Tantadel

febrero 03, 2014

Homenaje a Roberto Bañuelas

Hace unos días, en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, le realizaron un cálido homenaje y le entregaron una medalla como reconocimiento a su amplia labor como maestro de canto, uno de los más emotivos que me ha correspondido presenciar, a un hombre de múltiples talentos: a Roberto Bañuelas. Cantante de ópera de larga y bella trayectoria, estupendo escritor de cuentos y novelas, pintor imaginativo, compositor de óperas muy logradas, maestro de sólida carrera… lo veo como un caballero renacentista de amplísima cultura. Al concluir la enumeración de sus logros musicales, diversos cantantes, alumnos suyos, interpretaron algunas de sus obras. La ovación fue larga y de pie.

Pensé durante el homenaje: ¿Dónde conocí a Roberto Bañuelas? Como a mi entrañable Luis Herrera de la Fuente o al inolvidable narrador cubano Alejo Carpentier, primero supe de su formidable obra. Sabía que era un barítono afamado que en Europa había ganado públicos y cantado en las grandes salas musicales, en Hamburgo, Múnich, Turín, Sofía, Praga, Hannover, que alternó con voces célebres como las de Franco Corelli, Luciano Pavaroti, Plácido Domingo y Montserrat Caballé, que trabajó en las grandes producciones de Von Karajan y Franco Zeffirelli o que cantó dirigido por Lorin Mazel y Mark Janovsky, por sólo dar algunos datos. En México cantó bajo la batuta de Herrera de la Fuente, Fernando Lozano, Enrique Bátiz, Enrique Diemecke y Francisco Savín. Parte de ello se dijo en la Escuela Nacional de Música. Pero no señalaron que es también autor de cuentos y novelas y, por añadidura, pintor de talento original y novedoso. El maestro se mueve con entera libertad en la música, la literatura y la pintura. He acudido a sus recitales, le he escuchado arias memorables y canciones propias, algunas basadas en poemas de García Lorca, Roberto Cabral del Hoyo, Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas y Enrique González Martínez; estuve en la presentación de su ópera Agamenón. No sólo ello, en materia literaria fui su editor en la UAM-X y esa misma casa educativa ha dado a conocer discos suyos.

Roberto Bañuelas es también un estupendo maestro de canto. Me llama la atención el número de buenos cantantes que han sido discípulos suyos, mucho más que se haya tomado el tiempo para escribir un soberbio libro llamado El Canto, dedicado no sólo a quienes desean convertirse en cantantes de ópera sino a todos aquellos que amamos dicho arte.

Roberto Bañuelas ha vivido inmerso en esas tres artes, supongo que debe tenerlas jerarquizadas y que a la ópera y a la composición le ha dado mayor esfuerzo. Luego vendrían la pintura y las letras. Cuando lo visito lo encuentro pintando y soy su lector de cuentos breves y novelas. Su literatura también recibe un trato preferencial. Críticos literarios se han referido a su maestría en el texto breve, minificciones,  género difícil que se ha popularizado y extendido, una nueva expresión de arte en literatura y en la que Roberto es también un maestro. Edmundo Valadés señaló que los de Bañuelas eran “cápsulas de ingenio, muchas de ellas perdurables por la agudeza que las concentra”. Por ahora debemos citar algunos Ceremonial de cíclopes y Los inquilinos de la Torre de Babel. Habría que añadir la novela El valle de los convidados de Piedra y el libro de poemas Trashumancia.

Roberto Bañuelas es algo más que no hemos citado en sus homenajes y reconocimientos, en las pláticas de sus admiradores. Hablo de la generosidad, de la modestia del gran creador. El magnífico cantante, el compositor, el narrador, el artista plástico, jamás es una persona arrogante, desdeñosa hacia los demás. No recuerdo haberle escuchado más que palabras de apoyo y solidaridad para con sus semejantes, algo no frecuente en el destructivo mundo artístico mexicano. Cuando escucho los discos de Roberto Bañuelas, lo veo en el escenario, leo sus libros, me conforta saber que me ha distinguido como su amigo. Lo presumo, como lo hacía uno de sus buenos discípulos, Carlos Montemayor.

Bañuelas tiene sin duda su mayor prestigio como cantante, como intérprete de personajes legendarios creaciones de Bizet, Rossini, Donizetti, Verdi, Puccini, Wagner, Offenbach… Sebastián y yo lo vemos como a un notable barítono, asimismo artista de múltiples capacidades, y le hicimos un homenaje donde cada faceta tuviera su lugar. Como maestro, por ejemplo. El canto es una obra didáctica “cuyo  propósito fundamental, dice el autor, en relación con la especialidad del canto artístico, es el de elaborar un libro que, desde mi experiencia de cantante y de maestro, reúna los lineamientos esenciales para que cada estudiante (dotado de las aptitudes básicas) comprenda los mecanismos de la voz, las fases graduales del entrenamiento técnico, la valoración objetiva de sus propias facultades creativas y la interpretación del canto con el repertorio idóneo, identificando el potencial expresivo de la propia voz al servicio de un arte supremo.” El texto de Bañuelas es la Biblia para los cantantes que arrancan y un libro clave para aquellos que deseen saber qué ocurre con la voz y el canto. Pero imposible dejar de lado al hombre que imagina y escribe historias, ficciones y al que plasma sus sueños y fantasías en lienzos.

A este ser complejo y lleno de maravilloso talento hay que rendirle un homenaje cálido todos los días de la vida.

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