Tantadel

marzo 24, 2014

El Evangelio y Noé según yo

Buena parte de mis cuentos fantásticos está basada en textos escritos hace más de dos milenios e incluidos selectivamente en la Biblia. Estos relatos finalmente encontraron acomodo en El Evangelio según René Avilés Fabila, editado por la UAM, donde incluí muchos más inspirados en los Apócrifos y en obras como La Divina Comedia de Dante y El Paraíso perdido de Milton. Los tiempos bíblicos fueron desde mi niñez una notable inspiración. Al leer la Biblia como literatura según recomendación de Borges, y no como mi abuelo paterno me dijo, como historia sagrada, de fe, produje una catarata de versiones paralelas a las Escrituras.

Recupero alguna página ahora que acaban de estrenar el tonto filme Noé, donde actúan Russell Crowe y Anthony Hopkins, uno como el constructor de la celebérrima arca, el otro como Matusalén. Desde mi primera lectura, entendí que la Biblia era un memorable libro fantasioso, imposible de tomar en serio algo de lo narrado: es truculenta, sangrienta, injusta, anticientífica, exagerada… y escribí una obra menos brutal que sus portentosas historias originales. Noé aparece desde las primeras páginas, se remarca su edad, cercana a la de Matusalén, sus debilidades, y la completa imposibilidad de meter en un Titanic de madera a todas las especies animales del planeta sin moverse más allá de un radio de unos diez kilómetros. Obvio, es un milagro. Darren Aronofsky pudo hacer algo más que presentarnos una descabellada historia fílmica, donde merced a los trucos tecnológicos todo es posible.

Así vi a Noé en mi libro El Evangelio…, en Fragmentos de la Bitácora de Noé. Al vigésimo día: “…los elefantes barritaban, los patos graznaban, los leones y los tigres rugían, los perros ladraban, los gatos maullaban, las vacas mugían, los becerros balaban y ninguno de los animales dejó de mostrar su desesperación. La pareja de conejos se ha reproducido (imagino que venía predispuesta a ello) y a pesar de que sólo metí dos hormigas y dos cucarachas, ahora abundan y recorren el arca de principio a fin provocando molestias. Mi familia no se da abasto para atender las necesidades de los animales. Por la tarde de ayer un lobo atacó a una ardilla y el gato no resistió los deseos de perseguir a un ratón. Espero que la ardilla sane, de lo contrario su compañero se quedará solo y no podrá reproducirse. Afuera sigue lloviendo, tal como me lo advirtió el Señor”.

Al día siguiente: “Otra jornada terrible. Uno de los elefantes se escapó de su sitio y destruyó los destinados a otros animales. Fue difícil obligarlo a regresar a su lugar… La tripulación, digo, mi familia, está histérica. Me recrimina haber construido un arca de modestas proporciones para la empresa titánica que acometemos; pero seguí las instrucciones del Señor. Me dijo: “Haz para ti un arca de maderas bien acepilladas: en el arca dispondrás celditas y las calafatearás con brea por dentro y por fuera. ¿Habrá calculado con exactitud el número de sus creaciones? Él jamás se equivoca. Todos estamos acatarrados por la fría humedad”.

El trigésimo día: “Anoche, quién sabe de dónde surgieron vientos terribles y el oleaje sacudía violentamente nuestra arca. Por fortuna, resistió las embestidas… Apenas controlamos a los tigres y una serpiente atacó a mi hijo Cam. Los poderosos rinocerontes son una amenaza: están nerviosos y no toleran que alguien se les acerque. No es posible limpiar la suciedad que se acumula impunemente a nuestro alrededor”.

De esta manera continúa la bitácora de Noé: batallando con toros en brama, leones irritados. En medio de un caos total, a punto de perder la fe, al fin cesa el diluvio y Noé escribe: “Quiera Dios que esta bitácora no sea extraviada. De lo contrario, no habrá forma de reconstruir el Diluvio ni los actos heroicos que llevé a cabo para cumplir con el mandato del Señor. Sé que un grupo de hombres sabios y justos, educados en el temor y respeto a Dios, profetas, trabajará en un libro llamado Antiguo Testamento, que será parte de un esfuerzo monumental para producir una historia sagrada fidedigna. Si mal no recuerdo mi visión, la llamarán Biblia, el libro por excelencia. A ellos les entregaré mis apuntes en espera de que los conserven y utilicen. Son el único testimonio de la proeza histórica que dividirá la historia de la humanidad en antes y después del Diluvio. Allí está la manera en que salvé a los animales (bueno, excepto las especies que olvidé meter en el arca). Sólo los peces estuvieron en su elemento, podrían ser el símbolo de la verdadera religión. ¿Y por qué no vender la bitácora? Después de todo es un documento histórico inapreciable y yo invertí demasiado tiempo de mi vida en esta ardua empresa”.

Ahora, ¿cuál era el objeto del diluvio universal? Castigar a los humanos, pecadores irredimibles. Una brutal sanción de un dios cruel. El Génesis (capítulo VI) precisa: “Y he aquí que voy a inundar la tierra con un diluvio de aguas, para hacer morir toda carne”. No obstante, hoy, 2014, millones y millones de humanos han hecho del Paraíso una inmundicia y extinguido criaturas de Dios. ¿Para qué esa sanción nimia si los resultados fueron peores? Quién lo sabe: los caminos del Señor son misteriosos.

No hay comentarios.: