Tantadel

febrero 28, 2014

La izquierda mexicana del siglo XX

En la Feria del Libro de Minería, siempre muy concurrida y llena de gratas sorpresas, participé en la presentación de una obra fundamental, que debe ser analizada cuidadosamente: La izquierda mexicana del siglo XX, coordinada por Arturo Martínez Nateras. Es un esfuerzo colectivo ambicioso que va desde los orígenes de esta tendencia política hasta nuestros días en varios volúmenes. En la mesa estuvimos Enrique Semo, Gerardo Peláez, Barry Carr y yo. Semo hizo un brillante análisis de la obra y fue más allá al señalar los errores cometidos y precisar las conquistas de una ideología que hoy parece extinguida. Un periodista se acercó a mí: “¿Todavía existe la izquierda, René?” Sí, respondí, pero como siempre, fragmentada, dividida, desconcertada, en su mínima expresión y fuera de los partidos. El reportero insistió: “Lorenzo Meyer dice que no existe más.” Puede que tenga razón, él contribuyó a esa desaparición al creer en López Obrador como el salvador, concluí.

Minutos antes, un antiguo comunista, que como tantos pasó por el PRD, dijo la izquierda está mal desde que se incorporaron los ex priistas. Es verdad. La izquierda más seria, la marxista, la más combativa y la que sufrió las mayores persecuciones desde su fundación en 1919, fue torpe en las grandes decisiones, producto de una época confusa y difícil, luego de que Valentín Campa lograra la hazaña (trabajo de miles de marxistas) de darle el registro a un partido perseguido, acosado, con frecuencia viviendo en el clandestinaje, con un millón de votos, decidió suicidarse en 1981. Caudillos provenientes del PRI (Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Marcelo Ebrard…) e intelectuales oportunistas en búsqueda de poder, dieron al traste con las luchas ideológicas del comunismo mexicano. Entre ellos y buena parte de líderes sociales surgidos de la nada, corrompieron a la izquierda, le quitaron nobleza, la despojaron de méritos y acciones heroicas, la acabaron y es posible que hasta la hayan sepultado. Aumentaron sin duda las divisiones y las envilecieron al máximo nivel posible. Si antes eran diferencias ideológicas entre comunistas, lombardistas, maoístas, trotsquistas, anarquistas, hoy son tribus sin ética, ávidas de poder y básicamente pragmáticas. ¿Dónde quedó, por ejemplo, el internacionalismo, la solidaridad con los desamparados de otras partes del planeta, digamos con los palestinos? No existe.

Fue emotivo ver viejos rostros de notables luchadores comunistas. Al final, de modo natural, un público entusiasta cantó La Internacional. Hacía años que no la escuchaba.

La izquierda mexicana del siglo XX, irá apareciendo gradualmente. Su objetivo es que el país sepa que hay otra historia, una que no hicieron los conservadores ni tampoco los priistas. La hicieron personas sencillas, modestas, obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales, no pensaban en los empleos sino en un cambio radical de sistema.

La historia fue dura y caro pagamos nuestros errores. Desde el sometimiento al estalinismo hasta las divisiones y pugnas de matiz ideológico. Los intentos de unidad siempre terminaron en fracasos rotundos, las expulsiones del Partido Comunista eran frecuentes, el desconcierto producto de la situación internacional nos afectó mucho y no supimos, como alguna vez lo pidió Lombardo Toledano, buscar como hicieron los aztecas, un camino propio, recorriendo complicadas rutas.

La pregunta es ¿se podrá recuperar el legado de la izquierda, o de las izquierdas para usar el término ahora en boga, o seguiremos caminando azarosamente hacia la nada? Los jóvenes se manifiestan agresivamente pero sin un proyecto que los respalde, los viejos vivimos de nostalgias. En este contexto, la izquierda no aparece. Unos la ven en Morena, el PRD dice que es su postura, el PRI se confiesa ya no de centro sino reconstruido de pragmatismo puro. La letra “R” sobra en estos dos partidos. En absoluto les pertenece más. Revolución es un término sólo aplicado a las nuevas tecnologías. En lo personal vi a la Revolución Mexicana agonizando desde el periodo de Manuel Ávila Camacho. En 1968 estaba muerta. Habrá que recomenzar la compleja tarea de la reconstrucción de la izquierda, una nueva, moderna, vigorosa, que retome lo mejor de Marx, Engels, Lenin, Rosa de Luxemburgo, Gramsci, Mao, Guevara, pero que la vea dentro del nuevo contexto que nos rodea. Antes le llamaban revisionismo y era algo peyorativo, ahora es rescate y salvación ante el abrumador peso del neoliberalismo que parece haber triunfado definitivamente. Marx y muchos otros vieron a la propiedad privada y al Estado como aberraciones, hechos antinaturales. Es tiempo de organizarnos para que desaparezcan. Las nuevas generaciones lo exigen.

La citada obra, coordinada por Arturo Martínez Nateras no es para cultivar la nostalgia de las grandes luchas revolucionarias, lo es para buscar caminos que nos conduzcan a un mundo más justo. La solución no fue desaparecer al Partido Comunista ni acabar con los restos del trotsquismo ni llorar ante el derrumbe del socialismo soviético, el error estuvo en nuestra incapacidad de autocrítica y la falta de deseos por tomar lo mejor de las ideas socialistas científicas, que no sólo las confeccionaron Marx, Engels o Lenin, sino muchos pensadores lúcidos y las apoyaron millones de trabajadores en el mundo. Lo más grave fue dejarnos alcanzar por el priismo y enseguida imaginar que dos o tres iluminados salidos de ese organismo nos llevarían a la redención política.

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