Tantadel

enero 08, 2014

La izquierda entre el PRD y Morena

l pasado lunes los medios informaron sobre dos variantes de un mismo tema. La izquierda que tenemos o padecemos en México. La primera hablaba del regreso de López Obrador a la actividad luego de una intervención quirúrgica de consideración. De nuevo va en pos de la Presidencia de la República; lo intentará esta vez con su propia fuerza política, Morena, y seguirá buscando adeptos a su causa a través del país. La otra nota provenía de informaciones de Jesús Zambrano y de declaraciones suyas sobre la unidad interna del PRD, el que no parece gozar de cabal salud: entre las pugnas de las distintas tendencias que lo conforman, la salida de López Obrador y la curiosa actitud de Miguel Ángel Mancera de no ser militante del partido que le dio el registro y lo condujo a la jefatura de gobierno capitalino, dicho partido padece una crisis visible. Si incluimos a los gobernadores que no vienen del PRD, aunque hayan recurrido a él para conseguir la victoria, el asunto se hace más complejo. Por ahora sólo el PRI parece tener una seria unidad, claro, tiene el poder del país.

Jesús Zambrano hace esfuerzos por convocar a la unidad del PRD. Pero existen varios obstáculos. Los arriba señalados, obviamente, pero también la falta de una línea ideológica bien definida; no basta decirse de izquierda, hay que parecerlo. Su camino en tal sentido ha sido errático, sobre todo dejó que los caudillos lo guiaran. No se condujo por principios, sino por los caprichos de sus líderes. A semejanza del PRI y del PAN, la militancia, sus bases, siguieron las exigencias de sus máximos dirigentes. Esto es un problema de los partidos políticos mexicanos. En Europa pueden tener líderes de peso y seguirlos, sólo que basados en valores de orden programático. Allí la diferencia.

Lo que ocurre es que por ahora el PRI tiene de vuelta a un caudillo, modesto, pero allí está, y la ruina de la oposición es que buscaron caudillos, dirigentes supremos antes que ideas y valores sociales. El primero de nuevo se encuentra inmerso en la fastidiosa rutina de seguir ciegamente al primer mandatario, no se equivoca y todos los priistas lo citan y obedecen. Todo viene de su poderío, como en los viejos tiempos. PAN y PRD se limitan a rehacerse.

Lo que ocurre es que los viejos tiempos no van a regresar, por más que al PRI por ahora le estén funcionando. Los partidos necesitan buscar nuevas definiciones, proyectos y actitudes éticas, valores ideológicos de los que carecen. No están viendo a profundidad los problemas de México, que son ancestrales, están concentrados en los caminos superficiales que permiten obtener votos. Del lado de la sociedad, los cambios van apareciendo, el taxista, las amas de casa, los oficinistas, los estudiantes y los profesores, los albañiles, los vendedores ambulantes que proliferan y que ya podríamos verlos, al menos en las grandes ciudades, como clase social o un estrato bien definido y con tendencias al crecimiento aguerrido, comienzan a encontrar las palabras adecuadas para entender sus problemas. Los partidos son ajenos a tal realidad. Pocas veces de personas satisfechas y contentas escuchamos elogios al poder, predomina el malestar y lo grave es que siempre hay razones y esos motivos los da el Estado.

El PRD, si quiere realmente conservar lo que ha obtenido e incluso avanzar, tiene no que regresar a sus orígenes, sino buscar y pensar, discutir y reflexionar seriamente sobre las características que posee un partido de izquierda moderna. Oponerse a todo por principio y decirnos en plena globalización que la patria nos necesita, es ver apenas la punta del iceberg. El problema es más complejo y requiere mayor discusión. El petróleo, por ejemplo, fue una polémica no exenta de bizantinismo y un barroco cursi que a nada condujo. Hoy hasta Vicente Fox quiere invertir para probar las virtudes de la transformación de la empresa paraestatal. El PRI se salió con la suya y el PRD se quedó hablando solo, como le está ocurriendo a los maestros de la CNTE. La lucha de la izquierda no es con insultos y frases hechas, es con argumentos y datos duros consistentes. No ganarán tomando plazas y obstruyendo el tránsito del DF. Ninguna gran lucha se ha obtenido con personajes que se desnudan en la Cámara de Diputados o legisladoras que golpean a sus semejantes. Si los grandes revolucionarios lograron en su momento triunfar o al menos influir seriamente en la humanidad, fue por la argumentación, por tener una ideología evidente y por buscar el apoyo de las grandes masas de la sociedad, por representar sus intereses.

López Obrador le ha ofrecido al país sus ideas que no son realmente poderosas, mientras que el PRD, luego de la gran victoria de Cárdenas en el DF, arrancó una lucha intestina que no parece tener fin. A los ojos de sus simpatizantes, cada quién tiene razón. Pero, ¿han hecho un análisis serio a la luz de los grandes problemas del país? Los de México no serán solucionados con humoradas y pugnas, los remedios están en la honestidad y seriedad ideológica de las acciones. En las palabras ya pocos creen y las soluciones concretas nadie las siente. El desprestigio de la política nacional es lo único cierto.


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