Tantadel

marzo 14, 2014

El DF como escaparate político

La capital fue escenario de apabullantes derrotas propinadas por las tropas norteamericanas en 1847: quedan tristes recuerdos en Churubusco y Chapultepec. De los grandes combates revolucionarios, ninguno se llevó a cabo en la ciudad de México, el éxito de las tropas villistas, zapatistas, carrancistas u obregonistas, se dio en distantes campos de batalla. La formidable escritora Elena Garro tiene una página memorable donde recuerda su llegada a esta ciudad, era una niña que veía un pueblo hermoso con “gente buena”. Pero la capital creció, se hizo desmesurada y agotó sus bellezas, hoy, como bien dice la investigadora de la UNAM, Martha Fernández, pasó de ciudad de los palacios a mancha urbana. Sí, pero esa mancha horrenda y conflictiva alberga los poderes políticos, es la casa presidencial, para colmo tiene unos diez millones de habitantes y está conurbada con el Estado de México que aporta otros tantos que van y vienen y que en consecuencia le conceden un poder político tremendo.

Las reglas del juego presidencial han sufrido modificaciones por tal razón: el que gobierna el DF tiene en sus manos recursos económicos de sobra y la permanente atención de los medios como no los tiene ningún gobernador por eficaz que sea. En Puebla se agita Moreno Valle, trata de llamar la atención para mostrarse como un buen candidato presidencial panista (acaso aliado con el PRD) para enfrentar al PRI redivivo. Pocos lo notan. Si hay atención en el país es a lo que ocurre en la ciudad capital. Además, los mayores medios de comunicación, así como las más importantes universidades mexicanas, la UNAM y la UAM, están en el DF.

Si antes el candidato presidencial ganador salía del gabinete en una prueba de autoritarismo supremo, hoy puede salir de diversos sitios. Para la oposición perredista, el DF se ha convertido en su gran bastión, es la joya de la corona. Una vez que lo conquistó de manera contundente el ingeniero Cárdenas, el resto ha sido fácil porque la capital de México es progresista y ha sido agraviada una y otra vez por el PRI anterior a Fox y Calderón.

Los jefes de gobierno, si las condiciones lo permiten, son candidatos presidenciales natos. Lo fue Cárdenas, asimismo lo fue López Obrador. Como están las cosas, y en vista del creciente y normal desprestigio de Marcelo Ebrard, el DF puede ser la plataforma para que Miguel Ángel Mancera compita por Los Pinos. Dentro del PRD no hay otro aspirante de esa magnitud. Ahora, ¿lo es por su peso “ciudadano”, por su valiente defensa de los capitalinos ante las agresiones de la CNTE y otras fuerzas retardatarias? No. Lo es por el peso de la capital. Porque su nombre es muy conocido tanto aquí como en el resto de la República, un hecho significativo que pocos políticos tienen. Sin embargo es probable que la correlación de fuerzas sufra modificaciones debido a la visible decadencia de la oposición.

Pocos analistas (y algo semejante ocurre en la percepción de los capitalinos) le ven gran estatura a Mancera. Se ha empequeñecido, no ha estado a la altura que pensamos tendría. Es frívolo, poco creativo, no ha sido capaz de responderle satisfactoriamente a los habitantes de esta atribulada ciudad que masivamente votaron por él y ahora hay que añadirle los problemas que a su principal soporte, el PRD, le producen López Obrador con su propio partido en formación y Marcelo Ebrard que se agita nadando en el lodo acostumbrado. No acaban de decirle en el PRD que no lo quieren como presidente del organismo, cuando aparece que una de sus obras espectaculares y en exceso publicitadas, la Línea 12, es poco más que un fraude. Por lo pronto, ya 11 estaciones han sido cerradas por inseguras. Independientemente de la pérdida de millones de pesos (lo que en castellano se llama corrupción), el hecho le provocará graves trastornos a casi medio millón de personas durante seis meses de reparaciones sin contar los enormes recursos que se requieren para su reparación.

Las diferencias políticas afloran. Miguel Ángel Mancera denuncia el hecho y ofrece disculpas a los usuarios del Metro, mientras que Marcelo Ebrard se califica de “limpio y orgulloso”. Los capitalinos empiezan a mostrar aquello que le permitió al PRD sacar del GDF a los priistas: hartazgo. Entre los altos niveles de corrupción y la utilización de la ciudad como enclave o fuerte político, los capitalinos ya no ven grandes ventajas en un partido que se deshace en luchas intestinas y que ha entrado en el juego pragmático del PRI.

El arrogante Distrito Federal, con su enorme masa de habitantes y sus millones de vehículos abrumando las calles, seguirá siendo un lugar ideal para que los políticos se luzcan y presuman habilidades que no tienen, pero los hombres y mujeres cambiarán. Por ahora no se ve a nadie capaz de saltar de la capital a la nación en su conjunto. No dudo que Mancera pueda ser candidato presidencial del PRD (su no partido), pero no tendrá la fuerza de sus antecesores y carecerá de ella por los errores cometidos, por ello y porque se ha dejado asimilar por los valores del viejo partido dueño nuevamente de Los Pinos. Mal hizo el perredismo en abandonar la ideología que de la izquierda histórica recibió. Seguiremos siendo vitrina nacional, pero con diferentes actores.

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