Tantadel

enero 03, 2014

El futuro de México

No es difícil mirar el futuro inmediato de México; es, al contrario, predecible. Al PRI de Enrique Peña Nieto le irá bien. Por ahora no hay nubarrones en su camino. Pero faltan muchas piezas y, sobre todo, lo complicado: salir de la crisis que nos mantiene atorados desde hace años. Ha encontrado, con ayuda de sus mismos rivales, la fórmula para hacer que sus proyectos y propuestas sean aprobados. Si la propuesta es conservadora, la alianza segura es con el PAN; si es más o menos avanzada, la cohabitación se dará con el PRD. Estamos, en esta nota, partiendo de un esquema simplista: que el primero bien representa al centro, el segundo a la derecha y que el tercero de alguna manera está en la izquierda. Aunque claro, el esquema es obsoleto y requiere una profunda revisión.

En términos ciertos y comprobables, para la propuesta energética, Peña Nieto se alió al PAN y para la política, por decirle de alguna forma, con el PRD. De este modo, los medios de comunicación y muchos mexicanos suponen que el nuevo gobierno avanza impetuosamente hacia el desarrollo pleno, cuando la realidad es otra y muy compleja. Las cifras oficiales y sus mismas conquistas, que por ahora son inciertas o dudosas, requieren de la participación de muchos elementos nacionales e internacionales para que sean palpables. Son los peligros de la globalización y de una economía de mercado que sólo ha beneficiado, como de costumbre, a unos cuantos países, los de siempre, las potencias, los globalizadores.

Los mexicanos afirman, en extrañas e inútiles encuestas, que somos muy felices. Creo más bien que nos gusta mantener una fama de nación ruidosa que siempre hemos tenido hasta en los momentos más dramáticos de la historia patria. En alguna página de los tiempos virreinales, un informe al rey de España explicaba que, como siempre, pasábamos el tiempo echando cuetes, festejando con cualquier pretexto. De tal modo que bien podríamos decir que somos muchos los pobres, pero contentos y llenos de cajitas felices y esperanzadoras que los partidos y sus dirigentes nos dan a raudales. El México que antropólogos y sociólogos han denominado “bronco” sigue aletargado. Hay brotes de inconformidad, de malestar político y económico, pero no hay, como podría decir José Revueltas, un partido que realmente represente los intereses más limpios de la nación. Es decir, seguimos descabezados.

Vemos a la partidocracia que ha logrado crear algo que Vargas Llosa no ha visto, la verdadera dictadura perfecta. Y en ella somos una pieza más, la que se mueve todavía a gusto de la política. El gobierno, o mejor dicho, los gobiernos que pululan por el país, incluido el capitalino, han aprendido a seguir una idea de apariencia aguda: dejar que todos los inconformes terminen por aburrirse. Deja que las protestas muestren su falta de ideología y su violencia, se echan al bolsillo de la mayoría de los mexicanos y ni quedan como represores ni crean víctimas y mártires. Los manifestantes sienten que avanzan, que sus propósitos consiguen doblegar al poder, cuando en rigor sólo pierden adeptos para sus causas. Si a ello le añadimos la postura de los medios, principalmente los televisivos, somos una sociedad en manos de la partidocracia y sus intereses, intereses que son de fondo. ¿Aceptarían los partidos restricciones a sus poderes y a las cantidades de dinero que perciben? La política, en México, es sumamente lucrativa y de algo estamos ciertos con la pluralidad actual: todos participan de una manera u otra en la corrupción.

Pero si el PRI siente que de nuevo está en la cumbre es por los errores del PAN y del PRD. Ambos dejaron atrás sus planteamientos iniciales y se hicieron semejantes al PRI. Por ello es posible concluir que la partidocracia es únicamente priista: un partido dividido en tres que se hacen ver como centro, derecha e izquierda. Lo peor es que la derecha y la izquierda están muy fragmentadas. En ese espectro político, el PRI sabe conducirse de modo excelente y usar estrategias habilidosas.

Nos queda saber qué ocurrirá cuando la sucesión presidencial se acerque, de qué manera el PRI y sus dos alas muy lastimadas, menguadas, venidas a menos, reaccionan. PRD y PAN carecen de candidatos de calidad, tampoco el PRI los tiene, pero sabe inventarlos. Allí su éxito.

Si el PAN y el PRD no logran reinventarse, encontrar razones ideológicas y hacerse de ambiciosos proyectos de nación, no podrán enfrentarse al candidato del partido en el poder.

Los mexicanos debemos presionar para prosperar en todas las direcciones posibles y es indispensable vigilar la vida de los partidos políticos. Tienen demasiado poder y recursos para imponernos con relativa facilidad sus criterios. Lo que realmente nos interesa como pueblo es la mejoría económica, un sistema legal adecuado, cero corrupción, mayor intervención de la sociedad en las grandes decisiones, una auténtica y legítima pluralidad, una equilibrada distribución de la riqueza, un alto desarrollo industrial... No podemos mantenernos como estamos: un puñado de multimillonarios asombrosos y millones de pobres, buena parte de ellos en condiciones de extrema miseria. 2014 puede ser un buen punto de arranque para que la sociedad se haga más participativa en los asuntos que hasta hoy sólo conducen, y muy mal, los políticos.

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