Tantadel

enero 13, 2014

¿El DF realmente tiene gobierno?

Aunque no he leído un artículo de Juan Villoro (estuve varias semanas fuera de México) sobre Miguel Ángel Mancera, mucho me han llamado la atención algunos comentarios al respecto. La mayoría lo ve como un artículo severo y alguien lo calificó como páginas insólitas en el periodismo del joven y talentoso intelectual, ahora miembro de El Colegio Nacional, y si mal no recuerdo, egresado de la UAM. Leo y escucho que Villoro ve al jefe de gobierno capitalino como una esfera (sin duda de árbol navideño), es decir, como una pieza decorativa. A su alrededor, la capital pierde decoro, se hace caótica, nos invaden toda clase de “protestantes” y la verdad, para aquellos que nacimos chilangos, lo son por adopción o simplemente visitan la que fuera Ciudad de los Palacios, es una definición exacta. Ya no la calificamos con palabras de Humboldt, sino con las de María Félix, quien en tiempos más aciagos, los de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, entonces orgullosos priistas del salinismo, dijo arrogante, con palabras sencillas y directas: Es un muladar, apesta, en pleno Zócalo.

No hace mucho, el periodista de La Crónica, Carlos Ferreira, buen conocedor del país, escribió acerca de la inmensa frivolidad de Miguel Ángel Mancera. Lo que nos lleva a una reflexión elemental: si llegó al cargo en medio de una aplastante popularidad, la ha perdido. El prestigio acumulado se ha ido evaporando entre plantones, manifestaciones, agresiones a los monumentos, vendedores ambulantes que rebasan al gobierno capitalino, inseguridad que no concluye, promesas incumplidas y eso sí, una intensa participación en eventos sociales. Voté por él porque lo escuché en los debates. Brilló, estuvo acertado, seguro y con un aparente proyecto de gobierno. Eso forma parte de los recuerdos en un país de pésima memoria. Se le mira más con Enrique Peña Nieto que entre los habitantes de una agobiada ciudad.

Mancera ha sido más que tolerante con los miembros de la CNTE, quienes han hecho una importante contribución al desprestigio de su gobierno. Resulta incapaz de explicarnos su tolerancia o incapacidad  a las agresiones contra el DF. Si él, como dice, es un hombre respetuoso de los demás, amigo de las leyes y un funcionario que no se confrontará con la sociedad capitalina, ¿por qué tolera a los que vienen a trastornar y destruirla. Entiendo que Mancera estudia la posibilidad de habitar en la casona presidencial, Los Pinos, al menos aspirante, como ya lo han sido Camacho, Cárdenas, López Obrador y Ebrard. El DF, por su importancia política y sus dimensiones colosales, sede de los poderes, es ya una plataforma para aspirar al mayor cargo político.

Pero eso es una cosa, la otra y bien distinta, es que trate de conservar algo de su peso a costa de pasar por sobre los intereses de la mayoría de los capitalinos, quienes sufrimos el vandalismo y las constantes invasiones de hordas provenientes de estados diversos. Se le paga para defendernos, no para hacerse pasar por un honorable leguleyo defensor de los derechos humanos de los vándalos disfrazados de luchadores sociales. Se apoderan del Zócalo, del Monumento a la Revolución, de las avenidas principales; aparte de la destrucción, cientos de personas, acaso miles, pierden dinero y sus empleos. Mancera apenas impide el desaguisado diciendo que es problema del gobierno federal. Ahora a la gente, con y sin conciencia política, organizada o no, que ha decidido saltarse los torniquetes para no pagar el Metro, le responde: Sigan, van bien, yo respeto la “libertad de expresión”. ¿En verdad es la reacción de un estadista? ¿Respeta a quienes irrespetan la ley? Mancera es abogado, y me dicen que brillante, entonces no puede salir con perogrulladas. Imponer la autoridad razonable, ¿es represión?

Mancera presume no ser del PRD, pero tal partido le dio la candidatura, ¿no podría con el organismo encontrar una solución para imponer el orden? Hace unos días vi a grupos de personas de diversas edades sin nada en común más que seguir una consigna inmortal de Martí Batres, no de Bakunin, saltarse tlos torniquetes de las estaciones del Metro. La policía estaba allí, leyendo alguna revista, ni siquiera los miró. Acabo de estar en París y en Londres, enormes capitales, asimismo con problemas y pluralidad acentuada, sobre todo la primera. A nadie se le ocurre violar las leyes para protestar por aumentos razonables. Me dijo un médico: La mejor medida de Mancera es haber quitado los saleros de las mesas de restaurantes y bares. Excelente para la salud. Basta con pedirlos.

Miguel Ángel Mancera se tomó en serio las viejas consignas perredistas: son una pésima herencia. El PRD trata de modificar su imagen y realmente servirle a la gente. Han aparecido buenos políticos y funcionarios responsables, ¿por qué el jefe de gobierno no hace una revisión profunda del año que lleva en el poder y modifica su estilo y sobre todo defiende los intereses de los capitalinos. Finalmente, resulta simplista decirnos que se defiende a la ley violentando los derechos de las mayorías. Nadie le ha dicho que reprima, sólo le rogamos que nos proteja de toda clase de agresiones con la ley en la mano. Vivimos al revés: es una ciudad donde las minorías gobiernan o hacen lo que les viene en gana y las mayorías nos limitamos a quejarnos y a ver el hundimiento de nuestra casa.

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