Tantadel

marzo 17, 2014

Huberto Batis en la UAM-X

Bernardo Ruiz, Andrés de Luna, Jorge Meléndez, José Sobrevilla y yo estuvimos festejando los 80 años de intensa vida del maestro de escritores y críticos literarios, Huberto Batis. Cincuenta de ellos dedicados a la docencia en la UNAM y siempre en el periodismo cultural.

La mesa fue sui géneris, como ha sido Huberto Batis. Comencé hablando de los encuentros iniciales entre él y yo en 1964 o 65, cuando ambos trabajábamos en el Fondo de Cultura Económica. Bajo su severa atención estuvo mi primer libro de cuentos, publicado por esa casa editorial en 1969, Hacia el fin del mundo, que había sido aceptado merced a un doble dictamen: del doctor Francisco Monterde y de Raymundo Ramos. Enseguida le di la palabra a Jorge Meléndez y él antes de hablar le hizo una pregunta a Huberto. Allí arrancó el más divertido, contracultural e inusitado homenaje a escritor alguno. Batis desgranó con fina ironía multitud de anécdotas de su quehacer literario y periodístico y habló de su generación: de Juan García Ponce, Juan José Gurrola, Juan Vicente Melo, José de la Colina, Inés Arredondo, Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco y Cristina Pacheco. Fue realmente un testimonio demoledor e irónico, el que por fortuna la UAM-X grabó íntegramente. Habló, asimismo, de Fernando Benítez, Carlos Fuentes, Gastón García Cantú, Julio Scherer, Luis Spota, Héctor Aguilar Camín, Octavio Paz, Elena Poniatowska, de la relación de Carlos Salinas con intelectuales, de las que tuvo Luis Echeverría con los mismos… Historiador de su época, Batis dio datos y repartió juicios. Fue un recordatorio irónico y agudo de la mitad del siglo XX. La mitad del público se reía de las anécdotas de Batis y la otra mitad de plano se carcajeaba.

Andrés de Luna, en su turno, habló del erotismo en Huberto Batis y de cómo alguna vez, siendo él joven, estuvo en una fiesta donde un afamado fotógrafo nos entregó, a Batis y a mí, un reconocimiento por nuestra reputación como expertos en relaciones amorosas. Fue muy graciosa la historia, sazonada con comentarios míos y del propio Huberto. Mientras hablábamos en una pantalla pasaban imágenes de la agitada vida del escritor y periodista.

José Sobrevilla y Jorge Meléndez comentaron las largas entrevistas que tuvieron con Batis para documentar su vida. El segundo precisó que esas mismas entrevistas fueron enviadas al Concurso Nacional de Periodismo y que no obtuvieron ningún premio, lo que prueba que vivimos bajo el desdén de los medios por la cultura. Tiene razón.

Pero no acababa de hablar alguno de sus amigos y alumnos cuando Batis retomaba la palabra y al fin se adueñó por completo de la mesa, desplazándome de mi papel de organizador y moderador. Él daba la palabra, la quitaba y volvía a hacer bromas memorables y a narrar encuentros y desencuentros con las glorias de su época. Nunca perdió la inteligencia, la excelente memoria y menos el perverso sentido del humor que muchos le apreciamos. Ridiculizó las grandes pugnas de los últimos años del siglo XX y puso en la guillotina a los santones, a los más glorificados por los medios de comunicación y al sistema político nacional. Sin temor a equivocaciones o exageraciones, en la UAM-X escuchamos la voz de un hombre poco común, fuerte y lúcido a pesar de una dolorosa enfermedad. Derribó mitos y se burló de las vacas sagradas. Si hay que decirlo en lenguaje popular: no dejó títere con cabeza. Batis fue más allá de la historia del mundillo intelectual mexicano, precisó las complicidades entre los escritores y los políticos. Todo con un fantástico y malvado sentido del humor.

La nota “seria” la dio Bernardo Ruiz, alumno de Batis en la UNAM, ahora director de publicaciones de la UAM, al leer un bello texto en el que narró cómo era Huberto en sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Lo señaló como un erudito y severo profesor universitario, que le abrió las puertas para llegar a docenas de escritores memorables, y dejó constancia del rigor de su trabajo como editor, como divertido periodista y como feroz crítico literario.

Estoy seguro que pocas veces en México ha habido una mesa así, un homenaje a un escritor donde campea el buen humor y una perversa ironía, un evento memorable y ajeno a la solemnidad que suele rodear a este tipo de festejos culturales. Lo calificaría no como algo informal, sino como un homenaje irreverente a un personaje fuera de serie. Un acto contracultural que rompe moldes. El homenajeado fue el dueño del escenario y nos dio lecciones de vida y cultura, de excelente ingenio. Fue como siempre, duro, a veces brutal, pero eso debemos agradecerlo en un país que ha hecho de la hipocresía una obligación, una manera de conducirse. Entre mafias culturales y grupúsculos de literatos que buscan el poder y más ventajosas posiciones, Huberto Batis hizo su vida al margen, burlándose de las glorias nacionales y de los elegidos por el sistema para hacerlos espantosamente celebrados.

Sería espléndido recoger la obra completa de este periodista cultural, investigador y académico distinguido y admirable.

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