Tantadel

enero 17, 2014

La corrupta nobleza española

a primera vez que llegué a España, cuando estudiaba en París el postgrado, vivía Francisco Franco, era un anciano que cada tanto reactivaba el entusiasmo anticomunista de la mitad del país. Me tocó escuchar un discurso suyo en medio de una violenta gritería contra los “rojos”. Era el final de la dictadura, pero el terror fascista estaba vivo. La Guerra Civil reapareció ante mis ojos. Pensé en lo atroz que debieron ser esos días, la virulencia de las tropas fascistas y las mortales represalias del franquismo apoyado por las fuerzas de Hitler y Mussolini. Anarquistas y comunistas, separatistas vascos y catalanes recibían violentos castigos ante una opinión pública ya acostumbrada a los excesos del generalísimo Franco. En México, Luis Echeverría protestó inútilmente, del mismo modo que entre 1936 y 1939, el general Cárdenas había apoyado decididamente a la República. Toledo era más que una hermosa ciudad, era el punto de las nostalgias bélicas del franquismo: al no caer en manos republicanas, resultaba un punto heroico y museo fascista. Las esculturas de Franco abundaban y el Valle de los Caídos era y es una vergüenza nacional. Arropado con cartas de republicanos comunistas, como el inolvidable poeta Juan Rejano, busqué a algunos sobrevivientes de aquella guerra histórica, desigual y dolorosa. Todos eran, como los refugiados españoles en México y Argentina, optimistas. Muerto Franco, la república retornaría.

Mientras tanto, el anciano caudillo español, se dedicaba a preparar a Juan Carlos para que a su muerte, la monarquía volviera. Si mal no recuerdo por las noticias periodísticas, el joven veleaba, nadaba, estudiaba artes marciales y rezaba, como parte de una severa formación intelectual.

El resto es historia reciente y bien conocida. He vuelto varias veces a España como turista, como enviado del Partido Comunista Mexicano y en tanto escritor publicado en Madrid. Ante mis preguntas sobre si volvería la república, todos me decían con el aplomo que siempre ha caracterizado a los españoles: Claro, hombre, en España levantas piedras y salen republicanos. Yo no lo veía así, pero confiaba más en sus palabras que en mi conocimiento superficial. Total, por buena fortuna, siempre quedaba entre personas que de ninguna manera eran monárquicos, mucho menos franquistas. Los jóvenes, imagino que no todos, vivían de las leyendas de los heroicos combatientes izquierdistas, fueran comunistas, trotsquistas, los voluntarios que formaban parte de los batallones internacionales o anarquistas. Añado que simpatizante de los reyes, incluidos los Reyes Magos, jamás he sido.

Ahora sabemos que la monarquía española, acaso como las demás, son decorativas, gastan fortunas y le encantan los abusos del poder, los recursos del erario y adoran el dinero fácil de la corrupción. La monarquía castellana no desdeña los escándalos. La hija de los reyes católicos, la infanta Cristina y su marido, disfrutan de incalculables beneficios y abusan de su poder, herencia divina. No se limitan a cometer fraudes y a utilizar recursos públicos para comprar joyas, casas e invertir en empresas de dudosa reputación, como ha informado el diario español El Mundo, centrando su atención en el anillo de bodas que el príncipe Felipe le compró a Letizia, y La Crónica lo ha divulgado en México, sino que su propia majestad Juan Carlos, sale indistintamente a cazar elefantes con armas de alto poder, se fotografía con ellos muertos y conquista mujeres que no resisten su apostura, ante la cautela de su esposa Sofía.

De nuevo algunos medios, intelectuales y amplios sectores de la población se preguntan cuál es el objeto de tener una costosa clase social que ninguna función tiene, salvo la de engordar las páginas de sociales de medios frívolos.

No se trata de hacer el listado, de sobra conocido, de las acciones y negocios turbios de la monarquía española, la inglesa intenta ser discreta, acaso para diferenciarse un tanto o porque los ingleses aparentan mayor sensibilidad. Por lo pronto los catalanes apenas consideran a la monarquía, el discurso de Juan Carlos de fin de año no fue transmitido en ese país, lo pasaron como noticia. Los vascos tampoco se ven muy gustosos con los reyes y los madrileños comprueban muy de cerca los niveles de corrupción e inutilidad de una clase social que debería estar en extinción o asilada en EU, pero que resiste porque algún encanto social debe tener. Las visitas a los sitios reales, en España o en Inglaterra, forman parte muy socorrida de las preocupaciones turísticas.

No sé si al fin España regrese pronto a ser una república, lo que me queda claro es que las monarquías son costosas antiguallas que deben finalmente formar parte de una historia que hace tiempo se agotó. Mientras eso ocurre, sus figuras más prominentes pasean, gastan o hacen negocios indecentes, en un país donde gobiernan los conservadores del Partido Popular o lo hacen los muy progresistas del PSOE. Por ello la sociedad española, estimulada por fracasos económicos y sociales, desarrolla nuevamente su espíritu anti monárquico.

Su majestad Juan Carlos, en tanto, se repone de heridas conseguidas en lides amorosas o en cacerías, de vez en cuando lee mensajes a su pueblo, todos rebosantes de optimismo y felicidad.


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