Tantadel

marzo 19, 2014

Carta abierta a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

A Ricardo Cartas, a mis jóvenes amigos poblanos
Queridos amigos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: Como mis pocos lectores saben, nací entre maestros y escritores. Mis padres fueron normalistas. El mundo era de libros impresos y los medios electrónicos estaban en etapas rudimentarias. Estuve siempre en escuelas públicas, las disfruté y de ellas aprendí mucho más de los conocimientos escolares que suelen ofrecer. Pronto quise ser escritor de literatura y utilicé como primer paso a los amigos de mi padre, quien había alcanzado alguna notoriedad merced a una novela conmovedora y de prosa poética: Leonora. Recurrí en busca de consejos a escritores mayores y de talento: José Revueltas, Juan de la Cabada, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Edmundo Valadés, Ermilo Abreu Gómez, Juan Rejano… Ninguno me escatimó el consejo, la revelación de alguno de sus secretos literarios, recomendaciones. El autor de Canek, incluso me hizo una larga lista de clásicos españoles, que de inmediato leí.

No hubo uno que dejara de ser generoso conmigo. Ricardo Garibay, a quien recuerdo osado, talentoso y arrogante, me dijo: No busque maestros, cada libro es uno de ellos. Tenía razón, pero en esos años me gustaba preguntarles sus secretos a los escritores. Lo hice con Alejo Carpentier, con Borges, Torres Bodet y Rafael Solana, entre muchos otros.

Simultáneamente, y desde hace más de cincuenta años, no dejé de escribir, multitud de libros y miles y miles de artículos salieron como resultado de una vocación prematuramente surgida. No quise ser político o científico, sólo he sido literato y periodista. Sin duda ambas tareas me condujeron a pasar de profesor universitario de ciencia política a maestro de la carrera de Comunicación, primero en la UNAM y enseguida en la naciente UAM, donde he alcanzado el honor de verme convertido en “Profesor Distinguido”.

Todo ello reunido me puso a la disposición de los jóvenes o de aquellos que, no siéndolo, tienen la voluntad de hacer poemas, cuentos o intentar ser autores de novelas. Pago mis deudas morales, le dije a un periodista que me preguntó el porqué de mi Fundación o la necesidad de impulsar un complejo proyecto: el Museo del Escritor, qué me obliga a mantener desde hace muchos años una revista, El Búho, antes impresa, ahora digital, o aceptar cargos universitarios como director de cultura. Retribuir a los que arrancan, retribuir lo que muchos grandes maestros me dieron cuando yo despegaba.

No sé hasta dónde he llegado, México es un país difícil, con mafias culturales y enemigos gratuitos, pero la magna recompensa la he encontrado en las universidades públicas. Comenzaron a reconocerme en la UAM-X, luego siguieron en la UNAM, en el IPN, en la de Colima, en la de Nuevo León, en la de Sinaloa, en la de Tabasco, la querida UJAT, en la de Hidalgo… Nunca dejé de tener el respaldo del Conaculta y del INBA por una razón, porque independientemente de los atroces gobiernos panistas, sus funcionarios profesionales, sus trabajadores, no me dejaron al garete. En los tiempos de Sari Bermúdez o de la inaudita Consuelo Sáizar, las mayores instituciones culturales del país hallaron la forma de reconocer mi trabajo literario en Bellas Artes. Gracias.

Pero la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla juega un lugar muy especial. Fue allí donde, luego de la mía, la UAM, decidieron festejar el aniversario cuarenta de mi primera novela Los juegos, una obra agresiva y contracultural que pese a las enemistades, se ha sostenido. La emblemática Prepa Zapata hizo un sólido reconocimiento. El resto es una magnífica historia. La BUAP ha publicado libros míos, hermosamente trabajados, y al hacerme un cálido homenaje por mis cincuenta años de académico, narrador y periodista, por disposición de sus autoridades, el rector, maestro Alfonso Esparza Ortiz; el vicerrector de Extensión y Difusión de la Cultura, doctor Flavio Sánchez Guzmán, y la doctora Ana María Huerta Jaramillo, directora de Fomento Editorial, informaron públicamente que la BUAP creaba una colección para jóvenes escritores llamada “René Avilés Fabila”. Honrosa distinción que, lo digo con plena sinceridad, me conmovió profundamente.

Cuando la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, en el colmo de la generosidad, me homenajeó poniéndole mi nombre a su Feria del Libro el pasado año, me entregó su más elevado premio, el Mallinali, y como coronación me hizo Presidente del Premio Nacional de Periodismo, lo que me llenó de entusiasmo. Había en la explicación que la UJAT dio para justificar festejos de tal magnitud, palabras que llamaron mi atención: me daban esos reconocimientos debido a que tenía décadas trabajando sí las vocaciones citadas, pero por una razón más: mi capacidad para relacionarme con los jóvenes. Algo semejante ocurrió cuando la Universidad Popular Autónoma de Veracruz me concedió el Doctorado Honoris Causa en medio de una ceremonia académica, rodeado de académicos de talla, escritores afamados y con la representación del presidente de la República, los actores principales, los más solidarios, muchos que llegaron a Xalapa desde Puebla o ciudades vecinas o del DF, le dieron su propio sello.

Ahora la BUAP me da un enorme y magnífico regalo: una colección literaria para jóvenes con mi nombre. No sé cómo agradecerlo. A tal honor, que me llena de orgullo, correspondo diciéndoles estas palabras surgidas del corazón: Gracias, amigos de la BUAP.

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