Tantadel

enero 20, 2014

Snowden, héroe para unos, traidor para otros

En mi concepto, el norteamericano Edward Snowden es un hombre valioso que de pronto cobró plena conciencia de su poder y decidió ayudar a todos aquellos millones de personas e instituciones que son vigilados por EU y que en el fondo son víctimas de las perversiones de los presidentes norteamericanos, tan proclives a hablar de libertad, democracia y justicia y siempre son exactamente lo contrario. Las esferas oficiales detestan a Snowden porque las exhibió, mostró su peor rostro. Son capaces de llegar a extremos de espiar a sus propios aliados. Carecen, para decirlo rápidamente, de dignidad y decencia. Han eliminado poblaciones nativas de América y han invadido, sin ningún pudor, países débiles y mal armados. EU es un imperio brutal que tiene apariencia de cordero. Snowden se limitó a dos cosas: exhibir las perversiones norteamericanas y advertirle a la humanidad de los riesgos y peligros de las nuevas tecnologías, algo que intuyen desde el principio los jóvenes usuarios de telefonía y computación.

Según el gobierno norteamericano, Snowden “robó” 1.7 millones de documentos secretos de inteligencia. Muchos de ellos los ha dado a conocer, otros seguramente no en espera de utilizarlos como protección. Es considerado un peligro y lo quieren aprehender. Sin duda su vida está amenazada de muerte.

Lo que hizo Snowden es un acto de decencia, no le era tolerable ver toda aquella información perversa y no ponerla en manos de los afectados. El escándalo ha sido mayúsculo. Los más importantes congresistas norteamericanos consideran que las filtraciones han puesto en riesgo a EU. Con todo rigor, el riesgo ha sido evitado con el conocimiento de tales documentos y los distintos casos de espionaje en Francia, Alemania, Brasil y México, por citar un puñado de naciones observadas.

Pero lo que ha hecho Snowden es solamente anticiparnos la monstruosidad: ya tenemos un Big Brother vigilándonos a cada país, a cada institución, a cada persona. Carecemos de privacidad. El colmo era la ignorancia del mundo, es realmente una modesta aldea supervisada por una potencia. En México, las autoridades del aparato judicial capitalino intentaron ayudarme a superar la extorsión que una familia trataba de hacerme. Una joven, Tania Martínez Su, que trabajaba a distancia con mi revista virtual, El Búho, decidió demandarme para obtener algún dinero extra. Su cuñada y abogada Lizet Sentíes, que trabaja en esa área, la ayudaba. Mi abogado cayó en una trampa de ambas mujeres corruptas y perdí el caso. Lizet es abogada y aprovecha el empleo en la Junta de Conciliación y Arbitraje, la que usa para allegarse recursos adicionales. Para mitigar el peso de la demanda, me sugirieron que la contrademandara y para ello necesitábamos probar que no trabajaba directamente en las oficinas de la publicación. Fue fácil. Ingresamos a Facebook y allí estaban docenas de pruebas de que Tania, que decía entrar a las 8 de la mañana y salir a las siete de la tarde, vivía tranquilamente en Querétaro: sus mensajes y pláticas probaron largamente que hacía una vida normal sin moverse de su casa. Ahora que lo recuerdo, me pregunto: ¿hasta dónde podemos llegar a enterarnos de cualquier gente tan sólo a través de las redes sociales? Sabemos que en nuestro país se graban conversaciones, intervienen teléfonos, redes sociales, computadoras… Nadie está a salvo. Cada persona, por modesta que sea, carece de secretos. Siempre estará sujeta al Big Brother, tal como lo anticipó Georges Orwell en esa terrible novela que es 1984. La cifra que han dado a conocer los medios mexicanos al respecto es realmente aterradora. Pocos se salvan de la vigilancia, de la intercepción de sus telefonemas o de sus correos. Desde mi computadora puedo perfectamente ver cualquier casa, ¿qué no hará el Estado?  

Por eso Snowden se reivindicó ante sí mismo y ante el mundo y decidió advertir del poder y del pésimo uso que algunos países le conceden a las nuevas tecnologías. Hoy los enemigos de EU representan un peligro mínimo. Desaparecida la Unión Soviética y el bloque socialista, sus enemigos sólo pueden hacerle daño a través de acciones suicidas en nombre de Alá y de las miles de víctimas palestinas o iraquíes. Esto es algo que fácilmente podría desaparecer si EU deja de jugar al severo policía mundial, sobre todo si deja de someter por la fuerza a los países que se oponen a seguirle el juego. No puede continuar jugando al líder del mundo, imposible que nos digan qué hacer y qué no. Es tiempo de permitir que cada país siga el rumbo que le parezca necesario siempre y cuando no agreda a sus vecinos. En todo caso, allí está la ONU, y aunque está bajo control norteamericano, bien podría fingir que se preocupa por los excesos de la Casa Blanca, la CIA, el FBI y demás corporaciones belicosas yanquis.

   Supongamos que al fin EU logra extraditar a Snowden y lo encarcela o lo mata. El daño está hecho, como le pasó a Putin con el caso de las Pussy Riot. Otros técnicos aparecerán y obtendrán información clasificada y la darán a conocer. Por otro lado, nadie ignora quiénes son los norteamericanos. ¿Para qué seguir jugando el papel de los buenos, cuando ellos son los malos de la historia?

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