Huerta se quedarán en la orilla, dos escritores de mucho talento, pero ambos distantes del gobierno. Incluso el primero fue toda su vida un revolucionario marxista empeñado en el cambio radical de México; así nació y así murió, sólo rodeado de unos cuantos admiradores y en un modesto departamento. Los priistas, tan afectos a los madruguetes, ya formaron una comisión destinada a honrarlo. En ella está Blanca Alcalá, quien preside la Comisión de Cultura de la Cámara de Senadores, política poco afecta a la literatura.

México tiene una memoria frágil y así apenas existe un movimiento de resistencia al olvido. Las autoridades nos dicen a quién festejamos y listo. Ellas son las del dinero. Pero convendría hacer notar que México posee una enorme riqueza cultural y que tiene creadores monumentales, aunque no sean los favoritos de los políticos. Estos quieren aprovechar el peso de los muy afamados y salir en los medios. Paz merece un gran homenaje, muchos, acaso, pero de la misma magnitud los ameritan José Revueltas y Efraín Huerta, ambos escritores situados en la izquierda, cuando la había y corría peligros, padecía persecuciones y encarcelamientos.

Los partidos políticos, el PRI y el PRD principalmente, han contribuido poderosamente a erigir monumentos, pero lo hacen en función de sus peculiares intereses. A Elena Garro la descalificaron hace mucho tiempo y su enorme literatura, superior a la de muchísimos otros, se defiende como puede. Blanca Alcalá, cuando era presidenta municipal de Puebla, me entregó copia de la Cédula Real de la Fundación de Puebla, un reconocimiento que se me dio por decisión del cabildo. Allí hablé de mis deudas con intelectuales poblanos. Le solicité a doña Blanca un amplio reconocimiento para Elena, su paisana. Apenas escuchó, fiel a nuestra época, “mensajeaba”, daba órdenes y en algún momento hasta se salió mientras yo leía un discurso sobre eminencias de Puebla: Lombardo Toledano, Ernesto de la Torre Villar, Héctor Azar, List Arzubide, Gastón García Cantú… Nunca movió un dedo para rescatar a Elena Garro. Ahora informa, en lo que podríamos llamar una advertencia: que participará en la comisión de legisladores que hará homenajes a Octavio. ¿Y sus compañeros de generación, Revueltas y Huerta? Ni una palabra sobre ellos. Es de esperar que ésta sea la tónica del centenario de tres de los integrantes de la destacada generación Taller.

Es probable que si hacemos un inteligente y generoso programa de política cultural, haya menos injusticias y veamos con claridad la importancia del arte nacional, fuera de las diez o doce figuras consentidas del poder, donde, ciertamente, están los mismos de siempre.


La crónica